UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 22

PhotoGrid_1423083110409Siento el retraso, pero el final ha sido más complicado de escribir que todo el conjunto del fic. Espero conseguir que sea, al menos, sorprendente.

-Un momento… -se levantó con la mirada fija en la pizarra.

-¿Qué pasa?

-¡Cómo no lo hemos visto antes!

                Dijo sin separar los ojos del dibujo de la casa.

-¡Ves te lo dije, Martín! Me debes un almuerzo.  Sabía que estaría aquí.

             Los hombres llegaron a comisaría a primera hora, habían hecho una apuesta de que habría llegado ya. Tur apostó primero y se llevó un almuerzo gratis. Pero si algo les llamó la atención no fue verla sino su gesto.

-¿Qué pasa, inspectora? –preguntó Martín precipitándose hasta ella a pasos ligeros.

-Se nos ha escapado algo muy importante… el cuarto de la plancha.

-¿Cómo? –los hombres miraron la pizarra.

-Cuando se hizo el registro, imagino que se haría visual de esa zona. Pero es la zona perfecta para esconderse sin ser descubierto.

-¡Inspectora! –apareció Roberto con gesto de haber dormido poco-. ¿Y si nos hemos equivocado? Partiendo de la base que usted cree en la inocencia de Esther viniendo hacia aquí en el autobús, me he percatado de algo, ¿y si el asesino no fue ni caminando ni en coche? –todos lo observaron con detenimiento-. ¿Y si fue en moto?

-¡Vale, Roberto! Eso me cuadra más –dijo pinzándose el labio inferior entonces se giró mirando a los tres hombres-. Ahí va mi teoría. Rodrigo entra a la casa, hace su trabajo busca una excusa en la que se deja una herramienta y vuelve, en ese instante deja pasar al asesino. Julio.

                Hubo silencio, todos esperaban expectantes la explicación.

-Julio entra, sabe que la filipina está ocupada, sube hasta el cuarto de la plancha se esconde allí seguro de que ni su tía ni Elena van a entrar. Sabe que Luisa ha contratado a Esther.

-¿Y cómo lo sabe? –preguntó Tur.

-Eso habrá que averiguarlo.

-Se queda en el cuarto durante el tiempo que están manteniendo relaciones, ahí viene la sucesión de acontecimientos. Efectivamente, Luisa acompaña a Esther hasta la puerta, pone la alarma, sube a la habitación, se quedan dormidas -mientras les explicaba iba con su dedo haciendo el recorrido en el dibujo sobre la pizarra-. Julio sale sabiendo que no va a sonar la alarma, entra, él sí sabe dónde está la pistola de Elena, con sigilo y decisión dispara primero a Luisa, Elena se despierta y rápidamente vuelve a disparar -Maca dio un suspiro como necesitando un segundo para seguir hilvanando la historia, dio unos pasos de un lado a otro y prosiguió-. Imagino que pensó en dos opciones, o bien podía pasar por un suicidio, pero al moverse Elena, el ángulo no cuadra con el que debería corresponder a un suicidio, o bien el robo de la caja fuerte y para eso estaban las huellas de Esther. Él debía ser conocedor de la relación entre Esther y Luisa. Son sus bazas. Sabe donde está la pistola, la caja fuerte, la llave y, lo más importante, tiene claro que las únicas huellas que vamos a encontrar son las de la prostituta. Después no necesitaba salir por la puerta ni quitar la alarma algo que hubiera saltado en el registro, sabe que puede salir por la cocina por la puerta de anti-pánico. Cuenta con ayuda fuera, evidentemente.

               El silencio se hizo rey de la comisaria.

-Y quizá fue él quien cambio la hora del reloj de la mesita, no solo para incriminar a Esther, para salvar su culo –apuntó Tur.

-Exacto.

-¿Y la tal Estefanía con quien se vio ayer al salir de aquí? –preguntó Martín mirando también la pizarra.

-Habrá que preguntar a Teresa –susurró Maca mientras su mirada se desviaba hacia un lado-. Martín dile que venga necesito que nos dé toda la información que sepa. Quizá esa Estefanía ayudó a Rodrigo a encontrar a Esther… es algo rocambolesco pero mi instinto me dice que hay mucho de casualidad en este caso.

-Una pregunta, inspectora. Si han robado ese dinero… ¿por qué no ha huido? -le preguntó Tur.

