UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 15

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-Buenos días –le dijo Maca, sonriente quitando con cuidado su mano de la mejilla.

-Buenos días –respondió de igual modo-. ¡Qué bonito despertar!

-¿Has descansado bien? –la miraba Maca con infinita ternura.

-Sí, muy bien –le respondió Esther mirándola fijamente.

-Voy a preparar el desayuno, ¡tú no te muevas! –le apuntó con el dedo índice de manera divertida.

-¡No pensaba! –se hizo la remolona abrigándose con el edredón.

-Descansa.

Maca se levantó de la cama con la sensación de que flotaba por el aire, se puso la rebeca polar y bajó hasta la cocina. Allí empezó a canturrear mientras sacaba la leche, el café y ya para cuando encendió la tostadora, su tono subió y se convirtió en canto.

-¡Entenderas qué ahora tú y yo volvemos al amoooooooor… y es que yo a ti no te pierdo sin razooooooooon!

-Hay un dicho que dice: cuando el español canta o le han jodido o poco le falta… pues eso te pasa a ti, ¡qué te falta poco para joder!

-¿Has visto cuándo se ha despertado? ¡No me ha rehuido!

-¡Mira más te vale que cantes alguna copla que se asemeja más a tu momento! –Maca la miró de manera intensamente acusadora-. Es verdad… no podrás quejarte de tu tía, te la envié rapidito a la cama.

-¡Qué bien huele a café!

-¡Otia que susto me ha dado a mí! –Maca sonrió-. ¡Joer con la niña!

-Te he dicho que te quedes en la cama, has tenido una noche muy movida.

-¡No me lo recuerdes! Cierro los ojos y la veo ahí, tan fea.

-¡Bueeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeenoooooooooo!

-¡Tan desagradable!

-¡Madre miaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa la que se está jugando ésta!

-Tan…

-¡Déjalo… déjalo! –se apresuró a cortarle porque su tía iba a lanzar justo el frutero que había detrás de Esther-. Mejor olvidarlo.

-Maca… es que si la hubieras visto me creerías.

-¡Y te creo! De verdad –le dijo mirándola fijamente.

-Yo pensaba que esas historias eran mentira… se las inventaba la gente.

-Yo también –agregó mientras sacaba las tostadas.

-¿Quién será?

-Pues…

-Aún no, sobrina.

-Mira, vamos a olvidar este mal trago. Y deberíamos centrarnos en lo que nos queda.

-Tienes razón –le sonrió agradecida por su apoyo.

-Mañana me gustaría fotografiar el amanecer. Según mis informaciones –movió divertida las cejas ante la sonrisa amplia de Esther-, mañana a las seis y media amanece. He encontrado el lugar perfecto, así que, mientras descansas iré a fotografiar.

-De eso nada… me voy contigo…no te dejo sola –le sonrió.

-¡Qué coñazo! ¡Date aire que me estoy agobiando de tanto pasteleo! ¡Hip! ¡Hip! ¡Hip! ¡Hasta el puto hipo vuelve!

-Perfecto –le dijo sonriente.

-Hoy nos toca las médulas. Va a ser un paseo interesante.

-¡Uy perdona, me llama Teresa! –se levantó de la mesa saliendo hasta el pasillo.

-Vaya… esto está hecho Pedro, ¡mira como intenta escuchar lo que dice! ¡Ay estas jóvenes de hoy en día que tontas son!

Y era cierto, Esther trataba de escuchar que le decía, sin embargo, Maca aprovechó para subir hasta la habitación y tratar así de hablar más tranquila.

-¿Entonces bien…? –le preguntaba contenta Teresa.

-Mejor que bien. Me siento tan feliz… en serio… no sé siento algo dentro de mí que desconocía. Es como volver a casa.

-Sientes lo que ya sentías y antes te negabas, ahora lo disfrutas y no es otra cosa que A M O R

-Mira Teresa, quiero dejar a un lado mi miedo, si ha dormido conmigo y se ha dejado abrazar, no me odia del todo. Si pudiera convencerla que ya no soy la libertaria de antes.

