UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 3

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En la moto, Maca no paraba de pensar en la casualidad de que fuera a trabajar en el mismo lugar que Esther. No podía apartarla de su cabeza.

 

-¡Oye no corres mucho! ¡A mí me da igual porque estoy fiambre ya! ¡Pero deberías levantar el pie del acelerador! ¡No me gustaron nunca estos bichos! ¡Nunca!

 

-¿Por qué no dejas de refunfuñar y disfrutas del paseo?

 

-¡Otia… otia… otia!

 

Maca dio una carcajada, mientras, aceleraba la moto entre los coches. Al llegar a la cafetería donde se había citado con Teresa, su mejor amiga y compañera del hospital, se quitó el casco sacudiendo la melena.

 

-¡Ay qué mareada estoy! ¡Creo que voy a vomitar! –Maca sonrió-. No te rías que estoy jodida.

 

Llegó hasta la cafetería con la sonrisa en los labios que le provocaba aquella locura que tenía a su lado. Al abrir la puerta, la vio, inconfundible. El pelo recién hecho, sus collares grandes y de colores, sus gafas en el puente de la nariz y su gesto un poco torcido.

 

-¡Lo siento! –le dijo Maca tras darle un beso.

 

-Tarde como siempre…

 

-Me he entretenido.

 

-¿Vienes sola? –la miró alzando una ceja.

 

-No.

 

-¿Aún la tienes? –su voz sonó atónita.

 

-Sí.

 

-Dile que me tienes mareada como una peonza ¡ay qué malita me encuentro! ¡Hip!

 

-¿Y sigue borracha? –le preguntó con sus ojos abiertos como platos.

 

-¡Y qué coño voy a hacerle yo! ¡Me gusta el drinki… como a ella le gustan esos collares horrorosos y horteras porque mira que los lleva feos, la jodida!

 

-¿De qué te ríes? ¿Qué te ha dicho, qué? –la apremiaba por saber.

 

-Se ha mareado en la moto.

 

-¡No me lo puedo creer! –se tapó la boca con gesto asombrado.

 

-Ni yo… ¡ay qué joderse con la collares!

 

               A Esther la cabeza estaba a punto de estallarle en trozos, no podía más, se estaba frotando los ojos con fuerza, trataba de estirar su maltrecha espalda, a la vez que quería convencerse de que no tenía ningún problema de compartir el trabajo con Maca. También quería convencerse que no había sentido por un segundo ese pellizco en su estómago, característico cada vez que pensaba en ella.

 

-¡Por qué habrá venido! ¡Anda que no hay agencias donde trabajar! ¡Y qué hace trabajando como fotógrafa!

 

-¿Por qué no se lo preguntas y así sales de dudas?

 

En la cafetería, Maca se había pedido una cerveza acompañada por cacahuetes, Teresa una sin alcohol con ensaladilla rusa. Habían guardado silencio durante el tiempo en que la camarera les había colocado los platos. Una vez se fue, Teresa le dijo con ojos escrutadores.

 

-No sé qué les das… ¡ay que ver cómo te miraba!

 

-No estoy para dar mucho… la verdad.

 

-¡Anda ya! –la riñó sonriendo como si no se creyera para nada lo que acababa de decirle.

 

-Ya te digo…

 

-Bueno… a ver… centrémonos. ¿Qué ha pasado que después de tu llamada, me tienes en ascuas? Después de tantos años ha debido ser impactante.

 

-Nos hemos visto, creo que se le ha helado la sangre, como a mí. He tratado de disimular, claro.

 

-Perdona… a ella no se le ha helado nada… se le ha calentado la cosa, bonita…

 

-¿De qué te ríes? –Maca cerró los ojos- ¿Es ella?

 

-Sí, por favor, tía, ¿puedes dejarme un rato? –le preguntó mirándola.

 

-Sabes que no, así que no insistas…

 

-No puedes hacer esto delante de nadie, Maca, van a pensar que estás como una cabra –la miraba con gesto de horror.

 

-¡Uy la collares… uy la collares! –exclamaba con retintín y una melodía de fastidio.

 

-¿Y qué quieres? –elevó los hombros con cierta ansiedad-. Allá donde voy, viene, me saca de mis casillas porque se pone a hablarme y no puedo contestarle. Me hace quedar como una idiota delante de la gente por mis caras.

 

-Yo no tengo la culpa que no sepas disimular.

 

-¿Maca… hija… tú estás segura que esto es normal? –entonces miró alrededor y bajó la voz. Maca vio nítidamente como la figura de su tía también se agachaba poniéndose a la altura de ellas-. A ver si vas a tener algún problema en la cabeza… mira que esto… es muy raro.

 

-¡Rara eres tú jodía! –protestó enfadada.

