UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 7

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El día había amanecido precioso, lástima no tener ánimo para disfrutarlo. Eso pensaba Maca apoyada en la ventana mientras daba sorbos a su café y de reojo miraba el teléfono. Ni una señal de Esther. Por la hora que vio en el guasap, sabía que lo había mirado pero no le había dado respuesta.

-Déjala… tiene razón, por una vez, lleva razón.

-No sé qué va a pasar tantos días juntas.

-Yo creo que en algún momento esa cabezota bajará del burro y hablaréis.

-Fui una imbécil.

-No te castigues, anda… un fallo lo tiene cualquiera. Ya podrás remediarlo ¡hip!

-Bueno… voy a ducharme a ver si me despejo y preparo las cosas.

-¡Voy a subir a un avión! ¡Con el cague que me dan!

Maca la miró y no pudo más que romper en una carcajada. La primera vez que se encontró con el fantasma de su tía, se cayó literalmente al suelo. No podía creer lo que le estaba sucediendo, ella era una escéptica de todas aquellas historias y, sin embargo, había un fantasma en su casa, en su vida. Un fantasma que además había llegado para según ella, alisarle el camino del reencuentro con Esther.
Un sonido extraño sacó a Esther de las profundidades de su sueño. Sacudió la cabeza varias veces porque no podía dejar de sentir el deseo en su cuerpo. Recordaba una y otra vez la visión de aquella Reina Maca arrodillándose frente a ella. Resopló al mismo tiempo que se pasó las manos por la cabeza con rapidez para espabilarse definitivamente. Entonces recordó el mensaje de Maca. Y empezó a mascullar contra ella mientras se sentaba en la taza del wáter. Después de lavarse las manos se dispuso a ponerse un café. Conectó nuevamente el móvil y atónita vio que eran las dos y media de la tarde.

-¡Madre mía si qué he dormido!

Estaba mirando el teléfono cuando comenzó a sonar el aviso de guasap, una tras de otro, rápidamente pensó en Maca. Sin embargo, al mirar, era una insistente Menchu que quería hablar con ella. Le contestó que se duchaba y comían en su casa.
-En mi casa no, mejor en la tuya y llevo algo, bonita… menuda nochecita te has debido de pasar, puedo imaginar que has visto todos los colores del arcoíris.

-Anda ven… y así podré decirte a la cara lo que estoy pensando.

-¡Oye… fue una casualidad! ¡Yo no provoqué el encuentro!

-No sé yo… no sé…

-Esther… te lo digo en serio –le dijo, finalmente, con tono rotundo.

Esther colgó sabiendo que su amiga le decía la verdad, había sido una casualidad más de la vida. Parecía que sus caminos estaban destinados a juntarse en algún momento. Recordó el sueño, también, su humedad al levantarse. El timbre la sacó de aquel pensamiento. Menchu estaba ahí, lo agradecía. Entró y como siempre, se intercambiaron dos besos. Esther notó algo extraña a Menchu, no la miraba, trasteó en la cocina para hacerse un café bien cargado. Cuando suspiró con fuerza, Esther entendió que estaba preparada para escuchar.

-Siento haberte dejado tirada anoche.

-¡No pasa nada! –le restó importancia tras beber un sorbo.

-De verdad…

-¿Quién huyó esta vez? –le preguntó Menchu mirándola inquisitivamente.

-Yo.

-¡Otra vez! ¡Cariño… te la he puesto en bandeja! Mira si había mujeres en aquel lugar, ¿y a por quién fuiste tú? A por ella…

-Se burló de mí. Estaba tonteando… pensé que me iba a besar y, de repente, se pone a reír…

-¡Uf y eso a ti ni te cuento lo que te molesta! Sacaste a la Esther… de ¡toma pan y moja! Bueno… y mientras pensabas que te iba a besar… ¿cómo tenías la cosa? –Esther sonrió levemente-. Lo tuyo es grave…
muy grave…

-¿Y tú?

-¿Cuándo sales de viaje? –volvió a dar otro sorbo.

-Mañana por la mañana, creo que a primera hora.

-¿Y piensas hablar con Maca o qué? ¿Ha dado señales de vida?

-Sí, me ha dicho que sentía su reacción.

-Pero tú no aflojas, ¿no?

-Bueno… ¿y tú? –insistió como queriendo dar por zanjado el tema.

-Bien.

-¿Qué hiciste cuándo me fui?

-¡Se me ha olvidado el vino! –dijo de repente-. Ahora subo.

-¿Menchu que pasa?

