UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. CAP. 11

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Antes de que sonara el despertador a las siete de la mañana, el fantasma muy alterada, llamó, insistentemente, a Maca.

-Déjame dormir –protestó-. Aún no ha sonado el despertador.

-¡Tengo algo que contarte que no puede esperar!

-Déjame –se dio la vuelta tapándose con la sábana y la manta.

-¡Leñe quieres levantarte! –estiró de ellas dejándola al descubierto hecha un cuatro-. ¡Vamos… tenemos que hablar!
-No me lo puedo creer… es que esto nada más me pasa a mí…

-¡Venga holgazana y no protestes, otia! Te espero en la cocina.
Al quedarse sola, Maca se sentó en la cama aún con los ojos cerrados. Al abrirlos y ver la hora, no pudo menos que mascullar…

-¡La madre que me parió!

Bajó hasta la cocina bostezando… una y otra vez… con el gesto serio y el pelo despeinado. Vio cómo su tía caminaba de lado a lado por la cocina, con la mano en la barbilla.

-¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué me quitas tres cuartos de hora de sueño?

-¡La he pillado! –le dijo extendiendo su brazo hacia ella.
-¿Cómo? –la miró sin entender.

-Sí, esta chica Te necesita urgentemente… ¡Hip! ¡Hip!
-¡Pero qué dices! ¡Para eso me llamas!

No puedo hablar contigo si ella está delante… ¡eres tan alcornoque qué no sabes disimular!

-¡Ya me gustaría verte a ti en mi lugar! –le recriminó caminando ella también.

-Atiéndeme… ¡Hip! Esther necesita pronto tener sexo contigo.

-Yo no quiero sexo… -le dijo con el ceño fruncido.

-¿Cómo qué no? ¡Hip!

-¡Pues claro que no! Quiero hacer lo que no hice, hacer las cosas bien… poco a poco, pero no quiero que sea solo sexo.

-¿Maca te encuentras bien?

Apareció Esther en el quicio de la puerta, la observaba con gesto preocupado. Maca carraspeó dando unos pasos hacia delante y otros hacia detrás, sin saber muy bien cómo salir del paso.

-¡Ya la hemos jodido! ¡Hip!

-Esto… ¿por qué lo dices? –la miraba con expresión alterada.

-Estabas hablando sola –seguía con su mirada incrédula.

-¡Ah! ¡Eso!

-¡Otia… te parece poco…! ¡Date prisa sobrina que estás quedando fatal! ¡Y para de moverte que parece que te estás meando! –le reñía el fantasma.

-Bueno… no sé si a ti te pasa… pero… al vivir sola me he acostumbrado a hablar en voz alta. ¿A ti no te…? –se calló mirándola como esperando que contestara.

-Pues no –le respondió dubitativa-. ¿Y hablas de sexo?

-¿Sexo?

-Será mejor que lo aceptes, ya peor, no puedes quedar. ¡Hip! ¡Hip!

-No, he dicho seso…

-Has dicho sexo, Maca.

-Que no, que no, he dicho que… que me estoy quedando solo con el seso… es que no recordaba donde había dejado el café… la edad no perdona.

-No sé…estás muy rara.

-¡Te ha pillao! Admítelo.

Entonces cayó de golpe un jarrón que había en la cocina dándoles un susto a las dos. Que dieron un pequeño grito acompañado por un salto.

-¡Dios mío qué susto! –exclamó Esther con la mano en el pecho.

-Ya te digo –resopló.

-Voy a buscar la escoba… ¿sabes dónde está?

-Ni idea.

-Ya puedes darme las gracias, sobrina –Maca resopló poniéndose la mano sobre la frente.

-¡Ya voy yo, Esther! –le dijo aún con la misma alteración porque sonó el timbre, parecía que todo venía rodado para salvarle el pellejo. Entonces miró a su tía fijamente y arrastrando las palabras en voz baja le dijo-. No rompas nada más.

