UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 7

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Al quedarse sola en la habitación del hotel, Maca se duchó, se miró en el espejo sintiéndose agotada. Sacó el teléfono y marcó el número del detective mientras se ponía al mismo tiempo la cazadora de cuero.

-¿Martín? Quiero que te presentes a esta dirección, es la compañera de Esther, se llama Leire, llévala a comisaría.
Encárgate tú del interrogatorio, yo estaré tras el cristal. Sé que ya te ibas, pero mañana entra más tarde, ¿te parece bien? ¿Cómo? Voy para allá –su gesto marcó la impresión de lo que le acababa de contar y, sin pensarlo, cogió las cosas y echó a correr.

Llegó a la comisaría con el casco en la mano y gesto de preocupación. A su paso salió Claudia, por su rostro, Maca pudo percibir su inquietud.

-¿Cómo está?

-Ha sido un ataque de ansiedad… le han atendido los chicos de urgencias.

-Esta chica no es culpable –negó con la cabeza mientras se mordía el labio ante la mirada inquieta de su jefa-. ¿Podemos hablar?
Ambas se fueron hasta el despacho de la jefa. Maca resopló con fuerza mientras se sentaba.

-¿Qué pasa?

-Claudia… tengo ciertas dudas de si estoy o no a la altura de esta investigación –la miró fijamente, como si le pidiera auxilio ante sus dudas.

-¿Y eso? Eres la segunda que me hace está exposición –Maca la miró con cierta sorpresa-. Sí, he tenido la visita del detective Tur. ¿Qué es lo que pasa?

-He estado con la compañera de Esther –musitó frunciendo los labios.

-¿Estar de estar? –enarcó las cejas mostrando su asombro.

-Sí, era la única manera de poder hablar con ella libremente.

-¿Y? ¿Has podido sacar buenas conclusiones? –sonrió levemente.

-Creo que, tal y como dijo Esther, Leire no tiene nada que ver en esto. Le he pedido de hacer un trío para ver si me decía que no podía ser porque su compañera estaba enferma, por ejemplo, u otra excusa, pero no, la ha llamado. En ningún momento me ha negado la posibilidad de hacerlo.

-Puede querer despistarte.

-Pero ella no sabía ni que soy policía ni que conozco a Esther.

-Es cierto, estoy sin fuelle ya… no como otras –sonrió pero la sonrisa de Maca fue tan triste que Claudia quiso atajar la preocupación que vio en ella al entrar-. ¿Qué es lo qué te pasa con Esther?

-Soy la única que piensa que es inocente, hoy Tur me ha acusado de pensar con mi entrepierna.

-Tur es Tur, nunca te han afectado sus salidas de tono, sabes que es su deporte favorito, otros van al gimnasio, él te ataca a ti porque se muere de envidia y lo sabes.

-No sé… ¿y si me estoy equivocando?

-Llevas muchos años en esto, creo que ninguna de tus corazonadas han salido mal. Tanto para acusar como para defender. Algo hay que tu olfato te hace ver que aquí hay gato encerrado, ¿no es verdad? –Maca asintió con un gesto repleto de cansancio-. Vete a casa, dúchate, duerme que mañana va a ser un día muy duro. Dale una oportunidad hasta que llegue la amiga de la pareja, y ella, estoy segura que nos esclarecerá el caso. Venga… necesitas descansar, cariño.

-Gracias, Claudia, pero quiero estar presente en el interrogatorio a Leire.

-Disculpe, inspectora, Martín me ha dicho que cuando quiera, ya está todo listo.

-De acuerdo.

En la sala de interrogatorios estaba Leire, a pesar de que Martín le había explicado porque la llevaban a comisaría, la chica ni entendía lo que estaba pasando ni se fiaba de aquel interrogatorio. Cuando Maca se puso tras el cristal, un ligero temblor le recorrió el cuerpo, horas antes había temblado entre los brazos de aquella mujer. Claudia estaba a su lado, la observaba con disimulo, la notaba demasiado tensa, quería estar ahí para apoyarla y también, para dejar tranquilo al detective Tur.

Martín entró en la sala con una carpeta bajo el brazo. Leire se incorporó en la silla mirándolo fijamente, su actitud demostraba su indignación por verse retenida en aquel lugar.

-Señora, le recomiendo que se relaje… está aquí en calidad de testigo… de momento, claro.

-¿Testigo de qué? –lo miró cambiando el gesto.

-Su compañera, Esther García está acusada de doble asesinato.

-¡Qué! –abrió de par en par los ojos mientras al otro lado del cristal, Maca sentía en su interior una necesidad imperiosa de que gritara a los cuatro vientos que era imposible-. ¡Eso es imposible! ¿Esther?… no lo entiendo.

-Fue a hacer un servicio, y las dos mujeres con las que mantuvo relaciones aparecieron muertas, justo después de que su compañera se fuera.

-¿Y cómo puede decir que fue ella? –lo miró con una mirada inquisitoria.

-Porque sus huellas están en todos los rincones y en los cuerpos.

