UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 17

PhotoGrid_1423083110409Habían pasado dos horas cuando Maca y Martín entraron por la puerta, Tur estaba en su mesa hablando por teléfono. Al verlos les hizo una señal.

-¿Qué pasa? –preguntó Maca con gesto serio.

-Tengo algo… después de hablar con el abogado me quedó una duda. Nadie nos ha nombrado al jardinero.

-¿Un jardinero?

-Sí, al parecer iba a ayudar con las plantas y el césped a Luisa, además de limpiar la piscina.

-¿Y por qué nadie nos ha dicho nada? –preguntó Maca con malestar.

-Creo que ha pasado desapercibido. El abogado ha colaborado en todo momento me ha dicho más o menos lo mismo que la amiga, no tenían enemigos ni ningún intento anterior de robo. La única novedad ha sido la del jardinero, al preguntarle por la gente que trabajaba con ellas, me ha dicho que son todos de confianza, la filipina limpiaba en su casa, el jardinero pertenece a una empresa que le lleva sus jardines.

-El motivo está clarísimo, no han dejado ni solo un billete –dijo Maca tras dar un resoplido.

-¿Dónde estaba la caja fuerte? Me muero de curiosidad.

-No te lo podrías ni imaginar, el aire acondicionado tan moderno, era la caja fuerte. Sin duda, quien les ha robado sabía dónde debía ir –dijo Martín mientras tomaba asiento-. Había que introducir una llave que se suponía estaba también camuflada.

-No la hemos encontrado –agregó Maca-. Creo que Luisa fue muy poco comedida.

-El sexo nubla la mente, inspectora. Esther debió manejarla muy bien en la cama.

            Su sonrisa endemoniada molestó a Maca.

-Estoy esperando que me llame el gerente de la empresa de jardines para notificarme que trabajador fue ese día –soltó divertido al ver que había molestado a Maca.

-¿Y las cámaras?

-Ya le dije, inspectora, que la cámara de la casa de enfrente no funciona. Carlos está buscando todavía en las cintas del centro comercial. Y no tenemos más hombres disponibles para ponerse a buscar.

-El cerco se va haciendo cada vez más pequeño alrededor de Esther. Debería darse cuenta, inspectora.

            Martín se lo dijo con tiento.

Entre tanto, en la cafetería que había frente a la comisaria, acababa de entrar Teresa que buscaba con la mirada, imperiosamente, a Ruperto que la esperaba leyendo la prensa con gesto tranquilo.

-¡Ruperto!

-Teresa… -se levantó dándole dos besos-. ¿Cómo estás?

-Muy  nerviosa… no… no sé cómo tomarme esto.

-Imagino. ¡Camarero, por favor!

-¿Cómo está Maca? –sus ojos se abrieron esperanzados de que la respuesta fuera positiva.

-Como tú… creo que no sabe qué hacer con lo que ha sucedido.

-Pobre muchacha… -agachó la cabeza preocupada-. ¿Y sus padres? ¿Sabes si han dicho algo?

-Teresa… Maca ha tenido una vida muy complicada, debe ser ella quien te cuente. Pero me temo que no les ha dicho nada.

-Desde el primer momento que la vi… sentí algo, no sabría que decirte no podría ponerle nombre pero…

-Debes darle tiempo a ella y a ti.

-Por supuesto… ¡no puedo creerme que haya encontrado a mi hija después de tantos años de desesperación! –dijo con la mano en el pecho.

-Maca es una gran persona, puedes estar tranquila y en cuanto asienten todas las emociones y sentimientos en su interior y, pueda hablar contigo, te sentirás feliz si algo tiene es que siempre trata de ser justa en todas las causas.

Teresa sonrió emocionada mientras Ruperto le apretaba con afecto la mano.

En la comisaria, los tres juntos miraban las pruebas, fotografías el móvil estaba claro, el robo de no sabían muy bien que cantidad exacta tenían en la caja fuerte, pero no menos de 90.000 euros les comentó el abogado. Maca se levantó para ir a recoger un papel a la impresora, estaba allí agachada cargando el papel en la bandeja cuando se encontró con una policía que estaba acompañada por la madre de Esther. Se notaba  el sufrimiento de la mujer, al ver a Maca aquellos ojos le transmitieron una mirada de súplica.

