FRENTE A UNA HOJA EN BLANCO

[imagen: La Escritora, ilustración de María Bogetti, coloreada por Rodrigo Saúl Suarez]

¿Cuál es el miedo de un escritor?

La verdad que no es miedo, más bien pánico, pánico a pararte frente a un folio en blanco y no saber que decir, que hacer.
Cuando escribes cualquier historia, te involucras en ella, dejas parte de ti en personajes, situaciones, sueños o pesadillas. Al terminar sientes la realización de ese trabajo, has conseguido llegar donde te propusiste, la satisfacción es plena pero entonces, cuando le vas dando los últimos coletazos de repente una angustia te llena el interior.

¿Qué haré la próxima vez?, ¿se me ocurrirá algo?, ¿seré capaz de crear?

Son preguntas simples y parece que fáciles de contestar, pero, realmente cuando ves que puede no haber una próxima vez te creas tan ansiedad que sientes que verdaderamente no vas a poder escribir nada mejor o quien sabe peor, de lo que ya hiciste. Pero al fin y al cabo, escribir. Es un miedo inexplicable, es una desazón que se te pone en el estómago y te crea cierta desestabilidad, buscas personajes, historias, y todo te parece ya escrito, no ves hacia delante la posibilidad de crear algo.
A veces sucede que tú misma consigues bloquearte, hasta perder la inspiración, te parece que estás cansada y eso te lleva a no saber que escribir, y piensas, serán unos días nada más y todo volverá a su lugar.

¿Y si pasan los días y nada?

Esas preguntas te acribillan como si fueran balas, hasta que en un momento, el menos pensado, puede llegarte cuando duermes, en el trabajo, comiendo, cenando, yendo en bicicleta, te viene una idea, y sabes que esa idea puede funcionar. Es el momento en que todos los sentimientos contrarios a lo que has vivido quizá durante dos días, llegan y te inundan arrastrando a su paso a los otros, llega la euforia de darte cuenta que no has perdido la creatividad, llega la pasión por la historia, por descubrir y pintar los personajes, llegan las ganas de tener tu espacio para escribir, abandonarte del mundo, de los amigos, de la familia y escribir. A pesar que cuando termines lo que estás haciendo volverá un día la misma pregunta a tu mente:

¿Qué haré la próxima vez?, ¿se me ocurrirá algo?, ¿seré capaz de crear?

CUANDO LA ESCRITORA SE ESCONDE TRAS EL PERSONAJE…

Escribir es el más maravilloso arte, tener una página en blanco y llenarla de palabras y con ellas crear historias, es para mí y espero que para vosotros también, un placer. Realmente escribir es eso, abrir nuestra alma y entregar lo que sentimos.

Sé que todos estamos aquí porque amamos la literatura, y cada uno de nosotros somos escritores a nuestra manera, habrá a quien le guste la novela romántica, como a mí –sonrió-. Habrá a quien le guste la novela negra, o la histórica, o habrá gente que tan solo le guste escribir relatos cortos, costumbristas, o incluso artículos, pero para cualquiera de estas maneras solo hay una manera de llegar a los demás, y es escribir con el corazón, con lo que eres con lo que hay en ti, pero siempre entregando en cada relato o historia el alma. Habrá veces que nos salga mejor, otras peor, pero cuando escribimos de esa manera habrá algo que será mucho más interesante que el éxito, que el dinero que puedes o no ganar, y eso no es otra cosa que el transmitir lo que uno siente y si lo logras, es como si en un segundo efímero pudieras rozar con la yema de los dedos la felicidad.