-No puede ser… ¿y qué pinto yo en todo esto?

-Verá… queremos que nos ayude a esclarecer el doble crimen –sacó las fotografías de los dos cadáveres de su carpeta y se las mostró. Leire arrugó los ojos, la frente con gesto de haberse impresionado realmente-. ¿Las conoce?

-No… aunque así… es un poco complicado… -con su gesto demostró la aprensión que le dieron ver las fotografías.

-Son estas dos mujeres –le enseñó la fotografía de Luisa y Elena.

-No las he visto nunca –contrajo la barbilla mientras negaba, lentamente, con la cabeza.

-Vera… tenemos pruebas de que Esther una vez finalizó su trabajo las mató para robar, tiene una gran deuda y necesitaba el dinero, todo nos lleva a que ha sido cómplice Teresa Montoro, su madame –fue bajando la voz como queriendo impactarle.

-¡Un momento! ¡Un momento! –levantó las dos manos nerviosa a la par que sonreía irónicamente-. Esto es una broma, ¡aquí hay una cámara oculta!

Tras el cristal, tanto Claudia como Maca seguían sus movimientos, era clave el lenguaje no verbal, muchas veces les ayudaba a esclarecer algunos casos. Se habían encontrado de todo, pero aquel interrogatorio les estaba dejando claro que aquella mujer que se mostraba indignada, sorprendida y hasta enfurecida con el hombre que le estaba interrogando, estaba siendo sincera.

-Sería un poco macabra ¿no cree? –ella lo escrutó con una mirada repleta de ira-. La broma, digo.

-Mire, yo no soy amiga de Esther, pero estoy segura de que ella no hizo esa barbaridad, es cierto que las está pasando canutas, pero sería incapaz de hacer algo así.

-¿Y una trampa? –enarcó una ceja.

-¿Qué quiere decir?

-¿Cree que alguien podría haberle tendido una trampa?

-¡Y yo qué sé! –bramó.

-Está segura que no sabe nada… -le urgió expectante por su reacción y respuesta.

-Mire… tengo muy claro que ella no fue, mucho menos Teresa ¡por Dios! Y si ha sido una trampa, le aseguro que yo no tengo nada que ver, ¿qué gano con eso?

-Quitarse del medio a Esther como rival del negocio.

-¿Rival? –dio una carcajada-. Puede que sea buena… puede que tenga mucho éxito con las mujeres… ¡pero sabe la cantidad de mujeres que hay en esta ciudad!

-Sabemos que trabaja a espaldas de Teresa. Que le planteó a Esther formar un equipo y ella no quiso.

-Vaya… ya veo que ha cantado –su rostro mostró cierto fastidio-. No quiso ¿sabe por qué? Porque es una tía legal, le parecía que hacer lo que hago yo, era actuar contra Teresa que es quien nos da el trabajo, pero también quien nos quita un tanto por ciento, de la otra manera es todo para mí.

-¿Pero las clientas son las que le han contratado mediante Teresa, verdad?

-Teresa tiene dinero, no necesita nada, es una madame… es cierto que lo pasó muy mal en su vida, pero su vejez está siendo muy dorada gracias entre otras cosas a nosotras.

-¿Teresa no necesita dinero?

-¡Qué va!

-¿Y por qué está tan segura?

-Porque lo sé, los últimos años de un embajador en nuestro país, le sirvieron para hacerse de oro. Con lo que gana con nosotras tiene más que suficiente.

-¿Es buena jefa?

-Sí, debo reconocer que sí. Nos ayuda y está pendiente de nosotras. A mí tampoco me gusta lo que hago, pero quiero retirarme pronto, esto no es agradable.

-¿Y Esther?

-Esther es una desgraciada que todo le sale mal. Le pasa eso por ir de buena… Pero le aseguro que no es capaz de matar ni una mosca.

-¿La conoce bien?

-Es bastante transparente… quizás alguien le tendió una trampa, sí. Pero no sé quién, claro. ¿Me puedo ir ya?

-¿Qué hizo usted ayer entre las nueve y las once de la noche?

-Estuve en el hotel Castilla con la mujer de un diputado. Si quiere puede ver las cámaras, ella, lógicamente, no va a decirlo y yo, puede estar seguro no voy a desvelar su identidad.

Martín salió de la sala de interrogatorios para pasar con Maca y Claudia, al entrar se puso en jarras enarcando las cejas, esperando reacciones de las dos mujeres.

-Creo que está claro, dice la verdad.

-¿Y entonces, Esther? –preguntó con cierta incredulidad el detective.

-Habrá que averiguar más cosas, esperar a que mañana la amiga nos diga si tenían enemigos, también faltan los ordenadores, no sé… vamos a esperar. Mañana haremos el registro de la casa con ella y que nos explique sobre el escenario del crimen lo que hizo.

-Claudia, ninguna de las dos la ve capaz de hacerlo –Claudia asintió con la cabeza-. Déjala marchar, Martín –cuando se quedaron solas tras un profundo suspiro le dijo-. Le dije que quería hacer un trío, a ver cómo reacciona ahora si es legal debería llamar y avisar que Esther no puede.

