UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO CAP. 4

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En el garaje Maca estaba aparcando la moto, sus pensamientos eran de lo más contradictorios, quería pensar en su trabajo pero tan solo veía a Esther, quería ser fría y responsable, pero los nervios y la ansiedad le hacían palpitar a mil pulsaciones.

-¡Si sigues así te va a dar un ataque! ¡Relájate! ¡hip!

-Ya quisiera yo.

-¡Coña… mira que eres rebuscada!

-¿Rebuscada yo? ¡No tendrás nada que ver con que me toque trabajar a su lado, no! –gritaba casi enloquecida.

-¡A mí que me registren! Hip… ¡puto hipo!

-Quieres no decir tacos. Y deja de decirme mentiras ¡qué me lías! Tú me dijiste que propiciaste que yo fuera a trabajar allí –decía casi fuera de sí.

-¿Maca? ¿Se encuentra bien?

-Eh… si… si… claro perfectamente, Elvira –contestó algo nerviosa.

-Le he visto dirigirse a la columna –la miraba su vecina con cierta preocupación.

-¡Ah, eso! ¡Eh! No… no… hablaba en voz alta. Nada importante suelo hacerlo cuando estoy nerviosa –sonrió
levemente.

-Bueno… vamos a terminar muy mal, con tantos problemas… ¡la culpa la tiene Zapatero!

-Eso… señora Elvira… ¡la culpa, Zapatero! Bueno… hasta otro rato. ¡Ves lo que provocas! –dijo una vez cerró la puerta del ascensor.

-Nada bueno… lo sé… en lugar de ángel, debí ser demonio. Si es que una atea convertida en ángel no puede traer nada bueno. ¡Eso ya lo dije yo! ¡Hip!

A la mañana siguiente, Maca llegó como de costumbre con su moto de gran cilindrada, sus botas negras, el casco rosa. Al entrar coincidió con Menchu en el ascensor. Tras el saludo hubo silencio.

-¡Que pedazo moto, no!

-Sí… -sonrió sin saber que decir.

-Podrías darnos una vuelta, ¿no te parece?

-¿A quién? –la miró de soslayo.

-Pues… ¡a todas! ¡Cada día una! ¿Qué te parece?

-Bueno… yo…

-¡Chicas, Maca nos va a dar una vuelta con su potente moto! ¿Quién va a ser la primera?

-Pero si no he dicho que sí –murmuró mientras oía hipear a su tía.

-A mí no me mires, creo que poderes de manejar mentes, no tengo. Pero esta gachí me cae bien.

Hubo un revuelo por la oficina, todas querían ir en su moto, algunas querían más ir con ella que con su moto. Esther se acercó hasta Menchu que daba carcajadas sin parar.

-¿Te has vuelto loca? ¡A ti te aterran las motos!

-Mira lo que hago por mi mejor amiga –le guiñó un ojo.

Esther se quedó de una pieza. Miró a Maca que sonreía a una de las chicas que estaba encantada de montar en moto, pero su mirada se dirigió hasta ella. Durante unos segundos ambas quedaron clavadas con sus ojos, para ellas, el tiempo a su alrededor se había detenido.

-¡Esther! ¡Despierta, cariño! ¡Vamos… vuelve!

-Ya he vuelto –dijo con cierto pesar.

-Acompáñame a tomarnos un descansito.

Salieron hasta el pequeño balcón. Menchu se encendió un cigarro, mientras, Esther se apoyaba con cierta nostalgia en la barandilla. Ambas guardaron silencio durante unos segundos. Cada una pensando en cosas diferentes pero ambas, llegando a la misma conclusión. Maca.

-¡Qué frío, hace de repente!

-Menchu… ayúdame… ayúdame a sacar de mi cabeza a Maca.

-¡Uy la niña que cosas tiene! ¡Hip! ¡Ni con un chupón de desatascar el wáter te la saca, guapa!

-Pasado mañana por la noche nos vamos a Chueca. He visto un local que podemos cenar y después tienen baile.

-No, prefiero cenar en un sitio relajado. Menchu… que cerca está.

-¡Y lo que va a estar!

-Vamos Esther… estás haciendo una montaña de un granito de arena. Yo te digo a ti, que Maca ni se acuerda de aquello.