-Mujer… lo debe estar notando. ¿No crees?

-Es que yo con ella siempre fui así… respetuosa… bueno menos aquella vez –se pasó la mano por el pelo algo nerviosa.

-¡Maca, lánzate! ¡A por ella!

-Gracias, Teresa.

-¿Oye y sigues con el fantasmita?

-Dile a la collares que no se pase… coño en la tierra era sorda y ahora oigo a distancia –decía el fantasma tumbándose en la cama ¡Hip!

-Dice que no te pases –sonrió-.Anoche se portó mal. Se le apareció a Esther.

-¡Cómo! ¡Pero…! ¿Puede hacer eso? –preguntaba con tono inaudito.

-Por lo visto, sí. Y la pobre se llevó un susto tremendo.

-Imagino.

-Sí, pero dile que gracias a ello, ha dormido contigo mientras yo he tenido que aguantar sus improperios hacia mí.

-Bueno… no puedo hablar más a dos bandas… Esther me espera hoy tenemos un día muy largo.

-¡Oye, guapa! Por más que miro, no recibo ni una sola foto ¿eh?

-Disculpa Teresa, de verdad estoy muy liada.

-Mirando a la Esthercita… sí–añadió su amiga con tono algo jocoso.

Esther esperaba en la cocina algo impaciente. Desayunaba sin parar de pensar en la noche, primero el abrazo de Maca y todo cuanto significaba para ella, después en aquella historia que vivía en sueños. Le estaba atrapando, era como si sus sueños le estuvieran a la vez empujando a darse cuenta que su vida y el amor, iban unidos a Maca.

-¡Ya estoy aquí! ¿Preparada?

-Sí –le sonrió-. Mejor nos vamos que tenemos casi dos horas de camino.

-Yo también estoy preparada aunque nadie me pregunte. ¿Dónde me he dejado la cantimplora?

-¿Quieres ducharte en mi habitación? Mientras puedo ir preparando las cosas.

-Te lo agradezco… me da miedo entrar en la mía.

-¡Apúntame otro tanto! Esta noche la tienes otra vez metida en tus sábanas. ¡Hip… hip… hip… HURRA!

Mientras Esther se arreglaba, Maca estudiaba la ruta, lo hacía concienzudamente, le gustaba el trabajo, además, compartirlo con Esther estaba siendo para ella toda una maravillosa aventura. Cuando bajó y la vio tan metida en los mapas y en los papeles, Esther sintió unas cosquillas en su estómago que le hicieron sonreír. Aquella mujer desordenada y alocada, se había convertido en todo lo contrario.

Si en esto ha cambiado… ¿por qué no creer que en el filtreo también? Ya he terminado, Maca. Cuando quieras.

-¡Ah, sí! Mira, Esther se me había pasado algo por alto.

-¿Qué?

-Que bien hueles –le dijo mirándola fijamente.

-Gracias –notó como se sonrojaba y ante el silencio de Maca insistió-. ¿Qué se te ha pasado por alto?

-¡Es verdad! El Lago de Carucedo. He leído que hay unos atardeceres espectaculares.

-Pero volveremos muy tarde y a oscuras la carretera esta…

-¡No pasa nada! Yo conduciré si te da miedo.

-Vale.

-¡Voy a arreglarme! –le dijo contenta.

-Espero no se nos aparezca ningún fantasma…

-No guapa, lo llevas incorporado.

Antes de salir, pasaron a recoger sus bocadillos para pasar el día. No les sorprendió al llegar ver que ya los tenían preparados. Una vez en el coche, ambas volvieron a sentir esa conexión que desde que habían llegado a León estaban teniendo. Durante el camino, Maca no paró de fotografiar todo cuanto veía. El paisaje era según sus palabras mágico y digno de admirar. Hubo un momento que Esther se percató que hizo varias fotografías con su móvil, después la vio teclear y sintió curiosidad.

-¿A quién le vas a hacer estirarse de los pelos por no estar aquí?

