UN TRIO DE MUERTE. CAP. 18

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Maca entró en el despacho sintiendo en su interior un remolino de sensaciones contradictorias que la tenían alterada. Caminaba de lado a lado tratando de organizar en su mente todo cuanto Esther les había contado. No podía creer que le hubiera engañado. Tras un suspiro profundo, trató de tranquilizarse era consciente que cuando entrara Claudia iba a tener problemas. Se sentó mientras cruzaba sus largas piernas apoyando el codo sobre el reposa brazos de la silla, el dedo índice sobre la barbilla que la tenía contraída por un gesto incrédulo que le provocaba aquella mirada de Esther mientras la tenía entre sus brazos.

Tan solo con el ímpetu que Claudia abrió y cerró la puerta, Maca supo que le iba a caer algo más que una bronca. Se sentó frente a ella y por la mirada reprobatoria que le estaba dedicando temió que fuera lo peor.

-¿Qué hubiera pasado si en lugar de estar yo tras el cristal, hubieran estado Tur o Martín o cualquier otro? -Maca agachó la mirada cruzando las manos sobre sus piernas-. ¡Qué te pasa, Maca! ¡Has perdido la cordura! ¿Cómo puede ser que le hayas hecho llegar a Esther una nota?

-Asumo mi error.

-¿Asumes tu error? No, Maca, ¡esto no es un error!, esto es una cagada de las gordas, puedo abrirte un expediente ahora mismo por la cantidad de infracciones que has hecho desde que ha llegado Esther.

-Lo sé -su gesto mostraba ser consciente de lo mal que había actuado -. Pero era la única manera que se me ocurrió para que Esther pudiera hablar conmigo. Estaba segura que ocultaba algo.

-Maca… siempre apruebo tus decisiones, eres la inspectora que más casos resuelve en Madrid, todo el mundo admira a la inspectora Fernández, pero en este momento no sé si debería apartarte de un caso que te tiene totalmente fuera de ti misma.

-Lo siento, Claudia, tienes razón…

-Necesitas vacaciones, Maca -la miró fijamente.

-¿Qué quieres decir?

-Sabes perfectamente que debería apartarte del caso por infringir varias normas.

Guardó silencio mientras suspiraba, Maca se mostraba afectada por sus palabras.

-Pero… no lo voy a hacer. Si tienes que interrogar a Esther, lo harás conmigo… nada de verla… nada de hablar con su madre… ¡y nada de sonrisas cautivadoras a las chicas para ganarte su confianza!

Maca asintió con una leve sonrisa.

-Vete y ¡aclara este caso cuanto antes, por favor!

Al salir, respiró profundamente. Levantó la mirada y allí estaban sus dos hombres de confianza trabajando a destajo, podrían tener sus diferencias pero, sabía que contaba con el mejor equipo. A paso firme llegó hasta la mesa.

-Inspectora… ¿ocurre algo? –le preguntó Martín al verla llegar.

-Lo que me temía… He hablado con Esther –ambos se intercambiaron una mirada de asombro-. Tur me abrió los ojos con su explicación sobre como contratar a las prostitutas, efectivamente, tenía razón –le hizo una leve inclinación con la cabeza-, Esther era la amante de Luisa.

-¿Entonces ese teléfono es de Esther?

-Ahora iremos con eso Martín. Volvemos a empezar en el caso a la espera de lo que diga la filipina. ¡Borren de sus mentes todo lo que sabemos!

Llegó hasta la pizarra borró con ímpetu lo que había anotado dejando tan solo el nombre de Elena y Luisa. Tras redondearlo se giró a ellos con el rotulador negro en la mano derecha.

-Bien, sabemos que quien provocó este desmadre de seguridad en la casa fue Luisa. Todos los cambios incluido el del jardinero, por lo que nos acabamos de enterar.

Apuntó el nombre “jardinero” a la izquierda del de Luisa junto con una interrogación.

-Hasta ahora nadie nos había hablado de él, ni sabemos quién es. Por otro lado –continuó Maca-, tenemos a Julio el sobrino de Elena.

Lo anotó a la derecha de Elena.

-Inspectora… ¡vamos está de broma!

-Sí, lo sé, Tur… falta quien para ti es la culpable, Esther.

