UN TRIO DE MUERTE. CAP. 20

 

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Maca entró mostrando la mejor de sus sonrisas, aquel gesto relajó algo más a Rodrigo. Se sentó justo al lado de Tur que no perdía detalle de aquel hombre.

-¡Hola Rodrigo!

-¿Inspectora, me puede decir que hago aquí? ¿Me están acusando de algo?

-No se ponga a la defensiva, Rodrigo. Nada más queríamos contrastar una información que en su momento no le dio a nuestro compañero Martín cuando fue a su casa.

-¡Por cierto lo atendieron muy bien! –le dijo con rostro gélido Tur.

-¿Una información? –los miraba algo alterado.

-Sí, verá según la criada usted estuvo trabajando en la casa la tarde antes del asesinato de Luisa y Elena.

-¿Y?

-¿No le parece que es algo demasiado importante como para no decírnoslo? –le preguntó con severidad Tur.

-No creí que fuera tan importante, fui, hice mi trabajo y me marché.

-No tan deprisa, Rodrigo, por favor –le dijo Maca mirándolo con serenidad aunque por dentro sentía los nervios a flor de piel-. ¿Quién le contrató?

-Luisa, Julio habló con ella, yo era comercial pero la crisis se llevó por delante la empresa en que trabajaba, estaba desesperado ya llevaba mucho tiempo en paro, así que, hice un curso de jardinería me gustó y me especialicé. Luisa le comentó a Julio que no estaba contenta con la empresa que llevaba sus cosas, entonces, él le habló de mí.

-Vaya.

-Sí, ¡vaya! ¡Vaya mala pata la mía! Encuentro un trabajo, y el mismo día que empiezo algún hijo de puta mata a esas mujeres que no se merecían algo así –dijo pesaroso.

-¿Usted conocía a la pareja?

-Sí, cuando era niño jugaba con Julio. Pero realmente con quien más contacto tenía era con Luisa.

-¿Y Elena vio bien que entrara usted a trabajar en la casa siendo amigo de su sobrino? –Maca lo miraba con el ceño fruncido.

-¡Claro! ¿Por qué no? –lo miró con dudas.

-Por lo que sabemos ellos no tenían relación.

-Bueno, yo no la culpo. Es más, siempre advertí a Julio que iba por mal camino… pero no quiso escucharme. Para cuando lo hizo, ella le dijo que a partir de ese momento debía volar solo, era una mujer inflexible si se le decepcionaba. Le dio el dinero que le correspondía ya que su madre murió de una sobredosis, y Elena se hizo cargo de él. Si soy sincero, le dio mucho más dinero del que le correspondía.

-¿Y qué hizo él con ese dinero?

-Lo invirtió en el restaurante que tiene en la playa. Se dio el lujo de hacer un viaje por alrededor del mundo, y se compró un barco.

-¡Madre mía pues sí que fue generosa! –silbó Tur.

-Y si le ha va tan bien, ¿por qué Luisa le daba dinero? Él mismo nos lo dijo –agregó Maca con el ceño fruncido.

-Todo lo que Elena era de inflexible, Luisa lo era de tolerante, no habían tenido hijos y para ella Julio era como si lo fuera. Siempre le daba dinero, para la gasolina, para comprarse ropa, si tenía algún pago… siempre lo malcrió.

Durante unos segundos tanto el detective como la inspectora guardaron silencio, aquel silencio incomodó a Rodrigo que veía como le observaban cada movimiento.

-Bien, vamos a ver… cuéntenos con todo detalle qué hizo durante el tiempo que estuvo allí. ¿ A qué hora llegó?

-A las nueve de la mañana.

-¿Y a qué hora se fue?

-Terminé a la una.

-¿Qué hizo en esas cuatro horas?

-Primero limpié el jardín junto a Luisa, ella me comentó que plantas tenía que tener especial cuidado, hablamos de pedir tierra para remover la del pequeño huerto, estaba pidiendo a gritos un cambio, después me enseñó donde estaba la piscina, el motor y el robot que debía pasar. Después vino Elena me saludó y se fue con Luisa.

-¿Se fueron de la casa?