 

-Teresa, mi cabeza está perfectamente bien, según mi tía, es mi ángel de la guarda… dice que está aquí para ayudarme con Esther, que es su misión. Pero… es imposible hacer nada… la tengo ahí ¡además, borracha! ¡Yo no sabía que mi tía bebía!

 

-¡Uy me lo bebía todo! ¡Y lo rico que está, un buen vino fresquito! ¡Ahhhh! –hacía un sonido con su boca como si lo pudiera saborear-. ¡Ser ángel es una mierda… no puedo beber! ¡Llevo el colocón y la botella pero sin probar nada! ¡Va… menuda mierda!

 

-Maca… ¿y si vamos a una médium?

 

-¿Para qué?/ ¿Para qué? –preguntaron a la vez su tía y ella.

 

-¡Mujer… digo yo que para ver si te ayuda a enviarla donde debe estar!

 

-¡Esta tía es tonta! ¡No se entera que debo estar a tu lado! ¡Hip!

 

-Tía, por favor… cállate –le dijo cerrando los ojos pero sin desviar la cabeza-. No puedo ir a ninguna médium, Teresa, ella dice que estará aquí hasta que vuelva con Esther.

 

-¿Hacia dónde está? –le preguntó elevando sus cejas con un leve movimiento de cuello. Maca le indicó a su lado. Teresa le dijo-. ¡Pues creo y, nunca mejor dicho, que como dice el dicho que espero tengas toda la eternidad para esperar!

 

-¡Qué va! ¡Esa cae en cuanto mi sobrina le ponga ojitos de pulga petorra!

 

-¿Qué dice, qué dice?

 

– Mira… déjalo… esto es ridículo… ¡de verdad! –se quejó Maca-. Hablemos de otra cosa. ¿Qué tal el trabajo?

 

-¡Bah! No me hables del trabajo, estoy harta, cada vez nos recortan más derechos y trabajamos en peores condiciones. ¡Claro cómo ellos si se ponen malos van al privado! ¡Horrible, hija, horrible! ¡Para qué voy a contarte! Ahora, eso sí, te echamos de menos.

 

-Yo a veces también –le dijo con una sonrisa triste.

 

-Maca…

 

-Déjalo Teresa, déjalo.

 

-Bueno… pues por fin te reencontraste con tu fantasma… ¡uy que me perdone tu fantasma real! Que con uno vas bien.

 

Allí se quedaron riendo de buena gana, mientras, recordaban anécdotas que les había ocurrido en el hospital, durante los ocho años que Maca estuvo trabajando como pediatra. Teresa era como su segunda madre. Había estado a su lado en los buenos, los malos y en el peor momento de su vida como pediatra. Era su confidente y había escuchado su historia tantas veces, que Esther ya era parte de sus conversaciones a pesar de no conocerla.

 

Mientras tanto, Esther había salido del trabajo acompañada por su buena amiga Menchu. No hablaban, pero ambas sabían que una de ellas tenía razón. Caminaron durante un buen rato por el retiro, que les quedaba cerca, hasta que Menchu se sentó en un banco.

 

-¿Qué haces? –le preguntó Esther mirándola fijamente.

 

-Lo que ves, sentarme. Tú tienes fondo, pero yo no. Soy fumadora nata.

 

-Tienes razón, tienes razón… tengo que hablar con ella y lo haré –le decía con actitud nerviosa mientras con las manos juntas se frotaba la cara.

 

-Bien.

 

-Es que me siento idiota… de verdad.

 

-Bastante –encendió un cigarro.

 

-Ella ni se acordaba de mí y yo…

 

-Pues mira… tú te has quedado enganchada a algo que no acabaste y sigo empeñada en que lo debes acabar.

 

-¡Has visto qué guapa está! –dijo sonriendo.

 

-¡Uy qué cara de tonta! –Esther se sentó a su lado cruzándose de brazos-. ¡Pero vamos a ver alma cándida! ¿A ti te gustan las mujeres?

 

-¡Claro que no! –protestó.

 

-Pues entonces, querida, si con los hombres no sientes, no te gustan las mujeres… a ver si vas ser asexual y eso sí es jodido –la miraba fijamente con el ceño fruncido y gesto de pánico.

 

Esther la miró y tras asimilar su frase rompió a reír. Durante un rato siguieron con la broma y les valió a ambas para liberar la tensión acumulada.

 

-Eso está mejor, ¿quieres un consejo? –le habló con tono protector.

 

-Sabes que sí.

 

-Relájate, habla con ella cuando estés preparada, disfruta de estar a su lado y relájate, tú misma sabrás lo que quieres, de todos modos, este viernes hay fiesta para despejar dudas.

 

Un pensamiento en “UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 3

  1. Jeje, me gusta esta tía, me ha sacado sonrisas, parece que ha vivido y disfrutado de la vida, cosa que Maca no a pesar de las apariencias. Esperando saber que paso para que Maca huyera de Esther, y el ¿porque? dejo de ejercer la medicina.

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