UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 17

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Durante el trayecto que las llevaba hasta donde estaba estacionado el coche, les acompañó una fina lluvia. El camino lo hicieron las dos en silencio, aunque, Maca no podía concentrarse en las palabras que Esther había dicho, ni tan solo en lo que ella misma le había contado, su descenso iba acompañado por una voz algo alcoholizada que le llegaba desde detrás.

-¡Para qué me quitas la botella si me dejas la cogorza! ¡Y encima estas dos quieren tomarse las cosas despacio! ¿Pedro, para qué me dejas aquí? Esto es obra del mismísimo satanás, no puede ser que me castigues de esTa manera… ¡estoy hasta la peineta! ¡Déjame subir! Baja tú si tienes lo que hay que tener para aguantar a este par de dos…

Y así, durante el rato que descendieron. Esther miraba de vez en cuando a Maca y, le sonreía. Sin embargo, cuando creía que no la observaba parecía que a Maca le preocupaba algo, de vez en cuando la veía como miraba hacia detrás con el rabillo del ojo. Suspiró tratando de tranquilizarse. Su corazón latía demasiado deprisa, sin duda, no esperaba una declaración de amor como la que Maca le acababa de hacer. Se sentía algo perdida, no sabía si podría cogerle de la mano, besarla, no sabía, si quiera, si ella estaba preparada para algo así. Se hacia esas preguntas, una y otra vez. En un momento dado, vio como Maca se había detenido con el ceño fruncido, ella se detuvo también, la miró fijamente y como si alguien la empujara por la espalda terminó entre los brazos de una sorprendida Maca.

-Lo siento –le dijo disculpándose algo alterada. Maca la tenía cogida por la cintura.

-Ya –no sabía que decir, ni que hacer. Había visto perfectamente a su tía empujarla.

-¡O la besas y le metes la lengua hasta la laringe o te juro que descargo truenos, rayos, centellas a vuestro alrededor! ¡Y me aparezco ante ella y se te caga del susto!

-No sé qué me ha pasado –decía Esther que se sentía cómoda entre los brazos de Maca.

-Esther… -la miraba intercambiando los labios y los ojos.

-Será mejor que sigamos… está lloviendo mucho –decía sin apartarse.

-¡B E S A L A! –gritó el fantasma enfurecido mientras un rayo caía demasiado cerca de ambas.

-¡Corre Maca… corre! –decía Esther mientras cogía su mochila y echaba a correr.

-¡Gracias! –le riñó con gesto muy serio Maca al fantasma.

-¡Leñe… yo no he sido! –miró el fantasma para el cielo-. Perdón… no debí enfadarme soy un espíritu libre de tormentos… pero entiéndeme Pedrito… tengo ganas de acabar… ¡ESPERARMEEEEEEEEEE NO ME DEJEIS SOLAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!

Esther de vez en cuando se giraba y al ver que Maca la seguía no se detenía, le estaba sentando maravillosamente bien la carrera, todo el calor que había sentido entre los brazos de Maca y el ardiente deseo que había nacido en ella, se estaba controlando a base de esa carrera entre una intensa lluvia y algún trueno que las perseguía. Al llegar al horno, se detuvieron para sacarse el agua de sus chubasqueros, ambas se miraron y rompieron en una carcajada.

-¡Jamás había corrido tanto! –decía muerta de risa y cansancio Maca.

-¡Ni yo! –le respondía de igual manera Esther.

-Vaya os ha cogido la tormenta –les decía Trini la hornera-. Pasad, pasad, os irá bien algo de calor y un chocolatito.

-Muchas gracias, es muy amable –le dijo Maca.

-¡Otia qué carrera! –protestó el fantasma recibiendo una severa mirada de Maca.

-¿Qué tal os ha ido la excursión? –les preguntó mientras sacaba del fuego un cazo con chocolate como si supiera que iban a llegar.

-Este lugar es maravilloso –le decía Esther con una gran sonrisa mientras no le quitaba ojo a Maca que estaba sacando su cámara.

