UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 3

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Ante la pizarra los dos detectives, y la inspectora, hacían las anotaciones que el interrogatorio les había dado como aclaratorias.

-Yo creo que este asesinato está muy claro… -fue el detective Tur quien habló primero.

-Yo no lo veo tan claro –dijo Maca con la frente arrugada que daba muestras de su concentración. Tras un suspiro se preguntó en voz alta-. ¿Para qué las quería matar? Indudablemente para robar…pero… la asistenta dijo que no faltaba nada.

-Sí, pero también dijo no estar segura si tenían o no caja fuerte y, en caso de que tuvieran, donde estaba –agregó Tur.

-Inspectora, con todos mis respetos –apuntó el inspector Martín-. Imagino que la señorita García pensó que al ser tan evidente la noche de orgía, ella nos diría que se fue dejándolas vivas y no pensaríamos que iba a ser tan incuestionable que había sido ella, que es una puta de lujo que nada más fue a trabajar, cobró y se fue.

Evidentemente, es novata, está claro que su intención era robarles –acabó hinchando su pecho orgulloso de su teoría.

-¿Y qué robó? –los miró pensativa ante los gestos de los dos hombres de duda-. No vimos nada… no hallamos la supuesta caja fuerte que podrían tener… y, en casa de Esther, tampoco había nada concluyente, el dinero que nos ha dicho que cobró es, exactamente, el que se encontró en su cartera.

-¿Y la ropa?, ¿qué cojones hizo con la ropa que llevaba? –se preguntó en voz alta Maca-. ¿Y los ordenadores de la pareja los han visto ya?

-No… están en ello.

-Será cuestión de volverle a insistir, creo que con mi lado malo la he turbado lo suficiente como para rematarla, ¿no le parece, inspectora? –preguntó con una sonrisa cínica.

Maca no le contestó, tan solo le dedicó una mirada cargada de irritación.

-¿Qué tal va la investigación, inspectora?

Apareció la capitana, Claudia Castilla, se colocó junto al detective Martín, observando la pizarra y las anotaciones que hasta ese momento tenían. Hizo un pequeño gesto en su rostro que Maca entendió muy bien.

-Parece demasiado fácil, ¿verdad? –le preguntó, Maca.

-¿Es una asesina principianta? –enarcó sus cejas un tanto incrédula ante lo que veía anotado en la pizarra.

-Me acaban de dar los movimientos bancarios de la prostituta –apuntó el detective Tur mirando su tablet-. Por lo que veo…bastante malos. Según esto tenía en su cuenta un total de cinco euros con diez.

-Ya tenemos un supuesto móvil, dinero –murmuró Maca en voz alta.

-También me dicen que hace cinco meses fue desahuciada de su piso por no pagar la hipoteca.

-Sí, por lo que veo era enfermera –agregó el inspector Martín mirando la tablet donde les habían pasado la información-. La echaron del hospital “La Paz” debido a los recortes.

-¿Y qué dice el doctor Rubio? –preguntó Claudia.

-Aún nada concluyente… aunque para él en el lugar de los hechos ya le pareció que era un asesinato evidente. La muerte se había producido entre las nueve y las once de la noche.

-¿La detenida tiene coartada para esas horas?

-Según ella se fue de la casa a las diez de la noche, para la hora posterior dice que no tiene coartada. Lo extraño es que la alarma estaba puesta cuando entró la asistenta –dijo Maca con el ceño fruncido.

-Deberían ir a su casa otra vez, revolverlo todo de arriba abajo porque sin duda esta mujer necesitaba dinero y la pareja lo tenía.