-¡Eso seguro!

-¡Yo no estaría tan segura, leñe! ¡No lo estropees Menchu, con lo bien que ibas! Hip.

-Y tú, te has quedado anclada en aquel momento de tu vida, nada más hay que desanclarte.

-Nada más dice… esta tía me cae bien, ¡tiene más moral que el Alcoyano!

-Ahora, miraré un lugar donde podemos ir a bailar, si te pillas a una tía ¡perfecto! Consumas, si te gusta, pues nada, sigues consumiendo.

-¡Qué cachonda! Ja ja ¡Consumes dice! Ja ja ja ja ja ja ja. ¡Hip!

-Qué no, pues ya sabes que has estado dudando durante mucho tiempo para nada y empiezas una nueva vida.

-Sí, creo que tienes razón.

-Ahora, tendremos que ver por internet algo que nos enseñe como entrar a una mujer. Pero vamos… si lo hacen los hombres a diario, no debe ser tan complicado.

-¡Ay Menchu! ¡Qué sonrisa tiene! -exclamó de repente Esther.

-¡Mírala que boba está! ¡Ay sobrina que a mí no me gusta para ti, pero se le nota enamorada!

-Tendré que ponerme manos a la obra y pronto. ¡Oye! ¿Y por qué no vamos con ella? Así sabemos de golpe si es sí o es no –le preguntó con los ojos muy abiertos.

-¡Eso… eso! ¡Lo que me iba a reír! ¡Hip!

-¡Estás loca! ¡Menchu que te veo capaz! ¡Si lo haces te retiro la palabra, eh! –la miraba fijamente.

-Vale… vale… tranquila… ¡caray cómo te pones!

-A esta le escuece… sí… igual me voy pronto de aquí y puedo soltar de una vez la botella… hip.

Cada una se fue hasta su puesto de trabajo. Maca hablaba con la directora que estaba viendo las fotografías que había hecho. Estaba realmente impresionada. Maca sonreía con cierta timidez.

-Es un trabajo impresionante. Creo que he acertado contratándote, el próximo trabajo de Esther es muy importante para la revista, necesitamos que sea un reportaje sublime. Y estoy segura que contigo, lo conseguiremos –le entregó las fotos y se le quedó mirando-. Espero que te lleves bien con Esther, es una mujer un tanto especial.

-Lo sé.

-Sí, sé que os conocéis pero… ¿puedo estar tranquila?

-¿En qué sentido? –Maca frunció el ceño.

-No me gustan las relaciones personales e íntimas en el trabajo. Me ha llegado la noticia de tu condición sexual y no me apetecería tener problemas. Tienes a todas las chicas revolucionadas. ¡Ojo! Que yo no tengo nada en contra de tu condición, ese es un tema personal que respeto, pero, si pasa del personal al profesional…

-¿Puedo pasar? ¿Me has llamado? –preguntó Esther desde la puerta.

-Sí, sí, pasa, pasa. Esther sabes que soy directa –Esther se sentó embriagada por el perfume de Maca- Estaba comentando con Maca, que su condición sexual no me importa, ¡pero!, es un principio que llevo conmigo desde que empecé y me ha ido bien, no quiero rollos en el trabajo. ¿Me has entendido?

-No sé qué te hace pensar en… -respondió ofendida pero con su rostro rojo como un tomate.

-Nada, Esther, no te pongas a la defensiva. Tan solo es un consejo. Estaba muy tranquila de que Sebastián fuera tu compañero, era gay, pero no estoy tan tranquila teniendo en mi agencia a una lesbiana que, además, está tan buena.

-Gracias por el piropo –le sonrió Maca.

-De nada, guapa. Ya lo sabéis, vais a tener un viaje y quiero que todo esté claro.

-¿Y… un revolcón fuera del trabajo?

-¡Maca! –le riñó Esther más ofendida si cabe de lo que le hizo a Lourdes.

-¡Venga tan solo era la novatada a Maca, Esther! ¡Pero veo que me ha pillado! –dio una carcajada acompañada por Maca.

-¡Pues a mí no me ha hecho ninguna gracia! ¡Búscate a otra para tus novatadas!
Se levantó con un enfado considerable y abandonó el despacho dando un portazo.

-¡Creo que no le ha sentado bien! –dijo Lourdes algo pensativa.