-¿Puedo? –le preguntó a Trini que sonrió graciosamente.

-Claro… ¿a mí también?

-Por supuesto, estas maravillas que tenemos a nuestro alrededor, quedan muy bien acompañadas por usted –le decía mirando alrededor.

-¡Muchas gracias! Que aduladora.

Sí hija, mi sobrina es muy aduladora pero mu lenta según pa qué.

-Somos de una revista y estamos aquí para hacer un reportaje del Valle y los pueblos que lo rodean. La verdad que estamos francamente asombradas.

-Suele pasar –les puso la bandeja con el chocolate y las tortas en una mesa de mármol redonda con pies de hierro que tenía para los visitantes-. Este lugar es hermoso y mágico. Más cuando todos los que vienen estresados de esas ciudades repletas de ruidos, pasan tan solo cinco minutos con los ojos cerrados escuchando… el silencio.

Allí estuvieron departiendo un buen rato, hasta que Maca se acordó del atardecer y salieron corriendo con el encargo a Trini de varias tortas para llevarse de vuelta a Madrid.

Una vez entraron en el coche con el fantasma detrás, Esther hizo el mismo comentario de siempre.

-Yo no sé qué pasa en este coche, que cada vez que entro me da escalofríos.

Por supuesto el fantasma puso en blanco sus ojos…

-¡Qué cansina!

Llegaron al Lago casi a punto de atardecer. Maca sacó con rapidez el trípode, las cámaras, los teleobjetivos y demás artilugios. Esther no perdía detalle de sus movimientos, sabía que había sido una gran doctora, estaba dándose cuenta que se había convertido en una gran fotógrafa. Sin duda, todo aquello que hacía lo hacía con el corazón. La admiraba. Se daba cuenta que cada minuto que estaba a su lado, todo el odio que había sentido por ella se había esfumado. Sus ojos la veían de una manera muy diferente. No quería equivocarse ni precipitarse pero en aquel momento le apetecía abrazarla, hacerle sentir de alguna manera que estaba ahí junto a ella y que quería estarlo siempre. Se acercó con cuidado para no asustarla porque estaba fotografiando sin parar, cuando sacó sus manos del anorak que llevaba puesto dispuesta a rodearla por detrás, sonó su móvil. Dio un respingo del susto.

-¡Es Lourdes! –Maca la miró sorprendida de lo cerca que estaba “creo que te iba a meter mano” apuntó el espíritu-. ¡Hola, qué tal!

-¿Cómo vais?

-Ahora mismo estamos en el Lago de Carcero fotografiando el atardecer.

-Bien… ¿me gustaría que mañana a poder ser me enviarais un borrador con el trabajo que tengáis?

-¿Mañana? Aún nos quedan cosas…

-Bueno… Esther… pero tenéis lo que queda de noche para trabajar en ese borrador si es que aún no está preparado.

-Vale… vale –se rozaba la frente con la mano en actitud algo nerviosa-. Lourdes quería comentarte algo…

-Tú dirás.

-¿Habría alguna posibilidad de quedarnos un poco más de tiempo? –Maca dejó de fotografiar y giró asombrada levemente su cabeza hacia la derecha.

Esta te está cociendo, sobrina, te quiere comer a fuego lento ¡JAJAJAJAJA! –toses varias salieron de sus cargados pulmones.

-Esther… debemos tener telepatía pero cada una pensamos en un motivo diferente –Esther escuchó como bajó las persianas de su despacho, sabía que algo serio iba a contarle-. Mientras tú piensas con tu entrepierna, yo pienso con mi cerebro. Necesitamos ganar ese premio, necesitamos ese dinero para no irnos a la mierda, Esther. Quiero un reportaje de caerse de culo, que se queden todos boquiabiertos, tuve dudas con Maca, pero si la cogí fue precisamente porque estamos a un paso de que empiecen a echar a compañeras.

-Madre mía –susurró, Esther con total preocupación.

