UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 13

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-¡Lo siento, Maca! ¡Lo siento! –se levantó corriendo ayudándola a ponerse en pie-. Iba distraída…

-¡Ay que joderse! ¡Ahora va y se disculpa! Pedazo manoseo te ha dado en la teta.

-No pasa nada… no me he hecho daño… -decía sacudiéndose los brazos.

-Pero te has empapado… ¡Ay madre, a ver si te vas a constipar!

-¡Si sois tal para cual! ¡Hip!

-Esther…tranquila… si te paras a mirar a tu alrededor, te darás cuenta que llueve –Esther la miró fijamente como dándose cuenta que había perdido los papeles. Maca se encogió de hombros haciendo un gesto gracioso-. ¡Por un poco más de agua… qué más da!
Rompieron a reír y siguieron la marcha.

-¡Mucha risita, mucha risita pero ná de ná! ¡Pedro, hijo, échame un cable o me veo de por vida aquí con estas dos pánfilas!

-¿Puedes dejarlo ya? –le recriminó entre dientes.

-¿Dejar? ¿El qué?

-¡Oh…nada! ¿Lo he dicho en voz alta?

-Sí–la miró con cierto desasosiego.

-Esta manía mía -se dio un golpe con su mano graciosamente en la frente.

-Eres tonta… mu tonta –le recriminó a su vez el fantasma.

-Es que hace mucho que no comparto nada con nadie, entonces, no me doy cuenta.

-Eso no me lo creo –le dijo sonriendo.

-Pues es verdad. Mira podíamos refugiarnos bajo ese árbol… estoy un poco cansada.

-¡Claro, claro! Y deberíamos dar otro bocado.

-Completamente de acuerdo.

Se pudieron refugiar bajo una gran rama que salía de un gran tronco. No les llegaba el agua, y pudieron respirar con profundidad.

-Un poco de descanso no está mal –dijo Esther mientras le entregaba otro bocadillo.

-Sí, tienes razón.

-La verdad, Maca, no te hago sola.

-Han pasado veinte años de cuando teníamos veinte ¿recuerdas? –Esther sonrió. Les gustaba escuchar a Serrat juntas-. Pasé por una mala época, muy mala, fue cuando conocí a Claudia. Me ayudó a darme cuenta que no podía seguir con la vida que tenía.

-Logró, lo que yo no.

-Tú nunca fuiste contundente conmigo –la miró con un infinito cariño.

-Te quería demasiado –dijo dándose cuenta de su respuesta, había sido muy impulsiva.

-¡LÍNEA!–gritó el fantasma.

-Me fui con ella a una acción humanitaria a El Salvador… aquello me hizo cambiar mis prioridades.

-Pero si a ti esas cosas te daban miedo –trató de continuar con la charla sin mostrar más nerviosismo del ya mostrado.

-¡Pues ya ves, ella me convenció!

-¿Sin ser tu amante? –le preguntó con total extrañeza.

-¡BINGO para la hembra celosa! ¡Hip! ¡Hip!

-Sin ser mi amante -le dijo mirándola fijamente a los ojos-. Desde entonces, cambié, ella me hizo ver que la vida picoteando de flor en flor, es una vida vacía. Tienes un rato de pasión con alguien pero después, el resto de horas estás sola. Si te entregas a una y a otra sin saber que puede haber alguien lo suficientemente importante como para serle fiel, amarla y respetarla…

-¡HASTA QUÉ LA MUERTE OS SEPARE! ¡Qué coñazo de tías!

-… pues…estás perdiendo tu tiempo.

Esther la miraba boquiabierta, estaba conociendo a una nueva Maca, nunca pensó que pudiera cambiar así, sus pensamientos eran siempre referidos a un aquí te pillo y aquí te mato, al pánico que le daba el compromiso. La estaba dejando totalmente fuera de lugar.

-Y caló en mí lo suficiente como para recolocar mi vida.

-Pero si yo te he visto tontear con Carmen.

-¿Qué Carmen? –le preguntó con total sinceridad.

-¿No te acuerdas?

-¡Como se va a acordar, si nada más tiene ojos para ti! ¡Boba! ¡Hip! ¡Hip!

-La compañera del trabajo.

-Sí sobrina, la que lo lleva todo postizo ¡Hip!

-¡Ah! Eso no es tontear, Esther, era amable con alguien que trataba de serlo conmigo.

-¡Cómo se ha quedao! ¡Otia lo estás haciendo muy bien, sobrina! Retiro por el momento, lo de tonta.

-Te dije que cambiamos, no queda nada de aquella Maca frívola que tú conociste.

-¿Y has conseguido encontrar ese amor que merezca la pena? -su pregunta fue acompañada por un tono esperanzador que no supo disimular.

-No–se le quedó mirando fijamente-. Pero sigo abierta a la posibilidad de poder encontrarlo.

