CARTAS PARA UN AMOR IMPOSIBLE. CAP. VII

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Siguió leyendo. A partir de aquella fecha y durante muchos folios todo cuanto había escrito era maravilloso, la sorprendía cada vez más y más. Se asombraba de los sentimientos tan fuertes que Marga sentía. Le daba tanta rabia. Quizá nunca se habría atrevido a decirle nada y, sintió un poco de frustración, tanto por ella como por Marga. Sin embargo, llegó al último día de vida de Marga. Sus dedos temblaron al percatarse que iba a leer sus últimos pensamientos, sus últimas palabras. El corazón comenzó a golpear con fuerza su pecho. No sabía que quería encontrar en aquel día que fue el último de su vida.

2 OCTUBRE 2014
Mañana es el gran día. Sí, mañana va a ser un día especial. Esta semana me he dado cuenta de nuestra complicidad, de nuestras miradas, yo te miró a través del espejo y me sonríes. Hemos ido a tomar un café, parecía que nunca habías disfrutado tanto. Subiste al coche y me dijiste, “Marga llévame donde quieras, necesito un poco de distracción”. No lo esperaba, la verdad, pero mi corazón ha empezado a bombardear mis venas, estaba atacado, feliz, como yo. Hemos ido a una cafetería de la Gran Vía, hace esquina y es muy coqueta, nos hemos tomado un té cada una, estabas frente a mí con tus ojos grandes, hablando sin parar, tu sonrisa amplia y contagiosa. Gesticulando mientras me contabas anécdotas divertidas que no pensé nunca pudieras compartir conmigo, tus movimientos de las manos, te llevaron en varias ocasiones a acariciarme. No sabes la descarga eléctrica que sentí en el momento en que tus dedos acariciaron mi piel. Creo que perdí por un momento la noción de tus palabras. Ha sido mágico, tú hablando sin parar, riendo, desconectando el móvil que eso para mí ha sido alucinante. Rosario, eres la mujer más maravillosa que he conocido nunca. La mujer por la que dejaría mi manera de ser para centrarme en ti. Eres la mujer por la qué voy a dejar mis miedos aparcados, mis dudas, por la que he decidido luchar, poco a poco, te daré tiempo si me dices que no estás segura de poder intentarlo. Me retiraré con delicadeza si me dices que no. Pero me la voy a jugar, necesito hacerlo ya, mi amor por ti es tan importante, ha crecido tanto que no puedo dejarlo ahí, solo, necesito compartirlo contigo.
Voy a comprarte un ramo de flores tan grande que voy a tener que meterlo en el maletero, te he escrito una carta para que la leas ante mí, creo que será mejor así que decírtelo de palabra, aunque, realmente, no sé qué pasará cuando llegue el momento. Igual te lo digo de palabra. Sí, creo que será mejor, más romántico, más cercano, no tan frío como escrito en un papel. ¡Estoy nerviosa! ¡Muy nerviosa e impaciente! Quiero rozar tus labios con suavidad, besarte como nadie te besó. Nada más espero que no salgas corriendo. Mañana será un gran día para mí, para nosotras. He ensayado tantas veces decirte “te quiero” que me temo, mañana me temblara la voz, eres la primera mujer que me hace sentir que puedo con todo, ¡hasta me casaría contigo! Rosario, mañana, será el día más importante de mi vida, para bien o para mal. Y podré entregarte estas cartas para afirmar que no hay amor imposible si se ama con el corazón.

Una vez finalizó la lectura, abrazó aquel libro rompiendo a llorar. Había sido su día más importante, sin duda, pero para mal. Estaba enfadada con la vida, ¿por qué no le había dado la oportunidad de recibir todo el amor que Marga sentía? Estaba segura que su marido no la había amado así. Se recuperó a duras penas, miró el cielo como si pudiera transmitirle su agradecimiento y su pena mezclada. Llegó a casa pensando en todo cuanto ponía el libro. No podía apartar de su mente las palabras, los sentimientos y emociones. Aquel maldito día le iba a decir cuánto la amaba. Llamó a la comisaria donde Pilar le había dicho el día del asesinato que habían llevado sus cosas. Habló con un hombre al que le pidió ayuda contándole lo que había sucedido. El hombre a su vez, pidió permiso a su inspector explicándole el caso y a los diez minutos volvió a sonar su móvil.
-Señora –le llamó por teléfono.
-Sí, ¡dígame!
-Puede pasarse cuando quiera.
Se arregló con los nervios clavados en su estómago, necesitaba comprobar si había algo para ella. Sentía las pulsaciones de su corazón acelerarse, era como poder tener por un momento cerca a Marga.

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