UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 21

 

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Maca no entendió la reacción de Esther. Miró a su tía que se encogió de hombros mientras salía tras ella a la carrera llamándola.

-¡Esther! ¡Esther!

DIEZ MINUTOS ANTES

Ante la reacción de Maca, Esther decidió seguirla hasta el cuarto de baño. Allí, la oyó claramente hablar. Se iba a retirar cuando escuchó algo que la dejó helada.

Al otro lado de la puerta, Maca caminaba de lado a lado de lavabo, con la respiración agitada, pasándose, una y otra vez, las manos por el pelo y la frente.

-Vamos respira… respira… ¡otia te va a dar algo!

-No puedo controlarlo.

Claro que puedes, es muy sencillo… vamos… vamos… Toma aire y dilo –en ese momento Esther llegaba a la puerta-. Vale… lo haré más fácil… yo seré Esther –entonces con voz fina de niña ñoña le dijo-. Cariño… te quiero.

-Y yo… yo también te quiero –Esther abrió de par en par los ojos.

Ohhhh…. Se me acaban de caer las bragas –Maca soltó una carcajada nerviosa-. ¿Pero me quieres mucho?

-Claro… te quiero más que a mi vida, me acabo de dar cuenta –respondió Maca muy metida en su papel. Cerró los ojos y murmuró con todo el amor que había en su corazón-. Te quiero… te amo.

-Ves no es tan difícil. Ahora, ¡sal ahí y díselo! Dile con el corazón abierto lo que sientes por ella. Y lo que quieres de ella.

-Quiero tenerte en mi vida hasta mi último aliento.

-¿Estás preparada?

-Sí.

-¡Con un par! ¡En nuestra familia no cabían los cagetas! ¡No vas a ser tú la primera!

-No, claro que no –sonrió nerviosa.

-¿Sabes lo qué te pasa? No eres capaz de transmitir lo que sientes.

-Lo sé, lo sé… lo he llevado tanto tiempo guardado en mi corazón que no sé cómo verbalizarlo.

-Eso es… venga… la última que soy Esther ¡¡Te quiero cariño!!

-Y yo a ti.

-¡A por ella que se va a caer de culo cuando le digas todo!

Al abrir la puerta ahí estaba Esther.

¡HAY QUE JODERSE CON LA NIÑA!! ¿A QUÉ AHORA SE CREE QUE ESTABA HABLANDO CON OTRA?

-Esther por favor… Esther escúchame –abrió la puerta y la vio preparando la maleta-. ¿Qué haces?

-¡Quita! –la apartó de un golpe.

-Esther por favor… no es lo que tú piensas.

-¡Ah, no! ¡No sé porque te creí! –la volvió a apartar para meter toda la ropa mal puesta dentro de su maleta-. Sigues siendo la misma… ¡cómo ibas a cambiar!

-A ver… por favor Esther, déjame que…

-¿Te lo has pasado bien?

-¡Para por favor! –la quiso detener pero Esther dada su furia la empujó quitándosela de encima.

-¡He sido una estúpida! ¿Te lo habrás pasado bien, no? –cogió la maleta y salió por la puerta.

-¡Esther, no! Escúchame.

-Maca –se detuvo cogiendo aire para tranquilizar su enfado y espetarle con total malestar-. ¡Déjame en paz! ¡Y vete a la mierda!

-Por favor, Esther, no es lo que piensas –se adelantó rápidamente a ella y se parapetó en la puerta de salida-. ¡Si ni siquiera llevaba el teléfono! Esta arriba en la habitación, ¡sube y me creerás!

-¡Apártate de la puerta! –su tono llevaba tanto odio que la alarmó, provocó que abriera mucho los ojos entendiendo que había estropeado la situación.

-Esther no estaba hablando con nadie, bueno sí…

-¿En qué quedamos, sí o no?

-¡Uf… no sé si me vas a creer!

-Estás ganando tiempo para inventarte una historia, como en tus mejores épocas –su ironía se clavó en ella como si llevara un cuchillo.

-Dame la oportunidad de explicarme, por favor –le rogó. El silencio de Esther pareció darle unos segundos de disculpa-. Llevo un tiempo conviviendo con alguien.

-¡Serás hija de….!

-¡No! ¡No! No es lo que crees –se apresuró a decirle Maca moviendo las manos agitadamente-. No es de este mundo –Esther la miró perpleja-. Tengo a mi lado a un fantasma, estaba tratando de practicar con ella lo que debía decirte a ti. ¡Dios cómo suena de mal! –se golpeó la frente entendiendo que era complicado creerla.

