UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 9

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FIC MACA Y ESTHER

Entre un mundo de nieblas caminaba Maca, sentía su cuerpo pesado y algo dolorido. Hasta ella, llegaba la voz de alguien conocido, reconocía aquel tono alcoholizado y agudo. Notó como se sentaban a su lado en la cama y un frío recorrió su espalda.

-Vamos… vamos… venga para arriba ¡coño te gusta dormir casi tanto como a mi! ¡Si al final veras como nos parecemos más de lo que todos quisieran! ¡Venga.. tenemos qué ganar puntos con la chavala!

-Necesito dormir -dijo arrastrando los dientes.

-¡Llevas durmiendo desde ayer! ¡Pero si no te has enterado de nada! ¡Venga zanguanga! ¡A prepararle un rico desayuno a tu churri!

-¡Dios! ¿Dónde estoy? -se preguntó sentándose en la cama de golpe.

-En la mansión “corazones enamorados” ¡Hip!

-¿Y Esther? -miró a su lado.

Es pronto para que se meta en tu cama… pero no tardara mucho… ¡esa cae!

-Me duele la cabeza.

-Normal… vamos date una ducha que hay que ir a por el desayuno. ¡Puto hipo, coño!

Le costó un poco ponerse en pie, seguía mareada. Reconoció haberse pasado con el cóctel que se preparó. Temía, entre otras cosas, que el miedo pudiera hacerle hablar. Mejor desmayarse que confensarle algo que no debía. Se metió en la ducha y el contacto del agua la espabiló. Recordó el momento en que Esther cayó de bruces sobre sus piernas, bueno, más concretamente, sobre su pubis. Aquello le hizo sonreír.

-¿Estás ahí, tía? -separó la cortina del baño.

-Sí.

-¿Dónde, no te veo? -Maca la buscaba por el cuarto de baño.

-Aquí -la saludó sentada en la ventana con las piernas fuera-. Esto es la hostia… mira que he visto
mundo… nada tan bello como esto. ¡Hip!

-¿Hice alguna tontería?

-Las normales, hiciste todo el viaje cogidita de su mano.

-¿Cómo? -se estaba enjabonando y aquella noticia le hizo frenar la esponja sobre su piel.

-Sí, le dijiste algo que creo le ha llegado al alma, las personas cambiamos, la gachi, que mala uva tiene a montones, te recordó la vez aquella que mirabas a las azafatas con deseo.

-Si tiene mala uva, sí -continuó con la ducha-. ¿Algo más?

-Bueno… lo de siempre… no te acordabas cual era tu maleta y me lo preguntaste a mí -Maca cerró los ojos-. Vas a preguntarme si Esther estaba delante, sí, lo estaba.

-¿Se dio cuenta?

-Te mira rara, pienso que ella cree que estás algo chiflada.

-Debo contárselo.

-Ni se te ocurra, cuando se lo dijiste a la collares quería mandarte primero a un loquero, luego a una medium… Esther no te va a creer tampoco. ¡Leñe es que esto a mí me lo dicen en mis años mozos y me parto el culo o me cago patas pa bajo, como le pasó a la collares!

-¿Te partes el culo? -Maca dio una carcajada-. ¡Eres única!

-Va… date prisa antes que se despierte la fiera.

Salieron de la casa aunque no sabían muy bien hacia donde ir, Maca iba descubriendo absorta todo su entorno, la belleza era impresionante, las montañas, el verde,las casas de piedra vieja… Llegó tras preguntar donde podía ir a comprar a un par de señoras que limpiaban la calle. Cuando llegó a casa con un capazo de mimbre regalo de la señora de la tienda, con todo para preparar desayuno y almuerzo, se quitó el plumas y el gorro.

-Ahora tú a la cocina, voy a ver si duerme…

-Lo que más le gustaba era la mermelada de frutos del bosque, me parece que esta tiene una pinta de estar para morirse… café… sí….

-Frita. Bueno, vamos a ver que plan tienes para hoy.

-Tenemos que trabajar -le hablaba con voz baja por miedo a ser descubierta.

