UN TRIO DE MUERTE. CAP. 4

PhotoGrid_1423083110409

Su cuerpo se puso en tensión, suspiró con fuerza, intuía quien llegaba. Levantó la mirada y allí estaba frente a ella. Una mujer espectacular, se notaba su seguridad, su fuerza. Llevaba unas botas negras de cuero con un pantalón vaquero azul claro, un cinturón negro con una gran hebilla de plata, una camisa negra con el botón estudiadamente desabrochado hasta el borde de su escote, la melena suelta y una mirada un tanto inquisidora, pero a la vez, amigable.

-Hola, inspectora –la saludó con voz cansada.

-Hola. Me gustaría hacerle una pregunta.

-No esperaba otra cosa. Ya les he dicho el nombre de mi jefa, todo lo que sé, ¿ahora qué quiere?

-La noto un poco a la defensiva. Y no estoy aquí para ir en su contra.

-Ya… ya… quiere ayudarme –apoyó los codos sobre sus muslos en actitud derrotada, pasándose las manos por la cara.

-Quiero que me diga ¿qué hizo con la ropa que utilizó la noche de autos? –Esther la miró con cierto temor-. La necesitamos.

-La eché a la basura –murmuró sabiendo que se metía en un lío.

-¿Ah, si? ¿Y eso por qué?

-No conservo nunca la ropa, no lo soporto, sé que esto suena fatal.

-Pues sí, no ayuda.

-Lo sé… no me ayuda nada –renegó.

-Tiene derecho a hacer una llamada –la miró fijamente esperando cualquier suplica o cualquier explosión en llanto, pero ni siquiera se movió-. ¿No tiene a quien hacer esa llamada?

-Prefiero que no.

-De acuerdo.

Al escuchar sus pasos alejarse, cerró los ojos.

-¡Mierda! –masculló con rabia dando un golpe a la pared.

Maca y su compañero, llegaron hasta una finca bastante humilde de un barrio de Madrid, Esther les había dado la dirección de la madame, a modo de colaboración. Sabía que aquello no era lo que debía hacer, pero necesitaba dar un golpe de efecto. Aprovecharon que la puerta del portal estaba abierta para entrar y subir con el ascensor hasta la cuarta planta. Se miraron asintiendo con seguridad antes de llamar al timbre. Notaron como apartaban el tapón de la mirilla y los observaban desde el otro lado de la puerta. Le dieron la oportunidad de abrir antes de presentarse ante la mirilla con la placa. Y así fue. La mujer abrió la puerta un poco asomando la cara.

-¿En qué les puedo ayudar? –les preguntó algo inquieta de verlos allí.

-¿Teresa Montoro? -preguntó Maca.

-Sí…soy yo –respondió con dudas.

Maca se encontró con una mujer de aspecto cuidado, rápidamente hizo un cálculo de su edad, pensó que rondaría los sesenta, de pelo más bien corto pero bien peinado, con los ojos y los labios pintados suavemente, con una camisa blanca y falda color berenjena, le habló un tanto inquieta con gesto desconcertado.

-Soy la inspectora Fernández –le enseñó la placa-.Venimos a hablar con usted.

-¿Sobre mi hija? –preguntó abriendo los ojos de par en par.

-¿Su hija es Esther García?

-¿Esther…García? –la pareja asintió al mismo tiempo. Teresa se sorprendió al escuchar su nombre y contestó con un leve murmullo-. No.

-Pues entonces no. ¿Podemos pasar? –le preguntó Maca con amabilidad.

-Sí…claro… pasen, por favor

Abrió del todo la puerta dejándoles pasar. Maca notó su profundo suspiro cuando pasó por delante, de soslayó vio como ponía la mano sobre su pecho que parecía haberse alterado levemente, como si algo le hubiera perturbado. Sin duda no era referente a Esther García, eso le quedó claro a la inspectora. Cerró la puerta mostrándoles una sonrisa bastante triste antes de guiarles por el pasillo largo y estrecho hasta el comedor. Por lo que estaba viendo Maca, podía decirse que era una casa muy modesta, pocos muebles, pocos excesos. Les señaló un viejo sofá con una manta granate para que tomaran asiento. Su gesto era una mezcla entre preocupado y fastidioso por la presencia de aquella pareja. Tomó asiento en un sillón orejero que había junto al sofá y les dijo con tono amable pero seco.

