UN FANTASMA PARA EL REENCUENTRO. 23

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Un ruido lejano pero insistente, como si fuera el replique de un tambor, llegaba a la mente de Maca. Una y otra vez. Le costó abrir los ojos. Notaba como se había dormido su brazo izquierdo que estaba debajo del cuerpo de Esther. Trató de moverlo sin demasiado éxito, mientras, el sonido seguía llegando a sus oídos. Una vez pudo despejarse del todo, se dio cuenta que aquello que sonaba era su teléfono móvil. Estaba recibiendo una llamada. Poco a poco fue separando el brazo del cuerpo de Esther. Entre algún quejido estiró su cuerpo mientras escuchaba la lluvia caer, insistentemente, el viento golpear las ramas y, estas, el cristal de la ventana. Todos los sonidos unidos, parecían una música celestial. Mientras, en la pantalla salía reflejado el nombre de Lourdes. De un salto se incorporó sentada en la cama.

-¡Joder… y ahora que le digo! –se puso la mano en la frente-. ¡Esther… Esther…!

-Mmmmm –musitó sin abrir ni ojos ni boca.

-¡Cariño levanta que es Lourdes! ¿Qué le digo?

-No sé… Maca… -balbuceó.

El teléfono dejó de sonar. Entonces, de otro salto, tan asustado como el suyo, Esther se incorporó en la cama, con el pelo revuelto, los ojos abiertos como platos.

-¡Maca, dime que todo ha sido un sueño! ¡Qué no he visto un espíritu!

-Esther –dio una carcajada-. Mi niña… sí has visto un espíritu, el de mi tía.

-Pero… eso no puede ser…

-¡Yo pensaba lo mismo! ¡Me parecía imposible! –le dijo desperezándose-. Pero es real.

-Entonces… me rompe mis esquemas –la miró con la frente fruncida.

-¿Por qué?

-Porque eso significa que existe otra vida… ¡yo no creía en otra vida! ¡En el más allá!

-Si te sirve, mi tía era atea… nunca creyó en estas cosas –le acarició la cara con extrema dulzura.

-¡Ay mi madre! –se quejó acercándose más a Maca-. Entonces…existe otra vida…

-Eso parece. Pero –le besó la punta de la nariz-. A nosotras–le dejó otro beso en la barbilla-. Lo que nos apremia ¡y mucho! –le dejó un suave beso en los labios ante la sonrisa de Esther-. Es esta vida…

-Tienes razón… -le devolvió el beso más intenso.

Entonces sonó el móvil, nuevamente.

-¡Lourdes! –se apartó de los labios Maca, haciendo que Esther casi cayera de morros-. Habla tú…

-¡No… no! ¡Habla tú!

-Esther… ¡tú la conoces más! ¡Yo no sé qué decirle! –Maca le movía el teléfono para que lo cogiera.

-¡Trae! –le cogió el teléfono y se levantó, al hacerlo se le cayó la sábana y se quedó desnuda ante el silbido de Maca-. ¡Calla!

-¡Qué buena estás!

-Lourdes, ¡hola! –se tapó con la bata que había de Maca-.Sí, sí, nos has pillado que estábamos trabajando y no oía el teléfono… Claro, ¿ahora? ¿En este momento? –miró a Maca con los ojos abiertos de par en par, por lo que estaba escuchando, sus nervios se alteraron se rascó la frente y le dijo-. Claro, ahora le digo a Maca que te envíe el montaje. Adiós.

-¡Qué! –dio un grito de perplejidad Maca.

-¿Qué hacemos? ¿No me dijiste que tenías una sorpresa para mí sobre nuestro trabajo?

-¡Si, claro! Pero era tuya… todas las fotografías que te saqué.

-¡Oh, mierda! ¿Y ahora qué hacemos?

Maca se levantó para vestirse, fueron hasta el ordenador y lo conectó con los nervios de que iba demasiado lento.

-Nos vamos a llevar una buena bronca, ¡y con razón! –Esther paseaba por detrás de la silla donde Maca estaba sentada.

-Vamos… vamos… -apremiaba Maca.