-¡Te quejarás, te ha servido de escape! ¡Hip!

En la puerta se encontraba una de las vecinas, sabía que iban a hacer uno de los recorridos largos y que les llevaría prácticamente todo el día. Con la amabilidad que les caracterizaba, se presentó allí con un suculento desayuno.

-Pase, pase… pero no hacía falta que se hubiera molestado, mujer.

-Tenéis que coger fuerzas, el camino es largo y nada mejor que un chocolate caliente con churros.

-¡Esto es un calvario! ¡Con la pinta que tiene eso y yo sin poder probar bocado!

-Hola, buenos días –la saludó Esther algo sorprendida de ver allí a una vecina.

-Nos ha traído el desayuno.

-Muchas gracias… de verdad…

-Bueno… no tiene importancia –hizo un ademán gracioso-. ¿Ya tenéis todo claro de la ruta?

-Sí, sí, iremos hacia Montes de Valdueza porque nos han dicho que es el tramo más duro y mejor hacerlo frescas.

-Este chocolate os va a ayudar. Y ahora, a desayunar, una ducha y a caminar para gozar de todo lo que aquí tenemos.

-Le acompaño –le dijo Maca tratando de evitar a Esther-. Nuevamente, gracias.

-A cambio quiero algo.

-Usted dirá –le sonrió.

-Ver unas fotos maravillosas.

-¡Delo por hecho!

Cuando volvió a la cocina, Esther se había encargado de preparar todo. Maca trató de suspirar antes de entrar para enfrentarse a nuevas preguntas.

-Pregúntale que tal la noche… -Maca la miró con el ceño fruncido-. Venga… pregunta… pregunta…
-¿Has descansado bien, Esther?

-¿Por qué lo dices? –respondió mirándola fijamente.

-¡Uy me contestas a la gallega! –dio una carcajada-. Recuerdas a aquella amiga que teníamos de Santiago…

-¿La qué te ponía tanto? –la miró sonriendo de lado.

-¡Caray sobrina… pero a ti quien no te ponía!

-Todos tus recuerdos sobre mí son patéticos –lo dijo con seriedad en el rostro y un brillo triste en su mirada.

-No todos –respondió lamentándose-. También tengo buenos, incluso muy buenos.

Hubo un silencio entre ellas bastante incómodo.

-Bueno… ¿qué tal la noche, has descansado bien?

-¿Por qué me lo preguntas? Ya es la segunda vez -la miraba con un gesto asombrado.

-¡Es que no sabes preguntar! ¡Qué tía más torpe! ¡Pedro esto es insufrible!

-Bueno… es que te veo cara de no haber descansado demasiado bien.

-¡Pues te equivocas! ¡He dormido en la gloria!

-¡Toma y estaba soñando contigo y teniendo sexo, mucho sexo!

-¿Cómo? –Maca no pudo evitar que la pregunta saliera de su garganta. El comentario de su tía le había impactado.

-¡Pues eso… que he dormido muy bien! ¡He tenido un sueño maravilloso! Debe ser este lugar que me llena de paz.

-¡Qué mentirosa! ¡La ha llenado de gemidos qué coño paz! –notó como Maca la miraba fijamente-. ¡Qué quieres! Anoche descubrí que puedo entrar en vuestros sueños… soy un fantasma novato ¡otia! ¡Hip!
-Sí, debe ser el lugar.

-Esto está riquísimo.

-Pues no te pierdas que nos ha dejado unos bocadillos de chapata con todo embutidos.

-¡Me voy a ir con unos cuantos quilos de más! ¡Con lo que me cuesta la dieta!

-No me lo puedo creer… ¿estás a dieta? –Esther asintió mientras daba un bocado a un churro-. ¡Pero si estás genial! ¡No te hace falta dieta!