-De acuerdo.

Esperaron a que Leire abandonara la sala, una vez Claudia se aseguró que se había marchado entró para avisar a Maca. En ese momento, sonó el móvil, miró la pantalla y le hizo una señal a Claudia para que entrara y guardara silencio.

-¿Sí?

-¿Maca?

-Sí, soy yo ¿quién es? –subió el auricular para que Claudia pudiera escucharla sin que sospechara nada.

-Soy Leire… ¿te acuerdas?

-Sí, sí, claro que me acuerdo.

-Que bien –sonrió aunque no pudo evitar que su voz sonara temblorosa.

-¿Qué pasa? ¿Te noto nerviosa? –Claudia la miró y le sonrió entrecerrando los ojos.

-Sí, cariño, veras… no vamos a poder hacer el trío con Esther tal y como quedamos.

-¿Y eso?

-Porque… porque… bueno… parece ser que Esther va a estar un tiempo apartada pero puedo mirar otra chica y…

-Oye Leire, ahora mismo no puedo seguir hablando ¿vale? Pero te llamaré.

-¡Vaya!… pues sí era cierto que no sabía nada –dijo Claudia con el ceño fruncido.

-Así es.

-Habrá que tacharla. ¿Crees que Teresa Montoro podría tener algo que ver?

-No lo sé –se pasó las manos por la cara-. Pero esa mujer me da una vibración extraña… no sé muy bien por qué, pero…

-¡Anda ve a casa a dormir!

-Si porque para una vez que decido salir a divertirme… -refunfuñó divertida.

-Nada de ir a ver a Esther, que te conozco –le apuntó con el dedo. Maca hizo un mohín divertido y se marchó-. Solo espero que no sea culpable, creo que esa chica la atrae demasiado. Tendré que plantearme cambiarla como dijo Tur.

Mientras, fuera de la comisaría, sentada en un banco Leire dudaba si llamar o no. Suspiró con toda la fuerza que sus pulmones le dejaron, marcó el número de teléfono y habló.

-¡Teresa!

Maca llegó a casa con el cansancio fluyendo por las venas, se había mezclado con la sangre y no había manera de luchar contra él. Por el camino pidió comida japonesa sabía que le daría tiempo con la moto de llegar a casa antes que ellos. Una vez en su refugio, dejó las llaves en el vacía bolsillos y se quitó las botas. Fue hasta la habitación para dejar en el galán de noche su cazadora de cuero negra, era su prenda de vestir preferida. En ese instante sonó el timbre de la puerta y agradeció saber, que allí estaba su cena. Tras darle propina al joven que le hizo la entrega, se fue directamente a la ducha, abrió el grifo con toda la fuerza, su cuerpo aquel día había hecho demasiados excesos. Recordaba a Leire, sus manos, sus caricias, sus besos rodando por el cuello… pero de pronto como si sufriera un cortocircuito, su mente le entregó la imagen de que quien le hacía todo aquello era Esther. Abrió los ojos como platos, un día, tan solo unas horas junto a ella habían bastado para que entrara en su mente ¿aquello podía ser normal? Notaba la atracción cuando estaba a su lado, es más, podría decir que había notado la mirada lasciva de Esther. ¿O todo era producto de su falta de descanso? Suspiró con fuerza, resopló para tratar de sacar hacia fuera los quebraderos que llevaba en su cabeza.

Cenó con la música puesta de fondo, hacía mucho tiempo que había renunciado a ver la televisión. Alguna película o serie pero poco más. Aquella noche necesitaba calmar su alma, sus pensamientos. En eso estaba cuando recordó que hacía muchos días que no sabía nada de sus padres. Ser policía y lesbiana no era el futuro que habían soñado para ella. Durante su vida había tenido tantos encontronazos con su madre que poco a poco había ido perdiendo el ánimo de ir hasta Jerez para verlos. Sin embargo, aquella noche sintió la necesidad de hablar con ella. Miró la fotografía del móvil, allí estaba su madre con todo su esplendor pero también una sonrisa tan hermosa, siempre habían dicho que la había heredado. Cuatro tonos y la voz de Rosario estaba al otro lado.

-¡Hola, mamá! ¿Qué tal estás?

-Bien… ¿pasa algo? –su pregunta fue acompañada por un tono de preocupación y extrañeza.

-No, nada, ¿por qué?

-Se me hace raro que me llames.

-¡Ah! Pues me apetecía hablar contigo… por eso llamo.

La conversación no duró demasiado, al colgar, sintió el mismo dolor que siempre, sentirse incomprendida por su madre, sentirse culpable por no haber logrado tener una conexión con ella desde el momento en que confesó su homosexualidad. Al terminar con la cena, decidió darse un respiro, lavarse la boca, coger un libro dejándose invadir por la historia y sus personajes. Así fue como poco a poco se entregó al sueño, el cansancio no le dio más de dos minutos de tregua.

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