-Sí, Luisa me dijo que tenían que ir a hacer unos recados, supuse que irían a Cáritas o alguna obra social, eran muy dadas a ello.

-¿Y qué hizo después?

-Después, avisé a la Filipina que me iba, ella me acompañó hasta la puerta. Pero al llegar a la furgoneta me di cuenta que me había olvidado la tijera de podar. Volví a la casa, llamé, me abrió la puerta la filipina me dijo que debía terminar de planchar que saliera yo mismo porque ella también se iba. Fui hasta el jardín y busqué, no me llevó más de dos minutos encontrarla. Entonces salí, cerré la puerta y me marché.

-Durante el transcurso en el que usted entró de nuevo, ¿la puerta estaba cerrada?

-Sí, claro –contestó aunque algo dubitativo-. Aunque tampoco podría precisarlo, yo estaba trabajando cuando ellas dos se fueron, imagino que cerrarían…

-¿Y cuándo se marchó vio a alguien merodear la casa? ¿Algo que le llamara la atención?

-La verdad no me fije, creo que no vi nada ni a nadie extraño, si algo hubiera llamado mi atención creo que me acordaría.

-¿Por qué cree que las han matado?

-Evidentemente, por el dinero.

-¿Eran muy dadas a alardear de ello? –Tur se recostó de lado en la silla mirándolo fijamente.

-No… bueno… Luisa tenía un pequeño defecto si me permiten decirlo –los miró con cierta duda llevándose la mano derecha a los labios.

-Adelante –le animó Maca a seguir.

-Le gustaban mucho las mujeres.

-¡Vaya! –dijo Tur como si le sorprendiera aquel comentario.

-Julio me contó que bueno… que le gustaban demasiado.

-¿Cree que tenía alguna amante?

-No lo sé, pero si es cierto que algo me sorprendió, normalmente, Elena era muy cariñosa con Luisa, esa tarde, más bien pareció estar enfadada con ella apenas la miró.

-¿Tenían problemas?

-No lo sé… de verdad me gustaría ayudarles más pero… nada más sé lo que me contaba Julio, hacía mucho tiempo que no las veía juntas. ¡Vamos su coche tenía doce años eso no es para llamar la atención de nadie! Elena era una mujer que tenía muy claro que no debía hablar de su economía.

-Luisa no lo tenía tan claro –dijo Maca.

-Luisa no era igual. Pero… joder ¡porque matarlas!

-¿Por qué está tan seguro que las han matado? –preguntó Maca mirándolo fijamente.

Rodrigo no supo cómo reaccionar.

-Bueno… nos lo dijo el inspector que vino.

-Detective –le corrigió Tur.

-Detective, perdón –se removió en su asiento.

-Tenemos otra hipótesis –Maca no perdía ni uno solo de sus gestos-. Elena mató a Luisa y después se suicidó.

-¡Vamos! ¿Inspectora? –Maca asintió-. ¡Con todos mis respetos! ¡Eso es imposible!

-¿Por qué? –le preguntó al ver su reacción.

-Porque Elena sería incapaz de matar a Luisa ¡y mucho menos suicidarse! –la miraba horrorizado.

-No hemos encontrado huellas de nadie en la pistola.

-Julio dijo que tenían a una mujer –les dijo con cierto nerviosismo.

-Pero no hay pruebas de que haya asesinado a la pareja… más bien estamos casi seguros que fue un asesinato de violencia de género –apuntó Tur.

-Eso es imposible… se están equivocando.

-Usted mismo nos ha dicho que la puerta estuvo cerrada todo el tiempo, que no vio a nadie sospechoso durante las cuatro horas que estuvo allí. La filipina cerró poniendo la alarma… nadie pudo entrar sin hacerla saltar.

Rodrigo fue a hablar pero se calló.

-Además al día siguiente cuando entró la filipina dijo que la alarma estaba puesta –continuó Maca.

-Tanto fue así, que la mujer se puso a hacer las tareas del hogar sin percatarse que sus señoras yacían muertas en la cama.

-No puede ser –movió la cabeza lentamente-. Y si piensan todo eso ¿por qué estoy aquí?

-¿Creyó usted que le estábamos culpando? –lo miraron fijamente.

-¡No me han dicho nada de por qué estoy aquí! Nada más me han enseñado la placa de policía y me han traído.