Cada uno tenemos un gusto por algo, a veces por experiencia propia os digo, es mejor no dedicaros tan solo a un tema, y en eso vamos a trabajar. Podemos escribir casi de cualquier cosa, y ese casi que parece imposible no lo es, el escritor trabaja tanto con la mente como con el corazón, pero también con la investigación, y si uno investiga, aprende y es capaz de desarrollar el tema que ha elegido a pesar de la dificultad de no ser un tema con el que nos podamos sentir cómodos, la satisfacción es mucho mayor, por eso, siempre digo lo mismo, cada autor debe defender sus ideales hasta que alguien nos demuestre que verdaderamente estamos equivocados, y solo entonces, podemos pedir que se nos deje demostrar que lo estamos, no hay un imposible para un escritor cuando lo que escribe es lo que desea y lo que le pide el corazón, porque no solo escriben con el corazón aquellos que hablan de amor, también los que hablan de cualquier sentimiento, de cualquier trama, si no sentís lo que escribís, no sois sinceros con vosotros mismos y por lo tanto no lo seremos con nuestros lectores.

A veces escribimos lo que somos, y no por eso hay que avergonzarse, cada personaje es un hijo nuestro, cada libro lo es, pienso aunque está claro que puedo estar equivocada –su sonrisa y su mano en el pecho formaron un gesto tan tierno que Esther suspiró apoyando sus codos en la mesa y sus manos en el mentón-. Pienso que cada autor puede volcar en un papel desde sus vivencias, hasta sus sueños, y en ese punto creo que todos escribimos algo de lo que somos o soñamos.

Un escritor no puede escribir pensando en que la gente puede pensar de él, por ahí se pierde la autenticidad de uno mismo. es como desnudar el alma.

Yo siempre digo que nuestro estilo es como la huella dactilar que dejamos en un texto, expresa la forma de ver el mundo y cada uno tiene uno propio que para los ojos de los demás son reconocibles y únicos cuando nos leen. Proust, Marcel Proust decía algo que a mí siempre me ha encantado, el decía “el estilo no es un adorno, como creen algunos; tampoco es cuestión de técnica; es como –como el color del pintor- una cualidad de la visión, la revelación particular del universo que cada uno ve, y que no ven los demás. El placer que nos da el artista es revelar un universo más.

Cuando estamos escribiendo y tratando de imprimir nuestro propio estilo no busquemos escribir bonito sino, que sea lo suficientemente invisible al lector porque entonces el lector se ha metido dentro de la historia, simplemente hay que buscar la forma de transmitir lo que sentimos.

Lo mejor es relajarnos y disfrutar de lo que hacemos, yo siempre digo lo mismo…

La escritura es un placer, en el momento en que pasa a ser una obligación, ya no se disfruta, recordarlo, escribimos por placer.

[En el fic de M&E, “Palabras”]


Un pensamiento en “FRENTE A UNA HOJA EN BLANCO

  1. Luz, no te había comentado sobre esta reflexión que has dejado en el blog y quiero hacerlo. Tu descripción de los “ataques de ansiedad” que nos entran cuando queremos (o debemos/tenemos) escribir algo que no nos sale es de lo más agobiante que existe, estamos de acuerdo. Yo que trato de ser sistemática y ordenada para mis asuntos racionales, cuando se trata de escribir algo que me requiera, más que “pensar”, “sentir”, no me trabajan los trucos “científicamente calculados”.

    Casi siempre una escribe cuando te asalta la inspiración. ¡Pero que malo es cuando quieres hacerlo y no te salen dos frases coherentes! Yo personalmente trato en esos casos de salirme del “bloqueo” haciendo cosas que me distraígan pero que me acerquen también a mi punto temático.

    Sin embargo, no creo que pueda vivir sin escribir, porque es mi forma de equalizarme con mi entorno. Cuando paso mucho tiempo sin escribir me preocupo porque se que estoy acumulando cosas dentro de mí (por las razones que sean) que deberían salir y no lo hacen. En esos casos, fuerzo la situación, como cuando se hace una insición para liberar la sangre de un coagulo que amenaza con matarte de una embolia.

    Pero tú, ¡¡¡sigue escribiendo que TOD@S te lo agradecemos desde lo más profundo de nuestros corazones!!!

    ciao! : ) LiSA

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