¡BRAVO…BRAVO…BRAVO…. PEDROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

-¿Y tú, Esther, sigues esperándolo o te has rendido?

Esther sonrió, elevó los hombros y, finalmente, le contestó:

-Sigo esperando.

-Algo es algo… mejor esta conversación que nada… ¡cómo les cuesta, coño!

-¿Seguimos? Creo que nos persigue una tormenta, mira aquellas nubes.

-Sí.

Recogieron sus cosas, y se pusieron a caminar.

-Oye… Maca. ¿Cuándo pasó lo de la niña, Claudia no te ayudó?

-Sí, por supuesto…

-¿Y tus compañeros? Es que… perdona no me entra en la cabeza que lo dejaras. Tu vocación era tan grande.

-Bueno, Esther, todos trataron de ayudarme, Teresa la que más.

-¿Quién es Teresa?

-Celitos…. esta chica no sabe disimular… es tan mala como tú.

-Es la recepcionista del hospital. Ella y Claudia fueron los hombros donde lloré… pero… cuando se marchaban y me quedaba sola en casa, no podía dejar de pensar en aquella niña.

-Sigo pensando que no fue tu culpa, Maca.

-Bueno… ya pasó… -sonrió aunque con cierta tristeza.

-¿Y qué hacías con Claudia en aquella discoteca?

-Pues…

-Dile lo que hacías… vamos… ¡hip! Empieza a confesar cosas, o esta tontería va a quedarse en eso… un jueguecito de ahora me acerco ahora me alejo. Vamos… venga… esta chica te está pidiendo a gritos una confesión ¡hip!

-Fui… bueno… hacía mucho tiempo que no iba, la verdad, pero me trataste tan mal, que no podía apartarte de mi cabeza y…

-Un momento… ¿yo te traté mal? -se detuvo mirándola fijamente.

-¡Anda! ¡Cómo si no lo supiera! ¡Nos ha jodío!

-Sí, parecía que no te hacía mucha gracia verme.

-Realmente, fue así.

-¡Vale! ¡A ver si empiezan a destaparse las cartas! Aún tengo esperanza…

-¿Por qué?

-Porque me dolió la manera en la que actuaste, me dolió mucho que te fueras sin decirme ni siquiera que te ibas. Creo que no me lo merecía, Maca.

-¡TOMA!

-¡Hola chicas!

-¿Y estos quién coño son? ¡Ahora qué iban bien!

-¿Vais hacia Peñalva?

-¡¡¡¡¡¡¡Mal rayo os parta!!!!!!!!

Y así fue, aquel grupo de seis mujeres y hombres, se unieron a ellas hasta la llegada al pueblo. Al final del grupo, el fantasma iba mascullando sin parar. A Maca le estaba levantando dolor de cabeza escucharla. Ella sabía que debían cerrar la herida. La aparición de aquella gente, les fastidió el momento esperado. Maca hablaba con un hombre que no paraba de preguntarle sobre la cámara de fotos y las fotografías que hacía. Esther con una señora que le contaba las anécdotas del grupo. Sin embargo, durante el trayecto, no dejaron de dedicarse miradas, alguna que otra sonrisa.

Una vez en el pueblo, el grupo de amigos se despidió de la pareja.

-¡Por fin! ¡Qué pesados! ¡Sobrina retoma la conversación! ¡Vamos… vamos! ¡Hip! ¡Hip!

-Déjalo todo a su debido tiempo.

-¡Es qué no hay tiempo! Ya han pasado dos días… ¡tienes que hacer algo, Maca!

-Lo sé… lo sé…

-¿Qué sabes? ¡Otra vez hablando sola! Madre mía Maca… tendrás que hacer algo con ese tema o te van a tomar por loca.

-¡Cuánta razón tienes! No sabe disimular… es muy torpe ¡hip! Nunca más retiraré lo de torpe… ¡Hip! Mira como hipeo por lo nerviosa que me pones ¡hip! ¡Hip! Esto no es cosa de Pedro, esto de enviarme contigo, es cosa de Lucifer ¡Hip!

-Venga… vamos que ya tenemos la cena preparada… con esta gente, vamos a engordar sin remedio –salió Esther con una bolsa grande repleta de comida.

Llegaron a casa entre risas, cada una se fue a su habitación para ducharse, cambiarse y poder cenar con tranquilidad. Se reunieron con el pijama puesto, Maca había encendido la chimenea.

-Se me había olvidado que te encanta encender la chimenea -le dijo Esther sonriendo mientras la miraba con ternura, parecía que sus ojos la miraban de manera diferente.

-¡Bueno… ya sabes! ¡Mi lado pijo! -sonrieron las dos.

-¿Has visto lo que nos han preparado?

-Sí… tiene todo una pinta… ¡madre mía!

-¿Cómo llevas el texto? -le preguntó Maca mientras tomaba asiento.

-Bien, la verdad que es muy fácil escribir sobre todo este entorno, nada más hay que dejarse embriagar por la belleza del lugar.