-Claro porque está enchochada y casi la pillas. ¡Anda que esta no tiene mala leche ni ná!

-Esto… creo que… mejor voy a charlar con ella –le dijo Maca tratando de no reír la ocurrencia de su tía.

-Bienvenida, Maca, me gusta tu trabajo.

-Gracias.

-La jodía de mi sobrina es buena en todo, muy buena –dijo su tía orgullosa-. Bueno… menos en el amor
¡hip!

-¡Que escalofrío me ha dado de repente!

Al salir del despacho, vio a Esther como se metía en el lavabo. Le supo mal su reacción, pero también la entendía. Ella misma pensaba que, como broma, estaba fuera de lugar. Por eso quiso dejarle claro su pensamiento. Entró con cierto temor, conocía el mal carácter de Esther y podía esperar un aluvión de reproches.

-Hola –le dijo con cuidado y voz dulce.

-¿Te has divertido, no? –la miró fijamente.

-La verdad, no –su contestación sonó realmente franca. Se apoyó en el mármol donde estaba el lavabo y Esther se estaba lavando las manos-. Creo que ha sido de mal gusto, pero, tampoco ha sido para reaccionar así, Esther.

-Tienes razón –dijo apretando los labios.

-¡Anda! –soltó divertida Maca.

-¿Qué? –la miró fijamente.

-Esperaba un aluvión de reproches –la miraba insistentemente con gesto divertido. Entonces le puso la mano en la barbilla y todavía la miraba con mayor atención-…

-¿Qué? –se libró de su mano con una sonrisa un tanto sensual.

-Ésta es una nueva Esther –dio una carcajada-. No reconozco a quien fue mi amiga… ¿qué has hecho con ella?

-Cambió mucho desde que la dejaste, mucho –hubo un silencio entre ellas donde apareció una voz “¡Caray no ha tardado a penas en recordártelo!”-. Bueno… será mejor que vuelva para ir preparando las cosas.

-Pues estamos bien…. –susurró a su tía cuando se quedó sola-. Venga… esto es el acercamiento… ahora ya te lo ha soltado…

-¿Y qué crees? ¿Qué porqué me lo haya soltado está solucionado? –preguntó irónica.

-¿Hablas sola, Maca? –le preguntó Amparo, la recepcionista.

-Sí, tengo esa mala costumbre.

Durante un rato, Maca se metió en su pequeño despacho, estuvo limpiando las lentes y observando las fotografías que había sacado a las modelos. Había alguna chica, que despertaba en ella su lado más canalla. Por si acaso, había sido precavida y se había intercambiado el número de teléfono con ella. Pensaba en llamarla.

-¿Y para qué la vas a llamar? ¿Para qué intente sacarte de la cabeza a la bajita esa? ¡Hip! No lo va a lograr, ¿quieres tener sexo con ella pensando en Esther? ¿Te ha funcionado actuar así?

-Por favor –arrastró las palabras casi sin mover los labios, con un par de pilladas, mientras hablaba sola tuvo suficiente.

-Es la verdad… tienes un problema, tu tía está aquí para ayudarte, ¡no me lo pongas más difícil, otia!

-¿Tienes un momento, Maca? –apareció la voz seca de Esther.

-¡Esther… pasa… pasa…! –le dijo algo turbada.

-¡Vaya… esto no lo esperaba! ¡Si es qué la cercanía hace el roce! ¿Se decía así? ¡Uf que pedo llevo, chiquilla! ¡Hip!

-Quería preparar contigo el reportaje –entonces vio en la pantalla de su ordenador a una rubia explosiva que reconoció al instante. Maca, al ver sus ojos agrandarse, quitó rápidamente la pantalla poniendo el escritorio-. Perdona, no sabía que…

-¡Oh! ¿Te refieres a la foto? –tartamudeó delatándose. Sabía perfectamente a lo que se refería.

¡A ver… cómo coño va esto! –Maca veía horrorizada como su tía estaba dando a las teclas y como en la pantalla comenzaban a salir distintas mujeres-. ¡Toma celitos a mansalva!

-Esto… ¿por qué no vamos a tu mesa?

-¿A mi mesa?

-Quiero decir… -luchaba con su tía por cerrar el portátil.