-Vale… me dejaste tirada, yo estaba bailando y no me entere de que te habías marchado. Y ahora te preguntarás, ¿y qué pasó? Ni sé el tiempo que estuve bailando, ¿con quién? Pues con Claudia –Esther abrió los ojos como platos-. Esa mujer se mueve que da gusto, bebimos un par de copas, ¿y qué pasó después? Mira… solo sé que noté su lengua en mi boca y me perdí. ¿Y tú dirás?… ¿Te has acostado con ella? Sí, lo he hecho, toda la noche, sin parar, me duele todo el cuerpo ¡hasta las pestañas! Sí, Esther, sí, entiendo tu pregunta, ¿si me gustó? Pues mira… sí, me encantó. Y ahora voy a por el vino o mejor… me voy a casa a descansar… ¡y deja ya de preguntarme, leches!

Menchu se marchó a toda prisa, Esther se había quedado atónita, realmente, atónita no podía entender lo que acababa de ocurrir, su amiga que jamás dudó de su sexualidad, se había lanzado a los brazos ¡de la novia de Maca! Bueno… no sabía exactamente si era su novia… pero seguro se había acostado con ella. Reaccionó con un gritito. Menchu resoplaba en el interior del ascensor, había estado pensando cómo decirle lo ocurrido, sin saber muy bien porqué, temía decírselo. Abrió la puerta del ascensor y dio un grito.

-¡Tú… no te vas… a ningún sitio! –decía jadeante con las manos apoyadas en las rodillas hiperventilando tras bajar los siete pisos.

Subieron juntas, en el ascensor, Esther trataba de relajarse. Se había recogido el pelo en una coleta y por la carrera algunos mechones habían caído sobre su cara colorada por el esfuerzo.

-Estas fatal de resistencia, ¿eh? Tendrías que ir a un gimnasio –le dijo Menchu con cierta sonrisa.

-¡Cómo has podido acostarte con una mujer! –le dijo una vez pasaron a casa.

-¿Es un reproche o una pregunta visceral?

-¡Que es la novia de Maca! O la amante, o… su amiguita o…

-Esther –le dijo con tono de advertencia y mirada algo triste.

-¡Todas aquellas tías han tenido que estar con ella! ¡Seguro! ¿Cómo has podido? –la miraba con el ceño fruncido.

-Pues…

-¡Eres una inconsciente! ¡No veías como la miraba mientras hablaban!

-¡Esther quieres parar! –le levantó la voz.

-¿Por qué tú sí y yo no? –le dijo débilmente sentándose en el sofá.

-Esa no es la actitud, Esther, lo siento mucho. No sé qué te provoca Maca que te paraliza y te vuelves
una niña asustada. De valiente pasas a cobarde, de querer ser guerrera te quedas en vencida. Con ella todo lo ves mal.

-¿Y eso qué tendrá que ver con que te hayas tirado a la novia de Maca?

-Tú lo que quieres saber es si Maca está libre o no. No es su novia… para empezar… Y te recuerdo que tienes un problema de identidad sexual por algo que te pasó con una mujer, más concretamente, una mujer llamada Maca –Esther se calló. Menchu continuó-. Surgió, fue algo espontáneo… no lo pensé, a mí una mujer empezó a comerme la boca y me dejé, porque me dio un subidón que creí combustionar en medio de la pista de baile. De ahí seguimos tocándonos, me siguió gustando y me fui a su casa. He gozado como una animal, me duelen hasta las pestañas, ya te lo he dicho, pero eso ya forma parte de mi pasado. Me di la oportunidad de gozar, nunca me cierro a nada, soy de mentalidad abierta. Tú te cerraste en banda con ella. Y sigues cerrada a todo con ella.

-A todo no.

-A casi todo, Esther –le dijo con la voz ya algo alterada-. Deberías dejarte llevar por lo que sientes, dejar de controlar todo. Eres una tía estupenda… nada más deberías quitarte la faja ortopédica que llevas a tu alrededor como si fuera un muro, en cuanto a Maca se refiere.

-Se burló de mí, otra vez.

Por un momento, hubo silencio entre ambas.

-Oye Esther, ya te lo dije el otro día, quizá Maca es bipolar y tú no lo sabes, yo la he visto hablar con una pared.

-¡Cómo va a ser bipolar! Lo que es… es una borde… guapa, sexy, pero borde.

-Le dijo la sartén al mango.

-¿Qué quieres decir? –la miró enarcando una ceja. Menchu dio una carcajada y pareció con ella, llevarse todo el estado de nervios de Esther-. Tienes, razón, la borde soy yo.

