UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 11

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Nuevamente, el policía sacó a Esther. Le bastó verlo para entender que iba a tener un nuevo interrogatorio… estaba empezando a quedarse sin fuerzas, nada más esperaba que fuera Maca quien estuviera allí para tratarla con respeto y también paciencia. Se quedó sola en aquel cuarto frente al espejo, se sentía incomoda no sabía quién podría estar observándola desde el otro lado, aquello le provocaba una tensión que por mucho que tratara de controlar para no levantar sospechas, a veces, le era complicado. Su pulso se alteró al escuchar cómo se abría la puerta. Allí estaban los dos hombres. Se sentaron en silencio observándola con insistencia.

-Espero que esta vez… no nos vuelva a engañar. Tenemos otra prueba más en su contra, ¡una pena! ¿No es así, Martín?

-Será mejor que confiese, hasta ahora hemos tenido paciencia con usted, pero se nos está agotando.

Esther guardó silencio, los miraba con total perplejidad.

-Hasta la inspectora está empezando a darse cuenta de que es culpable.

-Además, ha cometido otro error garrafal, señora…

-La próxima vez debería cuidar más los detalles….

-No va a ver próxima vez, Tur. Son cuarenta años… va a salir hecha una ancianita.

-¡Qué lástima! –entonces Tur dio un golpe en la mesa, totalmente teatralizado, se incorporó poniendo su cara frente a la de una Esther que intuitivamente echó su cuerpo lo que pudo para atrás, aquel hombre, el bigote y alguna gota de saliva que salió de su boca, la asqueó profundamente-. ¿Creía qué no íbamos a descubrir la hora en la que se fue de casa? ¡Pensó que éramos tan estúpidos! ¡Me tiene hasta los mismísimos huevos! –le gritó fuera de sí, Esther comenzó a temblar. Entonces entre dientes le espetó-. Me da igual que confiese o no… la tenemos… ¡ya!

Ambos salieron triunfantes de la sala, chocaron sus puños en señal de victoria, estaba prácticamente encauzada la investigación. En el momento llegara la amiga, les diría donde diablos estaba la caja fuerte, la abrirían y verían que les faltaba el dinero. Sin embargo, al llegar a sus mesas, frente a la pizarra, Maca seguía impasible mirando fijamente. Ambos se miraron elevando los hombros.

-No ha dicho nada… -dijo Tur.

-Quiero que me deis las fotografías que se sacaron en la primera investigación.

-¿Para qué? –preguntó altivo Tur-. Nada más tenemos que encontrar el dinero…

-Están aquí, inspectora –le dijo Martín.

Maca quitó todos los papeles que tenía sobre la mesa, allí dejo caer las fotografías y se dispuso a mirarlas, Tur la miraba con los ojos entrecerrados, no entendía que quería probar. Para él se estaba tomando el caso de manera muy personal. Cada hecho que descubrían parecía que ella tenía que corroborarlo y destruirlo. Sin duda se había encaprichado de aquella prostituta de lujo.

-¡Cómo es posible que nadie haya caído en esto! –les dijo con tono duro mostrándoles las fotografías-. No concuerda la hora del despertador con la hora en que se realizó la fotografía.

-Pero… -no sabían que decir.

-¡Roberto! De las fotografías que tienes del caso García, quiero que amplíes específicamente el reloj de la mesilla de noche.

-Claro…

-Ahí –señaló la hora del despertador-. Y ahora… la hora de nuestra cámara. Eso es… ¡una hora de retraso! Esther dice la verdad, ella vio las diez en el despertador, salió de esa casa sin siquiera percatarse de que realmente, eran las once.

-¡Vamos! ¡Qué es tonta! –le recriminó Tur.

-No, no creo… pero tras hablar con Teresa, me creo que después de lo que tuvo que soportar ahí, ni siquiera se percatara de la hora.

-¿Y qué significa eso para usted inspectora?

-Que si no fue Luisa ni Elena, alguien manipuló ese despertador con la idea de que Esther estuviera en la casa en la orquilla de tiempo que se supone fueron asesinadas.

-Lo que nos faltaba –protestó Tur.

-Un momento… ¿qué es eso? –preguntó Martín mirando la pantalla-. Lleva una bolsa,una bolsa grande.

-No dijo nada de que llevara una bolsa tan grande –remarcó Tur.

-¿Estaba en la casa, Tur?

