UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 16

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Inspectora… está aquí la amiga de las fallecidas –le informó una mujer policía.

-¡Por fin!-miró al cielo.

Justo cuando pasaron ante el despacho de Claudia ésta les llamó.

-¿Cómo lleváis el caso? ¿Alguna novedad? Me están presionando de arriba.

-Hemos avanzado algo pero… poco. Ahora acaba de llegar la amiga, vamos a hablar con ella.

La voz de Maca sonó algo apagada, aquella visión de Martín era la más real de todas las que habían estado maquinando. Lo sabía, pero no le gustaba y no quería aceptarla porque aquello implicaba la culpabilidad de Esther.

Los tres pasaron hasta la sala para hablar con ella. Al verla notaron no solo su cansancio sino también su pena. Tenía los ojos hinchados de haber dormido poco y llorado mucho. Se presentaron dándole las condolencias, uno tras otro. Después le sirvieron una tila que pidió, y comenzaron a trabajar.

-Queremos informarle de cómo están las cosas hasta este momento. No está siendo fácil, por eso esperábamos su ayuda para tratar de encaminar la investigación. Estamos trabajando sobre algunas hipótesis pero la verdad que el caso es complicado

Explicó Maca con tranquilidad ante la atenta mirada de la mujer que mantenía el gesto de dolor.

-Empecemos por lo más sencillo, ¿sabe si tenían algún enemigo, alguien que quisiera hacerles daño?

-No, inspectora, eran dos personas muy queridas, es cierto que no tenían demasiados amigos pero tampoco enemigos, al contrario ayudaban a mucha gente. Eran muy solidarias.

-Nos ha llamado la atención el hecho que ocurrió antes del asesinato. Contrataron a una prostituta para hacer un trío. ¿Sabe si esto era habitual en ellas?

-¡Cómo! ¿De qué está hablando? –la miró totalmente impactada por lo que acababa de escuchar.

-Así es, al parecer… Luisa contrató a una prostituta para hacer un trío, por lo que sabemos, consentido por Elena.

La amiga se quedó perpleja.

-¿Usted, sabe si la pareja pasaba por problemas sentimentales?

-Bueno –se removió un poco en la silla-. Llevaban diecisiete años juntas. Luisa y Elena eran muy diferentes, ellas siempre decían que por eso se aguantaban. Sin embargo, desde hacía un tiempo Elena estaba algo meditabunda, triste, un día le pregunté porque me tenía preocupada, entonces me dijo que tenía un problema con Luisa, al parecer, Luisa era muy activa sexualmente y Elena era más tranquila. Se había negado últimamente a algunas cosas, desde entonces me dijo que sospechaba que Luisa había tenido alguna que otra relación… Pero lo del trío…

-¿No eran una pareja abierta a otras relaciones, entiendo?

-No, no, fue a espaldas de Elena. Cosa que tampoco entendí pero Luisa era demasiado impulsiva –tomo aire para continuar-. Al parecer, Luisa aprovechaba cuando Elena se dormía para salir de casa. Así fue como sospechó que tenía una amante.
Los dos se intercambiaron una mirada de sorpresa.

-¿Cree que Elena podría haber matado a Luisa por despecho y después haberse suicidado? –la modulación de la voz provocó que más que una pregunta sonara como una afirmación, necesitaba que dijera que sí.

-¡Por supuesto que no! Eso es inimaginable. Ella no pensaba ni siquiera en separarse, tan solo era consciente de que no seguía su ritmo y quería poner solución no matarla, ¡y mucho menos suicidarse! Elena amaba la vida.

-¿Y cómo confirmó que Luisa tenía una amante? –Tur preguntó mirando de reojo a Maca, sabía que se había quedado sin palabras.

-Elena tomaba unos somníferos para dormir, según me contó, cuando sospechó que algo estaba pasando, decidió una noche no tomarlo y se hizo la dormida. Entonces lo descubrió.

-¿Sabe si su amiga era consciente de que Luisa había anulado una parte de la alarma que lleva desde la habitación a la cocina?

-Sí, sí, lo sabía, cuando Luisa pidió a la central de alarmas esa anulación, llamaron a Elena y se enteró por eso, claro.

-¿Pero… solo ese trozo? ¡No lo entendemos! –le dijo Maca con el ceño fruncido.

-La casa está construida por un amigo de Elena, no encontraran otra igual si no van a Estados Unidos. En la cocina tienen una puerta de pánico –Maca la miró sin entender, Tur frunció el ceño-. Era para que si entraba alguien y ellas estaban allí pudieran escapar, esa puerta se abre desde dentro con un botón, desde fuera con una llave especial. Lo mismo que su habitación es una especie de bunker, en caso de la mínima sospecha, ambas tenían la oportunidad de cerrarse y llamar a la policía.

Aquella explicación les estaba dejando un tanto desconcertados. Maca y Tur se miraron sin entender, al mismo tiempo, sus cabezas funcionaban a todo tren tratando de encontrar alguna respuesta.

-Elena vio como salía por esa puerta que está en la cocina. Y confirmó sus sospechas.