-Inspectora ya le he dicho que no puede…

-Tranquila, Raquel. Yo me hago cargo.

-De acuerdo –le dijo la mujer con cierto alivio al ver que no le caía una reprimenda por dejarla pasar.

-Acompáñeme –le pidió Maca.

-Gracias.

            Maca la llevó a una sala que estaba apartada del resto de la comisaria, allí solían reunirse para tratar temas internos, tenían una cafetera y una tetera. No le preguntó que prefería, simplemente le sirvió en una taza una tila. La mujer se estaba limpiando las lágrimas que no podían parar de salir de aquellos ojos que a pesar del tiempo eran tan iguales a los de su hija. Maca se preparó un café y se sentó frente a ella. La miró con cierta pena pero trató que su mirada no reflejara ningún otro sentimiento, ni ninguna duda.

-Usted no es madre, ¿verdad? –le preguntó mirándola fijamente.

-No –negó con rotundidad antes de dar un sorbo de su taza.

-Lo suponía. No entiende el dolor que siente una madre al ver la situación en la que se encuentra su hija –Maca fue a hablar pero Encarna le hizo un gesto para que no lo hiciera-. La entiendo, es su trabajo… No reconozco a mi hija en el mundo en el que se ha metido, no puedo apartar de mi mente imágenes que vienen y van que me hacen añicos el alma, pero de algo sí estoy segura, mi hija no es una asesina.

            Sus palabras fueron rotundas y una intensa expresión de contundencia se marcó en su rostro.

-Las madres siempre defienden y justifican a sus hijos a pesar de todo –soltó despacio y con tiento para no ofenderla.

-En eso tiene razón, defiendo y justifico que haya tenido que ejercer la prostitución, la vida de mi hija no ha sido fácil ¿sabe? Ha sufrido mucho, ¡demasiado! Y estoy segura que no se siente orgullosa de lo que ha hecho. ¡Pero! Jamás defendería ni justificaría que fuera una asesina.

-Está muy segura que no ha matado a esa pareja… sin embargo todas las  pruebas están en su contra.

-¡Mi hija no ha matado a nadie!

            Encarna aguantó la mirada a Maca, parecían dos pistoleros del oeste desafiándose la una a la otra.

-Yo también lo creo.

            Dijo, finalmente, Maca.

-¡Alabado sea Dios! –susurró cerrando los ojos como si pudiera quitarse un peso de su espalda que la estuviera asfixiando-. Gracias.

-Sin embargo, me temo que su hija me ha mentido, me oculta algo y necesito saber lo que es para ayudarla.

-Por favor… se lo suplico… ayúdela –le rogó con los ojos repletos de lágrimas.

-Voy a hacer algo que puedo jugarme un expediente… pero creo como usted que a Esther le han tendido una trampa. ¿Está dispuesta a ayudarme?

            Era la hora de comer, en el calabozo la policía de turno estaba a punto de entrar las bandejas, aquel día nada más habían dos presas así que era un trabajo rápido y acabaría su jornada por ese día. Entró la bandeja a la primera detenida por transportar droga en su maleta. Al salir vio a la inspectora delante del carro de la comida.

-¿Inspectora?

-¡Hola Blanca! ¿Qué tal están?

-Tranquilas, bueno… Esther García un poco alterada.

-¿Y eso?, ¿ha dicho algo?

-No… supongo que se acerca el momento de entrar en la cárcel, y eso caga a la gente –le sonrió.

-Pues sí.

-Voy a darle la comida.

            Maca asintió con una sonrisa cautivadora de las suyas. Cuando salió la policía siguieron hablando, de otras cosas hasta que llegó el relevo y Maca se fue.

-¿Qué hacía la inspectora aquí? –le preguntó Rosario.

-Ni idea… ¡pero has visto que sonrisa tiene!

-¡Tira… tira! Que cuando te pones babosa con ella… metete en la cabeza que es mucha mujer para ti.

-¡Quién sabe! Torres más altas han caído.

            Cuando Maca llegó a la altura de Tur, éste que la vio venir de los calabozos sonrió de lado mientras jugueteaba con un palillo en su boca.

-¿Ya sabemos algo?

-No, inspectora.

-¡Podría echar el asqueroso palillo de su boca! Sabe que me pone enferma –le recriminó.

