UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 12

PhotoGrid_1423083110409Mientras Maca escribía en la pizarra y sus dos hombres la miraban atentamente, otro policía se les acercó para anunciarles algo:

-Disculpen, está aquí el sobrino de Elena Soler.

Lo llevaron a la sala de interrogatorios, Tur y Maca, entraron tras él, se sentaron en frente con una carpeta abierta sobre la mesa. Maca lo miraba fijamente, Tur seguía pensando que la asesina era Esther. Había entrado porque se lo había pedido la inspectora, pero no porque le interesara lo más mínimo.

-Aún no me lo puedo creer –les dijo consternado.

-Entiendo, estos casos son complicados.

-Yo no me llevaba bien con ella, pero… ¡joder!

-¿Cuánto tiempo hace que no la veía?

-A mi tía más de seis años, a Luisa coincidí con ella en el centro comercial La Gavia la semana pasada, estuvimos tomando un café. Claro está, de manera que mi tía no se enterara.

-¿Y eso?

-Digamos que… cometí un error tras otro y… se cansó de solucionarme la vida.

-Bueno… ahora podrá corregir los errores con el dinero que le deje –aventuró Tur mirándolo fijamente.

-¿Dinero? –sonrió de lado-. Mi tía me sacó del testamento hace muchos años.

-¿Tan mala era?

-No, pero le gustaban la rectitud, el sacrificio y la honestidad… ¡Dios mío no me creo hablar de ella en pasado! –se humedeció los labios-. Le fallé y yo era consciente de su dureza, me lo advirtió pero la verdad que no pensé que llevara hasta el final su advertencia.

-¿Y Luisa?

-Ella era más sensible en ese tema. Siempre que podía me daba dinero… yo era su ojito derecho –sonrió con lástima-. Era un poco loca pero… tenía un gran corazón.

-¿Luisa tenía alguna amante? –le preguntó Maca.

-¿Amante? –el chico la miró con dudas-. No lo sé… cuando nos encontramos hablamos más de mí que de ellas. Ya sabe, lo típico si tenía novia, hijos… que tal me iba… esas cosas.

-¿Sabe de alguien que quisiera matarlas?

-No… eran buena gente.

-¿Dónde estaba usted ayer entre las diez y las once de la noche?

-Estaba preparándome para ir camino de Vinaroz. Había venido para arreglar un negocio… tengo un restaurante pero además, me encargo de algunos restaurantes de aquí de Madrid, les consigo las gambas típicas de la zona… no sé si saben.

-¡Así que estaba aquí! –lo escrutó Tur.

-Sí, ¿soy sospechoso? –preguntó incrédulo.

-Bueno… estamos averiguando cosas todavía.

-¿Usted sabe si tenían caja fuerte en casa? –preguntó Maca.

-Sí, debían tener, claro.

-¿Por casualidad no sabrá dónde estaba?

-Lo siento –negó con la cabeza-. Mi tía era una obsesa de la seguridad, le construyó la casa un amigo arquitecto con todas las medidas imaginables… pero ni idea de donde estaba la caja fuerte.

-¿Usted cree que Luisa pudo comentar a alguien si tenían dinero o donde estaría la caja fuerte?

-Imposible –fue tajante.

-¿Y si le decimos que Luisa, posiblemente, estaba engañando a su tía?

-¿De verdad? ¡Me toman el pelo! –abrió los ojos como platos-. En ese caso mi tía se enfadaría mucho con ella confiaba, plenamente, en Luisa.

-¿Hasta el punto de matarla? –Maca lo miró con dureza.

-¿Mi tía a Luisa? –ellos asintieron al mismo tiempo-. No, claro que no… ¡eso es imposible!

-Vamos a comprobar que como dice estuvo aquí y de camino a Vinaroz.

-Sí, claro, si quieren les puedo decir que paré en la gasolinera de Aranda del Rey no estoy seguro la hora que era… pero podrán comprobarlo. Me gusta viajar de noche, todos mis viajes los hago a partir de las doce de la noche cuando hay menos tráfico.