Puso el nombre bajo el de la pareja, justo entre medio del jardinero y el sobrino.

-Esther dice que ella no tiene ningún teléfono móvil de prepago, de hecho en su casa no encontramos ninguna factura de compra de un móvil, ningún cargador que no fuera el que usa para su teléfono móvil.

Maca anotó el número de teléfono móvil acompañado por el signo de interrogante.

-¿Entonces… quién le dio el número de Esther? ¿Tenemos otra vez que dudar de su compañera? ¿De…? –no sabía si decirlo o no, Martín cada vez que debía nombrar a Teresa sentía que hacía daño a la inspectora.

-¿Teresa?–dijo ella con firmeza-. No creo que Teresa tenga nada que ver en esto… Esther nos ha asegurado bastante afectada que el motivo por el cual no nos lo dijo principalmente fue porque parecería más culpable, pero también, por Teresa por no hacerle daño.

-También nos dijo que nos lo había dicho todo y mire ahora… -Tur la miraba con cierta incredulidad, entonces muy seguro de sus palabras agregó-. Disculpe pero no veo ningún sentido dudar del sobrino.

-Yo tengo mis reservas, su coartada es firme pero…

-¿Y la pistola? –preguntó Martín.

-¡Inspectora! Por fin… tengo las cintas –asomó Roberto la cabeza llamándole ansioso.

-¡Ya era hora, macho! –murmuró molesto Tur.

Entraron en el cuartito de Roberto, aquel lugar tan altamente tecnológico le causaba algo de grima a Tur. Se quedó apartado por detrás de Martín que a diferencia de él, le encantaba como Roberto siempre conseguía sorprenderles.

-En esta imagen se ve a Julio hablando por teléfono, nada raro, está mirando un escaparate y, ahora atentos, esa es Luisa.
Detuvo el video señalando a una mujer que parecía muy sonriente al encontrarse con Julio.

-Bueno…parece que si se alegra de verlo –dijo Martín.

-Pero si hiciera mucho tiempo que no se veían debía alegrarse más –murmuró Maca.

-Y ahora… se van a una cafetería… como me dijeron que probablemente le habían hecho una copia de la llave a Luisa, he aguantado todo el rato hasta este punto.

En la imagen se veía como Luisa se levantaba y se marchaba al cuarto de baño pero se llevaba consigo el bolso. Entonces detuvo la imagen.

-Se lleva el bolso –musitó Maca con cierta sorpresa.

-Así es.

-Esther ha dicho que no era descuidada, nunca pagó delante de ella, ni tampoco dejó nada a su alcance.

-Puede que no sea tan culpable como los hechos la hacen –susurró Tur observando detenidamente a la mujer que la pantalla reflejaba, era alta con el pelo canoso y llena de vida.

-¡Pero miren ahora!

Se veía como le entregaba un sobre, Julio lo abría y podían ver el fajo de billetes.

-¡Le ha dado dinero! –exclamó Martín.

-Así es… no sé la cantidad pero no debe ser poca por lo que él tarda en cerrar el sobre.

-Bueno eso él también lo dijo, que Luisa le daba dinero de vez en cuando.

En ese momento hubo un silencio sepulcral en el cuarto.

-¿Para qué iba a matarla si le daba dinero cuantas veces lo necesitara? –preguntó Tur cada vez más convencido de que no tenía nada que ver en el asesinato.

-Con la cantidad de dinero que tenían en casa era normal no ver movimientos en las cuentas bancarias –apuntó Martín.
Volvieron a la pizarra, allí Maca volvió a anotar algo. Pistola.

-De acuerdo, compro la versión de Tur, en el hipotético caso que Luisa contará a Esther que tenían en casa unas medidas de seguridad ¡invencibles! Que Esther viera el número al poner la alarma cuando entró detrás de Luisa, además, que estuviera al tanto de la anulación de la alarma en la parte de la cocina y la habitación, que pudiera contarle que tenían la caja fuerte camuflada en el aire acondicionado, que debía haber una llave especial para abrirla… ¡en el hipotético caso que Luisa hubiera sido una bocazas! ¿Cómo iba a contarle que había en el cajón una pistola guardada en una caja? ¡Y que esa pistola era de Elena! Para que Esther las asesinara precisamente tratando de hacernos creer que Elena había matado a su mujer y, después, se había suicidado.