-Con los años has perdido facultades para inventar.

-¡Tía! ¡Tía por favor aparécete! –gritaba como loca mirando a su alrededor sin que sucediera nada.

-¡Estás peor de lo que pensaba! –la bordeó para marcharse. Pero Maca la detuvo.

-¡Esther… tú la viste! ¿Recuerdas la otra noche? Lo que te asustó… era ella.

-Te recomiendo un buen psicólogo.

-¡Tía… tía! ¡Dónde cojones estás! –pero ante sus suplicas lo que había era silencio. Esther salió por su lado como una flecha-. ¡Esther… Esther no puedes irte!

-Déjame en paz… te dejo con tu querida…

-Esther lo que te estoy contando es cierto… ¡tía, por favor! –la llamó entre dientes mientras Esther metía en el maletero su maleta-. Por favor Esther… ella ha venido para unirnos… ¿por qué crees que te encontré? –la perseguía hasta que Esther se metió en el coche y dio un portazo-. ¡Esther… Esther! –golpeaba la ventanilla.

Esther arrancó y la dejó allí, temblando por el frío y el miedo. Entonces Maca se giró, buscó con la mirada la figura de su tía. No podía ser que en ese momento que la necesitaba se hubiera esfumado. Era imposible, había llegado para ayudarla ¿cómo la había abandonado?

-¡Tía… por favor! –rogó mirando al cielo pero no halló respuesta y derrumbada susurró-. Esther…

Entró en casa con el rostro bañado en lágrimas, no podía ser… se negaba una y otra vez que aquello fuera real. Sentía los latidos en las sienes, el corazón corría desbocado y con golpes cada vez más fuertes. Las lágrimas recorrían las mejillas con una libertad absoluta. Tan solo tenía fuerzas para repetir el nombre de su amada… entonces… se abrió la puerta ¡era ella! ¡Había vuelto! Maca se quitó de un golpe las lágrimas y se precipitó hasta ella.

-¡Esther… Esther…!

-Se me ha olvidado mi portátil –se notaba en sus ojos que había llorado. Pasó por su lado a toda prisa.

-Por favor Esther… estaba hablando con mi tía, te lo juro, no sé cómo decirte que te quiero. Me ha entrado el miedo, nunca he dicho a nadie esa palabra…

Esther parecía que no le hacía caso, estaba recogiendo el cargador, la funda… todo sin ni siquiera mirarla. Maca la seguía hablando con los nervios desatados.

-Te quiero Esther, no sabía lo mucho que te quiero hasta que te has marchado. Era lo que trataba de sacar de mi pecho, me he agobiado… yo… yo…

-¡Eso se lo cuentas a tu fantasma! Pero para mí, hemos terminado para siempre, ¡y te doy las gracias!

-¿Las gracias? No quiero que me des las gracias quiero que te quedes.

-Te doy las gracias porque me has demostrado que puedo gozar con una mujer… al menos, me ha servido para algo esta pesadilla de encontrarte.

-Te amo –le dijo a bocajarro con los ojos repletos de ese sentimiento. Por un segundo, Esther se quedó perdida en aquella mirada-. Te amo, Esther. No hablaba con nadie… bueno sí, con mi tía que hacía de ti –entonces volvió a decirle con toda su ternura-. Te amo.

-¡Qué te vaya bien! Hablaré con Lourdes.

Esther se fue, desapareció, mientras Maca no daba crédito a aquel abandono. Miró a su lado con la frente arrugada, las cejas enarcadas y un gesto de dolor impregnado en su piel. Rompió a llorar al escuchar cómo arrancaba el coche. Se sentía doblemente abandonada…

-Esther… Esther… tía ¿dónde estás?… no…

A Esther se le había parado el coche, llevaba tal disgusto que quitó el pie muy rápido del embrague. Estaba destrozada, se había burlado de ella con una habilidad muy propia de Macarena Wilson. Se apoyó sobre el volante y rompió a llorar, ¿por qué la había creído? Todo lo que había visto de ella, era simplemente que estaba loca, ¡hablar de un fantasma! ¡Cómo le había tomado el pelo!

-He sido una idiota… eso es lo que he sido –dijo entre lágrimas y arrancó el coche, tomó aire y con toda su furia exclamó-. ¡Pero nunca más, Maca, nunca más vas a burlarte de mí!

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