LELA Y SUS COSAS

Pues sí, nuestra querida Lela no puede estarse quietecita y dejar al resto del mundo vivir en paz y tranquilos, no, ella, se empeña una y otra vez en hacer de las suyas.

            Veamos esta vez de que se trata.

Lela se levanta muy temprano, demasiado temprano para su gusto, pero se levanta, se asoma a la ventana y ve como cae una lluvia impertinente, y se acuerda que no tiene paraguas, el último tuvo que echarlo a una papelera porque un suave viento se lo llevó, precisamente a eso, a tomar viento (esto pasa por comprar paraguas a 1 euro). Desayuna, se ducha y tras dejarle doscientos cincuenta y siete mil besos a su gato se va. Claro, cuando baja cae un agua del copón como debe ser y ella en manga corta porque el día anterior hacía calor. Hasta llegar al garaje corre pero sus zapatos resbalan como la hostia, así que, con tiento trata de buscar refugio por la zona seca, como si fuera una carrera de fórmula 1.

            Durante el trayecto el chaparrón se hace mucho más intenso, tanto que los limpias delanteros y el trasero no dan abasto para dejarle ver. Por supuesto llega cinco minutos tarde que para ella es una eternidad.

            La mañana pasa como habitualmente, riñas, broncas, amagos de agresión, locuras varias, es decir, algo mentalmente agotador. Cuando por fin llega la hora de marcharse, lo hace pensando en la pedazo siesta que se van a pegar ella y el gato. Al salir, la luz del sol la deslumbra de manera fulminante, agradece que el astro rey esté en pleno apogeo, y también, cómo no, agradece que haya llovido durante la mañana, porque Lela no es como el resto de la gente que tiene un poco de vergüenza y no dice según que cosas, no, ella, reconoce que no lava el coche hasta que llueve, que es lo que se llama agarrá para lavar el coche y lo deja a mano de Dios, o mejor dicho, cuando los ángeles hagan pipí.

            La luz del día le llena de alegría, sube al coche y pone la música, baja las ventanillas y grita de emoción al pensar en la siesta, más exactamente, casi babea. Llega al semáforo y mira por el espejo retrovisor, a lo lejos llega un motorista, entonces se percata que en el cristal justo en medio hay algo que le molesta, niega con la cabeza pensando:

-¡Vaya debe ser una cagada y la lluvia no me lo ha limpiado bien! Es lo que tiene la limpieza gratis.

            Mientras tararea le da al mando del limpia trasero al mismo tiempo vigila el semáforo y al mismo tiempo escucha un grito feroz. Mira por el retrovisor y ve como el hombre de la moto gesticula mientras berrea.

-¡Pero será cafre! –murmura-. ¡Aún está en rojo! –le dice cuando el hombre se pone a su lado.

-¡En rojo!

            Casi podría decirse que la voz salía a borbotones a través del casco, los ojos inyectados en rojo más que el semáforo, entonces Lela se fija bien, la parte baja del casco y la camisa con la corbata desprendían un líquido que parecía agua. Lela miró al hombre con el ceño fruncido y el  hombre, se quitó el casco y a voz en grito le dijo:

-¡Pero tú eres Lela, tienes la salida del agua del limpia hacia detrás! ¡Me has mojado todo, coño!

            Si fuera mujer, la frase quedaría rara, pero como era hombre Lela capto que no había llegado el agua a mojar sus partes bajas, nada más las altas, el hombre seguía gritando y Lela poniéndose un poquito más roja cada vez, hasta que con un hilo de voz soltó.

-Lo siento mucho… de verdad.

-¡Mujeres!

-¡Hombres! –protestó mientras veía ponerse el casco-. Nosotras somos originales hasta para mojar a los motoristas.

            Dicho esto, puso primera salió a toda hostia y empezó a reírse hasta casi ahogarse. Las lágrimas recorrían su rostro y al llegar a otro semáforo, probó porque no había nadie y comprobó como un fino pero potente chorro de agua salía en dirección contraria a lo normal, es decir, en dirección directa al coche, moto o persona que se pusiera detrás.

            Pero en defensa de Lela debemos decir, que ella no tiene toda la culpa, ella no tiene la culpa de que le roben la pieza del limpia, ahora, ella sí tiene la culpa que una vez sabe que el chorro sale equivocadamente, lanzar a propósito al coche que tiene detrás dándole un susto a la conductora porqué le ha pitado, ¡en eso sí tiene la culpa!

Esta Lela es muy pero que muy mala. Aunque… eso ya lo sabíamos.

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