UN TRÍO DE MUERTE. CAPÍTULO PENÚLTIMO

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       Maca entró como en ella era costumbre con paso firme y la carpeta entre sus manos. Se sentó tras saludar a Estefanía y leerle sus derechos.

-¿Por qué me lee mis derechos? -preguntó la mujer un tanto asustada.

-Porque la voy a acusar de cómplice por el doble asesinato de Elena y Luisa.

-¡¡Cómo!! -puso el grito en el cielo.

-Así es Estefanía. Lo tengo todo muy atado y, con la última prueba que acabamos de confirmar, puedo culparla. Serán de siete a diez años en la cárcel por el doble asesinato. Le explico como funciona esto, puede pedir un abogado que lo pondrá todo muy difícil o, puede colaborar con nosotros, y yo hablaré con la fiscalía para que le rebajen la pena.

-No pienso decir nada. No he hecho nada.

-Lastima porque su novio nos ha confirmado que pensaban fugarse a Bora Bora… el pobre se ha venido abajo… es débil.

         La chica miró a Maca entrecerrando los ojos, tenía dudas de si eso era cierto, sabía que la policía utilizaba muchas tretas para sacar confesiones. En lugar de hablar prefirió pellizcarse el labio.

           Por su parte Martín y Tur habían entrado a la sala donde un nervioso Rodrigo les estaba esperando.

-¿Sabes una cosa? -le miró Tur con esa mirada suya gélida que traspasaba al que estaba en frente-. Me toca mucho los cojones que intenten mentirme… me los toca tanto que ahora mismo voy a empapelarte sin dejar si quiera que te defiendas…

-Tur, por favor -medió Martín.

-Te tengo cogido por los huevos -se incorporó un poco en su silla arrastrando las palabras y algún salivazo que hizo retroceder a Rodrigo-. No te vas a librar.

-Tur por favor -insistió Martín-. Déjeme a mí, al fin y al cabo a quien mintió fue a mí. ¿Por qué me dijo que la noche de autos en la que asesinaron brutalmente a Luisa y Elena -Tur sacó las fotografías y las colocó a la vista de Rodrigo que cerró los ojos con fuerza-… trabajaba como guardia jurado y se marchó a trabajar sin poder especificar la hora en la que Julio abandonó su casa? Para después contarnos que como no tenía trabajo ese día había empezado como jardinero en casa de las susodichas.

Rodrigo tragó saliva.

-¡Que torpe! -Tur se echó para atrás en la silla-. Para mentir hay que tener memoria.

-Yo no hice nada -susurró débilmente.

-No estoy tan seguro, su chica, Estefanía con la que pensaba huir a Bora Bora, ha dicho que usted esperaba a Julio en una Vespa negra para ayudarle a llegar a su coche y que las horas cuadraran para demostrar su inocencia.

-No -negó más nervioso si cabe.

-Lo que nos falta por determinar es si ha colaborado, además, en el asesinato de las dos mujeres.

-¡Yo no fui! Quiero un abogado… ¡no diré nada más!

-Lastima, ¿verdad Martín?

-Su amigo está cantando la traviata, y le ha inculpado a usted. Si colabora con nosotros y nos dice que ocurrió de verdad… negociaremos con el fiscal para que le reduzcan la pena.

-¿Qué dice, amigo? -le preguntó Tur sonriendo.

-Si consigue un abogado y no colabora, va a quedar usted muy mal ante la confesión de Julio y Estefanía.

-Ella no tiene nada que ver… -trató de tranquilizarse-. ¡Quién lo hizo fue la zorra de Esther García! Ella es la culpable -gritó enfurecido con lágrimas en los ojos y las venas a punto de estallarle.

-El odio mata, ¿sabe? Mata poco a poco a quien lo padece… Y usted está muerto, amigo.

Rodrigo rompió a llorar sobre la mesa.

-Que yo recuerde, Tur, nadie a nombrado a Esther García, ¿verdad?

          Al otro lado, Estefanía seguía callada, Maca seguía observándola. Entonces la puerta se abrió, pasó el detective Martín que le dijo algo al oído.

-Gracias, detective. Voy para allá, una lastima que no hayas colaborado a tiempo… tu novio lo ha contado todo -Maca fue a levantarse para salir.