-Creo que están tan seguros de que Esther no tiene ninguna posibilidad de salvarse que para qué huir eso llamaría más la atención.

-Además, inspectora, me juego lo que quiera que si registramos el piso de Rodrigo el dinero no estará allí, no habrá nada que los incrimine. A menos que… -Tur miró la pizarra-. A menos que Julio se llevará el dinero en su coche tranquilamente tras asesinarlas.

-¡Eso cuadra! -apuntó Martín.

-Por eso es tan importante ese cuarto. Si estuvo allí tanto tiempo… debió en algún momento de bajar el control, no sé, quizá se excitó y se masturbó, o tocó algo sin los guantes…

-Inspectora, me acaba de avisar la pareja que tenemos en el piso de Rodrigo y Julio que el amigo ha salido a correr.

-¡Vamos a jugar nuestras bazas! Tur quiero que te lleves al mejor equipo para que registren ese cuarto de arriba a bajo, ante todo, que busquen algún cabello ahí creo que podemos tener una pista. Llevate también a la amiga de Luisa y Elena, habla con ella trata de sacar alguna confesión sobre Luisa y Julio.

-De acuerdo, jefa.

-¿Le ha llamado, jefa? -le preguntó Claudia a Martín.

-Eso creo.

           Maca caminaba de lado a lado por delante de la pizarra.

-Necesitamos el resultado de ese cabello.

-Maca ya tienes un teoría que suena muy bien. Ahora podéis tirar de se hilo -le dijo Claudia.

-Sí, Martín ve a por Julio. Vamos a traerlos aquí por separado y les vamos a hacer creer que uno a culpado al otro.

-¡Vamos allá, inspectora!

-Nada más me falta encontrar el nexo entre todo esto. Y ese nexo me lo puede dar Teresa. Claudia quiero hablar con Esther.

-De acuerdo… no creo que sea necesaria mi presencia -le sonrió de lado.

-Ve hablando con quien sea necesario para tener tres ordenes de registro, una para el piso de Rodrigo aquí, otra para el piso y el restaurante de Julio en Vinaroz.

              En su calabozo Esther esperaba con angustia alguna noticia, sabía que estaba en su marcha atrás para salir de allí y marcharse a prisión. Por eso quería creer que Maca podría salvarla de la cárcel, aunque al mismo tiempo, sabía que lo que le quedaba fuera de ella iba a ser un duro enfrentamiento con su madre que se habría enterado de todo, pero también, estaba la figura de Teresa, también le había engañado y nada volvería a ser igual. Estaba sentada y mantenía sus piernas abrazadas, cerraba los ojos tratando de controlar los latidos de su corazón pero entonces llegaba a su cabeza la imagen de su novia muerta, aquella dura experiencia a través de los años había ido menguando como recuerdo, sin embargo, en ese calabozo le habían hecho recordar, nuevamente, lo desgraciada que era. Al escuchar como metían la llave para abrir la puerta, levantó la cabeza sin demasiado ánimo. Más bien con temor por si se la llevaban de allí, podía parecer ridículo pero en esos tres días allí encerrada se había encontrado como en casa, no se quería imaginar como sería estar rodeada de mujeres, con diferentes estados mentales y con diferentes cargos a sus espaldas, la sola idea de ingresar en prisión le hacía temblar.

-Señora García, acompáñeme.

            Esther extendió las muñecas para que pudiera ponerle las esposas, aquel gesto le recordaba a las veces que las utilizó en la fantasías con sus clientas, a partir de ese momento, si lograba escapar a la justicia no las usaría nunca más. Al llegar a la sala de interrogatorios se sentó suspirando con fuerza, estaba ojerosa y mantenía el gesto serio. Sin embargo, cuando se abrió la puerta y tras ella apareció Maca con unos pantalones de Liz Claiborne negros y una camiseta negra de cuello de pico, notó como se le erizaban los vellos de la nuca.

-Buenos días, Esther.

-Buenos días, inspectora.

             La inspectora se dirigió hasta las esposas que Esther llevaba y con una llave se las retiró.

-Gracias -le sonrió tímidamente.

-Tengo buenas noticias.

             Maca le sonrió y ante aquella sonrisa, Esther se calmó.

-Necesito que recuerdes si hay alguna compañera de las que trabajaba contigo llamada Estefania, o bien en el hospital o bien con el grupo de Teresa.