-¿Y tiene algo de malo mezclar el trabajo con un buen tonteo?

-Si le he dicho que esa etapa está terminada, no puedo tontear con ella.

-Pero si se muere por tus huesos -dijo dándose un gracioso golpe en la frente.

-Eso lo dices tú.

-Y lo dirías tú si le miraras más a los ojos.

-Bueno… ya veré.

-¿Qué veras? -apareció allí una sonriente Esther.

-¡Buenos días! -le dijo con una amplia sonrisa-. Te estaba preparando el desayuno.

-El olor a café me ha despertado -sonrió-. Pero no hacía falta, lo podemos hacer juntas.

-Claro, claro, pero era mi manera de disculparme por el pésimo día de ayer -la miró fijamente sonriendo.

-Ahí, ahí, mírala a los ojos… ¡cara boba tienes ahora mismo, sobrinaaaaaaaaaaaa! -arrastró con tono de burla las palabras.

-No hay porqué, no recordaba tu miedo, también agradecí que durmieras para que no vieras por donde vinimos. ¡Menuda carretera! Pensar que hay que salir por ella…

-Sobrina se te queman las tostadas.

-¡Mierda las tostadas!

Esther dio una carcajada al ver como corría hacia la tostadora. Se sentó moviendo un poco el cuello a ambos lados. Se había despertado algo contrariada, aquel sueño de la reina no había llegado a ella. Seguía con el movimiento de cuello.

-Sobrina le duele el cuello -Maca apretó los labios para no contestarle-. Venga, actúa rápido, dile que vas a darle un masaje.

-¿Te duele el cuello? -le preguntó girándose con el plato y las tostadas.

-Sí, no es nada, tuve un accidente de coche y se me ha quedado un tanto protestón -le sonrió para quitar importancia.

-¿Un accidente? ¿Fue grave? -la miró con gesto preocupado.

-¡Muy bien preguntaó! ¡Hip… hip… hip!

-No, no… iba con mi novio y… bueno… lo típico, frenó y el que venía por detrás nos arrolló.

-¿Novio? Ahora no tiene… pero preguntale… vamos mis informes me dice que está soltera y sin compromiso ¡Cómo me hayas engañado Pedrito… nos veremos las caras!

-¿Tienes novio? -le dejó el café con leche en la mesa.

-No, no… mi ex.

-¡Ah… la niña nos ha querido asustar!

-Quería comentarte una cosa que no creo te haga mucha gracia -Esther se moría por decirlo. No quería demorarlo más.

-¡Uyyyy que peligroooooooo! ¡Hip!

-Tú dirás -Maca se sentó mirándola fijamente tal y como, su tía le había recomendado.

-Claudia, tu chica, está con Menchu -le soltó de golpe con toda la intención del mundo.

-¡Toma lo que ha esperado para lanzar el órdago! ¡Menudas ganas te tiene esta!

-Vaya… eso si es una sorpresa -Maca sonrió de lado al mismo tiempo que cogía la mermelada.

-Menos mal que te lo tomas bien, ya sabes que yo no soy de guardar secretos y no quería que te enteraras
por otra.

-Pero no decías… no dijo… espera… -Maca se quedó mirando a Esther con el ceño fruncido-. ¿No dijo Menchu que no entendía?

-¿Eso es lo que te preocupa de lo que te acabo de contar? -la miraba atónita.

-No, preocuparme no, nada más me llama la atención -dio un sorbó a la taza del café con leche.

-Muy bien… muy bien… esto cada vez se parece más a una partida de mus. ¡A ver por donde nos sale la niña!

-¿Y lo de Claudia?

-Esther… no es mi novia, ni mi chica, ni mi amante. Es una colega que ha sufrido mucho y que, te aviso, para haberse llevado a la cama a Menchu, debe de haberle gustado mucho tu Menchu.

-¿Por qué dices mi Menchu? -le reprochó.

-El ataque se ha convertido en defensa, insiste, sobrina, insiste ¡Hip!