-¡Un momento, por favor! No hice nada… se lo juro… yo nada más tenía que presentar a Luisa una prostituta.

-Le escucho -volvió a sentarse mientras la miraba fijamente con su rostro serio.

-Fue todo una casualidad, Rodrigo estaba en el hospital nos gustamos, un día cuando ya podía dar paseos me vio saludando a Esther, era mi amiga. Por un momento cuando volví a hablar con él estaba fuera de sí, me contó lo que había pasado con su hermana.

-Y ahí Rodrigo le dijo que quería venganza. Por eso la involucraron en este asesinato -le dijo con calma tratando de darle confianza.

-Sí, tan solo iba a robar, solo eso y pensé que a Esther le hacía un favor.

-¿Un favor? -preguntó enarcando la ceja izquierda.

-Nunca entendí que se metiera en ese mundo, se estaba echando a perder, prefería verla en la cárcel que de una vulgar ramera.

-No creo que usted sea quien deba decidir algo así -suspiró con fuerza mirándola con gesto muy serio-. ¿Qué más hiciste para ayudar en ese robo? -suspiró con fuerza.

-Yo estaba en casa de Rodrigo con el teléfono de Julio, tenía que hacer una llamada para que pareciera que él estaba en casa.

-¿Una llamada a las?… -miró las anotaciones-… ¿Exactamente a las 22:40?

-Sí, creo que era esa hora, sí. Así podía demostrar que no estaba en la casa de su tía si no en la de Rodrigo, demostrando que quien había robado el dinero era Esther.

-Pero… no fue un robo… fue un asesinato.

        La chica no contestó nada más se mordió el dedo índice tratando de no llorar.
Claudia acudió hasta la sala de interrogatorios donde Martín y Tur seguían interrogando a un Rodrigo que nada más hacía que llorar. Con un gesto de cabeza les hizo salir.

-La novia acaba de confesar que nada más iban a robar. Ese era el plan. Rodrigo la vio hablando un día con Esther, y al saber que era prostituta le tendieron una trampa. También que la llamada que teníamos registrada desde el móvil de Julio la hizo ella. ¿Qué tal este?

-Solo llora. Creo que le da rabia que hayamos descubierto que Esther no es culpable. De que su venganza no ha salido bien.

-Llevamos una hora de interrogatorio… necesito la confesión para iniciar los papeles de Esther.

-De acuerdo.

          Durante media hora más, Maca estuvo escuchando la versión de Estefanía y como Julio les metió en aquel lío. Cuando salió volvió nuevamente a la pizarra, allí Martín y Tur la esperaban con una sonrisa satisfecha.

-¿Y bien? -les preguntó.

-Rodrigo nos ha explicado como fue ideado todo y, ¡enhorabuena!, su teoría se cumple al cien por cien, inspectora -le dijo Martín-. Julio lo ideó todo necesitaba el dinero, ocurrió tal como dijo lo que no esperaba Rodrigo era que las matara, eso no entraba en el plan inicial.

-Inspectora ya tengo la fotografía de la mochila, me ha costado más de lo que esperaba.

-Envíela por fax a la comisaria de Vinaroz… que busquen bien en su casa, en el restaurante y en todo aquello que él tenga acceso.

-¿Cómo vais chicos? -preguntó Claudia.

-Más sencillo de lo que parecía, Rodrigo y la novia han sido presas fáciles. Ahora vamos a entrar con Julio.

-Él va a ser un hueso duro de roer. Prepararos porque imagino que culpara a los otros dos.

-Pero contamos con algo que él no sabe -Maca le sonrió guiñándole un ojo.

-¡A por él! -dijo satisfecha Claudia.

          Fuera de la comisaría se habían concentrado unos cuantos periodistas, estaban a punto de dar la fotografía de Esther cuando salió Claudia para hablar con ellos. Desde la acera de enfrente Teresa y Encarna la observaron, Encarna no pudo reprimir su llanto.

-Encarna… todo va a ir bien.

-¿Y si la incriminan?

-Maca tendrá las pruebas suficientes como para defenderla, ya lo veras -le sonrió mientras le cogía la mano.

-¡Ojalá Dios te oiga! -se secó los ojos.

-Ya veras como sí. La policía está haciendo su trabajo, Esther está en buenas manos… ya veras como todo esto queda en una pesadilla.