-¡Inspectora! Tengo novedades –llegaba Martín alterado, Tur y Maca se pusieron a su altura-. He hablado con los de la empresa de mantenimiento de jardín, me han confirmado que la semana pasada rescindieron el contrato.

-¿Y eso?

-Dicen que llamó Luisa y les agradeció el trabajo que habían hecho asegurándoles que ya no iba a necesitar sus servicios.

-¿Os dais cuenta que todo lo que está trayéndonos locos lo hizo Luisa?

-Sí, Tur –contestó el muchacho acelerado-. Entonces he llamado a la filipina, me ha confirmado que el día del asesinato el jardinero estuvo allí trabajando –como vio que iban a hablar los dos les hizo una señal de alto-. ¡Ya le he dicho que venga y a ver si podemos hacer un retrato robot!

-Inspectora, disculpe –apareció Rosario con el gesto algo nervioso.

-¿Qué ocurre?

-La detenida Esther García ha solicitado hablar con usted.

-De acuerdo…

-Juegue bien sus bazas, inspectora –le indicó Tur.

-Sigan buscando en las cintas y metan prisa al laboratorio.

            Maca resopló con fuerza antes de entrar, quiso creer que los dos hombres estarían lo suficientemente ocupados como para no estar presente detrás del cristal. Se jugaba un expediente y algo más. Al entrar la vio con un nerviosismo que no era habitual en ella. Su estado le provocó un latido más fuerte en su corazón, señal de que la  había engañado. Su experiencia era tanta, que le permitía reconocer cuando había desarbolado a algún detenido.

-Gracias por hablar con mi madre –le susurró.

-Mejor no digas nada de esto.

-En su nota me decía que colaborara pero… no entiendo en qué –su tono se mostraba más alterado de lo normal.

-¿Por qué nos mentiste? –Esther tragó saliva-. Hemos averiguado que Luisa y tú teníais citas antes de que fueras a su casa.

            Esther agachó la cabeza, soltó el aire de su interior como si se hubiera vaciado. Se mordió el labio inferior apartando la mirada de aquellos ojos que se habían vuelto gélidos y la observaban repletos de ira.

-Lo siento… lo siento… sé que debí decirlo pero…

-¿Entonces es verdad? ¿Es verdad que nos has mentido?

            En ese momento Esther se dio cuenta que le había tendido una trampa, y había caído en ella. Las palabras del abogado llegaron a borbotones a su mente, sin embargo, la nota que había en la bandeja de la comida escrita por su madre le había bajado las defensas.

-¿Ha utilizado a mi madre para hacerme caer en su trampa? –le reprochó con fuerza.

-¡Caído en mi trampa! Me has mentido, te dije que no me mintieras si querías que te ayudara, creí en ti y pensé que todos estaban equivocados al acusarte de que tú eras la única culpable, pero me acabo de dar cuenta que la única que estaba equivocada era yo por creer en tu inocencia.

-¡Inspectora… por favor! –rogó Esther pero Maca se levantó precipitadamente para marcharse-. ¡Maca… por favor escúchame!

            Esther se había levantado de la silla, Maca se había quedado quieta como si el ruego en su voz hubiera echado una red alrededor de su cuerpo impidiéndole salir de aquel cuarto.

-Es cierto… no te dije la verdad –musitó con la voz repleta de derrotismo.

            Maca se giró, lentamente, sus ojos echaban fuego pero no aquel fuego repleto de ira, era un fuego abrasador mezcla de enfado y deseo. Mientras la otra mantenía aquella mirada como podía, sentía que sus piernas flojeaban, cerró los ojos por un momento perdiendo la noción de todo cuanto había a su alrededor. Al abrirlos nuevamente, se vio entre los brazos de la inspectora que la miraba preocupada, su voz parecía lejana como si no saliera de su garganta.

-¡Aguántala Maca! –entró Claudia a toda prisa.

-¡Esther… Esther! –la llamaba Maca.

“Podría morirme aquí” –escuchó su propia voz tratando de salir de su mente para comunicarse con Maca.

-Vamos Esther.

“No me sueltes, Maca”

-¡Esther! ¡Esther!

            Las bofetadas de Claudia rompieron aquel momento idílico que estaba viviendo entre los brazos de la inspectora.

            Una vez se recuperó de aquel desmayo, bebió un poco de agua, trató de relajarse a pesar de la mirada intensa que percibía Maca estaba lanzando sobre ella. Respiró profundamente aunque de manera entrecortada.