-¿Estefanía? -arrugó la frente.

-Sí.

       Mientras Esther pensaba, Maca la miraba fijamente, parecía que había adelgazado, tenía las ojeras marcadas, se notaba el mal momento que estaba pasando, pero aún así a Maca le parecía que tenía unos ojos maravillosos, una sonrisa que la había visto pocas veces pero le había cautivado, y aunque no lo quería reconocer le provocaba una tensión sexual en su interior que la descolocaba.

-Tenía una compañera en el hospital que se llamaba Estefania, era auxiliar de clínica.

-¿Tenías contacto ahora con ella?

-No…

-¿Conoces a alguna otra Estefanía?

-Bueno… cuando entré a trabajar con Teresa lo hice en el lugar de una de sus chicas…

-¿Alguna de las dos tenía problemas contigo?

-Ninguna -negó con la cabeza.

-¿Tenías una relación de amistad con tu compañera de hospital?

-Sí, con ella sí. Me ayudó mucho fue una muy buena amiga.

-Vale… eso es todo por ahora, Esther.

-Inspectora, sé que no puedo preguntar pero… ¿cómo van las cosas en la investigación?

-Complicado, no te lo voy a negar pero -Maca tomó la mano de Esther dejando una caricia casi imperceptible que resultó como si les hubieran dado una descarga eléctrica a la vez-. Tenemos una posibilidad y esa posibilidad la vamos a tratar de aprovechar.

-Gracias… ¡de verdad!

               Esther devolvió la caricia quedando ambas mirándose fijamente.

En casa de Elena y Luisa los de científica estaban en el cuarto de la plancha trabajando con total cuidado. Tur aprovechó el momento para tal y como le había dicho la inspectora hablar con la amiga de la pareja.

-¿Por qué me ha hecho venir?

-Vera… necesito que comentemos algunas cosas de Julio. Aquí sin testigos tranquilamente.¿Usted sería capaz de ocultar información sobre Julio?

-¡Por supuesto que no! -renegó con gesto serio.

-Usted nos dijo que no lo veía capaz de matar, pero nosotros tenemos pruebas que nos dicen lo contrario.

-Es un pobre desgraciado -dijo mientras se tapaba la cara.

-Es el asesino de su tía y de Luisa, ¿por qué cubrirle más?

-No le estoy cubriendo, se lo aseguro.

-Eso es delito y podría meterla en la cárcel, ¿lo sabe, verdad?

             La amiga guardó silencio, Tur la miró asintiendo y sonrió de lado.

         Durante un largo rato escuchó lo que aquella mujer suponía pero no tenía pruebas y, además, no quería meter en un lío a Julio. Pero entonces le contó que ella misma le había avisado a Luisa que no se fiara de él, que no le diera dinero, Julio acabaría creándole problemas con Elena, pero jamás pensó que pudiera matarlas. Julio sabía donde estaba la caja fuerte porque Luisa se lo dijo, Tur pensó en aquel instante que fue un acto que les costó la vida.

-¡Detective! -le llamó uno de los hombres.

-Voy.

-Siento no haber sido del todo sincera…

-Yo también lo siento porque quizá la persona a la que vamos a meter en la cárcel no tenga nada que ver.

-Lo siento…

          Mientra tanto en la comisaria acababa de llegar Teresa, por su gesto se podía percibir su nerviosismo. Una compañera de Maca la llevó hasta un despacho, al sentarse se dio cuenta que estaba en el mismo lugar del que le habían sacado el ADN y por el que había descubierto la maravillosa noticia de que Maca era su hija. Suspiró recordando el momento en que Ruperto le decía la verdad. Después se agarró a su bolso preguntándose qué debía hacer, darle dos besos, un abrazo… era su hija pero allí no era nada más y nada menos que la gran inspectora. En ese instante se sintió orgullosa de ella, pero a la vez y como si fueran sentimientos encontrados, sintió cómo debía sentirse tras el rechazo de su madre y se preguntó como llevaría saber que su verdadera madre había sido prostituta y en la actualidad, era madame. Por primera vez en su vida se ruborizó por el pasado que la perseguía.

-Hola Teresa -apareció Maca con una sonrisa.

-¡Maca! Me has pillado pensado

          Ninguna hizo nada por acercarse más allá de cada una al lado de la mesa que las separaba.