-¿Te encuentras bien? –le preguntaba Esther que veía como no paraba de moverse de una manera algo extraña.

-Sí, sí –entonces de un golpe cerró el portátil con la respiración agitada.

¡Ay la leche que casi me tiras! ¡Hiiiiiip!

-Pues no lo parece –la miraba con cierta sombra de duda en sus ojos.

-Dime, ¿qué es lo que querías? –se sentó sobre la mesa tapando el acceso al ordenador, mientras, su respiración seguía siendo agitada.

-Tenemos que preparar el reportaje. Hay que tener una reunión con Lourdes y Tania, ¿te viene bien dentro de una hora?

-Por supuesto –le sonrió ampliamente.

-¡Tonta… cuánto más celosa mejor! –Maca sonrió a Esther- ¡No tienes remedio! ¡Tu tía ha trabajado en un cabaret… sé cómo poner a una mujer celosa! ¡Qué poco te pareces a mí! –Maca volvió a sonreír.

-Vale… -cuando fue a salir, se detuvo para girarse, tomó aire y al volverse vio a Maca mirando hacia el lado derecho fijamente con cara de pocos amigos. Al verla, Maca, volvió la cabeza a ella rápidamente mientras le sonreía arqueando las cejas. Esther no entendía su actitud, por eso insistió-. ¿De verdad estás bien?

-Que sí, que sí… ¿querías decirme algo más? –se encaminó unos pasos hacia ella.

-¡Vamos cógela de la cintura, rodéala, esa caricia no falla! ¡Venga mírale los labios!

-Disculparme por lo de antes… no tengo derecho a… bueno… lo siento –su voz se tornó débil.

-Tranquila –se quedaron fijamente mirándose a los ojos.

-Me voy –susurró con una sonrisa boba.

-Vale –respondió de igual manera.

-¡Que arde la finca! ¡Qué alguien vaya llamando a los bomberos! –gritaba divertida entre hipos.

Al llegar a su mesa de trabajo y sentarse, Esther notó como se había humedecido su sexo, irremediablemente. Cerró los ojos mientras tragaba saliva, no entendía que poder magnético tenía Maca sobre ella. A pesar del tiempo, le hacía sentir lo mismo que cuando soñaba con ella, la misma intensidad en emociones que cuando por la noche se abandonaba a sus caricias bañada en la soledad de la noche, gemía llamándola, y al finalizar, siempre el último suspiro lo entregaba a la imagen de Maca sonriéndole.

-¿Puedo ayudarte? No sé… igual necesitas un poco de agua fría –Esther la miró horrorizada-. Se te nota, sí.

-¡Qué horror!

-Bien, he hablado con unos contactos, mañana, nos vamos a un pub llamado… a ver… espera que no me veo sin las gafas. A ver… sí… “Eva”

-¿Eva? –le preguntó aturdida.

-Eso me ha dicho… Está en chueca en pleno ambiente.

-Esto no va a terminar bien, lo sé –se frotó las sienes.

-Habla claro con ella… debe estar acostumbrada.

-¡Esther, Menchu! ¡Hasta mañana que Maca me va a dar una vuelta en la moto!

-Que lo pases bien –y bajando la voz, arrastrando las palabras concluyó-. A ver si pilla un bache y sales por el aire.

-¡Menchu!

-¡Pero si no le va a pasar nada… no ves que toda ella es silicona! ¡Seguro rebota!

-¡Ay yo pienso igual! Pero por la carita de la bajita, creo que le escuece lo suficiente, ¡hip!, así que
aceptaremos la opción que mi sobrina ha elegido.

Llegó la hora de dormir, Maca había estado hablando por teléfono con Teresa, después, había hablado con su tata, trataba de buscar calma en esas charlas, ambas mujeres le escuchaban y daban los mejores consejos que trataba de aliviar su desesperado anhelo por centrarse en la vida. Tras ducharse, se metió en la cama, se estiró acomodando su adolorida espalda, notaba como sus contracturas crujían con cada movimiento. Cerró los ojos y suspiró con fuerza. Notó en ese instante que entraba por la ventana la luz de la luna como si el peso de su tía se dejara caer también sobre la cama. Percibió el frío y como se marcaba en el colchón la silueta.