-¿Y bien?

-Me gusta ir directa a las cosas, por eso me encantaría que usted colaborara con nosotros y todo sería mucho más sencillo –se había sentado con sus piernas algo abiertas y acodaba sus brazos sobre ellas, una actitud muy poco femenina pero que le daba cierto aire de poder –Teresa asintió como dándole a entender que así sería. Maca preguntó sin apartar sus ojos inquisidores de ella-. ¿Usted es la madame de Esther García, verdad? –Teresa exhaló un profundo suspiro si lo sabían, algo había pasado, sus chicas eran conscientes de que ese tema era secreto para todos-. Ese gesto nos dice que sí. Está acusada de asesinar a la pareja que contrató sus servicios.

Teresa cerró los ojos impactada por lo que acababa de escuchar. Maca la miraba intensamente, sin saber que la mujer estaba acostumbrada a los interrogatorios, su vida había sido bastante desgraciada y se había tenido que dedicar a la prostitución. Después de mucho tiempo, logró tener un reducido número de mujeres que trabajaban para ella, pero nunca le había ocurrido algo como aquello. Un asesinato. Realizó un profundo suspiro, un gesto como dando a entender que iba a colaborar.

-Esa chica… no estaba preparada para esto… -negó con la cabeza mientras fruncía la barbilla-, pero no es capaz de asesinar.

-Empecemos por el principio, señora –le dijo el detective sacando un bloc de notas-. ¿Cómo conoce a esta mujer?

-Por mediación de una de mis chicas. Era compañera de trabajo. Ambas se quedaron en la calle con los recortes, ambas con diferentes dramas. Me dijo que ella era lesbiana, que si podía darle trabajo estaba dispuesta a hacerlo bien.

-¿Cuánto tiempo lleva con usted? –preguntó Maca con la frente fruncida.

-Cinco meses. Ella y otra chica que tengo son las especializadas en trabajar con mujeres.

-¿Y esa otra chica? –la miró con el ceño fruncido, su cabeza ya había empezado a crear posibles conexiones en aquel asesinato.

-Tienen una sana disputa, parece ser que son bastante buenas y sus agendas son importantes. Trabajaban bien, pero Esther le quitó una clienta a la otra chica y, desde entonces, la relación era bastante tirante. Hicieron algún trío juntas pero… es una lástima –se quejó ante la estupefacción del detective.

-¿Cuándo fue la última vez que vio a la señora García? –le preguntó Maca.

-Hace dos días. Vino para cobrar.

-¿Cobrar? –le sorprendió aquel comentario, en el banco no había ni rastro del
dinero.

-Sí, tenía que pagar a su casero, lo que se llevó era para pagar. Eso me dijo.

-¿Cuánto dinero le entregó?

-Normalmente, les entregó el dinero tras su trabajo, porque no admito cheques ni transferencias bancarias…

-Para no dejar rastro –apuntó el detective con una sonrisa irónica.

-Efectivamente, la vida está muy jodida, hijo. Como decía –prosiguió con cierto tono de malestar por su intervención-… cada trabajo se cobra en metálico, de ahí les doy su parte. Sin embargo, el anterior trabajo de Esther, no se lo pagaron a ella, me lo pagaron a mí por adelantado por eso vino.

-¡Debe ser muy buena para que le paguen por adelantado!

-Tiene clientas fijas…

-Necesitaremos los nombres de todas ellas…

-Eso no lo puedo hacer.

-¿Quiere que vengamos con una orden?

-¡Ah y también el nombre de la compañera!