-Lo siento –dijo con la voz apagada.

-Creo que en la posición en la que se encuentra debería contar todo lo que no ha contado –le recriminó Claudia que se quedó allí.

-Luisa contactó conmigo directamente a mi teléfono personal.

-¿Quién le dio el número? –preguntó Maca.

-No lo sé… me extrañó porque nadie del mundo en que me movía lo tenía.

-¿Y ella no te lo dijo?

-La verdad… no.

-¿Dónde os veíais? –preguntó Maca con cierto malestar.

-En un hotel cercano a su casa, siempre por la noche. Ella tenía un tiempo limitado para estar conmigo.

-¿Por qué ocultaste esto? –los ojos de Maca reflejaban una profunda decepción.

-Porque pensé que me haría más culpable.

-¿Más culpable? –Maca enarcó una ceja que le daba un aire sensual insoportable para Esther.

-Esther… has ocultado un hecho importantísimo para la investigación –Claudia trató de mostrarse más conciliadora con ella.

-Lo sé… pero… todo estaba en mi contra y todos me miran como si fuera una asesina, y yo les juro que no las mate. Que cuando me fui estaban vivas –arrastró las palabras marcándose las venas en su garganta.

            Claudia miró a Maca que golpeaba una y otra vez la mesa con su bolígrafo.

-Además, no quería que Teresa supiera que le estaba engañando… no se lo merece, es una mujer increíble y yo… no quería que… no quería traicionarla no se lo merece después de todo lo que hizo por mí. No se lo merece…

            Maca se quedó mirando a Esther, era la segunda vez que nombraban a Teresa y le provocaba que su piel se erizara.

-¿Alguna vez te habló de las medidas de seguridad de la casa?

-No –dijo secándose las lágrimas-. No había tiempo para hablar, ella era como un volcán, necesitaba sexo continuamente.

            Aquella frase hizo que Maca se removiera en su silla incomoda.

-Nunca hablábamos de nada, llegábamos al hotel y no parábamos hasta que se marchaba.

-¿Alguna vez cuando pagó estabas delante?

-No, ella pagaba por adelantado el hotel. Después cuando yo llegaba tenía preparado mi dinero en la mesita de noche.

-¿Viste sus llaves, las dejo descuidadas alguna vez?

-No, nunca, Luisa era una mujer muy loca pero tenía mucha precaución con sus cosas.

-¿Sabes si tenía otras amantes?

-No, nada más estaba yo. Y tampoco hacia tanto tiempo que estábamos juntas.

-¿Te explicó el motivo por el qué recurría a ti?

-Me dijo que su mujer no seguía su ritmo, que no la llenaba y necesitaba de más.

Hasta que la noche antes de aquel encuentro con ellas me comentó que quería hablar con mi madame, quería solicitar mis servicios oficialmente para poder hacer un trío incluida su mujer, lo habían hablado y quería darle ese gusto.

-¿Crees que pudo darle tu número de teléfono tu compañera?

-No creo.

-¿Y entonces… quién?

-Imagino que alguna amiga de su círculo.

-No tenía amigas –contestó Maca.

-Debió ser alguna clienta mía… no puede ser de otro modo.

-¿Estás segura?

-Claro…

-¿Desde cuándo tienes ese número de teléfono?

-No lo he cambiado nunca.

-¿Hay alguien que quisiera hacerte daño? –le preguntó Maca bajando el nivel de dureza en sus preguntas.

-Que yo sepa no.

-Vas a pensar en ello… si te acuerdas de alguien nos lo haces saber –hizo una pausa tomando aire-. ¿Nos lo has contado todo?

-Sí… por favor deben creerme… yo no las maté.

            Salieron de aquel cuarto con cierta zozobra. Maca se pasó las manos por la cara retirándose el pelo hacia atrás, mientras, Claudia resoplaba nerviosa. Miró a Maca con expresión seria y le dijo.

-¡Vete a mi despacho y espérame allí!

-Claudia yo…

-¡Espérame allí, Maca quiero tranquilizarme antes de tomar una decisión sobre lo que ha pasado ahí dentro! -arrastró las palabras con cierta ira.

-Yo…

-¡Quítate de mi vista, Maca! -cuando se quedó sola suspiró con fuerza-. ¡Aún tendrá razón Tur, coño!

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