-¿Por qué estás aquí? –su voz sonó cansada.

-Mira, cuando morí, que es un paso muy dulce, se acabaron mis dolores de reuma y demás, me encontré frente al mar. Me di cuenta que ese mar no era como el que yo estaba acostumbrada a visitar, a mi lado, había una señora y cuando me fije, era mi madre. Me di cuenta que yo había estirado la pata también, pero me sentía tan bien, que me importó una reverenda mierda.

-¡No seas mal hablada, eres un ángel!-le sonrió.

-¡Y qué! Yo siempre hablé así, no voy a ser un ángel mojigata. Mi esencia sigue pura.

-Pero no entiendo que vinieras a mi lado. A penas tuvimos contacto cuando era niña.

-Lo sé, además, no me dejaban tener demasiado contacto, yo era la cabaretera y no podía ser un buen ejemplo para ti –notó como Maca resopló-. Sí, justo lo que piensas, siempre los demás pensando por los niños.

-¿Y por qué yo? –insistió.

-Porque necesitas ayuda. Necesitas que alguien te guíe, ¡y aquí está tu tía para eso! Lo que no me dejaron hacer en vida, lo voy a hacer muerta.

-¿En qué necesito ayuda?

-En centrarte, tú no tuviste la culpa de que aquella niña se muriera… así de sencillo… era su hora –a Maca se le llenaron los ojos de lágrimas-. Cuando una persona se muere, nadie tiene la culpa, al nacer ya tenemos día de caducidad.

-Pero esa niña era muy pequeña, yo debí hacerlo mucho mejor de lo que hice.

-Hiciste todo cuanto pudiste.

-Bueno… prefiero no hablar de eso.

Claro, es más fácil seguir escondida. No quieres hablar de esto que te duele, no quieres hablar de Esther, que te duele… Así vas mal.

-Quiero dormir. Hasta mañana.

-Lo llevas claro, yo no duermo.

-Pues ves a dar un paseo. Pero déjame descansar.

-¿Por qué te enfadas? Eso es lo fácil, lo difícil es coger el toro por los cuernos y plantar cara a los miedos –Maca no contestó-. Solo he aprendido una lección en la vida, lo más importante, es el amor. Justo en el sentimiento que tú fallas y no puedo permitirlo ¡no señora!

-Necesito dormir, por favor. ¿No puedes callarte?

-En tu corazón reside Esther, esa raíz que tienes ahí, no es buena. Tienes un capítulo que no cerraste y te impide continuar. Te diste cuenta que amabas a Esther.

-Pero no lo sabía –dijo Maca débilmente mientras ponía su mano bajo la almohada.

-En esta vida que tienes, se debe actuar, cariño… no podemos dejar de hacer cosas por miedo. ¿Qué te asustaba de ella?

-Que nunca me había enamorado. Que siempre pensé que a mí esa enfermedad nunca me llegaría. Me divertía con las mujeres, sin compromiso. Pero durante algún tiempo anterior al beso, mi pensamiento se llenaba de ella sin yo quererlo, me hacía sentir intensamente cosas que nadie hizo.

-¡Claro! ¡Eso es atraer a tu vida lo que quieres!

-Pero pensé que nada más sería sexo, cuando la besé, quise continuar besándola el resto de mi vida –una lagrima recorrió su rostro.

-Y lo vas a hacer.

-¡Vamos… tía, no me hagas reír, no ves cómo me trata! –se sentó en la cama enfadada.

-Pues eso es lo que hay que arreglar, el reencuentro no ha sido bueno. Tenemos que empezar de cero y buscar la manera de que ella se relaje porque está toda concentrada en no mostrarte nada.

-Es que… tú me dices eso… y yo, disculpa, no lo veo.

-Anda… descansa. No quiero que sigas pensando cosas negativas, quiero que te relajes, cierres los ojos y suspires fuertemente, tu tía te canta una nana y veras que cosas más maravillosas sueñas.

-Gracias, tía. A veces me vuelves loca, pero, reconozco que me gusta tenerte a mi lado.

-¡Ay jodía, jodía! Un elefante se balanceaba sobre la pata de una camaaaa, dos elefantes…

Maca resopló, sin embargo, poco a poco se dejó llevar por la voz alcoholizada de su tía y, finalmente, se durmió.

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