-Mira mejor la llamo y le digo que no tenemos internet. Nos ponemos a trabajar como locas con lo poco que tenemos.

-¡Esther, desde cuando te has vuelto una quejica! ¡Vamos… lo que tenemos es lo suficientemente bueno como para hacérselo llegar!

-Pero…

-Tú déjame a mí. Envíame tu crónica por correo… venga…

-La tengo en borrador.

-¡Venga! ¡Leches! Si te pilla mi tía estaría blasfemando –dio una risotada enorme.

Juntas se pusieron a trabajar con lo poco que tenían, Esther no estaba del todo segura, Maca no se detenía a pensarlo. Montaron las imágenes con el texto y se lo enviaron a Lourdes.

-Bueno… pues ya está –suspiró con fuerza Maca con su mirada fija en la pantalla.

-¡Madre mía! –musitó Esther tapándose la cara-. Maca, es la primera vez que doy de lado a mi trabajo. ¿Te das cuenta?

-Esther no te culpes, yo también, pero ha sido todo muy… no sé –agachó la cabeza cayéndole la melena a ambos lados de la cara.

-No lo digo por eso, lo digo porque es la primera vez que mi corazón gana a mi razón. Eso significa que mi corazón es por primera vez protagonista en mi vida… bueno… miento –Maca la miró fijamente con los ojos repletos de amor-. Ya lo fue pero no me di cuenta. Eres la persona más importante de mi vida, Maca. Siempre lo has sido. Te quiero, mi amor –le entregó una de sus maravillosas sonrisas.

-Y yo, Esther, te quiero con toda mi alma –se besaron en el mismo momento en que sonó el teléfono de Esther.

-¡Ay madre! –murmuró con miedo antes de darle a la tecla del altavoz-. ¡Hola, Lourdes!

-¡Pero qué es esto! ¿Qué es lo que me habéis enviado? –por su tono parecía estar muy cabreada.

-Es el primer borrador…

-¿Y me lo enviáis así? –insistió con voz fuerte.

-Es que…

-¡Pues si esto es el borrador! ¡Madre mía tenemos el premio ganado! Chicas sois un par de monstruas. ¡Me encanta! Las fotos son de una calidad extrema ¡Maca eres una máquina! Esther, este texto tiene fuerza, ¡mucha fuerza! Se nota que estás feliz –Esther y Maca se intercambiaron una mirada nerviosa-. Quiero en un par de días lo que vais a entregar, nada de borrador.

-Claro, claro… es que…

-¡Deja los es que, Esther! Sé que estáis empezando, y eso es bueno, para la creatividad también. Por cierto, ¿cómo lo lleváis? Ya puedo decir que sois pareja oficialmente, la guarra de Menchu se me ha adelantado con la noticia.

-Pero… -Esther se quedó de piedra.

-¡Puedes decirlo, Lourdes! Además, puedes estar tranquila, vamos a hacer el mejor reportaje. Ten por seguro que estamos en ello, pero, también es cierto que los desplazamientos son agotadores y tenemos que recuperarnos.

-Me hago cargo de ello… entre eso y el sexo… a lo que no reprocharé si a cambio tengo lo que quiero. El premio. Si no es
así, os despediré por mezclar sexo con trabajo. ¡Hala! A trabajar.

Las dos se quedaron mirando, fijamente, el teléfono. Pero Esther, que conocía a Lourdes, sabía que era su forma de presionar. Era una gran jefa, con métodos diferentes a los que ella había conocido, pero que habían conseguido que la agencia siguiera en su máximo nivel en tiempos de crisis. Por esa razón, a Esther le preocupaba tanto hacer las cosas bien. Dos golpes insistentes en la puerta, les llamó la atención, después, otros golpes más continuados les hicieron reaccionar.

-¿Qué pasa? –se preguntaron entre sí. Al abrir la puerta había una vecina con el gesto muy nervioso-. ¿Qué ocurre?
-¡Hija, menos mal que estás! Ha habido un accidente de coche, dentro iba un padre y su hija, pequeñina, el médico está desbordado y como tú eres médico –le hablaba a Maca que miró a Esther con cierto malestar, Esther agachó la cabeza como dándose cuenta de que no le había gustado nada su comentario-. Por favor… ¿puedes ayudar?