-Me la voy a llevar de aquí, ella que soñó con una vida sencilla pero feliz siendo enfermera, ¡mira como ha resultado su vida! Un infierno…

-Bueno… calma…

-Quiero llevármela de aquí -dijo con congoja mientras Teresa volvía a pedir otra tila-. Quiero olvidarlo todo para poder mirarla a la cara.

-Encarna, sigue siendo tu hija… en cuanto salga por esa puerta te diré lo que va a pasar, la abrazaras tan fuerte entre tus brazos que ese amor te hará olvidar el dolor que sientes ahora. ¿De acuerdo?

           En la sala de interrogatorios, Julio seguía con su actitud tranquila. No parecía ni asustado ni nervioso. Los miró con aplomo mientras ellos se sentaban guardando silencio por unos minutos. Maca le dijo con seguridad.

-Bien Julio… cuando me marché de aquí me dijiste que querías un abogado, que no ibas a declarar.

-Y no pienso decir nada.

-Lo sé… nada más estamos aquí para informarte de lo acontecido.

-¿Va a decirme que Rodrigo y su novia me han inculpado a mí? ¡Por favor! -renegó con una sonrisa.

-¿Y no es así? -le preguntó Tur- Pues si no tienes nada que ver… explicanos qué ocurrió.

           Julio cruzó sus brazos desviando la mirada hacia la izquierda.

-Según ellos tú entraste en la casa cuando tu tía y Luisa no estaban.

-¿Y cómo voy a entrar? -les preguntó con ironía-. ¿Creen que mi tía me daría una llave?

-No la necesitaste -Tur le respondió con una sonrisa tan irónica como la suya-. ¿Verdad, inspectora?

-Entraste cuando Julio volvió a recoger, supuestamente, una herramienta que según dijo él se había dejado olvidada en el jardín.

-¡Vaya historia! Espero que tengan pruebas de todo lo que se ha inventado…

-¿Sabes? Tu tía era una mujer muy lista, no tanto Luisa, la pobre confío en ti -le dijo Maca desafiándole con la mirada.

-¿No sentiste nada al matarla? Ella que te había estado ayudando a espaldas de su mujer.

-¡Es más! Ella que te había salvado el culo en cada historia en la que te metías -agregó Maca.

             Sin embargo, Julio seguía impasible, una sonrisa irónica continuaba marcando la expresión en su rostro.

-Tu tía guardó una prueba para nuestro forense.

-Vaya… eso no lo esperabas, ¿verdad? -Tur le preguntó con esa sombra en sus ojos de lobo hambriento.

-Esta -Maca sacó una fotografía de su carpeta y le mostró un cabello-. ¿Lo reconoces?

-Lo tenía tu tía guardadito en el brazo, se le cayó al asesino cuando le disparó y en este momento están analizándolo junto a los que ha dejado en la sala que te hemos tenido esperando… tu problema de caída de cabello te va a llevar directito a la cárcel, amigo.

         Julio guardó silencio, tragó saliva.

-Te resultó fácil esperar a que se durmieran después del ajetreo ¿eh? -le apuntó Maca.

-Pensaste que si llevabas guantes no dejarías rastro y la pobre prostituta cargaría con los asesinatos -siguió Tur mirándole penetrantemente.

-No, es verdad, tú lo que querías era el dinero y que tu tía desapareciera, y Rodrigo que acusaran a Esther -Julio se empezó a revolver en la silla-. Ya veo… cada uno sacaba una parte de este golpe, lo teníais todo tan atado como cambiar la hora del reloj… eso nos llevaría equivocadamente a pensar que quien estaba allí era Esther.

-Sí, pero no contasteis con que este grupo de policía es el mejor de todo Madrid y os tenemos pillados. ¿Cuanto, inspectora? Cuarenta años… -Tur dio una de sus desagradables carcajadas.

-Yo creo que sí, para él, porque Rodrigo ha colaborado… serán menos.

             Unos golpes en el cristal les hizo saber que había algo que debían saber.

-No voy a ser demasiado mala contigo, Julio, si me dices donde está el dinero diré que has colaborado.

-Chico duro… -dijo Tur-. Ya caerás.

            Al salir los dos resoplaron, Maca se encontró con una sonriente Claudia.

