CARTAS PARA UN AMOR IMPOSIBLE. FINAL

libertad2

Gracias, por acompañarme en este relato.

Una vez finalizó la lectura, abrazó aquel libro rompiendo a llorar. Había sido su día más importante, sin duda, pero para mal. Estaba enfadada con la vida, ¿por qué no le había dado la oportunidad de recibir todo el amor que Marga sentía? Estaba segura que su marido no la había amado así. Se recuperó a duras penas, miró el cielo como si pudiera transmitirle su agradecimiento y su pena mezclada. Llegó a casa pensando en todo cuanto ponía el libro. No podía apartar de su mente las palabras los sentimientos y emociones. Y de su corazón, aquel amor incondicional. Aquel maldito día le iba a decir cuánto la amaba. Llamó a la comisaria donde Pilar le había dicho el día del asesinato que habían llevado sus cosas. Habló con el subinspector de policía al que le pidió ayuda contándole lo que había sucedido. El hombre a su vez, pidió permiso a su inspector jefe explicándole el caso y a los diez minutos volvió a sonar su móvil.
-Señora –le llamó por teléfono.
-Sí, ¡dígame!
-Puede pasarse cuando quiera.
Se arregló con los nervios clavados en su estómago, necesitaba comprobar si había algo para ella. Sentía las pulsaciones de su corazón acelerarse, era como poder tener por un momento cerca a Marga. Llegó a la comisaria, preguntó por el hombre que le había atendido por teléfono, tan amablemente, y la llevaron hasta su despacho. Allí lo esperó con las manos entrelazadas temblorosas, tratando de calmar los nervios mediante profundas inspiraciones.
-Buenas tardes –Rosario se levantó y estrechó la mano de aquel hombre fuerte que tenía ante ella-. He estado revisando los papeles y todo cuanto tenemos sobre el caso.
-Se lo agradezco mucho, de verdad, no sabe lo importante que es para mí.
-Lo imagino por sus ruegos.
El hombre abrió una carpeta que tenía sobre la mesa. Rosario alcanzó a ver escrito el nombre de Marga. El corazón le dio un vuelco y algunas lágrimas se asomaron en sus ojos.
-Me habló de un ramo de flores y, efectivamente, en el maletero estaba este hermoso ramo –le entregó la fotografía-. Y sí, también encontramos una carta junto a él.
Las manos de Rosario temblaban mientras sujetaba la fotografía, realmente, como bien dijo el comisario era un ramo precioso. Sus flores favoritas, sus colores favoritos. No pudo retener el llanto, sacó un pañuelo mientras el hombre la observaba con pena.
-Tuvo mala suerte. Podría decirle como consuelo que no sufrió, apenas se enteró.
-Es tan injusto –su voz estaba cargada de rabia-. ¿Puedo llevarme esto? –le preguntó mirándolo con dolor.
-Sí, por supuesto.
-Gracias.
Salió de aquella comisaria como si le faltara el aire, se sentó en un banco en la calle, el calor era insoportable. Miró nuevamente la fotografía, seguían temblándole las manos y, finalmente, abrió el sobre.
-No… aquí no…
Fue una orden para sí misma, metió el sobre en su bolso y con paso ligero caminó hasta su casa. Sentía tantas cosas en su interior que necesitó llorar. Cuando llegó a casa, el pesar se había convertido en insoportable. Pensar que aquel maravilloso ramo iba a ser para ella. ¿Qué habría hecho? ¿Cómo sería en ese instante su vida con la confesión de Marga? ¿Le habría dado una oportunidad o habría salido corriendo? ¡Cuántas preguntas sin respuesta! En el ascensor no podía estar quieta, daba pasos de un lado a otro, sentía unos nervios descontrolados. ¡Lo que daría para volver a tras! Ella nunca había sido una persona con prejuicios, aceptaba que la gente amara a quien quisiera, lo respetaba… pero… ¿Hubiera sido capaz? Entró a casa y como si entrar en su habitación y coger aquel libro con las cartas le diera vida, se sintió refugiada.
-Marga… -susurró.
Lentamente fue abriendo el sobre, estaba abierto, supuso que la policía quería saber a quién iba dirigida por su posible implicación. Sacó el papel y ante el silencio que reinaba en la habitación, escuchó el sonido al deslizarlo. Tomó aire y leyó.

Querida Rosario,

Podría decirte muchas cosas, pero tan solo voy a decirte una:
TE QUIERO.

Sus pupilas se movían nerviosas, su respiración se fue entrecortando y su corazón comenzó a galopar. Todo cuanto había leído, era verdad. Miró el ramo de flores y lo estrechó en su pecho. Cerró los ojos como si pudiera percibir el aroma. El sonido del teléfono le rompió aquel mágico momento. Vio que era Pilar y sonrió levemente.
-¿Qué tenía? –le preguntó tras saludarla.
-Un ramo maravilloso y una carta donde me decía que me quería.
-No sé qué decir.
-Ni yo… porque lo único que hago es sentir… sentir intensamente.
-¿Qué vas a hacer?
-Voy a hacer lo que me dijo en sus cartas, sus pensamientos, lo que quería para mí, lo voy a hacer porque quiero que de algún modo, no sea un amor imposible. Voy a venderlo todo, buscaré un pueblecito que me guste y me dedicaré el resto de mi vida a vivir la vida, a hacer lo que me gusta y a esperar.
-¿Qué vas a esperar? –su voz fue reflejó cierto asombro, desde que la había conocido, nunca notó en ella las ganas de vivir que transmitía en ese momento.
-No lo sé… te diría que esperaré a Marga el resto de mi vida… debo estar muy influenciada por todo cuanto he leído pero, esperaré el día que la vuelva a tener delante, quien sabe, quizá lo que no hemos podido vivir aquí, lo vivamos en otra dimensión.
-¿Rosario, estás bien?
-¡Mejor que nunca! Gracias, Pilar, porque de no haberme dado sus cartas, seguiría viviendo la vida que no quería, ahora entiendo mi infelicidad, vivía una vida que realmente no deseaba, y eso lo supo ver Marga.
Se despidieron con un hasta luego, nos volvemos a hablar. Rosario, volvió a mirar el ramo, buscó un marco, encontró uno donde estaba la foto de su marido, la rompió como si pudiera así quitarse el ancla de su pasado y colocó el ramo. Después hizo unas llamadas, concretó lo que quería a su abogado, y se acostó. Cerró los ojos pensando en Marga, la visualizó sonriendo como siempre, y dejó escapar al viento:
-He descubierto porque te necesitaba tanto en mis días, Marga, sin saberlo, yo también te amaba.