-¡Uy que largo! Total para decir, ¿quién es ella? ¡Hip!

-A Teresa –Esther hizo un sonido gutural-. ¿Mmmm, qué?

-Parece que te llevas muy bien con ella… la nombras mucho.

-Sí, es como mi madre –notó el gesto de Esther-. Fue ella quien más me ayudó en el pasado, siempre que tengo algún problema está ahí.

-¿Y ahora lo tienes?

-¿Por qué dices eso? –la miró de soslayo.

-¡Ay por Dios que pedazo de cansinas!

-Porque como la llamas…

-No, también comparto con ella cuando estoy feliz, y ahora, lo estoy. A tu lado, en este lugar…

-Me alegro.

-¡Ay…..! –se quejó el fantasma mirando hacia el techo-.¡Por qué no me habré ido al infierno… esto es un coñazo de la hostia!

Una vez llegaron al lugar, dejaron el coche aparcado y salieron a investigar. Llevaban anotado un horno que hacía unas tortas de lujo y decidieron hacer el encargo antes de comenzar el camino. Para Maca ver como trabajaban la masa fue todo un acontecimiento que fotografió hasta quedarse prácticamente segura de que no le faltaba detalle. Después, eligieron el Mirador de Orellán. Tras subir por una cuesta bastante dura, llegaron. La panorámica era de lujo, Maca comenzó a sacar sus artilugios, entre ellos un trípode, quería fotografiar aquel lugar palmo a palmo. Estuvieron un rato, hasta que decidieron volver a subir otra cuesta más y llegar a las galerías. Apenas articulaban palabra, Esther anotaba, Maca hacia fotos y el fantasma se dedicaba a canturrear coplas de la Piquer. Para adentrarse a las galerías, se colocaron un casco que fue motivo de risas entre las dos. ¡Apunta que yo si hubiese podido, me hubiese hecho pipi! ¡Pero al ser espíritu ni eso hago! Apuntado queda. Durante más de una hora se dedicaron al trabajo arduo, hasta que encontraron un rincón que les ofrecía unas vistas impresionantes.

-¡Te has dado cuenta, Maca! Estos romanos lo tenían todo bien pensando.

-Ya te digo… es impresionante, ¿y el silencio? Llevamos más de media hora escuchando nada…

-Eso es un decir… ¡te he cantado todo el repertorio de copla para ver si espabilas, guapa! –Maca la miró sigilosamente.

-Sí, me encanta todo este lugar… es mágico –sonrió feliz.

-La compañía hace mucho, ¿eh? Ir acompañadas por mí es… es importante también.

-Saber que por este lugar han pasado tanta historia…

-Tiene un magnetismo total… espero que la luz me deje transmitir la magia de estas galerías.

-Además estamos solas… es un lujo –agregó Esther.

-Yo tengo hambre. Tendremos que pensar en comer.

-Menos mal que lo has dicho, ¡me estaba aguantando para que no me dijeras que soy una tragona!

Ambas rieron de buena gana y siguieron con las bromas. Una vez salieron al exterior, buscaron algún árbol para refugiarse, comer y descansar. Durante la comida, hablaron poco porque era más el hambre que las ganas de charla.

-Estoy muy contenta con esta oportunidad que nos ha dado Lourdes, creo que estamos compartiendo algo único –le dijo Esther mientras recogía su servilleta y vaso de plástico.

-Esther –le dijo Maca que la miraba con cierto temor. Esther la miró y se quedó paralizada como si aquellos ojos la estuvieran hipnotizando-. Me gustaría pedirte perdón por huir, porque lo que realmente pasó después de aquella noche en la que tú y yo estuvimos a punto de hacer el amor, fue una huida por miedo a que me reprocharas mi osado comportamiento. Siento, una cosa y otra. Nunca debí dejarme llevar, fue un error que durante todos estos años que hemos estado separadas, he pagado al perderte. Y nunca debí huir, porque vivir sin ti es tremendamente pesado.

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