-Gracias por venir tan rápida. ¿Te acompaña Encarna?

-Sí, se ha quedado en la cafetería de enfrente…

-Bien.

-Tú dirás en que puedo ayudaros.

-Veras estamos sobre una pista de quien pudo asesinar a la pareja.

-Entonces… ¿dejaras libre a Esther?

-No es tan sencillo, Teresa, debo demostrar lo que sospecho -su gesto fue contundente haciendo un puchero con su barbilla.

-Entiendo, claro.

-Hay algo que se nos está escapando y quizá tú nos lo aclares. ¿Entre tus chicas… había alguna que se llamara Estefanía?

-Déjame pensar…. sí, claro, Estefanía Renovell, es catalana. Fue la última chica que tuve que se dedicaba a la prostitución masculina. Cuando ella se fue entró Esther.

-¿Y tuvieron contacto?

-Creo que no… si lo tuvieron fue mínimo ten en cuenta que mis chicas apenas se ven entre ellas, las únicas que se pueden conocer más son las que hacen tríos.

             Maca se quedó pensativa.

-¿Te he ayudado?

-No lo sé… voy a averiguar más de esa Estefanía.

-Se marcho a Barcelona.

-De acuerdo… gracias, Teresa.

-En todo cuanto pueda ayudar… -le tomó la mano apretándola con afecto.

-Gracias

            Maca le devolvió un gesto afectuoso y salió con la carpeta en la mano tratando de devolver el torrente de emociones que la recorrieron de pies a cabeza tras el contacto con su madre. Se fue directamente a su ordenador y tecleó el nombre. Esperó a ver si podía tener noticias y a los cinco minutos salió un historial nada desdeñable, prostitución, robo, pero desde hacia tres años su conducta había mejorado tan solo una multa de tráfico con la fecha de la semana anterior y estaba localizada en Barcelona.

-Mierda…

         La puerta del calabozo se abrió tras el sonido de la llave, Esther se puso en tensión porque pudo percibir como llegaban unos pasos y por la manera de pisar estaba segura que era Maca. Suspiró con fuerza, se arregló el pelo y trató de estar lo más decente posible.

-Hola Esther, necesito tu ayuda, quiero que me digas los apellidos de tu compañera, la auxiliar de enfermería.

-¿Por qué?

-¿Ella sabía que te estabas prostituyendo?

           Dicho por su boca, a pesar de modular la voz para que no pareciera un reproche, a Esther le sonó sucio.

-Era la única que lo sabía… siempre me ayudó cuando trabajamos juntas, ya se lo he dicho. Pero hace mucho tiempo que no sé nada de ella.

-¿En que hospital trabaja?

-En la Paz.

-¿Sigue allí?

-No lo sé, perdí el contacto, no hay mucha gente que se sienta orgullosa de tener una amiga prostituta.

-¿Los apellidos?

-Rosal Guijarro.

-Gracias.

        Salió de allí en dirección al ordenador, tenía una corazonada ella podía ser el nexo. Necesitaba a Roberto pero no podía molestarle, necesitaba cualquier otra pista que pudiera ayudarle. Así que cuando vio a Martín suspiró tranquila.

-¿Ya lo habéis traído?

-Sí, inspectora. Está muy tranquilo hemos estado hablando durante el trayecto sobre pesca. Le encanta pescar -Maca lo observaba atentamente sabía que Martín era un artista en hacer hablar a los detenidos-. Está muy seguro de que no tenemos ni idea de que él está implicado. Y lo que más me ha alucinado ha sido que no piensa quedarse al entierro de sus tías, dice que se va a encargar de todo la amiga, él necesita ir cuanto antes a su trabajo porque tiene algún tipo de problema.

-¿Huir? -preguntó Maca enarcando su ceja izquierda.

-Creo que sí, inspectora.

-De acuerdo, necesito que me eches una mano en otra cosa. Tengo un nombre y un apellido me he metido a buscar pero sabes que no me llevo muy bien con esos programas -decía siguiendo a Martín que ya se había sentado delante del ordenador.