Teresa se levantó dejándolos solos, se miraron haciendo un pequeño movimiento de cabeza, no les iba a solucionar mucho interrogar a las mujeres que habían estado con ella, sin duda, todas estaban vivas. De pronto, apareció ante ellos, un enorme gato persa blanco, con unos ojos intensamente amarillos. Maca se quedó fascinada con él, sonrió y el lado humano, ese que pocas veces habían visto apareció en ese momento para tender su mano y dejar que el animal pasara todo su cuerpo hasta la cola por ella.

-¡Vaya le ha caído bien a Princesa! Debe ser usted buena persona… espero que aclare todo esto… no veo capaz a Esther de matar.

-¿Y a usted de enviarla a hacerlo, tampoco, verdad?–le preguntó Maca, mirándola con cierto desafío.

-Mire inspectora, desde los catorce años estoy luchando en esta miserable vida, mi madre nos abandonó a mi hermana pequeña y a mí, tuve que huir para que no nos metieran en un orfanato, mal vivimos en pueblos pequeños hasta cumplir los dieciocho años, entonces adopté a mi hermana. Me hice puta, de las de antes, de las de la calle burdeles de mala muerte, chulos que se aprovechaban de mí, después tuve la ocasión de meterme en un burdel de lujo, de ahí pase a tener mi 2propio negocio, eso sí, pequeño pero que me da para vivir. Mis chicas tienen todo cubierto, médico, seguridad social, las ayudó en todo cuanto puedo, trabajan por necesidad que ya es bastante duro como para además, instigarlas a un asesinato. Puede registrar mi casa, le doy permiso, ¡pero le advierto algo! No va a encontrar nada ¿sabe por qué? Porque estoy segura que Esther García no ha matado a esas mujeres, tengo putas, no asesinas. Y Esther tiene demasiado corazón para matar a alguien ¡le ha quedado claro!

-Muy claro, sí –dijo dando una palmada en el aire y colocando su espalda en el asiento.

-¿Puedo ir a verla?

-No. Cuando pueda, ya le avisaré. ¿Tiene familia?

-Su madre, le va a dar algo a la mujer cuando se entere… esto ha sido una trampa…estoy segura.

-Bien…-suspiró Maca-, centrémonos en las clientas mientras mi compañero repasa sus notas. ¿Quién contactó con usted?

-Me llamó una tal Luisa, quería los servicios de Esther García.

-¿Era la primera vez que se ponía en contacto con usted?

-Sí. No me extrañó que me pidiera sus servicios, Esther trabaja mucho con mujeres de alta sociedad que son las que pueden pagar este tipo de servicios, digamos… un tanto especiales por el tiempo que les dedican.

-¿Le dijo quién le había recomendado?

-No.

-De acuerdo –exhaló un profundo suspiro-. Seguiremos investigando.

-Ya lo tengo todo, inspectora.

-Estoy a su disposición para lo que necesiten. Y por favor… cuando pueda visitarla, avísenme.

La gata volvió a pasar su cola por las piernas de Maca. Se fueron con una sensación rara, aquella mujer era ciertamente extraña, pero a la vez, parecía sincera.

-¿Qué te ha parecido? –le preguntó el detective mientras marcaba el botón del ascensor para bajar.

-Creo que nos ha dicho la verdad.

-No sabía que tenías corazoncito, inspectora –se burló de ella con una sonrisa cómplice, ante esa sonrisa, Maca nunca podía quejarse.

-¡Vamos a interrogar a Esther! Hay algo extraño en todo esto.

-Esa mujer parece tener dos caras, inspectora. Cuando le pregunté por el nombre de su jefa, su mirada helaba la sangre.

-Sí, me he dado cuenta, a veces parece un ángel, y a veces el mismísimo diablo.

-¡Menos mal qué también lo has notado!

Un pensamiento en “UN TRIO DE MUERTE. CAP. 4

  1. Magnifico, que hayas activado los comentarios, tu historia engancha y con cada capitulo lo haces mas interesante, en espera de su continuación

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s