-Es tu amiga ¿no?

-Sí, mi amiga… nada más mi amiga -insistió.

-Pues me alegro por tu amiga, porque Claudia es una tía estupenda -Esther no contestó. Maca se le quedó mirando-. ¿Te parece mal?

-No -elevó los hombros como restando importancia y al imaginar la siguiente pregunta añadió-. Esta tostada está riquísima… ¿dónde has ido? Anoche nada más encontré un restaurante, por cierto te traje un bocadillo pero como no te despertabas, me lo terminé comiendo yo.

-¡Se me había olvidado lo tragona que eres! -la miró sonriendo ampliamente.

-Eso es una sonrisa cautivadora y el resto son tonterías -dijo el fantasma, logrando que Maca desviara su mirada hacia ella.

-¿Qué pasa? -le preguntó Esther.

-¿De qué?

-Estas mirando para la ventana.

-¡Ah, si! Estoy controlando la luz, este lugar es maravilloso para hacer miles de fotografías.

-¡Vas aprendiendo, sobrina! ¡Vas aprendiendo!

Y así detuvieron cualquier diálogo que pudiera llevarles por arenas movedizas. Siguieron hablando de aquel lugar tan especial y de lo que iban a hacer aquel día. Esther se retiró a la ducha y en ella, recordaba la conversación con Maca, si Claudia no era nada de lo que ella imaginó, quizás y sólo quizá, era cierto que había cambiado, aunque claro, cuando habló a las compañeras de trabajo, dijo que no tenía nada serio…

-¡Joder qué comida de tarro! Rélajate… sigue teniendo la misma sonrisa… tan arrebatadora… tan maravillosa.

Salió de la ducha y al mirarse al espejo vio en su rostro una sonrisa traviesa, era consciente que aquella sonrisa hacia mucho tiempo no se reflejaba en ella. Sonó su móvil, necesitaba más que nunca que Menchu le echara un cable.

-Hola guapa, ¿cómo estás? -le preguntó su amiga.

-¿Tienes el manos libres? -respondió Esther, extrañada.

-Sí, cariño, estoy arreglándome no puedo entretenerme o llego tarde. ¿Qué tal va la reconquista, está siendo tan dura como la historia medieval, esa que tanto te gusta?

-Menchu… estoy hecha un flan… hacía mucho tiempo que no me sentía así.

-Especifica ese “así” -miraba el teléfono.

-Bueno… espera no vaya a escucharme hablar -se asomó al pasillo pero no la vio, después a la ventana y allí estaba con la cámara de fotos. La admiró, francamente, estaba tan hermosa que podría quedarse allí eternamente observándola…

-¡Nena! ¿nena? Qué me tienes esperando.

-Disculpa… Menchu… Siento ganas de conquistarla… de besarla y olvidar todo lo que pasó en este tiempo… es como si… nuestra historia estuviera ligada la una a la otra, no sé como explicarlo. Como si tuviéramos la oportunidad con este reencuentro de volver a ser más que amigas…

-¿Lo deseas?

-Me encantaría -seguía mirándola con una sonrisa en sus labios, justo cuando Maca miraba a un lado como si estuviera escuchando a alguien y después levantó la cabeza hacia la ventana donde estaba ella asomada-. Te dejo Menchu… creo que no quiero perder esta oportunidad.

-¡Suerte amiga! -colgó y miró a su alrededor-. ¡Chicas esto va muy rápido!

-Si pero no sabemos si Maca opina lo mismo -dijo algo contrariada Carmen.

-¡Oh vamos… se le nota a la legua! -replicó Amparo con gesto gracioso.

-¿Qué pasa aquí? ¿No trabajamos hoy? -preguntó con gesto serio Lourdes. Cuando entró a su despacho se acercó Tania-. ¿Cómo van?

-Parece ser que Esther va a pasar al ataque.

-Me alegro… hacen una bonita pareja… ¿quién va en cabeza?

-De momento, Menchu…

-Siendo su amiga, lo tiene más fácil.