-A ti siempre se te dio bien escribir.

-¿Sabes? Desde hace un tiempo tengo en mi cabeza la idea de poder escribir una novela. Aunque es complicado, no soy escritora y…

-¡Eso estaría muy bien! -la animó-. Recuerdo que me gustaba como escribías. Deberías intentarlo.

-¿Tú crees?

-Claro que sí… es más… ¡deberías ponerte ya!

-Tengo algo en mi cabeza… la verdad que venir aquí… me ha despertado una historia sobre una reina del pasado.

-Vaya… una novela histórica… -la miraba fijamente mientras comían.

-Bueno es una idea un poco loca.

-Cuenta…

-No… no… -le contestó con timidez.

-¿Cómo qué no? Debería contarte como esa Reina se enreda con su doncella y tienen un tórrido romance… que además tú eres la Reina y ella la doncella…

-¿Qué te pasa? -le preguntó Esther al ver el gesto de sorpresa de Maca.

-Nada… Es que… yo no sé…

-Te estás liando -le apuntó la fantasma.

-Sí… lo sé… -se defendió sin saber muy bien qué decir.

-El que sabes o no sabes… -la miraba atónita-. ¿Me estás tomando el pelo?

-No. La verdad que… estoy agotada y mi mente no funciona muy bien…

-¡Y más con esta suculenta cena! -le dijo Esther aunque estaba algo aturdida por el comportamiento de Maca.
-Pues sí. Mañana tenemos que madrugar otra vez, hay que hacer el recorrido de las médulas.

-Casi que nos podíamos retirar…

-Si -Maca se levantó con rapidez.

-¿Retirar? ¡Sin hablar otra vez! ¡Hip! ¡Hip! -las miraba alternativamente-.No me lo puedo creer… pero si ibais bien.

-Buenas noches, Maca.

-Buenas noches, Esther.

-¡No me lo puedo creer! ¡Maca! ¡Vas a obligarme a hacer algo!
-¡Cállate! Me estoy volviendo loca -se ponía las manos en la cabeza mientras caminaba de lado a lado de la habitación.

-Pero si estabais hablando de lo que os separa… tienes que decirle lo que sientes.

-Me bloqueo, tía. Estoy sintiendo mucho.

-¿Sintiendo? ¿Sintiendo de sentir? ¡Hip! ¡Hip!

-¡Sí!-se detuvo mirándola fijamente-. Cada minuto que paso con ella, me doy cuenta que sigo sintiendo el mismo amor que antes, o, incluso mayor. ¿La has visto? ¿Has visto cómo sonríe? ¡Joder!

-Maca ¿o lo arreglas tú o lo arreglo yo? -le decía apuntándole con el dedo.

-Déjalo tía… mañana será otro día. Por favor… déjame…

Maca se acostó de un salto en la cama, se tapó con un resoplido agotador, se quedó mirando al techo con un importante cabreo contra ella misma. Estaba segura que era ella la que debía dar el paso, Esther le estaba preguntando, sí, no podía dejar pasar más tiempo, su tía tenía razón.

-¿Tía? ¿Tía, dónde estás? –se sentó en la cama mirando alrededor, al no vela susurró- ¡Ay mi madre!

Esther estaba algo decepcionada, pensó que en algún momento Maca podría decir que motivo le había llevado a abandonarla, ella se lo había puesto fácil. Se sentía muy cómoda de nuevo a su lado, su corazón estaba tranquilo, se había diluido la rabia en su contra, nada más sentía ganas de hablar, de sacar el maldito tema y ver qué pasaba. Sí, debía dar el paso porque veía que Maca se aturullaba fácilmente. Al día siguiente, tenía que tomar alguna decisión.

Fuera de aquella casa donde las dudas entre ellas, los miedos, se habían hecho palpables, comenzó una grandísima tormenta, rayos, truenos, lluvia intensa. Esther se levantó para pasar las cortinas, volvió a la cama con una leve tiritona por el frío. Se acostó y apagó la luz, se tapó hasta el cuello, a pesar de haber corrido las cortinas, la luz de otro relámpago iluminó toda la estancia, al hacerlo, a los pies de la cama, apareció una mujer, regordeta, con el pelo blanco, las cejas pintadas y cara de muy mal genio. La miraba con una fiereza que daba miedo.

¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -el grito fue ensordecedor.

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6 pensamientos en “UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 13

  1. Hola Sandra, muchas gracias por estar aquí. Y te invito a comentarla siempre que te apetezca. Espero que te siga gustando… sobre todo… que os podáis imaginar la parte histórica, creo que ambos personajes dan para imaginarlas con sus vestidos y las dificultades de antaño.
    Gracias. Un abrazo.

  2. Jajaja me ha encantado, ahora si se le apareció el fantasma, que buchona a resultado. Ambas comenzando a decir sus verdades, aunque a medias es un comienzo. Esperando el próximo. Gracias

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