        Entre tanto, en la cafetería que había frente a la comisaría, Encarna que se mostraba nerviosa y Teresa esperaban noticias. Las dos mujeres trataban mediante una charla ante un café de serenarse. Ambas confiaban en Maca y en que pudiera liberar a Esther. Los minutos pasaban lentamente y los nervios se iban acrecentando.
En la comisaría los nervios también estaban a flor de piel, Claudia miraba desde su despacho como iban trabajando sus chicos, había tocado los hilos necesarios para poder hacer los registros de ambos hombres. Maca le había comentado que dejaría en la sala de interrogatorios a Julio para que ante la presión pudiera cometer algún error, incluso si su perdida de cabello era constante, la solución podía venir en aquella sala. Tras él entraría la policía científica para que lo revisaran todo. Claudia percibía en el ambiente que la solución podía estar cerca.

           Maca esperaba que Martín encontrara algo mientras se mordía la uña del dedo índice. Al mismo tiempo, Tur había avisado que llegaba con pruebas y algo más. Ese algo más la había dejado intrigada.

-Tengo algo -le dijo anotando un nombre en la libreta-. Vale, si busco la amiga de Esther, me sale que ha sido enfermera en dos hospitales de Madrid.

-Ha coincidido con Esther, incluso, como confiaba con ella le dijo en lo que consistía su nuevo trabajo.

-La clave he metido el nombre de Julio pero no hay respuesta, ahora bien, inspectora -la miró sonriendo satisfecho-. Si introduzco el nombre de Rodrigo me da que estuvo ingresado hace siete meses por una pulmonía…

-Ahí se conocieron ¿no?

-¡Exacto! Ya tiene su nexo, inspectora -le dijo sonriente.

-Ve a por ella y traela. Creo que Esther se equivocó al confiar en esa amiga -susurró con el ceño fruncido.

           El detective Martín fue hasta el despacho de Claudia para contarle las novedads y pedirle ayuda para detener a la amiga de Esther. Maca hizo la anotación en la pizarra, justo en el momento en que Tur entraba con gesto satisfecho.

-Hola, inspectora.

-¿Qué tiene, Tur?

-La amiga ha confesado que la relación entre Julio y Luisa era muy especial, tanto que según ella me ha dicho que para que Elena no lo supiera tenía un teléfono con un número desconocido.

-Un teléfono de prepago -musitó mientras sus ojos se clavaban en aquel número que tenían anotado en la pizarra.

-Eso pensé yo. Además, según le contó Luisa, le había dicho donde estaba la caja fuerte por si les pasaba algo a las dos, ese dinero podía ayudarle ya que sabía que Elena no le iba a dejar nada en el testamento.

-¿Y por qué no nos dio esa información?

-Porque según creo, a pesar de parecer evidente ella no quiere que sea real porque sería como una traición doble.

-Tenemos a Julio en la sala, ¿qué encontraste en el cuarto? -le preguntó pensativa.

-Aunque me repatee darle la razón, es evidente que alguien estuvo allí, entre la tabla de planchar y la pared había una especie de colcha echada, sobre un par de toallas de color los chicos encontraron cabellos allí. ¡Tenía usted razón! ¿Puedo preguntarle cómo llego a esa conclusión?

-De pequeña cuando discutían mis padres o mi madre me reñía me escondía en el cuarto de la plancha, era el único lugar de la casa donde mi madre nunca miraba.

-Entiendo.

           Hubo un pequeño silencio. Maca miraba la pizarra y las ideas no paraban de ir de un lado a otro, parecía que en su cabeza tenía la solución, si las pruebas que habían cogido en el cuarto de la plancha eran concluyentes podría por fin liberar a Esther que cada minuto que pasaba sufría injustamente.

-De acuerdo, Tur. Martín va a traer a la amiga de Esther, Claudia a dado la orden a la policía de Vinaroz para que registren la casa y el restaurante de Julio. Mientras tanto, los chicos van con la orden a casa de Rodrigo, lo van a traer pero antes, delante de él harán el registro.

-Sabe que no va a encontrar nada, ¿verdad?

-Lo sé, pero una vez tengamos aquí a los tres… jugaremos nuestras bazas.

-¡Inspectora! Lo tengo.

           Apareció tras la puerta la cabeza de un más que excitado Roberto. Maca y Tur se encaminaron hasta la sala para ver que tenía.

-Me ha costado mucho porque las cámaras de esa zona están en su mayoría estropeadas, sin embargo, cuadrando la dirección que supuestamente Julio debía tomar para salir de la ciudad, he hecho un barrido ¿y qué creen?

-Suéltalo ya -le riñó Tur.

-No tengo nada que soltar, miren ustedes mismos.