-No ha podido tener tiempo para ingresarlo en ningún sitio, en el caso de haber robado joyas podría haber ido a empeñarlas, pero debería tener el dinero en su casa, y no era así. Nos tienen que entregar el listado de las llamadas telefónicas que hicieron las tres. Triangular sus llamadas para ver que nos encontramos igual en ese momento tenemos más información –hubo un pequeño silencio que daba a entender que cada uno de ellos estaba pensando en las posibilidades de cotejar todos los datos que tenían. Fue nuevamente Maca quien tras dar una palmada en sus muslos y con decisión rompiera el silencio-. ¡Está bien! Voy a volver a hablar con ella, que me dé el nombre de la madame y, Martín y yo, iremos a hablar con ella. Usted, Tur, vaya nuevamente a casa de la sospechosa con un grupo de hombres y si tiene que destrozar todo, ¡hágalo! Si ha matado a esas dos mujeres, sabía que íbamos a ir a por ella, y lo debe de haber escondido, bien escondido.

-Es injusto –protestó el detective Tur-, ¿por qué debo ir yo a la casa y usted a ver a la madame que debe estar pa’comérsela?

-¿Debo contestarle? –lo miró enarcando una ceja-.¡Vamos!

Nuevamente, se encontraba Esther en la sala de interrogatorios. Esperaba con un ligero movimiento de ambos pies, sin duda, parecía nerviosa. Aunque trataba de controlar al máximo todos sus movimientos porque sabía que estaba siendo observada con detalle. Exhaló un profundo suspiro para controlarse. Debía responder y seguir con lo que había contado, no había más. Esperaba la entrada de la inspectora, sin embargo, quien entró fue otro hombre que recordó al instante haberlo visto moviendo los muebles de su casa buscando algo. El hombre se sentó frente a ella, su rostro era bastante suave, sus facciones le delataban como un hombre bueno. Esther respiró aliviada.

-Verá… estoy aquí porque necesito que me diga el nombre de su madame.

-No se lo puedo dar… -contestó con tono firme, sin titubear.

-En ese caso estará obstruyendo nuestra investigación, ¿se da cuenta que eso la puede perjudicar?

-Lo siento pero no puedo… -negó con la cabeza mientras cerraba los ojos.

Al otro lado del cristal, Maca observaba a la chica, tenía dudas, serias dudas. A veces parecía culpable, a veces parecía inocente, pero siempre le daba la sensación de una mujer enigmática y algo débil pero a la vez con garra. Justo la mezcla perfecta que tanto le gustaba. Pasó la lengua por los labios, aquella chica de pelo corto, mirada nerviosa, labios delgados y aquella graciosa arruga en la barbilla, provocaba en ella cierto aturdimiento.

-Mire… ¿señorita? –ella asintió-, mire señorita García, no está usted en condiciones de negarse a colaborar, ¿sabe lo que haría yo si estuviera en su lugar? –los ojos de Esther se clavaron en aquel hombre, que sin saber por qué notó como un escalofrío recorría su espalda-. Colaboraría. Todo lo tiene en contra, según usted es inocente, pues ayúdenos y podremos ayudarla.

Tras unos instantes de pesado silencio donde se escuchaba perfectamente el sonido quejoso de la vieja calefacción, Esther dio el nombre.

El detective salió y anotó en la pizarra aquel personaje nuevo en la investigación. Sin muchas dilaciones, Maca salió con paso firme, su actitud siempre segura de sí misma era la envidia del resto de mujeres y muchos hombres de la comisaría. A parte de su belleza, otra cualidad era su decisión a la hora de actuar. Era una de las policías más condecoradas de la ciudad, había recibido alguna paliza y hasta algún balazo. Reconocida y respetada por sus compañeros, temida por los maleantes.

En la celda, Esther trataba de controlar la respiración, sentía que estaba a punto de morir por la claustrofobia. También por el miedo a lo que podría pasar, esperaba ansiosa que volvieran, necesita hablar pero si podía, solicitaría que nada más estuviera presente la inspectora. Suspiró mordiéndose la uña de su dedo pulgar. Debía pensar muy bien que iba a decir.

De pronto, escuchó el sonido de unos tacones acercándose hasta su celda.

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