-Sentimos mucho que se haya sentido maltratado… por favor discúlpenos si en cualquier momento le hemos hecho sentir mal –Maca le habló con tono respetuoso y mirada cálida.

-No, no… es que… Elena no era capaz de hacer daño ni a una mosca… ¡imposible! ¿Y el dinero? ¡Las han matado para robarles!

-Estamos averiguando cuánto dinero entregaron a la obra social… Usted mismo nos ha dado una clave, se fueron porque tenían que hacer algunas gestiones, quizá no tenían dinero en casa y nosotros pensamos en el robo. Ya le hemos dicho que barajamos dos hipótesis.

-Vale… pero no me creo ni por un momento que Elena matara a Luisa.

-Muchas gracias por su colaboración, sabemos que esto también es difícil para usted. Lo mismo que para Julio… terrible –decía Tur mientras acurrucaba los ojos.

Lo acompañaron hasta la puerta donde le dieron sus enseres, llaves, cartera y teléfono. Cuando lo vieron salir, ambos se miraron convencidos de que habían hecho un buen trabajo, pero el orgullo pudo más que los halagos.

-¡Conectar el buscador estoy segura que va a llamar a Julio! –dijo Maca con la alteración de quien piensa que está muy cerca de dar solución a un caso.

-¿Qué os ha parecido? ¿Le habéis hablado de Esther?

-No… pero tenía mucho interés en hacernos ver que no había sido un suicidio…

-Sí, creí por un momento que iba a acusar a Esther directamente –dijo Maca mientras daba un sorbo de agua.

-¿Creéis que las pudo matar él?

-Ahora está Salva mirando a ver si le ha caído algún cabello… A Esther ya se le ha tomado una muestra.

-Atención hace una llamada –dijo Roberto.

Todos se pusieron alrededor de aquel aparato que les estaba dejando escuchar nítidamente la conversación.

-¿Qué esperáis? –les preguntó Martín.

-Debería decirle a Julio que sale ahora de la comisaria, él no era sabedor de que lo habíamos pillado –respondió Tur pensativo.

-Y si como sospechamos tienen algo que ver en el asesinato lo primero que hará será llamarlo –añadió Maca mirando fijamente el aparato por donde debía salir la conversación que tanto esperaba.

Marín asintió entendiendo que aquella explicación era lógica adivinando que aquello le provocaría a Maca un intenso estado de nervios, a él no se le había escapado las maneras en las que la inspectora miraba a Esther, pero también, en las miradas que Esther dedicaba a Maca. Suspiró con fuerza preocupado porque en el fondo lo más lógico era que Esther había matado a aquellas dos mujeres.

-¡Estefanía! Perdona, sé que llevo retraso pero en diez minutos estoy ahí. Me ha surgido un imprevisto.

-¿Todo bien?

-Sí, sí. Si quieres entra en el bar, pídete algo y amenizas la espera.

-De acuerdo, te espero en la mesa de siempre.

-Hasta ahora, guapa.

Rodrigo colgó.

-Esto no es lo que esperábamos –dijo Tur contrariado.

-¿Vuelve a llamar? –le preguntó a Roberto con cierta ansía.

-No, inspectora.

-¡Julián estáis siguiéndolo! –sus nervios se desbarataron. Era cierto, Tur tenía razón.

-Sí, inspectora ha cogido un taxi.

-Esperemos por si vuelve a llamar –apuntó Martín como si de esa manera pudiera dar calma a Maca.

-Inspectora… -Tur la miró algo contrariado.

-Ya, Tur. ¿Ha llamado el operativo de vigilancia con Julio?

-Sí, dice que ha llegado a casa poco después de llegar ellos, es decir, sabe que Rodrigo no está y es imposible que sepa que lo hemos tenido aquí.

-Inspectora, no hemos tenido suerte, él no tiene problemas de caída de cabello. ¿Están seguros que se ha tocado la cabeza?

-Varias veces –contestó Tur.

-No es nuestro hombre –dijo finalmente Maca mientras contraía la barbilla.

-¡Si fueron ellos no estarían tan tranquilos, inspectora!