Ambos hombres, incluida Claudia que se había acercado hasta ellos se quedaron sin respuesta. Maca iba anotando todas aquellas hipótesis que podían ser tan ciertas como no.

-¡Cómo! ¡Me lo puede explicar alguien!

-Habrá que buscar más hipótesis, inspectora… Quizá tenga razón –le dijo Martín con gesto dubitativo.

-¡La tengo! –acompañó aquel énfasis de su voz levantando el rotulador firmemente con su mano derecha.

-Está encoñada que no es lo mismo –le espetó Tur.

-Esa mujer nos ha mentido, nos ha ocultado información pero no es culpable… -la defendió sin ir más allá de aquella frase.

-Podría tomar fuerza también la hipótesis de la trampa a Esther –apuntó Claudia mirando la pizarra.

-Si se fijan, nos quedan tres nombres, Julio, el jardinero y Esther. Hemos eliminado a los amigos. Dada la dificultad para entrar y salir de esa casa, no puede haber sido un robo de un ladrón casual. La llamada de Luisa se hizo al móvil personal de Esther, con lo que podría ser alguien relacionado con ella en el pasado.

-O aliado con ella –apuntó Tur.

-También –contestó Maca con gesto de fastidio.

-Inspectora, está aquí la señora Filipina –dijo con cierta extrañeza al decirles el nombre.

-Yo me encargo –dijo Tur.

-¡Incluso podría haber sido ella, inspectora! –dijo convencido Martín.

-Te escucho.

-Es la persona que sabe el número de la clave, está dentro de la casa, tiene acceso a todo cuanto hay, ¡quién nos dice que no lo preparó todo ella!

-No la veo capaz –murmuró Maca con el ceño fruncido.

-¡Y si no lo hizo sola! –abrió los ojos de par en par como si estuviera a punto de descubrir el asesino.

-De acuerdo… anotaremos Filipina justo debajo de Esther. Entra con Tur y hacerle un interrogatorio más intensivo.

-Gracias.

-¡Así es como me gusta verte trabajar! –le dijo Claudia sonriendo-. Aunque… no le quito ni una sola palabra de las pronunciadas por Tur. No te he visto así de pérdida por ninguna mujer.
Maca la miró con gesto cansado.

-Ten cuidado, Maca, a veces las apariencias engañan las mosquitas muertas son las peores.

Cuando Martín llegó a la sala le hizo una señal para que saliera Tur. Dejando solo al dibujante con la filipina que le iba dando instrucciones

-¿Qué pasa?

-La inspectora quiere que le interroguemos.

-¡Estoy hasta los huevos de la inspectora y este caso!

-Tur, ¿y si tiene razón? ¡Es todo tan evidente!

-¿Ya te ha comido el tarro? ¡Tan poca personalidad tienes! –le recriminó-. La culpable es Esther… no hay más.

-Vamos a interrogar nuevamente a esta mujer.

Frente a la pizarra, Maca seguía observando lo que había escrito. Necesitaba creer en su teoría, era cierto que pocas veces fallaba, sin embargo, por más que quería creer en “su teoría” había algo que no terminaba de cuadrarle.

-Inspectora, hemos analizado ya la bolsa de Esther –apareció ante ella uno de los muchachos de científica.

-¿Y?

-En el interior de esa bolsa si hubo dinero no ha dejado rastro. Tan solo hay unos filamentos de ropa, también hemos encontrado restos de detergente y suavizante, es decir, lo que se guardó allí no fue dinero. Aunque, como ya sabe, no es una prueba contundente.

-Lo sé, lo sé. Gracias Felipe.

Oyó los pasos de Tur acelerados, intuyó que ambos estaban allí detrás de ella observando lo que escribía. Se giró mirándolos con su ceja izquierda enarcada.

-¿Y bien?

-Juan nos traerá el retrato, va a darle los últimos retoques –dijo Tur-. Yo eliminaría a esta mujer de cualquier sospecha.

-Ha roto a llorar en cuanto se ha dado cuenta que le estábamos interrogando. Nos ha jurado que ella cuando llegó ya estaban muertas.

-¿Y el jardinero?