-De acuerdo. ¿Alguien más sabía de estas medidas de seguridad que nos ha contado?

-Su abogado y yo.

-¿Podría Luisa haber contado esas medidas a su supuesta amante?

-Pues…

Las dudas de la mujer tenían en ascuas a Maca.

-Por favor es importante, usted la conocía bien ¿ella sería capaz de contar esas medidas de seguridad a alguien?

-Creo que no… pero no sé Luisa era a veces muy chiquilla.

-¿Tienen caja fuerte en casa?

-Sí, claro.

-¡No diga más en algún lugar insospechado! –renegó Tur.

-Así es. Y le puedo asegurar que o sabes que está ahí o no la encuentras.

-¿Tenían dinero en casa?

-Alternativamente, el día 15 de los meses pares les hacían llegar cerca de 50.000 euros. Podía juntar bastante dinero en casa, Elena odiaba las tarjetas de crédito cuando salían a cualquier sitio.

-¡Tenían ese dinero en casa! –Tur casi lo gritó desesperado.

-Sí, Elena estaba muy tranquila con toda la seguridad de la casa, esas rentas se las hacía llegar el abogado. Ella guardaba el dinero en la caja fuerte y se dedicaba a hacer obras de caridad.

-¡Ya podía hacer, ya! –volvió a renegar Tur.

-El móvil entonces parece claro –dijo Maca-. ¿Qué tal se llevaba con su sobrino?

-No tenían relación. Él era muy descuidado para todo, también para los negocios. Quizás Elena fue algo dura con él porque ella era muy estricta con todo, Luisa a veces decía que para plantar una planta casi debía hacerlo con escuadra y cartabón si Elena estaba delante.

-Exigente…-susurró Maca.

-Mucho –sonrió con tristeza-. Julio montó dos negocios, el primero una discoteca fracasó estrepitosamente, a pesar de las indicaciones de su tía. Elena le cubrió todos los gastos pero le avisó que no estaría ahí para la siguiente, que tenía que ser consecuente con lo que hacía.

-¿Y? –Tur se mostraba nervioso. Ese caso empezaba a causarle irritación.

-Montó un pub y volvió a fracasar, entonces Elena le dio la espalda, Julio se enfadó discutieron y no volvieron a hablarse.

-¿Con Luisa qué tal se llevaba? –preguntó Maca que mentalmente había tomado buena nota de todo.

-Muy bien, ella le daba dinero a escondidas de Elena, aunque Elena lo sabía. Cada vez que venía a Madrid, iba a verla quedaban para tomar algo y se contaban las vidas. Para Luisa era como un hijo.
Ambos cruzaron una mirada interrogante.

-¿Le ve capaz de matarlas?

-¡Julio! –los miró casi ofendida, ellos asintieron al mismo tiempo-. Por supuesto que no.

-De acuerdo… ¿hay algo más que le parezca importante decirnos?

-Creo que no… me han dejado tan impactada con lo del trío. Elena y yo éramos como hermanas crecimos juntas. No sé qué voy a hacer sin ella. ¿Saben quién fue?

-Hemos detenido a la prostituta que contrató Luisa –Tur le contestó adelantándose a Maca, la mujer los observaba atentamente mientras se secaba las lágrimas-. Pero de momento no podemos decirle más.

-¿Podría acompañarnos a casa para ver la caja fuerte? –le preguntó Maca.

-Sí, claro, pero…

-Tranquila mis hombres no van a dejar que usted vea nada.

Cuando salieron de la sala le dejaron una tila para que pudiera tranquilizarse. Martin los esperaba paseando un tanto inquieto por delante de la pizarra.

-¿Qué tal?

-A parte de decirnos que la pareja tenía problemas sexuales, que son millonarias y tenían la pasta en casa, nos ha dado la solución a todo nuestro rompecabezas.

-¡Vamos Tur… mira que te gusta ser notas! –le recriminó su compañero mientras Maca anotaba en la pizarra.

-Ya sabemos por qué estaba anulada la alarma de la parte de la cocina –Martín los miró expectante, Claudia que llegó en ese momento se detuvo allí mirándolos también-. Esa casa es un fortín de seguridad, tenían una puerta de pánico en la cocina, por si entraba alguien, que pudieran huir. Tendremos que fijarnos bien porque se acciona con un botón para salir y una llave especial para entrar. Luisa tenía una amante y se fugaba por ahí aprovechando que Elena se tomaba unas pastillas para dormir.

-Así es… nuestra Luisa era tan activa sexualmente que escapaba de su vida de casada.

-Esto significa que se abre otra posibilidad –dijo Maca girándose mirando fijamente a Claudia-. Esther dice la verdad, ella se fue y las dejó vivas, pero esa amante con la que tenía la aventura o amantes o prostitutas puso hacerse con la llave que abría la puerta de pánico.

-Pero se hubiera dado cuenta, Luisa. Digo yo. No hay tiempo material para que le robe la llave por la noche y hagan una copia –explicó Martín con el ceño fruncido.

Entonces volvió el silencio.

