UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 19

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El despertador sonó. La mano de Maca alcanzó el teléfono y lo detuvo. Al girarse se percató que Esther la tenía abrazada. Sonrió, se hubiera quedado así todo el tiempo, pero tenían que trabajar, su proyecto, era para la empresa de tal importancia, que no podían ser egoístas.

-Esther…

-Mmmm –refunfuñó un poco mientras sus pies recorrían las piernas de una Maca que se quedó perpleja.

-Esther… -insistió con una sonrisa.

-No puede ser… hay que salvarla… pobre mujer…

-¿De qué hablas? Oye…hay que ir a fotografiar el amanecer…

-Sí, sí… ya voy –pero no se movía de la cama.

-Dormilona –dijo sonriendo.

Maca se levantó y se aseó de manera rápida, después tendría tiempo para ducharse. Una vez salió hasta la habitación, Esther seguía durmiendo. Le supo mal despertarla. Al girarse no vio cómo su tía se acercaba hasta la oreja de Esther y le pedía que se levantara. Pero al volverse hacia el otro lado, no le quedó más remedio que darle un buen pellizco en el culo.

-¡AU! –se sentó de un solo golpe en la cama.

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA–carcajadas sin cesar del fantasma.

-¿Qué te ha pasado? –la cara de Maca era todo un poema.

-No lo sé… es como si… ¡mierda me he dormido!

-Más bien, bueno si quieres… -aún no había terminado la frase y vio como de un salto se incorporaba iba rápidamente al servicio y aparecía con los pelos revueltos y el cepillo de dientes en la boca-. Vale… vale… te espero.

-No hay nada como un buen pellizco… toma nota.

-¡Ay tía! –le sonrió divertida.

-¡Ya estoy! –le gritó desde dentro.

Maca podía escuchar los golpes que daban sus pies contra el suelo, los saltitos que debía estar dando para vestirse, sus quejidos y sin poderlo remediar soltó una carcajada.

-¡No te burles!

-Pero como no me voy a burlar, desde aquí fuera parece que te estés pegando una paliza con alguien.

-ES DE UN PATOSO… ¿tú estás segura que…?–la mirada de Maca la hizo callar.

-¡Ya estoy! –apareció jadeante.

-Pues vámonos antes que lleguemos tarde.

Salieron a toda velocidad, Maca cargada con sus utensilios, Esther con un sabor amargo en su boca. No entendía porque razón, aquellos sueños estaban afectándole tanto. De pronto pensó en la posibilidad de que mataran a Maca y aunque pudiera parecer una locura, le dolía el corazón. La Reina y la doncella, buen título para su novela. Iba pensando en todo aquello cuando al salir a la calle se encontraron con un frío penetrante. Se detuvieron en la puerta para entrar y coger más prendas de abrigo. Esther seguía los pasos de Maca que parecía saber cuál era el punto exacto donde tenía que acudir para fotografiar el amanecer.

-¡Aquí es!

-¡Madre mía estamos en un precipicio! –dijo al ver la belleza del horizonte pero el peligro a sus pies.

-No te preocupes, vamos a sentarnos y podremos disfrutar de algo maravilloso y único.

-¡Qué frío! –susurró frotándose los brazos con las manos.

-Es lo malo, el frío.

-¡Oh, no! Es lo bueno, apretújala anda, que lo tienes todo preparadito.

-No nos caeremos, ¿verdad?

-No –dijo rotundamente.

Esther se sentó sobre una roca, podía notar como a sus pies se encontraba el vacío. A su lado y con todo el cuidado del mundo, lo hizo Maca. En su mano llevaba el disparador de su cámara. Estaba todo dispuesto para en el momento comenzaran los primeros rayos de sol, los disparos fueran continuados. Aquella panorámica estaba segura iba a impresionar.

-¡Qué frío! –volvió a decir Esther.

-Acércate, tendríamos que haber cogido una mantita –dijo mientras abría su brazo derecho para que se refugiara allí.

-Gracias.

Una vez logró encontrar el punto exacto en el que estaba cómoda, se dejó llevar. Sus ojos casi no parpadeaban. Sin embargo, estando allí sentía como si aquella imagen ya la hubiera vivido antes. Algo en su interior le insistía en que ella ya había estado allí. Cerró los ojos escuchando la calma, el silencio, los latidos acompasados del corazón de Maca.

“-Maca…¿estamos seguras aquí?

-Sí, cariño. No debéis preocuparos, nada más observar como el sol se abre paso ante la oscuridad, ven, sentaros a mi lado.

Esther la obedeció, ambas guardaron silencio mientras observaban absortas lo que ocurría ante sus ojos.