-Ni idea, no sabía que llevaba esa bolsa.

Una nueva prueba, los tres se quedaron pensativos por unos breves instantes.

-De acuerdo -dijo por fin Maca-, vamos a hacer una cosa. Voy a ir a casa de Esther, revisaré las cosas, no vaya a ser que haya escondido el dinero en esa bolsa y se nos haya pasado. ¡Gracias Roberto, buen trabajo! –le sonrió con amabilidad.

-Gracias, inspectora.

Salieron, nuevamente, a la sala, los dos hombres estaban desorientados, parecía que la hora era una prueba definitiva. Maca estaba anotando cosas en la pizarra, ellos se sentaron sobre la mesa observando.

-¡Bien! Vamos a recapitular con todas las cosas que nos vamos encontrando y nos van mareando más que otra cosa. Tur, quiero su opinión y su teoría.

-De acuerdo –tras dar un fuerte resoplido expuso su teoría-. El móvil es el dinero. La asesina es Esther. Llegó a hacer su trabajo, Teresa debió explicarle que era gente con dinero, las deudas la ahogan, tiene la coartada perfecta, nos explica que entre la pareja hay diferencias respecto al trío, nos convence que Elena tiene sus más y sus menos con su mujer. Hay un número de teléfono que posiblemente sea uno de Esther, ella actúa por mucho que trate de decir que no a espaldas de Teresa. Conecta con Luisa, sabe que es una enferma del sexo, otra buena excusa para venderla con esa exposición de juguetitos, le sonsaca donde está la caja fuerte, no hay más que ver el nivel de vida que tienen, es tan evidente que todo apunta a ella, que cree no vamos a poder demostrar que ha robado. Las mata, se pone unos guantes para no dejar huella en el arma, no le importan el resto de huellas porque se justifica con el trabajo. Se lleva el dinero, pone la alarma y se encarga de que le vean en los cajeros, joyerías a una hora que es distinta de la que dice… para asegurar que ella no sabe ese desfase de hora.

-Posible –asintió con un gesto definitivo en su barbilla-. ¿Martín?

-Yo también creo que es ella, lo de la alarma es un punto a su favor, dice que no vio el número que tecleó Luisa pero… lo más probable es que hasta lo supiera antes de llegar a esa casa. Coincido con el número de teléfono, quizá Luisa contactó por alguna razón con ella, le gustó y mantuvieron una relación ajena a Elena. Quizá por eso… no hay correos electrónicos, no quería dejar rastro de su aventura, está claro que Luisa era una mujer muy sexual… quizá su mujer no lo era tanto, de ahí tantas llamadas en tan pocos días a su amiga, imagínese que la había descubierto… Lo del despertador puede ser mera coincidencia… Esther pensó que asesinándolas de ese modo, llegaríamos a la conclusión de que había sido un asesinato-suicidio.

-¿Y si el dinero está aún en la casa de la pareja? –preguntó Tur.
Maca había escuchado atentamente a los dos, pero aquella pregunta de su detective la alertó, viniendo a ella imágenes variadas de otros crímenes.

-No lo veo –respondió Martín.

-No sería la primera vez, ¿se acuerda inspectora del caso Ballena? La amante asesinó al hombre, parecía un suicidio, buscamos en casa de la amante, revolvimos todo pero nada… ni rastro del dinero. Ni un solo movimiento en sus cuentas. La inspectora empezaba su carrera por aquel entonces, el antiguo inspector tuvo una corazonada, dejó libre a la presunta asesina, la seguimos ¡y una noche entró a casa del muerto porque había guardado el motín en un lugar para ir y llevárselo!

-No veo capaz a Esther de eso –dijo Maca.

-¡Si es capaz de asesinar!

-Ya lo sé, Tur. Usted piensa que es culpable.

-¡Y usted no! ¿Y créame no sé en qué demonios se basa?

-Corazonada. Más bien creo que le han tendido una trampa. ¿Y si ese teléfono no tiene que ver con Esther? ¿Y si, realmente, Luisa tenía una amante y es quien las ha asesinado? ¡Por qué demonios tenía libre de la alarma la escalera!

-¿Pero quién le ha tendido la trampa a Esther? –preguntó Martín algo descolocado aunque él también había valorado esa posibilidad.

-El dueño o dueña de ese teléfono –apuntó con el rotulador.

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