-¡Te das cuenta! ¡Parecemos un programa de esos de la tele de cotilleos! -dio una carcajada.

Cuando Esther se reunió con Maca en la entrada de la casa, la vio ensimismada mirando hacia la montaña, se puso a su lado con la vista de igual modo puesta en lo alto de aquel maravilloso lugar.

-Es extraordinario -murmuró Esther.

-¿Qué ta fondo físico tienes?

-Me he estado preparado…

-Bien. Pues entonces será mejor que nos pongamos en macha.

-Sí. ¿Lo llevas todo?

-Sí, ¿y tú?

-También.

-¡Uf… madre del Amor Hermoso… qué de tensión sexual tenéis acumulada!

Maca sonrió, Esther acompañó su sonrisa sin saber muy bien que decir. Así que, se pusieron en marcha, Maca con su mochila donde llevaba todos los accesorios para fotografiar hasta el más mínimo detalle. Por su parte, Esther, llevaba otra mochila con el agua y un par de bocadillos que habían preparado. Se metieron por las calles del pueblo, intercambiaron charlas con sus gentes, Maca no cesaba de hacer fotos, la gente se prestaba a ponerse como modelos, algo que hizo que la pareja cayera muy bien entre aquellos habitantes, mucho más, cuando les explicaron que aquel pueblo iba a salir en un medio tan importante.

-Maca -la llamó Esther mientras fotografiaba una mariposa naranja que se había posado en una planta.

-¿Qué?

-El alcalde nos va a recibir.

-De acuerdo.

Los pocos habitantes que habían en aquellos momentos, las acompañaron hasta la plaza donde estaba el ayuntamiento. Allí el alcalde, un tipo muy campechano, se interesó por el trabajo que iban a realizar. Las invitó a un café, mientras, con su permiso, Maca hacia fotografías sin parar. Salieron de allí con el permiso y disposición de los vecinos para colaborar con ellas en todo lo necesario.

Las dos fueron hasta la Iglesia de Santiago, Esther había estado la tarde anterior, así que, se fijo en los gestos de Maca, la había impresionado aquel precioso lugar. La vio sacar algunos artilugios de los que cuando Sebastián los utilizaba, le prestaba poca atención, sin embargo, no perdía detalle de lo que ella hacía.

-La tienes… completamente boba… -le dijo el fantasma, Maca, dibujó una leve sonrisa-. ¿No crees, qué es buen momento para hablar de cosas importantes? ¡Hip! -Maca carraspeó-. No me pienso callar.

-¿Qué te parece, Maca?

-Una belleza -decía echando fotos, podía ver a su tía detrás de Esther muy cerca de ella, le quiso hacer un gesto para que la dejara tranquila.

-¿Qué pasa? ¿Tengo algo? -le preguntó Esther girando un poco la cabeza.

-¡No! -le alzó la voz algo inquieta.

-¡Sobrina qué no me ve!, ¡ay que ver, qué pierdes los papeles!

-¿Qué pasa? -le preguntó turbada por su reacción.

-Nada… nada…

-Has notado el frío que hace aquí -se frotó los brazos.

-Sí, sí, son las piedras.

-¡Una mierda! Soy yo… ¡Hip! -le recriminó a su sobrina mientras se sentaba a esperar.

-Te das cuenta todo lo que estas piedras han debido de ver… todo lo que ha debido de ocurrir aquí
-decía pasando delicadamente la mano por la pared.

-Ya te digo… esto es historia pura.

-Te he visto… esa foto me la has hecho a mí.

-¿Y qué hay de malo? -la miró fijamente, con esa intensidad con la que Maca sabía mirar a las mujeres.

-¡Menos mal ya se han despertado… me estaba aburriendo! ¡Hip… hip!

-Nada -sonrió.

-¡Uyyyyyyyyyy que tontaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa! -entonces empezó a toser con esos pulmones cargados de humo de años de cigarros tras cigarros.

-Quedas muy bien con el fondo de las piedras -susurró, allí dentro, pareció que su voz la envolvía y la acariciaba.