-Me tienen pillada por los ovarios… ¡Esther, haz el mejor reportaje de tu vida, como si con él, fueran a darte el pulitzer!

-Nos estás dando una responsabilidad que… ahora mismo es como si estuviera al borde del precipicio –Maca que había terminado la sesión fotográfica la miró con gesto de preocupación.

-Así estoy yo desde hace un mes. Esa es la razón por la que estás ahí, eres mi mejor reportera. Confío en ti. Nada más te pido una cosa.

-Tú dirás.

-Ser madrina del día de tu boda.

-Dalo por hecho –le dijo mirando fijamente a Maca.

-¿Qué pasa? ¿Por qué le has dicho de quedarnos más tiempo?

-¡No seas tiquismiquis sobrina por favor! La muchacha te va a devorar… necesita su tiempo…

-Joder… Maca…

-Eso… eso… a ver si se va a tratar de eso…

-¿Tenías algo qué hacer? –le preguntó con los ojos muy abiertos.

-No, no si me parece estupendo pero… no pensé que…

-¿Qué yo me quisiera quedar? ¿Qué no quisiera estar contigo? -hizo una pausa sonriéndole-. Claro que quiero quedarme contigo. ¿Nos vamos?

-TOMA YA.

Durante el trayecto en el coche Esther le relató el problema que había en la agencia. La crisis estaba acechando a todas las empresas. Aquello tal y como bien dijo Esther, les daba una responsabilidad extra. Por ello decidieron ponerse manos a la obra en cuanto llegaran. Aquel camino sinuoso que se le había hecho terrorífico a Esther en su primer contacto, le parecía como si se hubiera transformado en una belleza sin igual, en unos árboles que le daban la bienvenida, en la luna reflejando su luz en las montañas. Miró a Maca, estaba tan guapa con el reflejo de la luz de la luna. Sí, cada segundo que pasaba a su lado su alma más la empujaba a sentir unas inmensas ganas de unirse a ella. Se lamentó que aquel coche tuviera los asientos tan alejados, recordaba los del viejo Seat Panda en que alguna noche de llantina por el abandono de algún novio, había reposado su cabeza en el hombro de su buena amiga para llorar. Ese pensamiento la empujó a pensar lo mal que lo habría pasado Maca, amándola en silencio, ¿cómo sería amar a alguien que no da muestras de sentir lo mismo? Y lo peor, ¿cómo se sentiría al dar el paso de acercarse y verse rechazada por ese amor imposible? Se sintió tan mal por ella, notó como su corazón latía algo perdido, la pena por no darse cuenta de lo que Maca la amó. Entendía sus escarceos con unas y con otras, ella misma lo había hecho cuando algún chico la había abandonado por otra. Quizás aquel viaje les estaba ayudando a entenderse mutuamente. Sin esa charla tan íntima, tan maravillosa donde Maca le había dicho que la amaba. En el silencio de aquel coche… lo revivía una y otra vez TE AMABA, ESTHER. Que bien sonaba, como si fuera música celestial para sus oídos… sí… la amaba…

-¡Madre mía pedazo empanada mental que lleva la pequeñaja!¡Cuidado! –le gritó a Maca que dio un volantazo.

-¿Qué te ha pasado?

-Nada… nada… me distraje, estaba tan metida en la carretera que al escucharla me he llevado un buen susto.

-¿Al escuchar a quién?

-¡Ya la has vuelto a cagar! ¡No me aprendes, sobrina, no me aprendes!

-Pues… ¿tú no lo has escuchado?

-No he escuchado nada… -la miraba algo desconcertada.

-No sé… parecía un animal… no sé –miró por el espejo retrovisor.

-¡LA MADRE QUE TE PARIÓ! Ella me llama fea, tú animal…

-Bueno… mira… voy a parar aquí que esta panorámica de noche me parece maravillosa. Tengo una muy buena cantidad de cielo, luna y estrellas. ¡La foto soñada!

-De acuerdo –Esther se mostraba algo nerviosa, aquellos cambios en Maca le seguían desconcertando sobre manera. ¿Qué era lo qué reamente le ocurría?