-Acaba de llamar Ruperto, el cabello analizado tiene un 99% de coincidencia con la genética de Elena, es decir, ese cabello pertenece a un familiar. ¡Lo tenéis!

-¡Bien! -Maca suspiró con fuerza.

-Voy a llamar al abogado de Esther. Si no me decís lo contrario -les avisó Claudia.

-Creo que Esther ha sido utilizada sin saberlo por estos tres. Llámalo, sí.

-¿Quieres informarla tú? -le preguntó Claudia bajo la mirada de los dos detectives.

-No, Tur lo hará. Martín y yo recogeremos la confesión de Rodrigo. Deja a este hasta que llegue su abogado ahí pensando en lo que le hemos dicho.

             En la otra sala de interrogatorios Rodrigo se encontraba como en shock. Al verlos cerró los ojos apartando la vista de ellos. Maca le dejó delante una carpeta con unos folios y un bolígrafo. Lo miró fijamente con gesto de pena, quería parecer que entendía su historia, entonces, le dijo.

-Quiero que escribas en esta hoja tu confesión con todo lujo de detalles. Julio ha dicho que quien mató a Luisa y Elena fuiste tú -lo miró fijamente-. En este momento está rellenando en unos folios como estos esa confesión.

-Eso no es verdad… no tenía que morir nadie… nadie -negaba con la cabeza mientras se mordía el labio.

-Eso es lo que tú querías, que nadie muriera… lo sé…

-Nada más quería que Esther pagara lo que hizo.

-Esther tuvo un accidente, Rodrigo, pero te aseguro que con la vida que ha tenido está pagando muy caro la perdida de tu hermana.

-Quería que se pudriera en la cárcel.

-Se pudre en la prostitución… -le dijo lentamente.

-No tenían que haber muerto -insistió poniendo las manos en la cabeza dando muestras del nerviosismo que sentía en esos momentos.

-¿Por qué no viniste a denunciarlo?

-Porque me dijo que si lo hacía, diría que había sido yo… descubriría todo, por eso le dijo a Estefanía que nos fuéramos del país, que olvidáramos todo lo que había pasado… el tiempo nos ayudaría y, mucho más, el dinero. Estaba seguro que no había cometido ningún error y que la única que iba a ser detenida era Esther, nosotros debíamos colaborar y en cuanto tuvieran a Esther nos fugaríamos para siempre.

-De acuerdo… escribe tu confesión.

-¿Y Estefanía? -preguntó mientras cogía el bolígrafo y sus manos temblaban.

-Está haciendo lo mismo que tú, contando tu misma versión. No le pasara nada, no te preocupes hemos hablado con el fiscal y hemos insistió en que tú y ella habéis colaborado.

-No tenía que morir nadie…

             Cuando Maca salió de la sala, tuvo que pasar un momento por el cuarto de baño, llevaba más de cinco horas de interrogatorios, unido a su propia situación personal, le hacían sentir que estaba a un paso de desfallecer. Sin embargo, no podía permitírselo. Muy pronto Esther saldría de la cárcel y sería libre, sintió pánico, ¿la volvería a ver? Se miró en el espejo cerrando los ojos y tratando de respirar profundamente para encontrar la calma.

              Al volver a su puesto, Martín le esperaba con una noticia que la dejó de piedra.

-Julio ha solicitado al abogado que llevaba su tía, pero él se ha negado a representarle. Así que ahora estamos esperando a otro.

-Se le cierran las puertas.

-Eso parece.

-¿Sabemos algo del registro en su casa?

-No, inspectora seguimos esperando.

              Por su parte, en la cafetería, Teresa y Encarna no perdían detalle de lo que en la cera de enfrente Claudia estaba diciendo, lo seguían por la televisión de la cafetería. El corazón de Encarna parecía que iba a detenerse.

-Les informamos que hemos detenido a los responsables de la muerte de Elena Soler y Luisa Sánchez…

-¿Ha dicho responsables? -preguntó Encarna con los ojos a punto de salir de sus órbitas.

-Sí, creo que sí -Teresa le cogió la mano.

-Se trata del sobrino de Elena Soler y dos cómplices. Conforme tengamos más información se la iremos haciendo llegar.

-¿Y mi hija? -preguntó Encarna.