-Gracias -le sonrió de lado girándose, entonces resopló disimuladamente.

-Lo que más me gusta es el silencio…

-Sí -entonces comenzó a tomar notas con total concentración, Maca no lo dudo y le disparó alguna que otra foto más-. He estudiado la historia medieval de esta zona, imagino que aquí se debió tratar algún asunto importante.

-Estoy muy feliz de haber nacido ahora y no en la época medieval. ¿Te imaginas una lesbiana en esa época?

-Pues…

-Ya… ya… no. Por mi, ya está todo.

Salieron de allí y se sentaron en unos bancos de madera donde daba el sol, lo agradecieron con una carcajada ambas al verse allí. Parecía que aquel lugar les estaba bajando la guardia de defensa que habían levantado cada una. Esther abrió el mapa. Lo puso sobre sus rodillas y Maca seguía sus indicaciones, en un momento dado, Maca cogió el mapa porque la vista de cerca ya le fallaba, en ese instante, Esther se apoyó sobre su muslo e inclinó para indicarle con el dedo sobre el mapa la ruta que iban a hacer. Estaban tan cerca, Maca recordó aquel perfume que Esther utilizaba y que le había acompañado en los días en que cada una hizo su camino. Algo parecido le estaba pasando a Esther, aquel instante íntimo en aquel lugar con el sonido de las aves de fondo, el riachuelo… todo era como si estuvieran en ese sitio romántico para retomar cosas que se quedaron aparcadas.

-Será mejor que nos pongamos en marcha hacia la cueva. Es un recorrido corto y podemos hacerlo hoy con tranquilidad.

-Sí, completamente de acuerdo.

-¡Madre mía… que momento… para hacer una película romántica a morir!

Comenzaron a caminar, Maca con la cámara en mano, Esther con su tablet. La vista las llevaba a perderse en la lejanía. Se detuvieron al llegar al río, Maca disparaba su cámara sin parar, mientras, Esther cerraba los ojos y se dejaba llevar por el sonido del agua recorriendo aquel espectacular lugar. Maca aprovechó aquel momento de concentración para sacarle algunas fotografías más.

-Me encanta ese sonido… me transporta a una paz mágica.

-Sí, además, el agua debe estar fresquita… has visto que cristalina… es algo impresionante.

-Me alegro de descubrirlo contigo -le dijo de golpe Esther mirándola fijamente.

-¡Tomaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa sobrina!

-A mí también, te lo aseguro -arrastró las palabras, tal y como ella sabía, que solían surgir efecto a las mujeres que se las decía.

-¡Tomaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa mala uva… ahí lo tienes!

No dijeron nada más, se pusieron, nuevamente, en marcha. Iban por un camino repleto de hojas, rodeadas de árboles y, como compañero, el silencio. Parecía que estaban solas allí en aquel magnifico lugar. No les costó demasiado llegar, decidieron parar tras unas pequeñas cuestas para retomar aire, y poder fotografiar. Esther anotaba cosas. Al llegar a la impresionante pared de roca donde se encuentra la cueva, ambas se detuvieron.

-¡Madre mía! -exclamó Maca.

-Que espectacular.

-¿Vamos?

-Sí, sabías que aquí dice la leyenda que se cumple lo que le pidas al santo si lo dejas escrito en un
papel y lo metes en el hueco de la pared.

-No suelo creer en esas cosas.

-¡Di que sí, tú atea como tu tía! -Maca la miró fijamente-. ¿Qué?

-No soy atea -le contestó algo molesta.

-Bueno no te enfades -le dijo sonriendo Esther-. Ya sabes que yo tampoco soy muy de estas cosas.

-Perdón -se disculpó recriminando con la mirada a su tía.

-Tu no podrías tener una amante… se te vería el rabo… guapa… que poco te pareces a tu tía en eso ¡hip!

-Bueno… qué… ¿lo hacemos?

-Vale.

-Míralas… son como dos niñas a punto de hacer una travesura… Hip, hip… ¡leñe qué par!