Fuera, Maca había montado su equipo con la linterna en su boca para ayudarse con la luz. Esther estaba acostumbrada a esperar largos ratos mientras sus compañeros fotógrafos encontraban el momento, encuadre y composición perfecta. Maca en ese aspecto no era diferente al resto, sin embargo, lo era en la manera de trabajar, se notaba con el amor que hacia las cosas. La cabeza de Esther le envió una visión de las manos de Maca sobre su cuerpo acariciándola de la misma manera que estaba haciendo con la preparación de su equipo.

-¡Buffffffffffffff mejor ponerme a hacer algo o me voy a calentar como la punta de una plancha!

Maca tenía ante sí la visión de las montañas iluminadas por la luz de la luna. Quería fijar su mirada únicamente hacia delante, sentía que Esther la estaba mirando. Y sus latidos se habían disparado sin control, a pesar del tiempo que hacía que había pasado desde el abrazo, seguía sintiendo unas ganas locas de poder besarla. Además, por si fuera poco, su querida tía no cesaba de hablarle, de criticar sus maneras, Maca se estaba sintiendo agobiada y en una explosión de tanto nervio, se giró hasta el lado donde el fantasma no paraba de hablar y le dijo:

-¡Quieres callarte ya! Me vas a volver loca. Todo a su tiempo…

Para su suerte, Esther estaba ya trabajando en su Tablet, no había visto la escena y para cuando Maca volvió al coche, tenía un artículo bastante avanzado.

-Eso está bien, creo que esta noche podremos elegir las fotografías.

-De acuerdo, tendremos que hacer un guion de trabajo. Creo que me siento inspirada –sonrió.

-Tienes una sonrisa maravillosa a la luz de la luna, siempre me pareció mágica y que encerraba un imán para atraer mi mirada.

-¿De verdad lo crees? –Maca sonrió y arrancó el coche-. Que coincidencia… yo pienso lo mismo de esa mirada tuya tan seductora… es maravillosa y provoca chispas.

-Yo me subo al techo, no aguanto tanta tontería…

Llegaron a casa y no les asombró ver que estaban esperándolas sentadas en uno de los bancos dos de las vecinas que más les habían estado ayudando. Al explicarles que tenían mucho trabajo que hacer y que se iban a quedar unos días más, las vecinas entendieron que debían dejarlas. Al día siguiente les habían informado que iban a pasarlo metidas allí trabajando. Y las dos mujeres sonrieron divertidas.

-¿Qué les habrá hecho tanta gracia? –le preguntó Maca a Esther.

-Ni idea… pero que bien huele esto ¡por favor! –decía oliendo los platos que habían llevado envueltos en paños.

-¿Y has visto la manera de cocinar y tener las cosas? Parece como si no hubieran cambiado las costumbres de miles de años.

-Me encanta este lugar…

-Sí. Bueno… venga… tenemos mucho trabajo.

-Sí pero yo tengo que llenar la panza o no doy pie con bola.

-¡Qué fuerte! Voy a ducharme en tu habitación, así te quedas tranquila.

-Sí, claro… pero… ¿vas a dormir ahí? –le preguntó con el ceño fruncido-. ¿Vas a dejarme sola?

-No, no haría eso… no podría permitir que te pasará nada… -le sonrió de lado.

-Gracias –le guiñó el ojo y salió hacia el cuarto.

Una vez llegó a la habitación llamó rápidamente a su amiga Menchu que tardó en contestar. Ella muerta de ganas de hablar con ella, golpeaba nerviosa repetidas veces el suelo con el pie.

-¡Dime! –apareció con voz cansada.

-¿Te he pillado mal?

-¡No, me has pillado muy bien! –decía jadeante-. Tú dirás guapa…

-¿Estás sola? –se olía que no.

-No.

-Pues te llamo después –respondió sonriendo.

-No, después no, que voy a desconectar el móvil y, además, Claudia va a tomar algo que está cansadísima de trabajar.