-Lo sé… lo sé… ¡está bien! Váyanse a casa necesitamos descansar para mañana ponernos las pilas, es nuestro último día. Mañana volveremos a interrogar a Julio.

-Buenas noches, inspectora –la saludó Martín.

-Hasta mañana –dijo Tur que salió negando con la cabeza.

-¿Qué piensas Tur?

-Que quizá la inspectora tenga razón, pero va a ser muy difícil poder demostrar algo. Todo apunta a Esther, el tipo este no se ha desmoronado, el sobrino me juego lo que quieras a que tampoco.

-¡Una encerrona!

-Puede ser… de todos modos sigo diciendo que esa mujer esconde algo… no me gusta.

-¡La inspectora no piensa igual! –le contestó dándole una palmada en la espalda-. Anda vamos a tomar unas cañas.

Maca se había quedado sola, no quitaba ojo de la pizarra, daba vueltas a las cosas en su cabeza, por un momento pensó que Rodrigo estaba implicado en aquel asesinato, sin embargo, su manera de actuar no era la lógica. Debería haber llamado a Julio y haberlo puesto en antecedentes.

-¿Qué pasa, Maca?

-Por un momento pensé que tenía a ese tío, por un momento creí que iba a desmoronarse…

-Pero no lo hizo.

-No ¡y me da una rabia, Claudia! Sé que Esther no mató a esas mujeres, no me preguntes por qué, pero lo sé. Y como no encontremos una prueba convincente se va de cabeza a prisión.

-Maca… llevas dos días en un caso que no es tan fácil como parecía, no has descansado bien, además, tu estado emocional ha sufrido un revés inesperado, te admiro por la profesionalidad que estas demostrando, creo que toda la comisaría opina como yo.

-Tur no –sonrió de lado.

-Bueno eso es un caso perdido –soltó una carcajada que arrastró a Maca a sonreír-. Vete a casa, descansa y mañana seguro que con el nuevo día aparece algo en esa cabecita que da la solución como en tantos otros casos.

-Tienes razón… estoy saturada.

-Una cosa, Maca… ¿vas a hablar con Teresa? –Maca torció el gesto-. Es tu madre…

-Veré mañana que hago.

-Sabes que es un tema que no puedes postergar, necesitas calmar esa ansiedad, mientras la otra con Esther no se dé…

-¡Eres muy mala! –le respondió entrecerrando los ojos.

-Hazme caso, Maca.

-Gracias por estar siempre a mi lado, por ser mi apoyo… gracias.

-Dame un abrazo.

-Gracias, Claudia pero… creo que no estoy preparada para ir a hablar con Teresa –le dijo tras soltarse del abrazo.

-De acuerdo. Pero no tardes mucho en estarlo.

Los pasos firmes de unas botas de tacón se acercaban hasta la puerta del calabozo, allí la policía de turno los reconoció al instante. Hasta en el silencio de la noche, Esther que en ese momento estaba apoyada en la puerta los percibió. Se giró apoyando la frente contra el frío hierro y esperó.

-Vamos… entra…

4 pensamientos en “UN TRIO DE MUERTE. CAP. 20

  1. Gracias, kris. Y disculpad la espera pero el final hay que hilarlo muy fino para que todo cuadre… en pricipio tengo pensado que en dos capítulos terminará pero no os lo aseguro. Además, he descubierto que con este tipo de historia hay que estar muy concentrada para no meter la pata, por eso necesito mis días libres para escribir. De ahí el retraso.
    Un abrazo Kris.

  2. Gracias pquimmera por seguir la historia… ¡¡vamos a ver en que termina tanta tensión sexual!!
    No descarto sorpresas.
    Un abrazo.

  3. Es admirable la forma que entrelazas esta historia, ese esfuerzo que dices hacer por ser tu primera novela de intriga, está dando sus frutos, nos mantienes esperando por más, excelente como siempre escritora,

  4. Y las cosas siguen sin solucionarse, va pasando el tiempo y si no tienen más cosas claras, Esther va a tener que ser ingresada en prisión. No sé quién sea el asesino, pero no es Esther y Maca lo sabe. La tensión sexual que hay entre ellas es cada vez más evidente para todos y eso puede ser un punto en su contra.
    Muchas gracias

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