         Ambos acercaron a la vez sus caras a la televisión que Roberto les indicó. Allí con cierta dificultad pudieron ver una motocicleta que parecía una Vespa con dos ocupantes. El ocupante trasero llevaba una mochila.

-El color de la moto es negro -apunto el chico orgulloso de su descubrimiento.

-Ideal para pasar desapercibidos por la noche.

-Y la hora… -les señaló triunfante el número que aparecía en la esquina superior izquierda-. ¡Creo que los tenemos!

-No tan deprisa muchacho… no tan deprisa.

-Tur avise a los compañeros que están en casa de Rodrigo.

-Pero… -miró algo decepcionado a Maca.

-Hay que demostrar que son ellos, Roberto, lamentablemente en esa foto lo único que se ven son a dos hombres en una moto con una mochila. Pero es mucho más de lo que pensaba tener.

-Gracias, inspectora.

-¡Eres un genio! -le sonrió de lado-. Y lo serás mucho más si logras sacarme una fotografía de esa mochila.

             Al salir vio a Tur hablando por teléfono. Le hizo una señal y acudió hasta él.

-Van a registrar el garaje.

-Roberto va a tratar de sacar la fotografía de la mochila, avisaremos a los compañeros de Vinaroz para que la busquen en su casa o en el restaurante.

-¿Entramos?

-Sí yo creo que ya se habrá puesto lo suficientemente nervioso, páselo a la otra sala, yo voy en seguida.

             Tal y como dijo Maca, Tur actuó. Lo llevó a la sala contigua y se sentó frente a él. Notaba que Julio ya no estaba tan tranquilo como la vez anterior. Le preguntó varias veces el motivo por el que estaba allí, Tur no le contestó, tan solo le sonrió de lado. La presencia del detective en aquella sala observándolo, estaba siendo controlado tanto por Maca como por Claudia. Ambas se fijaban en cada gesto, en cada movimiento de su cuerpo. Uno de los policías les avisó que acababan de entrar a Rodrigo y que en su casa tan solo habían encontrado una maleta pero nada de dinero. Como la policía científica estaba repasando la otra sala de interrogatorios en busca de cabello, le llevaron momentáneamente al despacho de Claudia bajo la atenta mirada de dos policías.

-Voy a por él -dijo Maca con la mirada fija en Julio.

-Juega bien tus cartas.

-Descuida.

           Al abrirse la puerta de la sala de interrogatorios, Julio miró un tanto nervioso esperando no sabía muy bien qué. Allí estaba Maca con ese gesto duro que tan bien reconocía Tur. Estaba cabreada y cuando la inspectora llevaba ese gesto los interrogatorios siempre acababan como ella quería.

-Tur puede salir ya… Rodrigo está en la otra sala, ya puede interrogarlo, Martín está con Estefanía.

-¡Vaya tenemos a todos juntitos!

            Martín tragó saliva. No era la mejor situación para él.

-Hola Julio, nos volvemos a ver.

-No entiendo porqué estoy aquí.

-No te preocupes te lo voy a explicar muy rapidito.

          Maca sacó las fotografías de Luisa y Elena en la cama repletas de sangre y se las colocó frente a él. Cerró los ojos como si no quisiera verlas.

-Bien… reconoces lo que ves.

-Claro, mi tía y Luisa. ¿Esto es necesario?

-No digo eso… reconoces lo que hiciste -lo miró fijamente.

-¡Cómo! -se mostró sorprendido.

-Puedes hacerte el sorprendido todo cuanto quieras pero a mí esta vez no me vas a engañar, te tengo bien cogido -le sonrió de lado.

-No sé de que me habla. Y no pienso hablar con usted sin presencia de mi abogado.

-¡Ah… pues muy bien! Llamaremos a tu abogado, para entonces veremos si Rodrigo y Estefanía son tan torpes como tú o, por el contrario, son más inteligentes colaboran, y explican lo que pasó.

          Julio pasó la lengua por los dientes tratando de no perder el control.

-¿A qué viene todo esto? Ya tienen a su asesina.

-¡Vaya cómo sabes que es una mujer! -esta vez quien se hizo la sorprendida fue ella.

-Ustedes dijeron que habían estado con una prostituta…

-No recuerdo haber dicho tal cosa… -lo miró desafiante mientras enarcaba una ceja.

