LELAZO EN EL PARQUING

Era su última tarde de trabajo, siete días seguidos bajo  presión de la tercera edad, se hace muy cuesta arriba. Con ánimo entra hasta su puesto, recibe los saludos pertinentes, dan el cambiazo con su compañera y se dispone a arreglar las cosas, cuando de repente, unas voces alteran su tranquilidad. Lela sabe que algo pasa pero no imagina la que le espera.

-¡Pero qué pasa! –se levanta de su silla y va hacia el pasillo.

-¡Socorro! –grita.

– ¡Te voy a matar! –grita.

-¡Dale… dale! –grita.

            La escena es la siguiente.

Abuela uno, con el pelo blanco, vestido a lunares negros y blancos, bolso en la mano.

Abuela dos, rubia, con ojos azules, vestido a flores, bolso en la mano.

Abuela tres, pelo castaño, pantalón negro blusa amarilla, madalenas en la mano.

            La abuela uno llega corriendo hacia Lela con el bolso amarrado a su pecho, pasa por su lado y se coloca detrás de ella. La abuela dos con el bolso en lo alto va hacia Lela, la abuela tres va detrás de la abuela dos malmetiendo a viva voz agitando las madalenas.

            Situación:

Sandwich de Lela entre abuela uno y abuela dos.

Abuela uno: ¡Te voy a matar! –trata de golpear con el bolso a la abuela dos, pero le da a Lela que trata de apaciguar a ambas.

Lela: ¡Ay!

Abuela dos: ¡Ladrona… eres una ladrona! –empuja a Lela contra la abuela uno.

Lela: ¡Au!

Abuela uno: ¡Ladrona será tu madre! –vuelve a golpear esta vez en la cara de Lela que se queja amargamente.

Lela: ¡Oh!

Abuela dos: ¡Con mi madre no te metas! –empieza a pellizcar a Lela.

Lela: ¡Ay… ay… ay!

Abuela uno: ¡Te voy a matar! –nuevo bolsazo al hombro de Lela.

Lela: ¡Joder!

Abuela dos: ¡No tienes lo que hay que tener! –nuevo pellizco a Lela.

¡Ya está bien! –grito de Lela que consigue que ambas abuelas se detengan en su batalla.

-¿Necesitas ayuda, te veo con problemas? –le pregunta un familiar con una sonrisa burlona.

-Vamos a ver, tú abuela uno tira para el ascensor, tú abuela dos deja de pellizcarme –le dice entre dientes apartando sus manos de su cintura.

-Abuela tres: ¿Y yo qué?

-¡Tú a tu casa y deja de amagar qué lanzas las madalenas!

-Bah, para eso bajo… si no le has pegado casi –le dice abuela tres a la abuela uno desolada ante la no pelea.

-¡Por el amor de Dios! –reniega tratando de recuperar el aliento Lela, mientras se arregla el pelo como puede-. Abuela dos, tú al ascensor, al otro ascensor.

-Abuela dos: Es una cobarde, no se ha atrevido a pegarme.

Las tres abuelas mascullando se marchan hacia donde Lela algo sacada de sus casillas las ha mandado. Nota que la gente sonríe y finalmente el caballero que se había prestado a ayudarla rompe en una carcajada.

-¡Vaya paliza te han pegado!

-¡Ay, por mi madre que aquí van a terminar conmigo! –se queja en plan dramático ante las risas de todos.

            La tarde sigue como es su costumbre, problemas por aquí, problemas por allá, pero ninguna paliza más, nota que tiene el hombro algo molesto, y es que la abuela número dos dentro lleva infinidad de cosas inservibles pero que tienen su peso.

            Por fin para su satisfacción, llega la hora de marcharse a su casa, recoge sus cosas, pone música en el coche que la relaje un poquito, y sueña con su cama para descansar. Llega al garaje, le da al mando y se va abriendo la puerta metálica, por fin en casa, baja la rampa mientras se quita el cinturón de seguridad, va canturreando hasta que llega a su plaza. Entonces sus ojos se abren como platos.

-¡Pero bueno esto es lo último! ¡Quién es el desgraciado que se ha aparcado en mi plaza! ¡Tendrán morro!

            Sí Lela, a veces sucede que la gente aparca donde no debe ¡verdad Lelita!

-¿Y ahora qué hago? –se pregunta.

            Observa la situación, ella no va a meter su coche en otra plaza ¡no va a hacer lo que le han hecho a ella, no! Pero tampoco ve lugar donde dejarlo, se cabrea lo suyo, jura en arameo, sale del coche, da un vistazo, y ve que en la esquina podría dejarlo, los coches pasaran demasiado cerca pero no puede hacer otra cosa, si alguien le dice algo, dirá lo que ha sucedido. Aparca el coche en muy mal lugar, saca todas las bolsas de la compra que lleva, su bolso, la bufanda, el gorro, los guantes, las llaves de casa, las llaves del coche.

-¿Dónde tengo un papel? ¡Se va a enterar! ¡Aparcar en mi plaza! ¡Con lo cansada que estoy!

            Saca un papel de una propaganda que lleva en el bolso, le vale para apuntar lo que piensa:

Por favor… está usted aparcado en mi plaza, le agradecería que se fijará la próxima vez que aparque. Gracias.

            Coge el papel y va a ponérselo en el limpia, en ese momento, en ese preciso instante cae en la cuenta. Mira a un lado, mira a otro, va corriendo hasta el coche, abre las puertas, carga la compra, el bolso, la bufanda, el gorro, los guantes, las llaves, se sienta en el asiento y comienza a reírse, tanto… tanto… que casi le da un patatús mientras susurra.

-Joder… ¡¡¡que no esta no es mi p!anta!!!!

 

¡Ay Lela… Lelita… Lela!  ¿Qué vamos a hacer contigo?