-La chica te ha pedido disculpas…

Por un momento, ambas volvieron a guardar silencio. Esther parecía meditar las palabras de Menchu. Y Menchu sin poderlo evitar dio un sonoro bostezo.

-Estoy muerta –murmuró.

-Ya lo veo.

-¿Qué te pide el corazón que hagas con respecto a Maca?

-Es que… no me imagino estos días con ella allí en medio de una montaña llevándome mal. Ella y yo, nunca discutimos, siempre estaba a mi lado si la necesitaba, siempre, nunca me falló. Ni yo a ella.

-Tu cabreo es más contigo misma que con ella, estoy segura. Te culpas de haberla detenido aquella noche y crees que se fue por eso. A lo mejor, antes de que ocurriera eso, ya tenía pensado marcharse. Por eso te insisto, necesitáis hablar tranquilamente las dos.

-Me gustaría disculparme por mi comportamiento.

-Pues hazlo.

-¿Oye… y qué tal? –la miraba fijamente con una sonrisa.

-¡Majestuoso! –dijo abriendo los brazos a modo de un gesto grandilocuente.

Tras una larga ducha, Maca se había puesto a preparar las cosas, en su casa había puesto un despacho donde tenía todo el material fotográfico. Preparó sus maletines con varios teleobjetivos, un par de trípodes y dos cámaras. También su pequeño ordenador y la Tablet. Una vez lo tuvo todo preparado, se sentó en el comedor con su smarthopne iphone, consultando en su aplicación el mapa donde poner la localización del lugar exacto donde iban a estar. Una vez tecleado, el programa le proyectaba unas líneas donde le contaba al día siguiente, por donde iba a salir el sol.

-En mis tiempos ¿sabes lo que hacíamos? Nos chupábamos el dedo índice, lo levantábamos y sabíamos por dónde venía el aire. Y si mirabas las nubes por la noche, sabíamos si tendríamos o no tormenta. Todo esto… son fantasmadas ¡y lo digo yo! –entonces comenzó a reír con su pecho cargado.

-Madre mía tienes una bronquitis… -se calló porque el sonido del móvil desvió su atención.

-¡Cojonuda!

-Es Esther…

-¿Qué dice… qué dice? –le apremiaba sentándose junto a ella.

-A ver… “no tienes que disculparte… no pasa nada… estaba un poco borde”

-¿Un poco? ¡Yo diría que es borde todo el tiempo y punto! ¡Hip! ¡Esta niña nació siendo borde!

-Sigo –sonrió sin poderlo evitar-. “… estoy un poco nerviosa por mañana, espero que todo salga bien”

-Lo que está es acojonadita de tenerte tan cerca… porque antes o después… no va a poder evitar caer en tus brazos y lo sabe.

-Bueno… tía… esto ya es mucho –sonrió ampliamente.

-¡Al menos sonríes! ¡Qué coño!

-De pronto me han entrado ganas de ese viaje.

-Pero primero, tienes que contestarle. Venga…

Menchu estaba poniendo la mesa, de repente, le había entrado un hambre feroz. Esther se había llevado el teléfono con ella y de vez en cuando, lo miraba.

-¿Qué? Ahora te entraron los agobios porque no contesta.

-No… que va… ni siquiera estoy pendiente –entonces sonó el grillo y fue corriendo a leer.

-¡Ya te vale tener un grillo, hija mía! ¡Mírala, la que no esté pendiente! –se acercó hasta el teléfono-. ¿Qué te dice?

“Hola Esther, yo también estoy nerviosa, pero sé que no hice bien. Te propongo olvidar todo lo que ha pasado estos días”. Creo que será lo mejor, ¿no crees? –le preguntó a Menchu.

-Sí, venga contesta que yo voy a comer que el estómago se me ha vuelto del revés, de lo hambrienta que estoy.

-Voy… -cuando se quedó sola, respiró con profundidad, desde que había vuelto a encontrar a Maca, fue la primera vez que sonrió al pensar en ella.

En su casa, Maca miraba con cara de tonta, según su tía el artilugio que tenía entre las manos. Cuando recibió respuesta sonrió ampliamente.

-Dice que de acuerdo, mañana empezamos de nuevo.

-Eso está bien…

-Tía, por favor, te lo pido por favor… -el fantasma la miraba fijamente-. Durante el viaje, trata de no hablarme… me distraes.

-¡Pues haz las cosas bien y no te hablaré. Además, lo que tú quieres es no quedar como tonta delante de esa pequeñaja! Te tiene perdida… ¡perdidita! ¡Hip!

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