UN TRIO DE MUERTE. CAP 19

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Se miraron entre ellos, por un segundo a los cuatro les pareció cuadrar aquella pizarra. Maca entró como una exhalación al cuarto donde Roberto seguía consultando cosas en su ordenador gigante.

-¡Roberto! ¿Tienes las cintas que antes hemos visto a Luisa y Julio?

-Sí…claro –contestó inquieto, sabía que esa fuerza en Maca significaba que estaba cerca de descubrir la verdad.

-Quiero que busques a Julio una vez sale del centro comercial, quiero que veas si iba acompañado o solo. Si va acompañado por un hombre, imprime la fotografía.

-De acuerdo.

Salió fuera mientras Tur hablaba por teléfono.

-¿Qué pasa? -le preguntó a Martín.

-Es Julio –le dijo en voz baja.

-¿Y?

-No sé… ahora nos dirá.

Tur terminó de hablar con él y se quedó mirando a Maca fijamente.

-Me ha dicho si ya tenemos al culpable, que necesita irse porque ha tenido un problema en su restaurante.

-¿Qué le ha dicho? -lo miraba fijamente.

-Que preferiría se quede cerca, la presunta asesina le quedan veinticuatro horas para llevarla al juzgado y, él es el único familiar directo de las asesinadas, además, le he dicho que hemos encontrado algo en los papeles de su tía que posiblemente necesitemos que venga a ojear, porque parece que sí le ha dejado en otro testamento alguna casa. Es lo que convine con el abogado de la familia por si él le preguntaba.

-¡Es usted muy bueno, detective! Y ahora quiero que entre conmigo a interrogar a Esther. Martín, ve con Roberto ayúdale a visionar las cintas, si es el amigo de Julio puede que esté con él en ese centro comercial. A ver si la suerte nos acompaña y podemos verlo para mostrárselo a Esther.

-De acuerdo.

Maca siempre sabía cómo contentar a ambos, el problema era que Tur no soportaba ser mandado por una mujer.

La puerta del calabozo chirrió como era costumbre, Esther se secó las lágrimas. La policía le puso las esposas y la condujo nuevamente hasta la sala de interrogatorio que ya era como su segunda casa, aunque, cada vez que debía entrar el cuerpo le temblaba, su corazón latía fuertemente y tan solo funcionaba el deseo de que estuviera Maca. Al entrar la vio sentada junto a Tur, ¡qué poco le gustaba aquel hombre! La policía la ayudó a sentarse, le quitó los grilletes y, una vez se quedaron solos, respiró profundamente.

-Bien Esther… voy a enseñarte un retrato. Nada más quiero que te centres en el dibujo y me digas si el rostro que te voy a enseñar lo reconoces.

-Si–no pudo decirlo con fuerza, aquella voz sedosa de Maca le ponía el bello de punta.

-¿Lo conoce? –exigió Tur.

-Pues…no.

-¿Estás segura? –insistió Maca con calma.

-Es complicado… -Esther miraba una y otra vez el dibujo.

-Es jardinero, ¿tienes amistad con algún jardinero?

-No…

-¿En el pasado conociste alguno?–le volvió a insistir Maca.

-No…que yo recuerde no.

-Muy bien… en cuanto tengamos una fotografía te la volveré a mostrar.

-Vale. Lo siento –le dijo mirándola fijamente como si no hubiera nadie a su lado.

-No pasa nada –carraspeó Maca al sentir como Tur las observaba fijamente.

-Señorita García –dijo de pronto Tur. Los ojos de Esther se movieron lentamente hacia la derecha para encontrarse con su mirada-. ¿En los juegos sexuales que tuvieron, Luisa utilizó en algún momento la pistola?

-No.

-¿Y Elena?

-Tampoco…yo no vi la pistola, ni sabía que tenían un arma.

-Es un poco extraño porque parece que a Luisa le ponía mucho utilizar varios juguetes para iniciar y consumir el sexo, la pistola es uno de los preferidos de algunos fetiches.

