UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 5

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Al llegar a la comisaría, Maca y el detective Martín, agregaron el nombre de Teresa Montoro a la pizarra. Después, Maca se fue hasta la morgue para poder hablar con el doctor Rubio.

-¡Qué tal, inspectora!

-Vengo a ver que me tienes reservado en este caso, espero que algo bueno.

-Poca cosa, no fueron drogadas, el alcohol en sangre es mínimo, no sufrieron, podría asegurar que Luisa estaba dormida, pero Elena si tiene una leve alteración.

-¿Puede eso demostrar que fue un suicidio?

-Podría haber pasado por un suicido excepto por la trayectoria de la bala y la posición del brazo. Para mí, quien las mató estaba detrás de Elena, el disparo a Luisa fue desde la altura de Elena, imagino que pudo despertarse por el sonido y en pocos segundos debió dispararle.

-Bien… ahí tenemos claro que las asesinaron. Ahora… a Esther no se le ha encontrado pólvora en los dedos, podría haberse puesto un guante para disparar.

-Evidentemente.

-La verdad que lo tiene muy complicado –dio un chasquido.

-¿Crees en su inocencia? –se puso al otro lado de la mesa esperando su reflexión.

-¿No ves qué es todo demasiado evidente? –lo miró fijamente mostrando que su mente no cesaba de dar vueltas al caso.

-Por mi trayectoria como forense, podría decirte que ha sido un asesinato chapucero por su parte, demasiado, sí.
Maca volvió a su mesa de trabajo, había pedido que sacaran nuevamente a Esther y la dejaran en la sala de interrogatorios. Escuchaba atentamente al detective Martín.

-Teresa Montoro, tuvo problemas en la dictadura, parece que todo lo que nos ha contado es cierto, varias detenciones por ejercer el oficio más viejo del mundo. Después, pasó a cotizar en la seguridad social y ningún rastro de otro trabajo. Tiene algo más de dos mil euros en una cuenta, la casa donde vive pagada, además del gato tiene una hermana y… aquí viene algo curioso –Maca prestó atención-. Hace unos meses que solicitó a un abogado que estudiara su caso, al parecer, tuvo una hija o hijo y pertenece al grupo de madres con bebés robados.

-¿Podría ser Esther?

-Ella dijo que no… -la miró con la frente arrugada-. Es más… si te acuerdas cuando nos vio nos preguntó si le había pasado algo a su hija.

-Es cierto –Maca se pasó la mano por la barbilla mientras entrecerraba los ojos-. Necesito hablar con Esther sola. ¿Ha llamado Tur?

-Aquí lo tenemos–puso el manos libres y le dijo sonriendo-. Te escucha toda la comisaría, viejo.

-Bueno… como esta mujer no sea culpable nos va a pedir daños y perjuicios –soltó una risita maliciosa, Maca y Martín, se cruzaron la mirada mientras negaban con la cabeza-. Está limpia, no hay nada, ni dinero, ni joyas. Hemos revisado, techo y paredes, limpio. Se podría decir por lo que tiene en su casa, que esta mujer vivía muy malamente.

-¿Y si el dinero se lo entregó a otra persona? –preguntó Martín elevando su pensamiento al aire

-Podría ser… quiero que veáis si tenemos suerte y las cámaras de la zona funcionan… ella dice que no tiene coartada durante esa hora, vamos a ver si es verdad. ¡Bien visto, Martín!

-¿Qué tal con la madame? –les preguntó algo celoso por no recibir los mismos elogios de su jefa.

-No nos ha dado muchas pistas, pero asegura que Esther es inocente –le contó su compañero ante el silencio de la inspectora.
Maca tenía muchas cosas revoloteando en su cabeza, necesitaba asentar las ideas y lo mejor, era un cara a cara con Esther. Esta vez sería a solas, sin intimidarla, dejándola hablar. Antes de entrar, cogió aire.

-Hola –la saludó con tono frío pero algo cercano.

-¿Qué ha dicho Teresa? Cuando salga de aquí no me va a querer ver –dijo con preocupación.