Esther sacó una de sus libretas y le entregó un papel y bolígrafo a Maca. Cada una se puso por separado a escribir. Lo hacían con una sonrisa en los labios.

-Sobrina yo te canto lo que ponga ¡hip! … ¡otia! ¡Otia! -decía alterando a Maca que esperaba el chivatazo-. Ha puesto… ¡Paso firme y amor, su amor de verdad! ¡Coña esto va dirigido a ti! ¿Tú que has puesto? ¡Otia! Pobre Santo… lo vais a volver loco “Su amor”… Ale pues… ya sabes Genadio, tienes trabajito…

-¿Ya lo has puesto? -le preguntó Esther doblando el papel.

-Sí, ¿tú?

-También.

-¿Lo ponemos juntos?

-De acuerdo. Dentro de veinte años volveremos para ver si se hizo realidad.

Ambas metieron el papel en la roca. Se miraron de reojo y soltaron unas risitas. Después, Maca siguió haciendo fotos, Esther tomando notas. Finalmente, ambas firmaron en el libro de firmas.

-Mira tengo aquí anotado algo…

-¿El qué? -Maca detuvo su cámara y escuchó lo que le decía. Sin duda, Esther se sentía, totalmente, apoyada por su nueva compañera, se sentía importante para ella-. Dicen que en la cueva, las gotas no hacen ruido al caer.

-A ver… prestemos atención.

-¡Qué pesadas sois! ¡Nenas que me quiero ir a mi eternidad! ¡Hip! No si la collares tenía razón, ¡la madre que la parió!

-¡Mira… mira! -la avisó exaltada, Esther.

-Es cierto, no ha hecho ruido. ¡Impresionante!

Se miraron y volvieron a sonreír. Después salieron y vieron ante ellas unas vistas majestuosas.

-Hacemos la vuelta por la otra ruta, ¿no? -le preguntó Esther.

-Sí, me han dicho que las vistas son impactantes… aunque deberíamos comer…

-Sí, caminamos un poco y a ver donde vamos a parar.

-De acuerdo.

-Que fácil es trabajar contigo…

-Lo mismo digo.

-¡Viva el tonteo! ¿Pensáis estar así mucho tiempo? -protestaba sin parar.

-Cállate, por favor -le susurró Maca al ver que Esther se adelantaba.

-La tienes a huevo.

-Quiero hacer las cosas bien…sin prisas…

-¡Cabezota!

-¡Mira, Maca!

Llegó y vio ante sus ojos el impresionante Valle, la luz del sol le daba un colorido maravilloso. En aquel camino decidieron sentarse con las vistas que la naturaleza les ofrecía para comer tranquilamente. Se sentaron, sacaron los bocadillos, las botellas y comenzaron rodeadas del sonido del Valle a comer.

-¿Por qué te has hecho fotógrafa? -le preguntó Esther mirándola con detenimiento.

-Bueno… es una larga historia…

-No te escapes y cuéntale, has dicho que quieres mostrarte como eres -el fantasma se había tumbado bajo un árbol y jugueteaba con un palito de una rama de árbol caído.

-Tenemos mucho tiempo y no lo puedo entender por más vueltas que le dé, amabas ser médico.

-Sí -sonrió con tristeza-. Tuve un caso que me marcó. Una niña que… bueno… por más que lo intenté no pude salvarle la vida y murió en mis manos.

-¡Oh! Debió ser horrible.

-Sí.

-Pero seguro que hiciste todo lo que pudiste con ella, los médicos a veces se piensan que son Dios y
pueden salvar a todos, una cosa es lo que piensas y deseas, otra la realidad.

-Es buena… es buena..

-Ya, claro… pero… era una niña tan pequeña… tan indefensa…

-¿Hiciste todo lo que estaba en tus manos? -la miraba fijamente.

-Te aseguro que hice más de lo que pude.

-¿Y entonces por qué lo dejaste?

-Porque no me sentí capaz de atender a ningún otro niño… mis manos temblaban, me convertí en una
persona con pánico, no dormía, no podía controlar mis nervios… fui al psicólogo pensando que me ayudaría, pero no… me paralice.