-Ya lo veo, ya –decía jocosa.

-¿Cómo va la cosa? ¡uffffff! –resopló repleta de gusto.

-No lo puedo creer… de verdad…

-He descubierto algo maravilloso, Claudia es maravillosa, me siento muy feliz, Esther.

-Me alegro mucho.

-Venga… dime que yo también puedo sentirme feliz por ti.

-Me ha dicho que me ama.

-¡Coño nos hemos sacado la lotería! ¡Claudia, mi amor, parece que ya van rompiendo muros!

Maca se había duchado pero lo había hecho sola, había buscado a su tía y no la había encontrado. Al bajar a la cocina, la vio sentada sobre el muro de la casa, le extrañó verla allí. Suspiró con fuerza y decidió tras abrigarse, acudir a su lado.

-¡Hola!

Hola –contestó seria.

-¿Y tu botella?

Mira si estás enchochada que ni cuenta te has dado que me ganado perderla. Y los hipos, también.

-¿Y eso?

No lo sé. Pregúntale tú a ver si te hace caso. Aunque sospecho que era por ser atea.

-¿Qué te pasa?

-¡Antes, me has hablado muy mal! Y no siento, porque no tengo sentimientos, pero… no sé… me ha dolido.

-Lo siento, tienes razón. Pero es que estoy un poco nerviosa.

Estás muy nerviosa. Pero entiendo que después de tantos años… te sea complicado entender que tus sueños se hacen realidad.

-Es más que eso, tú sabes lo mucho que he llorado por no tener a Esther, lo que me dolió perderla. Ahora tenerla tan cerca me desborda el corazón, son sentimientos que nunca antes sentí, ni siquiera cuando estábamos juntas.

-Tu amor ha madurado, como tú. He aprendido una lección siendo espíritu, la vida pone las cosas en su lugar en el momento adecuado. Y creo, sinceramente, que este es vuestro momento.

-No quiero que te vayas… -le dijo mirándola fijamente.

-¡Calla… calla…! Estoy empalagosa de tanto pasteleo que os lleváis.

-Me alegro tanto de tenerte a mi lado –dio una carcajada feliz.

-¡Maca qué haces ahí fuera con el frío que hace!

-¡Ahora, te digo una cosa… esta va a amarrarte en corto y despídete de tu libertad!

-Ya voy, Esther… pues… me encantaría que así fuera.

Si al final… las coplas tienen tanta razón… nos van los celos, los quebrantos, los quejíos… ¡ay! En definitiva… nos va el amor.

Durante la cena hablaron de cosas banales, como si así se dieran una tregua a toda batería de sentimientos que habían descargado las palabras en sus corazones. Después se pusieron a trabajar codo con codo. A Esther la charla con Menchu le había sentado fenomenal, su amiga le había dado ánimos a que fuera despacito pero sin pausa. Por su lado, hacer las paces con su tía, le había dado fuerza a Maca que sentía que sin aquella mujer a su lado, todo hubiera sido más complicado casi, imposible.

-Pues con esto yo creo que tenemos buen material, se lo envío a Lourdes a ver que le parece.

-Sí. Espero que le guste. ¿Es muy exigente?

-Mucho. La verdad que muy buena jefa, muy enrollada, pero a la hora de supervisar tu trabajo es durísima. Por eso me gusta tanto.

-¿Ah, sí?

-Bueno… gustar de… gustar no… quiero decir… -Maca soltó una carcajada y ella le dio una palmada en su brazo-. ¡Serás boba!

-¡Au! –se quejó frotándose el brazo con su mano.

-Además de boba, exagerada.

-Bueno, será mejor que nos acostemos, son las dos y media de la mañana y tenemos escasas cuatro horas para dormir.

-Es verdad. Esto ya está.

-Y yo ya tengo a punto los equipos. ¿Nos vamos?

-Sí, claro. ¿Juntas, verdad?

-Sí, Esther, juntas.

-¡Y revueltas por Dios!

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