-No lo creo –hizo un mohín con su barbilla-. Dice que eres inocente.

-Menos mal–murmuró cerrando los ojos como si se quitara un peso enorme de encima.

-Bien. He estado estudiando todo este caso. Tengo algunas ideas al respecto y voy a darte la oportunidad de que puedas explicarme lo que sucedió, antes de que saquemos tu fotografía en los telediarios.

-¿Cómo? –la miró por primera vez con terror, entonces cerró los ojos con si no pudiera creer lo que le estaba diciendo-. No puede hacer eso… quiero a un abogado, esto es injusto, no puede hacerme eso.

-Claro que puedo, puedo retenerte 72 horas, si quieres un abogado lo tendrás, pero… no te lo recomiendo.

-Mi madre… mi madre no puede ver eso en la televisión… no puede –decía fuera de sí.

-Puedo hacer un trato contigo –la miró intensamente incorporándose sobre la mesa con actitud decidida y fuerte, esperó el tiempo suficiente para que Esther posara los ojos en los suyos-. Si tú me ayudas a mí a resolver este caso, yo te ayudo a ti en retrasar todo lo que pueda decir tu nombre.

-De acuerdo –dijo atropelladamente-. Pero… hay un problema.

-¿Cuál?

-Que ya le he dicho todo lo que pasó.

-Sé lo que me has dicho… pero no creo que me hayas dicho toda la verdad.

-Se lo juro, yo no las maté, me fui y estaban vivas. Se lo juro… se lo juro –decía con actitud totalmente desbordada.

-Voy a decirte lo que yo creo, fuiste a esa casa a hacer tu trabajo, una vez acabaste te aseguraste de que estuvieran bien cansadas, adormiladas, imagino que de algún modo que aún no he averiguado había alguien más en el interior –Maca la miraba intensamente sin despegar ni un milímetro los ojos de los otros que se contraían nerviosos, hablaba despacio a golpes de pausa para que Esther entendiera su argumento-, las matasteis haciendo creer que era un suicidio, robasteis el dinero y se lo entregaste a tu cómplice –en ese punto, hizo una pausa que tenía muy estudiada, iba a crearle una trampa y tenía que parecer lo más verdadera posible-. Llamaste a Teresa para decirle que el trabajo estaba hecho y le entregaste el dinero. Sabías perfectamente que íbamos a ir a por ti, buscaríamos en tu casa pero no encontraríamos el dinero. Para cuando fuéramos a casa de tu madame, el dinero ya no estaría allí. En estos momentos mis hombres van a detenerla. Si hablas, podríamos luchar por reducirte la pena por colaborar con nosotros en la detención de tu cómplice, ¡tenemos los indicios y pruebas!, lo único que queda es que te entregues porque… en cuanto a Teresa la metamos aquí, va a acusarte de todo y vas a pagar muy caro lo que has hecho.

Su tono fue tan contundente, que podía haber hecho que Esther en esos momentos firmara la declaración. La mirada de Maca había eclipsado a la presunta asesina, ver como los labios sedosos de la inspectora se movían de manera tan delicada, sus gestos tan bellos, había sido un momento en el que sin apenas percatarse ninguna de las dos, se había creado un clima tenso, las endorfinas de las dos habían volado por la sala atrapando a la otra. Casi sin escapatoria Esther había dejado que la voz sedosa, aquella lengua que paseaba provocativa rozándose los labios de este a oeste, el botón de la camisa de la inspectora, toda ella era tan deseable que Esther podía haber firmado su condena allí mismo sin defenderse.

-¿Me equivoco, Esther? –preguntó con su mirada fría e insistente.

-Ya se lo he dicho, llegué, Luisa volvió a poner la alarma, subimos hasta la habitación, bebimos una copa que ni terminé, porque no me dejaron, me pasé durante todo el tiempo, soportando que Luisa hiciera conmigo lo que quisiera, parecía que nunca tenía bastante, estaba deseando irme… ¡cómo coño voy a matarla! ¡Cómo! ¡En mi vida he visto una pistola! Y lo del dinero… meter en esto a Teresa… ¡por dios! ¡Está loca! –le increpó sin poderlo evitar, las venas de su garganta parecía que iban a estallar, sentía que sus sienes le estaban golpeando duramente-. No me lo puedo creer, no me lo puedo creer.