-Le aseguro que no, a Luisa le gustaba utilizar el arnés principalmente, le gustaba dominar. Lo demás lo elegí yo y también Elena. Pero en ningún momento ni siquiera conmigo en el hotel mencionó o jugó con una pistola. No creo que Elena se lo hubiera permitido.

Aquel comentario provocó que ambos la miraran atentamente como animándole a continuar.

-Elena era una buena mujer que amaba a Luisa.

-¿Y cómo sabe usted eso? –le preguntó Tur.

-Porque hizo algo tan bajo como aceptar algo que iba contra sus propias reglas… y eso créame… nada más se hace por alguien a quien amas.

-¿Crees que Elena pudo después asesinarla?

-No. No la conocía pero por lo poco que pude percibir de ella, de su mirada amaba de verdad a Luisa que era un poco loca pero a su manera sentía que Elena era su vida y no la iba a dejar. Por eso me contrató a mí, porque nada más quería saciar su apetito sexual con una extraña, porque estaba enamorada de su mujer.

El silencio se hizo intenso en la sala. Esther parecía que había perdido el miedo a hablar más allá de defenderse. Maca la observaba con tranquilidad mientras no podía dejar de imaginar como la besaba ¿le pasaría a ella lo mismo? Se preguntó.

-Inspectora, ya tenemos la fotografía–apareció Martín entregándole aquel papel a Maca.

-Gracias. De acuerdo, veamos ¿lo conoces?

Puso la fotografía sobre la mesa lentamente, los ojos de Esther se abrieron como platos al ver quien estaba allí, un escalofrío recorrió su espalda, los tres se percataron del hecho.

-¿De qué lo conoce? –preguntó Tur con el ceño fruncido.

-Era…era el hermano de mi novia–tragó saliva mientras se le humedecieron los ojos.

-Muy bien… tranquila Esther, trae un poco de agua, Martin por favor.

-Claro.

Nuevamente guardaron silencio para dejarla pensar con claridad.

-Él me culpaba de la desdicha de su hermana –Maca miró a Tur en aquellos ojos parecía escribirse la palabra“venganza”-. Raquel, que así se llamaba, tenía un novio que la golpeaba, yo fui su apoyo y conseguí que lo dejara, después se vino a vivir a mi casa, la cercanía hizo que nos fuéramos enamorando. Su hermano no lo aprobó nunca. A ella su rechazo la destrozó, estuvo a punto de dejarme no soportaba verlo y que ni siquiera le hablara o la negara. Un día le dije de irnos a la costa… -tragó saliva tratando de tragar el nudo que se había formado en su garganta-… tuvimos un accidente, conducía yo… Raquel murió a las pocas horas en el hospital.

Esther guardó silencio, en ese instante, Maca sintió unas ganas enormes de abrazarla, podía entender algo mejor su mirada sombría y apagada.

-¿Él le hizo algo a usted?

-Me echó del tanatorio y juró que se vengaría de mí por haber asesinado a su hermana. Parecía que se había vuelto loco.

-¿Después de aquella amenaza lo denunció? –le preguntó Martín.

-No… pensé que era el dolor quien le provocaba aquel odio hacia mí. Nunca más lo vi, nunca más me molestó… nunca más apareció en mi vida.

-¿Es jardinero?

-No…es comercial, bueno… antes era comercial –elevó los hombros mientras se secaba las lágrimas.

-¿Estás segura que es él? –le preguntó Maca suavemente.

-Sí, es él. Rodrigo Vega Fernández.

Salieron de aquella sala de interrogatorio con prisas, tenían tan solo 30 horas para poder soltar a Esther o meterla en prisión.

-De acuerdo, vamos a hacer una cosa… no vamos a decirle que sabemos quién es y lo que fue, tan solo vamos a decirle que la criada nos ha dicho que trabajó en la casa, y que tú lo has reconocido con el retrato que nos ha hecho nuestro compañero ¿de acuerdo Martín?

-Sí, inspectora.