-Entiendo… -el silencio entre ellas se hizo importante.

-Hoy en día, aún sueño con ella.

-Maca… no creo que debas continuar castigándote, no lo creo -le sonrió de lado, sus ojos hablaban tanto.

-Gracias… la verdad que eres la primera persona a la que se lo cuento.

-Es que yo no soy una persona cualquiera, soy Esther.

-Es verdad… no eres una persona cualquiera…

Se quedaron mirándose, fijamente, las miradas hablaban, decían tantas cosas que tuvieron que carraspear las dos y recomponer sus formas.

-¡Y tanto que no es una persona cualquiera! ¡Es… la persona! ¡Hip!

Siguieron hablando de cosas del trabajo, Esther le habló de Sebastián su anterior compañero, le contó sus anécdotas más divertidas de sus viajes a África, a Brasil y a la India. Maca rompía a reir con sus despistes, sus tropiezos, sus locuras. Se daba cuenta que había echado de menos aquellos ratos donde hablaban de todo sin tapujos, sin ningún tipo de problema. Suspiró, porque a pesar de la cordialidad y las risas, seguía habiendo un tema espinoso entre ellas.

-Porque tú quieres, háblalo, dile lo que pasó y estoy segura que dará el paso definitivo de ir a ti. Pero tienes que hablarlo… sobrina… tienes que hablarlo.

Sonó la voz de su tía en la cabeza, por más que miraba a Esther no se cansaba, pero sabía que nada más iban a estar siete días y uno ya se había perdido. No podía perder tiempo, debía tal y como le decía su tía, hablar con ella.

Volvieron recorriendo el camino absortas entre tanta belleza, entre tanta vista majestuosa. Ambas se sentían felices, se olvidaron de muchas cosas y parecía que el tiempo no había pasado. Maca disparaba su cámara con una dulzura infinita, Esther la observaba, atentamente,con una sonrisa marcada en sus labios.

-Da igual lo que hagas, todo lo haces con un amor infinito… -Maca giró su cabeza mirándola fijamente. Esther le sonreía-. Nunca he visto a nadie disfrutar tanto con su trabajo. Me alegro que dejaras la medicina.

-Gracias…

¿Gracias? ¡Pero coño! ¡Cómete su boca! ¡Lánzate a besarla frenéticamente! Lo está deseando… ¡ay que cansina eres! ¡Hip! ¡Hip! ¡Hip! ¡Hurra, otia! Puto… hipo…

Llegaron al bar y estuvieron compartiendo con las personas que las esperaban sus impresiones, los lugareños, les contaban anécdotas y leyendas. Cenaron tan a gusto que les costó ponerse en marcha hasta la casa. Una vez entraron, cada una se fue hasta su habitación, se dieron una ducha rápida y se pusieron a trabajar en el comedor. Maca veía su trabajo y se sentía satisfecha, cuando llegó Esther, había podido quitar algunas de las fotos que le había hecho. Después compartieron las demás par elegir las mejores de ese día. Esther redactaba lo que había escrito mientras, Maca de vez en cuando sonreía.

-¡Pero de qué te ríes!

-De nada… de nada… -decía muerta de risa.

-Déjame ver -se asomó a la pantalla y ahí estaba ella con los ojos abiertos como platos, la boca, igualmente, abierta y un gesto de sorpresa mayúsculo-. ¡Bórrala! ¡Pero ya!

-¿Pero qué dices? Estás muy graciosa.

-O la borras tú o la borro yo… -le apuntaba con el dedo índice.

-¡La hembra tiene arrestos!

-Maca…

-Bueno… vale… la borro -decía como una niña buena.

-Gracias. ¡Au! -se quejó.

-¿Qué te pasa? -la miró con seriedad al ver su gesto de dolor.

-Nada… nada… el cuello que cuando me duele…

-Anda ven… voy a darte un masaje.

-No… no… no hace falta -se apresuró a decir.

-Sí, venga, ven… no seas tontita.

-No soy tontita.