Entonces Esther, comenzó a toser… Maca se levantó corriendo de la silla, lo hizo tan deprisa, que la tiró al suelo mientras golpeaba la espalda de Esther que seguía tosiendo y se había puesto colorada.

-¡Vaya par de dos!

Hicieron caso a la vecina, se ducharon y prepararon con la ropa adecuada para afrontar las subidas y bajadas que iban a realizar. Cada una, pensando en la otra, Maca aguantando las riñas de su fantasma, que le insistía que era una buena señal que soñara con ella, que aunque quisiera ir lentamente ganando su confianza, Esther soñaba con ella y eso era sinónimo de que la deseaba. Y si la deseaba era señal de que existía en su interior un sentimiento fuerte hacia ella.

-Tía, me aterra preguntarle, me da miedo dar ese paso. Y si yo tengo esa mínima esperanza y, ella, me la mata de un solo golpe –le hablaba en voz baja mientras se secaba el pelo.

-Estoy segura que no te va a matar algo que ella misma siente. Sobrina, lo que tienes que hacer, es ser sincera con ella.

-Vale pero no me agobies… ¡debe pensar que estoy loca! Debería decírselo… sería todo mucho más fácil –entonces sonó su móvil-. ¡Hola Teresa!

-¡Hola collares! -y protestó después de toser con fuerza- ¡La que faltaba!
-Estoy preparándome para marchar con Esther.

-¿Qué tal todo?

-Teresa estoy hecha un lío, Esther me ha pillado alguna vez hablando con mi tía.

-¡Puedo imaginar su cara!

-No sé que hacer… necesito que entienda que no estoy loca que…

-Maca, no le digas nada, ¿sabes la impresión que te da que te cuenten algo así? Trata de hablar con Esther, sincerarte con ella, una vez este todo claro si sigue ahí a tu lado ¡qué menuda cruz! Se lo dices…

-Hoy… hoy me ha dicho que guarda buenos recuerdos míos.

-Hablad. Es la mujer de tu vida, tu misma lo has dicho miles de veces… me has perforado los oídos con la misma cantinela. Dile la verdad…

-Y si se lo digo y estamos juntas y entonces descubro que no lo es.

-Tienes miedo, sigues temiendo lo mismo que la última vez, mostrarte como eres, darle una oportunidad a tu corazón. Maca, cariño, la vida pasa muy deprisa como para detenerse con preguntas que pueden ser tanto como no ser. ¿A ti te haría feliz que ella te respondiera?

-Sí, claro que sí.

-Pues inténtalo, ¡y nada de hablarle del fastasmón ese!

-Fantasma, a secas, por favor. ¡Hip! ¡Hip! ¡Coño con el hipo del demonio!

-Gracias, Teresa, te quiero.

-Ya sabes que me he pedido ser la madrina ¿eh?

-Boba…

-¡Tienes arrestos para hacerlo! ¡Y lo vas a hacer!

Una vez finalizaron, se reunieron en el comedor donde, Maca, ya estaba consultando sus aparatos.

-Ya estoy lista –le dijo Esther mirándola con una sonrisa amable.

-Pues vamos ya, porque aquí pone que hay riesgo de lluvia por la tarde.

-Maca… una cosa –le tocó el brazo suavemente, a pesar del polar que llevaba puesto Maca, pudo notar su caricia-. Los recuerdos que tengo tuyos, son maravillosos. No quise molestarte antes.

-Gracias.

-¿Gracias? ¡Dile más cosas, cómo yo también guardo bonitos recuerdos…! ¿Dónde está el gato… ha debido de llevarse tu lengua?

-¿Vamos? –le preguntó Esther rompiendo la magia que se había creado.

-Sí, hay mucho que recorrer.

-¿Llevas los bocadillos, verdad? –dio una carcajada.

-¡Esta es mi niña! –soltó de repente, así solía llamarla cuando eran amigas.

Esther se detuvo cuando iba a comenzar a caminar y Maca se quedó inmóvil.

-¡Tomaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!

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