-No le diremos que Esther nos ha dado su nombre. Quiero que desde el momento que entre en la sala de interrogatorios, Tur, se pongan manos a la obra y le pinchen el teléfono.

-¿Cree que puede ser el asesino?–la miró con ciertas dudas.

-Lo que creo es que su afán de venganza hizo a Esther aparecer en la vida de Luisa.

-¿Cómo? –preguntó Martín.

-Tengo una teoría sobre eso, chicos –dijo ella acercándose hasta la pizarra-. El tal Rodrigo y Julio son amigos desde la infancia, dieron con Esther y Julio pudo hacerle llegar a Luisa el nombre de Esther, recordar que Luisa la llamó directamente a su móvil.

-¡Eso encaja! –dijo con fastidio Tur.

-Le tendió una trampa para hacernos creer que fue Esther quien las mató.

-¿Pero las mató él?

-Eso es lo que tenemos que averiguar.

-Si no las mató él, las mató Julio –dijo Martín mirando fijamente la pizarra.

Los tres miraban la pizarra con sus pensamientos de policía trabajando a todo tren, sentían que por primera vez habían dejado de lado a Esther, quizá tenían razón, ella nada más estaba implicada como una venganza de alguien que la odiaba…

-¡A veces cuando os veo mirar así la pizarra pienso que debéis tener algo ahí que los demás no vemos! –apareció Ruperto.

-¿Tienes algo ya? –se precipitó hacia él con el rostro tenso.

-Inspectora…parece mentira que yo hiciera la autopsia y no viera lo que he visto–los tres lo miraron fijamente-.Guardaba un regalo quizá del asesino.

-¡No tenemos tiempo para juegos!–le reclamó Tur.

-Me pasó desapercibido por la posición en la que estaba escondido. Elena tenía un cabello entre su axila izquierda y la espalda, apenas 9 milímetros de cabello.

-Y no es suyo… claro –dijo Maca conociendo al doctor.

-Ella y Luisa tenían el pelo blanco, ese cabello es de color castaño.

-¡Es el color de Esther! –murmuró Martín.

-Para nuestra suerte, el pelo tenía el folículo necesario para poder analizarlo en condiciones.

-¿Y cuándo tenemos el resultado?

-Apretando mucho diez días.

-¡Joder!–protestó Tur.

-Estoy seguro que ese pelo es del asesino o asesina.

-¿Y no pudo ser de Esther mientras mantenía relaciones? –Maca quiso estar segura de poder descartarla.

-Por cómo estaba colocado no. El pelo debió caerle al asesino, veréis, según mi teoría estaba detrás de Elena para disparar a Luisa –se puso a actuar como si Maca fuera Elena, quería representar la escena para que a los tres les quedara claro-, en el movimiento de disparar a Elena pudo caerle, he hecho alguna prueba y, efectivamente, el casi noventa por ciento del rastro de caída sería justo en ese punto, de ahí se deslizó entre la axila y Elena lo guardó para mí. Siempre os digo que los muertos hablan. Lo que no sé es como se me pasó.

-Esther tiene el pelo castaño…

-El amigo de Julio tiene una mezcla de castaño y canas –añadió Martín.

-El sobrino de Elena también lo tiene castaño –dijo Tur con el gesto serio.

-Está bien… gracias Ruperto… de todos modos trata de meter un poco de prisa, por favor.

-¡Qué bien los tres con el mismo color de pelo! Esto es pa’cagarse –se quejó Tur con su tono ácido.

-¡Vayan a traerlo y si puede ser asegúrense que Julio no está! Me gustaría pillarle desprevenido.

-¡De acuerdo! –les dijo Maca.

Los hombres se fueron y Ruperto que seguía junto a Maca le preguntó:

-¿Podemos hablar un momento a solas?

Maca sabía perfectamente lo que quería decirle, una parte de ella le quería decir que no, sin embargo, accedió a acompañarlo hasta el pasillo. El hombre le sonrió con delicadeza.