-A no ser que Esther fuera la prostituta con la que tenía sus contactos fuera Luisa, y simplifica todo mucho más. Esther las asesinó sabiendo que ese ala estaba anulada por la puerta de la cocina –dijo triunfante Tur-. Tan solo tenía que saber cuál era la combinación de la alarma.

-Eso tiene más sentido –apuntó Claudia mirando las pruebas.

-Inspectora, hay algo extraño, uno cuando quiere una prostituta determinada, o bien es porque le han hablado de ella, o bien porque ya ha tenido sus servicios y quiere repetirlos mediante la madame.

-Y –carraspeó Martín-… Teresa nos dijo que le habían llamado para solicitar explícitamente sus servicios.

Maca se dio cuenta que se había olvidado de Teresa, al nombrarla Martín con cierto miramiento, recordó que era su madre y un nuevo escalofrío recorrió su espalda.

-¿Qué sentido tiene que para esa ocasión Luisa llamará a la madame y las otras veces si Esther es la misma amante que buscamos no? –preguntó Claudia con un halo de desconcierto marcado en su rostro.

-Yo creo que lo hizo por Elena. No sabemos si lo hablaron o fue una imposición de Luisa, si no quería que Elena supiera que tenía su rollo con Esther, hizo el paripé de llamar a… -miró a Maca algo nervioso-… a Teresa y preguntar por su prostituta de lujo.

-Pero Esther aseguró no conocer a Luisa –Maca trató de mostrarse firme.

-Deberías volver a hablar con Esther… -concluyó Claudia.

-Ella nos dijo que no las conocía –insistió segura.

-¿Y la bolsa donde supuestamente llevó el dinero? –preguntó Claudia.

-Aún están analizando la partículas –el tono de Maca fue algo más bajo de lo que había sido durante su nueva exposición.

-Inspectora…

-Lo sé, Martín. Cuando volvamos del registro de la casa quizá debería entrar Tur a hablar con ella. A ver si tenemos algo más con el análisis de la bolsa y la visualización de las imágenes por parte de Carlos.

-De acuerdo.

-Ha llamado el abogado de las dos mujeres, dice que viene de camino –terció Martín al notar el ambiente tenso.


Yo lo descartaría –dijo seguro Tur mirando a Maca quien le invitó a continuar-. Creo que estamos perdiendo el tiempo, me juego lo que no tengo a que cuando veamos la caja fuerte no está el dinero.

Martin miró a Maca que guardaba silencio.

-Inspectora, blanco y en botella…

-No sé Tur… algo me dice que sería demasiado fácil… demasiado chapucero. Además, hay algo que me llama la atención de la declaración de la amiga, ha dicho que cada vez que Julio venía a Madrid quedaba con Luisa.

-Sí, ¿y? –la miró Tur desafiante como si a él se le hubiera pasado algo del interrogatorio.

-¡Vamos Tur! Julio nos dijo que coincidió con ella.

-Bueno… quizás ese día sí –titubeó en su respuesta.

-Martín mete prisa a Carlos, por favor.

-Está en ello, inspectora.

-De acuerdo, Tur quiero que interrogue al abogado, necesito que sea una de sus intervenciones magistrales, ¿de acuerdo?

-Claro…

-Vamos Martín, acompáñeme a la casa.

-¿Claro? Te ha dejado sin palabras, colega –le dio dos golpes en la espalda al marcharse Martín.

En su calabozo, Esther cada minuto que pasaba se desesperaba más, no podía controlar la situación, no podía hacer nada allí tan solo le cabía esperar. Y la espera era mala consejera cuando su futuro dependía de que se supiera la verdad. Ya no sabía qué hacer, se levantaba del catre y caminaba, se sentaba en el suelo, se apoyaba en la pared. Suspiraba, resoplaba, se pasaba las manos por la cara en actitud desesperada. Y entre sus miedos, sus esperanzas o sus pesimistas ideas aparecía Maca. ¿Qué le había pasado con ella? Cuando le hablaba a veces se perdía en sus labios, le parecían terriblemente sensuales, se pasó los dedos por los suyos como si de esa manera pudiera saborearlos. Le gustaba recordar como la miraba, intensamente, pero al mismo tiempo con un halo de deseo que le hacía alterarse. Sí, su abogado tenía razón, debía centrarse en el problemón que le venía encima dejar de fantasear con la espalda desnuda de la inspectora, con sus manos recorriéndola lentamente y con el deseo imperante que ardía en su interior.

-Tengo que salir de aquí, voy a volverme loca.

5 pensamientos en “UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 16

  1. Hola Ari, Un trío de muerte finalizó, pero ahora puedes leer la continuación en SIN PASADO NO HAY FUTURO, hace poco que he empezado a escribirla, espero te guste.
    Gracias.
    Saludos, ldana.

  2. Ja, ja, ja Kris… vamos a ver si os doy luz con el nuevo capi. Yo creo que sí.
    Gracias por comentar y estar.

  3. Hola, no se que pasó con mi anterior comentario que no se publicó…Danos un poquito de luz escritora, esperando con ansias que se resuelva este enredo.

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