Maca dejó que se tranquilizara, estaba acostumbrada a que los presuntos culpables, se pusieran de ese modo, que gritaran, golpearan la mesa, juraran y lloraran. Tras unos instantes de silencio donde la respiración jadeante de Esther tomó protagonismo, la inspectora se levantó, se acercó hasta una de las paredes donde había una pequeña mesa y un vaso. Le sirvió agua y se sentó, nuevamente.

-¿Dónde lo has llevado? –Esther renegó negando con la cabeza. Por unos instantes se quedaron mirando fijamente-. Si confiesas… tendrás a cambio una recompensa.

-¿Cómo voy a confesar algo que no he hecho? Se lo juro… por favor… tiene que creerme… le estoy diciendo la verdad. Teresa no tiene nada que ver, ni siquiera yo… no he hecho nada ¡esto es una pesadilla! –se reclinó en la silla con gesto desesperado, después volvió a apoyarse sobre la mesa y le dijo mirándola a los ojos fijamente-. Le doy mi palabra que yo no he hecho nada, le doy mi palabra –mantenía su mirada-, que Teresa nunca me ha propuesto hacer algo deshonesto, se lo juro por mi vida.

-De acuerdo… voy a tomar esa palabra. Vamos a ir a que me expliques sobre el terreno lo que sucedió, lo que hiciste, vamos a reconstruir los hechos uno por uno –Maca suspiró con fuerza-. Pero antes, necesito que me hables de tu compañera de trabajo, o, tu enemiga.

-Somos las únicas que trabajamos con mujeres para Teresa, ni es amiga ni enemiga.

-¿Quién de las dos llevaba más tiempo? –su tono se mantenía amigable.

-Ella –por un momento sin saber porque se sintió aliviada, como si la mujer que le había hechizado instantes antes, pudiera acariciarla con cada palabra.

-¿Pudo creerse en algún momento que le querías quitar el puesto?

-No la entiendo –la miró confundida.

-Aseguras que no has matado a nadie, que cuando te fuiste estaban vivas, veo demasiado chapucero que las mataras dejando tus huellas por doquier, puede que estés desesperada pero estoy segura que no eres tonta.

-¿Me cree? –la miró con un gesto de alivio que le hizo volver a llorar.

-De momento todas las pruebas que tenemos apuntan a que quien las mató, fuiste tú. Pero también es cierto, que algo me dice que no eres culpable.

Esther suspiró con fuerza mientras se pasaba las manos por la cara. Le dio el nombre de su compañera. Le habló que tenían sus discrepancias pero no la veía capaz de tenderle una trampa, tal y como Maca sospechaba. No le cabía en la cabeza, ¿cómo iba a hacer algo así?

-Bien… pues si no tienes nada más que contarme.

-Sí, hay algo más, pero… -se tapó la cara con las dos manos, Maca notó que le iba a costar decir lo que fuera-. Me gustaría que esto quedara entre estas paredes, por favor.

-No te lo puedo asegurar… si es prueba de la investigación.

-Leire, trabaja por cuenta propia a espaldas de Teresa. Un día me dijo que la acompañara que una mujer muy importante quería un trabajo especial –Maca aunque trataba de centrarse en sus palabras, no podía dejar por un momento de recrear imágenes en su mente, aquella mujer su aparente mezcla de fragilidad y fuerza la atraía desmesuradamente-. Así que fuimos juntas, me hizo prometer que nunca se lo diría a Teresa.

-¿Y se lo dijiste a Teresa? –su voz sonó algo temblorosa, sus pensamientos le estaban jugando una mala pasada. Debía concentrarse.

-No –negó con la cabeza con rapidez-. Teresa tiene muchos contactos, es muy buena mujer, pero no acepta que nadie la trate de engañar.