-¿Cuánto tiempo nos conocemos, Maca? ¿Diez años? –Maca sonrió de lado-.Tiene mucho valor por tu parte aguantar lo que estás aguantando con este caso y, además, enterarte de quien es tu madre verdadera. Pero no permitas que el miedo te nuble la vista y te niegue la oportunidad de conocerla. Hoy ha venido para hablar conmigo, está tan desconcertada como tú y preocupada por ti. No la juzgues por quien es, si no, por lo que es. Una gran mujer.

-Siempre me das buenos consejos, Ruperto –le sonrió con amabilidad-. Te lo agradezco.

-Sé que vais a tener una gran relación… ¡y me alegro! –le entregó una sonrisa y se marchó.

Maca se quedó mirando a aquel hombre que parecía conocía perfectamente a Teresa, “Teresa”, se repitió mentalmente, al hacerlo las palpitaciones de su corazón latieron con fuerza.

Mientras esperaban a que llegara Julio, Esther en su calabozo no paraba de llorar, quería mantener la calma delante de Maca, pero cuando se quedaba sola dejaba brotar sus miedos y sus lamentos. Recordar a quien había sido el amor de su vida le había hecho trizas el corazón. Entre medio de aquellas lágrimas… de aquel dolor… en su mente apareció el rostro sereno y amable de Maca. Entonces suspiró con fuerza y cerró los ojos.

Por su parte, Maca, se había metido en el cuarto donde tenían la cafetera, se había puesto dos cápsulas de café extrafuerte, a pesar de ser consciente que aquello iba a desvelarla. Dio un sorbo cerrando los ojos, era uno de los pocos placeres que podía permitirse en aquella comisaría. Al pensar en aquello, su mente la llevó hasta Esther. Dio otro sorbo mientras se sentaba, dejó que las imágenes de su fantasía ocuparan aquellos minutos de descanso. Se moría de ganas de acariciarla… ¿a qué sabría su piel? Podría verse besando lentamente la espalda desnuda de la otra, podía imaginar lo sedoso de sus labios al besarla.

-¡Inspectora!

Martín la llamó con tanto ímpetu que la asustó derramando el café.

-Lo siento… lo siento…

-No pasa nada –carraspeó-. Estaba metida en el caso y… ¿Qué sucede?

-Ya está aquí Rodrigo Vega, el amigo de Julio. Hemos tenido suerte, iba a subir a casa y lo hemos metido en el coche sin que haya podido dar aviso.

-Perfecto ¡qué rapidez ni siquiera me he podido tomar un café! –sonrió Maca tratando de disimular su azoramiento.

-¡Somos muy buenos, inspectora!

-Lo sé, pero no se lo diga a Tur, se pone insoportable –puso gesto de niña buena.

-¡Trato hecho!

El detective Tur había sido el encargado de cogerle el móvil y la cartera que metió en una bolsa, después con toda la amabilidad que era capaz lo metió en una sala que no era de interrogatorios, no quería presionarle demasiado. Mientras Roberto hacía su trabajo con el teléfono.

Tur lo miraba fijamente y Rodrigo trataba de mantener la mirada aunque a veces le era prácticamente imposible. Maca los estuvo observando durante un momento y entró cuando creyó que ya estaba lo suficientemente nervioso.

 

 

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4 pensamientos en “UN TRIO DE MUERTE. CAP 19

  1. Kris eso es lo tremidante de escribir estos tipos de historias, ¡me encanta los diferentes caminos que puedes elegir! Aunque reconozco que es complicado tejerlo todo bien. Me siguen los nervios con esta historia.
    Un abrazo.

  2. Pues tal parece que esas mismas pizarras en las que tú vas organizando la trama, te van dando luz de hacia dónde quieres ir con ésto. Muy bien llevado…intrigada me tienes
    Muchas gracias

    p.d. éstas dos están completamente perdiditas la una por la otra 🙂

  3. Al fin, un poco de luz al final del túnel, aunque mejor espero a ver como se desarrollan los hechos, no vaya a ser que nuestra querida escritora nos salga con alguna sorpresa…excelente, como siempre nos mantienes a la espera del siguiente capitulo

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