-¡Y menos posibilidades de multas, no! –sonrió Tur.

-También –asintió con seriedad entonces agachó la cabeza con gesto apesadumbrado-. Madre mía… me he quedado solo.

-No pierda la esperanza, hombre, quizá su tía sí le dejó algo en el testamento.

-Puede marcharse, Julio. Corroboraremos lo que nos acaba de contar.

-Voy a quedarme aquí, por si necesitan algo… voy a estar en casa de un amigo, les dejo mi móvil y la dirección por si cualquier cosa… me llaman.

-Gracias –le sonrió Maca-. Y lo sentimos mucho.

-Una cosa más –se detuvo ante la puerta-. ¿Tienen algún sospechoso?

-No podemos informar pero sí… hay alguien.

El chico tras darles el número de matrícula, la marca del coche y el color, salió de la comisaría con una pesada sensación sobre sus hombros.

Anotaron el nombre en la pizarra ante la atenta mirada de Martín.

-Vamos a ver si lo que nos ha contado es verdad, buscar las grabaciones en las que debe aparecer con Luisa, a ver si es fortuito o no el encuentro, también mirar el coche, las gasolineras y horas. Y también las llamadas…

-Claro… ¿lo ves sospechoso? –le preguntó Martín.

-¡No sé! -Maca comenzaba a agobiarse ante tanta opacidad.

-¡Pero si ni siquiera le ha dejado en el testamento nada! ¡Para qué la va a matar! –protestó Tur dejándose caer en su asiento.

-Eso tendremos que contrastarlo, no vaya a ser que nos mienta.

-¡Y la amiga qué! Aunque el chaval nos ha dicho cosas interesantes… Su tía era de aúpa.

-¡A ver si al final va a ser verdad que era celosa y termino disparando a Luisa y a ella misma! –dijo Martín mirándolos serio.

-Maca… por favor puedes venir un momento a mi despacho, tengo que hablar contigo, sola.

A Maca aquel ruego de Claudia le llamó la atención, también a sus compañeros que se miraron entre sí.

-¿No te habrás quejado a Claudia como dijiste?

-Sí, Maca no piensa con la cabeza.

-¡La madre que te parió, Tur! ¡A veces te daría de hostias!

Allí en el despacho se encontraba el forense con cara de circunstancias y conociendo como conocía a Claudia, adivinó que algo inesperado ocurría. Tomó asiento y esperó con cierto remolino en el estómago.

-¿Qué ocurre?

-Algo que no podíamos ni imaginar –respondió Claudia con gesto preocupado.

-¿Sobre el caso?

-Sí. Por favor, doctor Rubio.

-Sabes que las pruebas de ADN tardan entre dos o tres días, pero como sé que este caso es complicado y no podemos perder mucho tiempo, he hablado con un colega que está metido en la trama de los bebés robados.

-¿Y? –lo miró expectante, sabía que era sobre Teresa-. ¿Esther es la hija de Teresa, se confirma?

Ruperto miró a Claudia, ésta elevó las cejas moviendo de lado la cabeza animándole a continuar.

-No… la hija de Teresa eres tú.

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2 pensamientos en “UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 12

  1. Muchas gracias por activar los comentarios…¡¡ya no sabía como decirte que me gusta mucho tu relato!!
    Esto ha dado un giro inesperado ¿al tener una relación directa con un posible implicado, a Maca le impedirán seguir llevando el caso?
    Esther me da una mezcla de penita por la vida que ha tenido, pero al mismo tiempo se le nota a leguas que esconde algo.
    Gracias

  2. Hola, gracias por activar de nuevo los comentarios, tu historia merece un reconocimiento por parte de quienes te seguimos, no importa cuanto tardes en escribirlo, aún así se agradece el esfuerzo que haces para continuarla

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