-No han dicho nada -en ese momento que iba a hablar sonó el teléfono-. ¡Es Ruperto! Dime… sí, sí, estamos aquí… de acuerdo…¡claro!

-¿Qué… qué? -preguntaba ansiosa.

-Han llamado a Manuel, el abogado ya está de camino -decía sonriente y feliz-. Van a soltarla.

-¡Alabado sea el señor! -cerró los ojos abrazándose a Teresa.

-Ruperto dice que nos acerquemos… que en una hora o así la dejaran libre.

-Teresa… ¡Gracias! ¡Gracias! Por ayudarla.

-Yo no he hecho nada… ha sido la inspectora -entonces Teresa pensó para sí “creo que a mi hija le gusta la suya”.

           Los hombres estaban junto a Maca tomando notas de las dos declaraciones de Rodrigo y Estefanía, ambos habían sido enviados directamente al calabozo lo más lejos que pudieron ponerlos el uno del otro. Mientras, Teresa y Encarna habían llegado y esperaban fuera a que les dieran noticias.

-Maca el abogado de Esther está aquí.

-¿Puedes encargarte tú, Claudia?

-Sí, claro.

            Maca siguió trabajando con los papeles mientras esperaban al abogado de Julio y también las noticias de los registros. A lo lejos vio como llegaba el abogado de Esther, suspiró tratando de no apartar la mirada de la pantalla estaba cerca de perderla. Muy cerca.

-Inspectora, ha llegado el abogado de Julio -la avisó Martín.

-De acuerdo. ¿Dónde está, Tur?

-Comunicándole a Esther la presencia de su abogado y que va a salir libre.

-Martín, entra conmigo, por favor.

          Entraron los dos con la presencia ya del abogado junto a Julio, lo hicieron tras darles un tiempo para hablar entre ellos.

-Bien… mi cliente se acoge a su derecho a no declarar.

-No hace falta que declare, vamos a informarle de lo que se le acusa. Doble asesinato y robo. Tenemos las pruebas suficientes que lo incriminan en el lugar de los hechos. A partir de ahora queda detenido como presunto asesino de Elena Soler y Luisa Sánchez, así como del robo de la caja fuerte de la pareja. Su cliente va a ser puesto a disposición judicial hoy mismo.

-Hasta el final… hija de puta -susurró Julio con cada palabra que pronunció repleta de odio.

-Sí, gracias a ella podemos culparte de asesinato. Martín por favor…

             En el calabozo, Tur había estado hablando con Esther, tras una breve charla la acompañó hasta el despacho de Claudia. Al salir, sus ojos buscaban desesperadamente a la inspectora pero no la halló. Una vez aclarado el embrollo en el que la habían metido, le entregaron unos informes para que los firmara, miró a su abogado quien asintió.

-De acuerdo, con esto queda usted en libertad, Esther.

-Gracias -le sonrió.

-Puede marcharse con su abogado, eso sí, le aseguro que no va a ser fácil ocultarla tras descubrir la verdad, tendrá usted que testificar en el juicio.

-De eso ya me encargaré yo, capitana -le dijo Manuel.

-De acuerdo.

-¿Nos vamos, Esther? -le preguntó delicadamente.

-Me gustaría agradecerle a la inspectora su ayuda.

-Ahora mismo está en un interrogatorio y… lo siento, no va a poder ser.

-Denle las gracias de mi parte.

-Así lo haré -le dijo Claudia.

              De aquel despacho salió Esther con una sensación oscura en su alma, no podía dejar de repetir en su mente las palabras que el detective Tur le había dicho antes de salir “yo sé que no es inocente… que se ha aprovechado del encoñamiento de la inspectora… no voy a parar hasta desenmascararla. Pero mientras tanto… tendrá que hacer algo más”. Aquel hombre le provocaba un escalofrío. Suspiró con fuerza sabiendo que el siguiente encuentro tampoco sería fácil.

-¡Hija! ¡Hija! Alabado sea el Señor.

-Mamá.

             Se abrazaron envueltas en mil lágrimas, tal y como le había avisado Teresa, Encarna    olvidó su dolor, su vergüenza y su rabia en cuanto la vio salir. Con el pelo revuelto, unas ojeras bien marcadas en su rostro, y un gesto angustioso le valieron para abrazarla.