-Es maravilloso –musitó Esther.

-Así es, mi amor. Y es para vos, para que cuando tengáis miedo o dudas, cerréis los ojos y veáis esto –su mano derecha señalaba el cielo y el bello amanecer-. Y sintáis que mi corazón es como este cielo rojo de pasión por vos, que mi alma es blanca como estas nubes gracias a vos, y que os quiero tanto… como el sol quiere a las montañas. Y será tan eterno como mi amor por vos”.
Esther sintió como Maca la zarandeaba suavemente, abrió los ojos algo sorprendida por aquellas palabras que aún resonaban en su
mente”.

-¿Qué te pasa? ¿Te encuentras bien? –le preguntó Maca al ver que hablaba en sueños.

-Sí, claro. ¿He dicho algo?

-Algo muy raro, me estabas diciendo el rojo pasión, el alma y las nubes…

-¡Estaba soñando! –la cortó rápidamente sintiéndose algo tonta-.Me he dormido…

-Bueno, pero no te has perdido nada, faltan tres minutos. Creo que hoy deberíamos descansar, estas agotada y como nos quedamos unos días más, no hace falta darnos esas caminatas. Hoy podríamos dedicarlo a componer el artículo, si quieres y así, puedes descansar.

-Ya no recordaba lo mucho que me cuidabas –se aferró a su brazo sintiéndose por un momento feliz-. Y lo que me encanta que lo hagas.

-Me alegro de escucharte decir eso –suspiró dejándole un beso sobre el pelo.

Esther volvió a suspirar, todo parecía un sueño, estar con Maca, en aquel preciso instante compartir un espectacular amanecer, sentirse protegida, querida, era como volver a casa, como si de algún modo, durante esos dos días intensos se hubieran borrado todos y cada uno de los miedos, dudas y obsesiones que la habían acompañado desde que Maca se fue.

-Es precioso –murmuró Esther.

-Sí. Estoy feliz de estar aquí contigo.

-Yo también.

-¡Muy bonito pero hacer algo, leñe! ¡Que me estoy aburriendo como
una mula!

-Disfruta tú también –dijo Maca en voz alta.

-Sí, lo estoy disfrutando, Maca –respondió Esther. Maca se mordió el labio inferior.

-¡Qué mal se te da que se te irrite la cosita! JAJAJAJAJAJAJAJA.

En silencio compartieron el amanecer, se abandonaron a aquella sensación de bienestar de la que tanto les habían hablado los lugareños. Era rozar la gloria, poder sentirse en paz con uno mismo y con el resto. Cerrar los ojos y poder encontrar en su interior el reflejo del alma. Tanto era así, que hasta el fantasma se sentó junto a ellas observando aquel regalo de la vida. Ni siquiera eran conscientes del sonido de la cámara de fotos, era como si pudieran fundirse en una y compartir sentimientos y deseos.

-¡Qué maravilla…! –exclamó relajadamente.

-Ha sido como un regalo –dijo Maca.

-¡Más que un regalo! –sonaron las palabras emocionadas de su tía.

-¿Estás llorando? –preguntó sin poderlo evitar en voz alta.

-No, solo estoy maravillada. Pero llorar, no -le contestó Esther.

-Pues… ¿quieres qué nos quedemos un rato más?

-Tengo hambre… -dijo con tono de disculpa.

-Está bien, vamos.

-Ayúdame, anda… que me da miedo –le dio la mano para que Maca tirara de ella, al hacerlo, quedaron nuevamente a escasos centímetros de distancia. Esther la miró fijamente, Maca la tenía aferrada por la cintura. Entonces como si fuera un efímero regalo, Esther besó los labios de una Maca que se quedó atónita-. Gracias.

-De nada –le decía sin soltarla mirándola fijamente.

-Tengo hambre.

-¡Oh perdón… perdón! –decía soltándola de golpe-. Recojo y ya…

Nuevamente, el silencio entre ellas se hizo intenso, Maca recogía las cosas pero ante la quietud de alrededor, podía escuchar, nítidamente, los golpes de su corazón. Esther la miraba divertida, el roce efímero de labios, le había provocado unas ganas enorme de reír, de romper en una carcajada enorme. Cuando Maca se giró la vio allí como si fuera una niña dando palmaditas y moviendo sus pies. Ante su risa, Esther por fin dejó salir libremente aquel sentimiento de felicidad.

-¡QUIERO VOLVER AL CABARET! ¡QUIERO MI CABARET! ¡PEDROOOOOOOOOOOOO!