-Por supuesto, vamos, deje que nos abriguemos y vamos. –respondió Esther con nervios.

-Gracias.

-Venga Maca.

-Esther… -le dijo con tono de advertencia.

-Vamos… te necesitan.

-No puedo hacerlo –la miró aterrada.

-¡Claro qué puedes! De la misma manera que has podido hacerme cambiar mi visión sobre ti, de la misma manera que todo a lo que te dedicas lo haces bien, porque te mueve el amor, vas a poder sacar a esa niña hacia delante. Claro que puedes, mi amor.

Salieron corriendo, todo lo que podían y, la nieve les dejaba. Llegaron a la pequeña consulta del médico, allí, las mujeres y hombres, ayudaban como podían. El hombre sudaba y al ver a Maca, se notó como si sintiera un profundo alivio.

-¡Rápido, la niña! Tiene la pierna rota y hay que suturarle la cabeza… no sé cómo voy a atajar esa rotura… -el hombre hablaba preocupado y con perlas de sudor resbalando por su frente.

Maca no se movió del sitio donde estaba. Sintió como se apoderaba de su interior, nuevamente, el pánico. Fue Esther quien tiró de ella, acercándose hasta la camilla en donde la niña estaba acompañada por vecinas del pueblo llorando.

-Doctora… está muy pálida.

-Vamos Maca, venga… quítate el abrigo.

-¿Qué podemos hacer?

-De momento, déjenos solas, ahora cuando Maca evalúe la situación,
les decimos.

-De acuerdo… menos mal que está Maca –se dijo una a la otra en voz baja pero ambas pudieron escuchar nítidamente el comentario.

-Vamos cariño… no hay tiempo que perder –volvió a cogerla de la
mano Esther y a tirar de ella.

Maca se acercó a la niña, estaba semiinconsciente, sabía que el doctor le había puesto un calmante, poco más. Esther se puso a su lado, como si pudiera ayudarla. Sin duda, pretendía
darle el apoyo necesario para que pudiera actuar.

-Tiene una fractura muy complicada… ¡esto hay que operar! Madre mía –decía con los nervios reflejados en un ligero temblor de labios.

-Tranquila, Maca… lo estás haciendo muy bien.

-Cuando estuve en la selva, con los niños, vi una fractura igual. A ver… necesito varias cosas –decía nerviosa palpando con cuidado la pierna.

-Di –la miraba ansiosa porque se daba cuenta que estaba volviendo a ella la fuerza para actuar como médico.

Esther salió corriendo hasta la sala donde esperaban las mujeres y hombres, les indicó todo aquello que Maca le había hecho llegar, los hombres actuaron rápido, maderas las tenían a mano, hojas de árbol, las podían conseguir, algunas plantas que les había pedido se encontraban cerca del pueblo. Las mujeres miraban absortas el listado, pero necesitaba sábanas cortadas a tiras y, rápidamente, Esther se vio con ellas en las manos.

-Han ido a buscarlo, pero las sábanas ya las tengo.

-Quédate aquí, no te muevas de su lado. Necesito que el doctor me dé antibiótico y sedante.

-De acuerdo. Tranquila, pequeña… Maca, la doctora Fernández, ha vuelto.

Actuaron con rapidez, como si ambos estuvieran sincronizados, al padre le hicieron una punción para atajarle el neumotórax. Mientras había dado aviso para que la máquina quitanieves acompañara a ambas ambulancias. Pero sabían, que la vida de aquel hombre y su hija, dependía de cómo actuaran ellos en
aquellos momentos.

Los hombres llegaron con las maderas, Maca que al igual que el doctor, sudaba por la adrenalina de la responsabilidad de aquellas dos vidas, les explicó cómo debían cortarlas. Una vez, todo preparado, sedó a la niña con una mezcla de hierbas del monte que había pedido, las mujeres ayudaron en todo momento, los hombres se afanaban a retirar nieve como podían. Esther estaba a su lado durante todo el tiempo que estuvo trabajando. Sus ojos se cerraron de golpe cuando comprobó como el hueso salía por la piel de la pierna de la niña. Tuvo que hacer un esfuerzo mayor para controlar su impresión. Maca trabajaba con tanto cuidado, parecía que en cualquier momento, cualquier mal movimiento, podría romper del todo aquella pierna. Después, cosió la ceja, le curó la herida sangrante del brazo que el doctor le había empezado a limpiar y,
por último, le puso un vendaje en la cabeza.