-Lo siento, mamá.

-Vamos, vamos… vamonos de aquí, hija.

-Teresa -Esther puso gesto de pena y un ligero temblor movió su barbilla.

-Venga… salgamos de este lugar. Manuel, hijo, ¿has traído tu coche?

-Sí, Teresa. Está aquí detrás para no pasar por delante de la prensa.

-Gracias, hijo.

            Tras siete horas de interrogatorios, Maca tenía las pruebas suficientes como para culpar y meter en la cárcel a Julio. Suspiró con fuerza. Martín estaba borrando la pizarra, estaba seguro que no tardaría mucho en llegar su próximo caso. Tur hablaba con los policías que habían hecho el registro a Julio. A los tres se notaba el cansancio de haber dormido poco.

-Inspectora, han encontrado la bolsa.

-Me alegro.

-La tenía en un altillo en su casa.

-Está bien, nada más nos queda encontrar la moto. Buen trabajo ¡chicos! Creo que hemos resuelto un crimen que era realmente un desafío.

-Gracias, inspectora -sonrió contento Martín.

-Voy a hablar con Claudia. ¿Tur, le importa poner lo de la mochila en el informe?

-Claro que no -la miró con cierto fastidio.

-¿Qué pasa, Tur? Te conozco y esa cara es que pasa algo.

-No las tengo todas conmigo respecto a Esther.

-¡Vamos… la han inculpado! Y no hay pruebas contra ella.

-Algo me dice que nos hemos equivocado.

           En el despacho de Claudia, Maca se había sentado en la silla con una actitud derrotista. Parecía que estaba realmente agotada.

-Enhorabuena, al final lo has resuelto.

-Lo hemos resuelto.

-¿Ha dicho qué le llevó a matarlas?

-Él no, tan solo le ha dedicado un hija de puta a su tía, según Rodrigo, no podía soportar que él tuviera que pasar tantas fatigas teniendo su tía tanto dinero. Utilizó a Luisa pero sentía el mismo odio por una que por otra. Podríamos decir que ha estado maquinando este asesinato mucho tiempo.

            Claudia ladeó la cabeza, a pesar de ver tantos asesinatos y los motivos que les llevaban a ellos a lo largo de su carrera profesional, siempre conseguían erizarle la piel. Por eso trató de dar carpetazo.

-Esther ha preguntado por ti quería darte las gracias.

-Bueno… ha sido una labor conjunta.

-Menos lobos caperucita, si por Tur hubiera sido el mismo día que la detuvimos la hubiera llevado a chirona -Maca sonrió con algo de tristeza-. ¿Qué te pasa?

-Necesito unas vacaciones, Claudia. Estoy sobrepasada por todo.

-Me hago cargo. Además vas a necesitar tiempo para hablar con Teresa -Maca sonrió-.¿Cuánto quieres?

-Dos semanas, sabes que tampoco puedo estar mucho tiempo sin esta adrenalina.

-De acuerdo, déjame mover unos hilos y mañana te contestaré.

-Gracias, Claudia. Gracias por todo.

-Gracias por nada, ¡venga vete a casa!

-Hasta mañana.

-Hasta mañana, descansa.

             Claudia la conocía lo suficiente como para sentir que estaba tocada en el alma. La reacción de sus padres había sido letal para ella, nada mejor que unos días libres para poder compartir con su verdadera madre la vida, las experiencias, los juegos de niña. Sonrió, Maca se merecía ser feliz.

            En casa de Teresa, Esther se estaba dando una ducha, agradecía el contacto con el agua sobre su piel, al mismo tiempo pensaba en Maca. Exhaló un profundo suspiro todavía le quedaba un escollo más, hablar con su madre. Teresa había ayudado mucho en que ambas estuvieran lo mejor posible, sin embargo, era consciente que aún le quedaba una charla complicada.

-Quiero que nos vayamos de aquí, que vuelvas conmigo al pueblo… sé que no es lo que tú quieres pero creo que es mejor de lo que tienes aquí.

-Lo sé mamá… sé que te he fallado y me he fallado a mí misma.

-Mañana mismo nos vamos -la miraba tratando de ser contundente y convencerla.

-Está bien, pero antes de irme tengo que terminar algo. Mañana a primera hora nos iremos.

-De acuerdo.

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