Durante el camino de regreso, en pleno terreno de descenso, con algún que otro salto, decidieron hablar de trabajo. Ambas tenían que cambiar el chip, querían que las cosas salieran lo mejor posible. Al llegar a casa se quitaron los plumíferos, bufandas y guantes. Mientras Esther preparaba el desayuno al mismo tiempo que mentalmente canturreaba.

-¡LA GACHI ESTÁ MÁS CALIENTE QUE LA PUNTA DE UNA PLANCHA! JE JE JE

Pues eso, Maca, encendía la chimenea, le parecía mucho más romántico.

-NO SÉ PARA QUE LA ENCIENDE, SI CON EL SOFOCÓN QUE LLEVA CALOR NO VA A PASAR JE JE JE… PEDRITO QUE VOY PEDRITO QUE LLEGO

Pues nada, ella lo dice todo.

Desayunaron con ciertos nervios, recordaron el camino, el amanecer entre tostada y tostada, entre ¿quieres mermelada? ¿De frutas del bosque o melocotón?, entre un poco más de café, si por favor. Has visto que tazas más bonitas….

-¡CORTA EL ROLLO COÑO! ¡TIRA PA LANTE O NO LLEGO AL NÚMERO DE MI VEDETTE!

Finalmente, se sentaron en el sofá, estaban agotadas por lo poco que habían dormido, por lo mucho que habían caminado. Apagaron las luces y como el día estaba intensamente nublado, se dieron diez minutos para descansar, disfrutar de la visión del fuego y… ¡ME VOY A CAGAR EN LA AUTORA! ¡OTIA YA ME GUSTARÍA VERTE A TI EN MI LUGAR! ¡DAAAAAAAAAAAAAAAALE!… -Maca…

-Dime…

-Estoy muy feliz de haberte encontrado.

-Yo también.

-Creo que necesitaba volver a verte para poder cerrar el capítulo de mi vida que me dolía tanto.

-¿Sabes? Estaba pensando lo mismo… era algo que me quemaba por
dentro.

-Te entiendo.

-¡AHORA OS QUEMA EL DESEO! ¡OS ARDE EL CHICHI! Joer todo lo tengo que hacer yo… ¡Qué soy angelita y no puedo decir según qué!

-Cállate… por favor –musitó Maca.

-Sí, creo que es lo mejor.

Maca iba a disculparse, por hablar en voz alta, su tía la estaba poniendo catatónica, vale… vale… vale… no me riñas fantasma… ellas solas lo estaban ya… pues en el mismo instante en que Maca iba a pedirle perdón, Esther sin pensárselo dos veces, subió a horcajadas sobre sus piernas, Maca tuvo que echarse un poco hacia detrás para no golpearse. Esther se quedó mirándola fijamente con una sonrisa algo nerviosa en sus labios. Maca no sabía qué hacer nada más sentía como su interior florecía de felicidad, ambas se miraban fijamente, las respiraciones se habían alterado lo suficiente como para entender que estaban muy cerca de lo que tanto deseaban. Porque Esther lo deseaba, aunque en un recóndito lugar de su mente, se había quedado una duda, un temor. Maca estaba a un paso del éxtasis y se daba cuenta de que ni siquiera la estaba tocando. Solas, con el crepitar del fuego, el sonido de la lluvia como compañera y el deseo llamando a cada centro de su ser.
Esther se acercó poco a poco como si hacerlo de otra manera pudiera romper el encanto. Maca esperó. Pero la espera se había convertido en una pequeña tortura en su interior. ¿La volvería a separar Esther? ¿Estaría preparada en esa ocasión?

ME ESTOY PONIENDO DE LOS NERVIOS ¡COÑO QUÉ NO PUEDO COMERME LAS UÑAS!

Los labios de Esther rozaron con una sutileza tierna y maravillosa los de Maca. Tras el roce se separaron, se miraban a los ojos como si una y otra tuvieran miedo de seguir, parecía que se pedían permiso para ir más allá. Esther dejó de escuchar la lluvia y el crepitar, en su lugar, el único sonido que llegaba a sus oídos era el de su corazón bombeando, parecía que con cada latido le animaba a seguir. Por su parte, Maca, tragó saliva y su lengua baño sus labios. La miraba como si fuera una figura de sal, temiendo que en cualquier momento se deshiciera, desapareciera ante sus ojos.

-Maca…
Volvieron a unir sus labios, en esta ocasión, Maca entendió que le daba permiso para algo más. Primero rozó con la punta de su lengua la de Esther, después pasó las manos por la cintura mientras Esther la estrechaba por los hombros. Se fundieron en un beso apasionado que sonó como música celestial para los oídos del fantasma.

PEDROOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO ABREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE

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