-Creo que ya está –dijo Maca con la voz entrecortada… resopló… y se pasó la lengua por los labios, se le había olvidado casi hasta
respirar.

-¿Estás segura? –le preguntó Esther mirándola con una expresión de pena.

-Sí, ya no puedo hacer más por ella. Ahora tendrán que seguir en el hospital… si es que llegan… ¡cómo tardan!

-¿Entonces… estás bien?

-Sí, cariño –la miró sonriendo, agradeciendo su apoyo-. No lo hubiera logrado sin ti.

-Lo sé… lo sé…

-¡Esther! –le gritó tras ver cómo se desmayaba-. ¡Cariño! ¿Cariño qué te pasa?

-¡Ay madre que se ha desmayado! –decía la mujer que entraba para avisar que la ambulancia había llegado-. Maca, déjamela a mí, hija, ve con la ambulancia… creo que es solo un desmayo.

-Sí, sí.

-¡Ay…! –susurró Esther.

-Ya está… ya está… ¡ay qué floja eres!

-Estaba fuera… el hueso… estaba fuera –dijo en su defensa.

Las dos ambulancias, se marcharon del pueblo. El doctor y uno de los vecinos se fueron tras ellos. No se iba a quedar tranquilo hasta que no los viera en el hospital, y le dijeran que el trabajo había sido bueno. Maca se quedó limpiando el instrumental. Mientras, Esther se recomponía de su desmayo con una buena taza de chocolate, pero no de las burlas de las lugareñas.

Una vez dejó todo listo para cuando el doctor regresara, Maca, se sentó junto a las mujeres para tomarse una taza de chocolate. Hablaron durante un rato de lo que había sucedido, de cómo otras veces, también habían tenido que ayudar en accidentes, lo tenían asumido como algo más de la vida, con total naturalidad. Mientras, todas hablaban, Esther guardaba silencio. Maca se percató de ello y decidió salir de allí a que les diera el aire. Una vez en la calle, le dio la mano. Caminaron un rato entre la nieve, con el frío calado en el rostro.

-Gracias, Esther. Sin ti no lo hubiera logrado ¿sabes?

-Bueno… no sé… no he debido de ser de mucha ayuda –se quejó mientras elevaba los hombros.

-No digas eso ¡tontita! Mi niña guapa –la había parado para mirarla fijamente-. Me has ayudado a reaccionar. ¿Recuerdas lo que me estabas diciendo cuando han llamado a la puerta? –Esther asintió mirándola con un inmenso cariño-. Pues ahora puedo decir lo mismo, me has ayudado a romper la coraza y volver a sentirme útil. Has derribado mi miedo con tu amor, con tu confianza. Y eso es lo que siempre he soñado, tener a mi lado a alguien con quien poder confiar, poder tener ese nexo de amor infinito. Aunque me diera pánico.

-Maca… es como si todo fuera un milagro, ¿te das cuenta?

-Sí –le sonrió ampliamente-. No creía en ellos, ni en fantasmas, pero mi tía siempre me decía, cierra los ojos y siente lo que quieres conseguir, solo con amor lo lograras. Y aquí está… siempre quise que fueras tú.

-Es maravilloso… -comenzó a nevar-. Estoy cagada de frío pero es maravilloso…

-¡Yo también! –dieron una carcajada-. ¿Pero sabes cómo se va el frío?

-¡No, Maca! Ni se te ocurra –le decía al ver cómo estaba haciendo una bola con nieve.

-¡Así! –le echó la nieve dándole en toda la cara.

-¡Te vas a enterar! –comenzó a recoger nieve para echársela.

-MIRALAS… SI ES QUE SON COMO NIÑAS… ¡DI QUE SI, OTIA! QUE BONITO ES EL AMOR.

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