-Un poquito sí.

-Siéntate aquí… ¿tienes alguna hernia en el cuello o nada más son las secuelas de la lesión?

-Secuelas -dijo escuetamente mientras se sentaba en la silla.

-Apartate un poco la camiseta y voy a ponerte una pomada milagrosa que tengo.

¡Ni habla! ¡Está acojonadita de todo lo que le va a recordar este masaje! No sé si irme y dejaros solas, igual se gira y te come salvajemente y tu tía ya no está para ver esas cosas… soy un fiambre pero aún las recuerdo.

-Vale… vale ya -le dijo Maca.

-¿Vale ya? -le preguntó Esther algo confusa.

-Oh no me hagas caso… vivo tanto tiempo sola que me he acostumbrado a hablar en voz alta… no me doy cuenta.

-¡Eso es una verónica en forma de pase de pecho! ¡Y olé! Bueno… vale… ya sé que odias los toros pero a mí me gustaban ¿qué quieres sobrina?, eran otros tiempos.

-Vamos allá… -Maca puso las manos sobre el cuello de Esther quien cerró los ojos tratando de evitar un suspiro-. Madre mía, Esther, como tienes el cuello… deberías tomar algún antiinflamatorio ¿eh?

-Sí, sí -dijo tragando saliva.

-Si te hago daño me lo dices.

-No… -cerró los ojos el tacto de su piel le transportaba a abandonarse a ella.

-¿No me lo vas a decir? -le preguntó sonriendo de lado, era consciente de lo que estaba provocando en ella.

-¡Deberías verle la cara! ¿Aún vas a tener dudas de lo que esta mujer siente por ti? ¡Bah! Si sigues con las dudas, me corto la coleta de fantasma ¡Hip! ¡Hip! ¡Hip!

-Quiero decir que no me haces daño…

La voz de Esther, sonó tan complicidad que Maca volvió a sonreír pinzándose el labio inferior, masajeaba con extremo cuidado la zona, notaba su tensión, pero poder acariciar su piel, la estaba volviendo loca. No quería pensar en el deseo que en esos momentos comenzaba a sentir, lo que quería era centrarse en aliviar el dolor que Esther podía sufrir.

-¿Dolor? ¡No se corre aquí mismo porque lo esta evitando a toda costa! -dijo el fantasma entre carcajadas, se había sentado en el sofá frente a la chimenea.

Pero Maca no podía contestarle, nada más centrarse en el deseo que recorría todos los poros de su piel.

-Voy a ponerte la crema -musitó sintiendo como la invadía una oleada de excitación.

Esther no contestó, seguía con los ojos cerrados, no podía evitar que en su mente se dibujaran las escenas lentas de aquel beso ardiente que compartieron, Maca en su boca, la dulzura, la sensibilidad con la que fue besada, sus manos recorriendo el vientre, tan lentamente que podía sentir en ese momento el fiero deseo que provocó en ella. Notaba como respiraba con algo de dificultad, trataba de no mostrarla pero era imposible. Le daba vergüenza que Maca lo percibiera. Pero, Maca, ya tenía suficiente con disimular ella como para percatarse de lo que estaba viviendo su interior.

-¿Ya está? -le preguntó de pronto Esther sacudiendo sus recuerdos.

-Sí… ya…

Maca dio un paso para atrás, no quería que viera su rostro encendido, acababan de vivir una dulce tortura. Una tortura que ninguna quiso analizar en ese instante en que Esther se ponía en pie, sin mirar a Maca, y Maca, se giraba cerrando el bote de la crema.

-Bueno… pues me voy a la cama… mañana nos espera un día largo…

-Sí, yo también -respondió igual de nerviosa Esther.

-Buenas noches…

-Buenas noches…

-Estas llamas de la chimenea… están menos calientes que vosotras dos.

2 pensamientos en “UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 9

  1. ¡Hola, Pato!

    Me parece que con un fantasma es suficiente para volvernos loc@s ¿no crees?

    Gracias, por seguirnos en esta nueva aventura.

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