-¿Ves a tu compañera capaz de tenderte una trampa y asesinar a la pareja?

-No… de eso no, ella quizá pensaba que yo iba a hacer lo mismo en cuanto a tener citas paralelamente, que a lo mejor podría quitarle sus clientas pero…

-¿Era cierto?

-No –suspiró con cierto dolor en su interior-. No hubiera sido capaz.

-De acuerdo. Veamos que me cuenta tu compañera.

Al salir, la estaban esperando sus detectives. Maca dejó unos folios sobre la mesa, miró a ambos hombres y les dijo:

-¿Sabéis? Creo que Esther no es la asesina –su tono fue contundente.

-¿En que se basa? ¡En que es lesbiana! –le recriminó Tur

-Mañana llevaremos a Esther a la escena del crimen, vayan preparando todo. Además, quiero que traigan a Teresa aquí, cogeremos su ADN para cotejarlo con la escena del crimen y por si nos ha engañado, con Esther a ver si es su hija y está tratando de protegerla. Mañana a las siete aquí.

El inspector Tur fue tras ella, le fastidiaba tanto la prepotencia de Maca, pero sobre todo, le fastidiaba tanto que tuviera razón. Pero en aquel caso él lo tenía muy claro, una idea le rondaba en la mente y por más que trató de controlarse, sus labios fruncidos y sus manos temblorosas le hicieron desbocarse.

-Inspectora, sé que está pensando con su entrepierna, no con la cabeza… si lo que quiere es tirarse a Esther, le aseguro que le proveeré un bis a bis en la cárcel, pero no me toque los cojones con este caso.

-Piensa el ladrón que todos son de su condición, detective. ¡Sabe! Creo que por eso nunca ascendió, le puede la envidia.

Cruzaba la ciudad en moto, en su mente resonaban las palabras de Tur, la declaración de Esther, era un caso fácil pero al mismo tiempo, complicado. La prensa se les echaría encima, Claudia le pediría una resolución rápida para no tener que soportar presiones, era otro de esos casos que le quitaban el sueño. Llegó a un hotel de cinco estrellas, avisó al recepcionista de que iba a tener una visita. Entró en la habitación el reloj marcaba las ocho de la noche. Guardó la pistola y la placa en la caja fuerte. Se sirvió una copa del cava que les habían dejado y esperó. Se sentó en el cómodo sillón que había junto a la ventana, saboreó el líquido fresco que pasó por su garganta, provocándole cierto placer, cerró los ojos tratando de relajarse. Nunca había necesitado una prostituta, reconocía que había tenido bastantes amantes, las mujeres se le daban bien para pasar un rato intenso. Así que, no sabía muy bien cómo actuar ante aquella profesional. Faltaban cinco minutos para la hora acordada, mantuvo los ojos cerrados pensando en Esther. Debía actuar con precisión, no sabía si podría sacar algo de aquella cita, había sido gracias al teléfono que le había dado Esther, por lo tanto, Teresa no sabía de ese encuentro y estaba segura que no le habría advertido de que la iban a interrogar. Dos golpes en la puerta le hicieron abrir los ojos, antes de abrir se miró al espejo desabrochándose dos botones de la camisa, se arregló el pelo y mostró una de sus sonrisas más cautivadoras que sabía eran prácticamente irresistibles.

-Hola, soy Leire –se presentó con otra sonrisa cautivadora y, realmente, satisfecha al ver a su clienta.

4 pensamientos en “UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 5

  1. ¡Gracias, pquimmera! Y, sobre todo, gracias por darme tu apoyo a pesar de tardar entre capi y capi. Solo espero saber mantener el misterio.
    Un abrazo.

  2. ¡Muchas gracias, Kris por tu opinión! Me encanta escribir esta historia, si leyendo disfrutáis la mitad que yo escribiendo, ¡me doy por satisfecha!
    Un abrazo.

  3. Me parece muy interesante esta historia. Sigue cuando puedas, me gusta mucho ese halo de misterio y de no hay nadie bueno ni malo por completo

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