-Dice que llegó y le atendió Luisa, estuvo mucho rato y se reían mucho. También le presentó a Elena, fue más fría, después se marcharon las dos. Al rato se fue él, pero volvió porque se había dejado una tijera en el jardín. Y volvió a irse.

-Vale…

-Tampoco dice mucho, ella asegura que en todo momento entró y salió solo.

-Bien. Me acaban de decir de científica que en la bolsa que llevaba Esther no hay rastro de impregnación de dinero, en cambio, sí de ropa. Es decir, concuerda con su versión.

Maca tachó el nombre de la sirvienta. Los tres se quedaron pensativos, cada uno con su hipótesis.

-Insisto en que no hay mucho más que buscar, Esther es la asesina, ¡habría que sacarle la información de lo que hizo con el dinero!

-¿Y si Esther entró en la casa hizo el trabajo, las mató, abrió la puerta para que alguien entrara y se llevara el dinero? Después… sabía la combinación de la alarma y nada más tenía que ponerla. Recuerde que la hora de la muerte concuerda con que ella estaba allí.

-No podemos estar seguros, recuerda que el despertador estaba manipulado, de ahí que mi teoría se tan válida, quien las mató pudo tenderle la trampa a Esther… Pero sí, hay tantas posibilidades… -Maca se frotó las sienes-. Ahora mismo nos quedan treinta y cuatro horas para que finalice el tiempo. Necesitamos pruebas contundentes.

-¡Ya tengo el retrato, inspectora! –apareció el retratista.

-Gracias, Juan –Maca lo miró atentamente-. Complicado saber quién es este tío. ¿Tur?

-A ver –se puso las gafas de cerca mientras ponía cierto gesto de malestar.

-No me suena de nada.

-Déjame a mí –Martín cogió el retrato observándolo con atención.

-Puede ser cualquiera –murmuró Maca.

-¡Un momento! A mí esta cara me suena de algo.

Mientras en la sala averiguaban quien era aquel hombre, en su calabozo Esther no podía controlar el llanto. Todo cuanto había tratado de ocultar, se había visto al descubierto… su madre, Teresa las dos personas que quería estaba convencida que se sentían defraudadas por ella. ¿Cómo iba a mirar a la cara a su madre? ¡Qué iba a pensar Teresa de ella! Metió la cabeza entre las rodillas que tenía flexionadas, y rompió a llorar. No la iban a creer, dudaba hasta que Maca pudiera creerla después de haberle fallado. Se veía entre rejas muchos años… envejecida y sola.

Fuera Maca, Tur y Claudia rodeaban a Martín que seguía observando la fotografía pensativo.

-Este… ¡yo juraría que es el amigo de Julio!

-¿Estás seguro? –le preguntó Maca notando como la adrenalina comenzaba a recorrer sus venas.

-Casi seguro.

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4 pensamientos en “UN TRIO DE MUERTE. CAP. 18

  1. Gracias a ti pquimmera por animarme con cada comentario. Cuesta pero es muy divertido escribir este género, aunque deba tener un montón de pizarras como la que tienen en la comisaria sobre mi mesa.
    Un abrazo.

  2. Ja, ja, ja Kris, creo que os di luz ¿eh? Bueno será cuestión de ir tachando algunas de tus conclusiones en los próximos capítulos. No estaría muy segura ni de la f.
    Un abrazo.

  3. Admirable la capacidad de trabajo y concentración de Maca a pesar de todo lo que le está pasando y sintiendo.
    No debe de ser nada fácil ir tejiendo la historia en tu cabeza e ir dejándonos las pistas de este misterio.
    Muchas gracias por dedicarle tu tiempo.

  4. A ver, limpiemos la pizarra como hizo Maca, ¿que sabemos de esta historia?
    a) Que Elena y luisa están muertitas
    b) Que Esther se ganó la rifa y se presume culpable.
    c) Que a Esther le gusta Maca y que a Maca se le caen las bragas por Esther.
    d) Que hay un sobrino y un jardinero que pueden ser culpables, pero que a lo mejor no lo son o a lo mejor es el amigo de julio..
    e) Que tur es insoportable.
    f) Que yo no fui, fue tete.
    g) En conclusión yo solo sé que no se nada.
    Gracias escritora, por esta historia llena de intriga y no te olvides que te pedí luz, no que lo complicaras mas todavía.

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