           La puerta se abrió de golpe.

-Inspectora, Rodrigo nos ha dado algo importante.

-Vaya… parece que tu amiguito no va a aguantar la presión.

           Maca salió por la puerta, Claudia seguía atentamente los movimientos algo más nerviosos de Julio. Allí se reunieron los dos hombres con Maca ante la presencia de Claudia.

-Bien… vamos a ver, sigo con mi teoría y creo que no es del todo desacertada. Esa mujer conocía a Esther, trabajaron juntas y, además, sabía que era prostituta de mujeres.

-Por lo que la amiga me contó, Luisa se comportaba últimamente de manera muy extraña, no solo las escapadas de la noche, también sacaba dinero a escondidas de Elena, bueno al menos eso pensaba ella porque la tal Elena la tenía bien calada -apuntó Tur.

-Julio nos dijo que la había visto una vez, por lo visto en las llamadas de teléfono hablara asiduamente con ella. Él sabía que si quería el dinero quien se lo iba a poner fácil era Luisa porque lo quería.

-Reverendo hijo de puta -musitó Tur mirándolo a través del cristal.

-Inspectora, tengo claro que se han unido dos tipos de odio, el de Rodrigo hacia Esther por la muerte de su hermana, y el de Julio por su tía. Pero… ¿y Estefanía?

-¡Creo que llego caído del cielo! -exclamó feliz Roberto que cada vez que tenía que decirles un nuevo descubrimiento se mostraba radiante-. He cotejado el móvil de la chica, hay unos mensajes subidos de tono entre ella y Rodrigo, están liados.

-Ahí tienes la respuesta, amigo -le dijo Tur.

-Pero no solo eso… he descubierto que tenían encargados a nombre de Estefanía dos billetes de avión a Bora Bora -Tur silbó y Roberto sacó pecho.

-Bueno… al final creo que han sido más chapuceros de lo que ellos mismos creían. ¿Has ampliado la imagen de la mochila?

-Estoy en ello.

-Maca, inspectores, cada vez parece que tenemos más claro que este crimen no lo cometió Esther, nos quedan siete horas, Julio ha solicitado abogado, imagino que los otros dos también lo harán… necesito unos interrogatorios intensos apoyándose en estas pruebas. ¡Creo que podemos solucionarlo, ánimo!

          Los tres salieron de aquel cuarto para repartirse el trabajo. Dejarían a Julio en la sala de interrogatorios solo bajo la vigilancia de un policía, eso siempre lograba ponerles más nerviosos. Por su parte, Tur y Martín hablarían con Rodrigo y, finalmente, Maca lo haría con Estefanía. Poco a poco parecía que habían logrado desmadejar la madeja que habían trazado casi a la perfección alrededor de Esther.

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4 pensamientos en “UN TRÍO DE MUERTE. CAP. 22

  1. Muchas gracias Kris, creo que os voy a entregar algo más que un epílogo, hasta ahí puedo leer. Como le dije a pquimmera, gracias por tu apoyo que ha sido muy importante para continuar con un relato complicado.
    Un saludo.

  2. Gracias por tu apoyo a lo largo del relato, la verdad que no ha sido fácil pero vuestras palabras de aliento me han ayudado a seguir, ha sido un gran esfuerzo, sí, pero es con el relato que más he disfrutado.
    Bueno… aún quedan dos capítulos…

  3. Es encomiable, la forma como nos has tenido sumergidas en esta historia, pocos autores logran mantener hasta el final, la intriga y el suspenso como lo has hecho tu, aunque ¿sería prematuro pedirte antes de su final, te pienses la posibilidad de un epilogo? naturalmente si lo deseas y tienes tiempo para ello, pero aunque no sea posible, no puedo dejar de decirte que cada uno de los capítulos ha valido la pena y no me queda la menor duda que así también será el último, y como dice pquimmera gracias por tu tiempo, creatividad y dedicación.

  4. Sorprendente está siendo sin duda.
    Gracias por tu esfuerzo en hilar todo, en que todo cuadre. Yo me fijo mucho en los detalles y me doy cuenta lo controlada que tienes la historia en cada párrafo.
    Me da pena que ya esté llegando al final porque siento que no vamos a tener mucho de la relación de las protagonistas. Pero claro, te lo respeto como no podía ser de otra manera.
    Muchas gracias por tu tiempo, creatividad y dedicación

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