SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 2

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Un autobús se alejaba de Madrid, había partido al amanecer y parado en algunos pueblos. En uno de esos pueblos, dos mujeres se bajaron con una maleta pequeña. Llegaban a un viejo hostal y se registraban.

-Di tu nombre, mamá.

El risueño recepcionista les dio la llave de una habitación. Una vez instaladas, Esther salió a la calle. Era un pueblo lo suficientemente grande como para pasar desapercibidas, para empezar de cero tratando de olvidar todo lo dejado atrás. Sin embargo, había una imagen que acompañaba a Esther, y era Maca. No podía dejar de verla allí… en la cama… su recuerdo estaba escrito a fuego, esculpido a golpes en su memoria como si fuera una bella estatua griega que fuera a perseguirle el resto de su vida.

Cansada y con el rostro pálido entró a una peluquería. Con gesto serio respondió a la peluquera cuando le preguntó que quería hacerse.

-No parecer yo -sus ojos se clavaron en el espejo con una mirada gélida-. Déjamelo corto y tintado de negro.

Mientras tanto en Madrid, Claudia seguía pensando que debía hacer, llamar a los padres de Maca o tan solo a Teresa. Sabía que la visita a sus padres había terminado mal pero ellos debían saber lo que había sucedido. Suspiró con fuerza en ese momento no podía pensar en lo que diría la inspectora, porque quizá no saldría de ese quirófano con vida. Tras un largo resoplido decidió llamar a Pedro. El hombre quedó impactado por las palabras de la jefa de su hija asegurándole que en nada se plantaba allí. Otra cosa era avisar a Teresa. Sabía que iba a ser un golpe duro para la mujer que apenas había disfrutado de su hija unas horas. Se mordió el labio inferior y con todo el tiento que los años de capitana de policía le habían dado, le transmitió la noticia. Teresa ahogó un grito de impresión y dolor, durante unos segundos guardó silencio, Claudia llegó a preocuparse porque no oía nada.

-¿Teresa… está ahí?

Pero Teresa se había separado el teléfono de su oreja, lo había apretado contra su pecho para poder soltar un pequeño grito de angustia, la noticia acababa de golpearle duramente el corazón. No podía creerlo. La vida la había tratado mal pero aquello era una atrocidad. La gata al percibir el estado de su dueña se apresuró a refugiarse en sus piernas.

Cuando dejó de lamentarse le preguntó a Claudia en que hospital estaba. Colgó y como si alguien le hubiera puesto sobre su espalda una mochila cargada con piedras, trató de luchar contra esa fuerza que la paralizaba y salir hasta la calle para encontrar un taxi e irse al hospital.

Teresa lloraba apoyada en el hombro de Claudia, no daba crédito a lo que estaba sucediendo, había llegado con el alma en vilo. No podía creer que a escasos metros su hija se debatiera entre la vida y la muerte.

-¿Quién ha podido hacer algo así? -le preguntó a Claudia mientras lloraba.

-Tenemos la sospecha de que ha sido Esther, ha pasado la noche en su casa, Tur y Martín están en estos momentos allí haciendo un reconocimiento visual.

-No puede ser -dijo con debilidad.

-Yo tampoco lo puedo creer -la ayudó a sentarse y le preguntó-. ¿Sabe dónde está?

-Ella y su madre se marcharon muy pronto… no me dijo dónde.

-¿Tiene el teléfono de su madre? -le hablaba con calma como tratando de no desbaratar más sus castigados nervios.

-Sí… lo tengo, sí. Me lo dio antes de marcharse.

-Por favor, démelo.

Por su parte, Tur y Martín trataban de centrarse en el trabajo y dejar de mirar el móvil esperando noticias. Al llegar a casa de Maca, vieron a la policía que estaba trabajando sobre la escena del intento de asesinato, esperarles en la puerta. Ambos se miraron asintiendo necesitaban fuerzas para entrar, sabían que lo que iban a encontrarse no iba a ser fácil de digerir.

-Buenos días, detectives -les saludó un compañero-. Nos han informado que iban a venir y no hemos tocado nada, más allá de unas fotografías.

-Gracias.

-Siento mucho lo que ha sucedido, les advierto que no es agradable entrar en la habitación.

-Lo sabemos. Por lo que veo la puerta no está forzada -le dijo el detective Tur con gesto y tono serio mientras revisaba la cerradura.

-No, ni hay nada revuelto. Nada más los restos de cena en la cocina y dos copas aquí en el salón. Quien lo hizo no pretendía robar tan solo matar.

-Gracias, nos gustaría poder estudiar todo con la mayor intimidad posible.

-Claro. ¡Chicos vamos a descansar un rato!

Una vez se quedaron solos se miraron con gesto serio.

-Quien lo hizo era conocido, bueno, conocida.

-Me siento como un capullo -renegó Tur.

-Vamos… ni siquiera la inspectora creyó por un segundo que Esther fuera una asesina, y si me permites, yo tampoco lo creo.

Hubo un pequeño instante donde ambos guardaron silencio. Tras un suspiro sonoro por parte de Tur, como si fuera la señal de salida, comenzaron a trabajar.

-Debió llegar y se tomaron algo -se puso los guantes metiendo en las bolsas las dos copas.

-Sí. Aquí está todo en orden. Voy a ver la cocina.

Sabían que debían entrar en la habitación y enfrentarse a la sangre de su jefa. Sin embargo parecía que estaban bloqueados y renegaban de dar ese paso.

-Hay restos de cena, pero por la cantidad diría que la inspectora cenó sola.

-Fíjate está todo en orden, no hay nada revuelto, ni siquiera los cojines.

-Esther debió llegar y fueron directamente al sofá se tomaron unas copas y…

-El mismo modus operendis que con las dos asesinadas –arrastró las palabras Tur con rabia.

-¡Tur, es puta! Y las putas no van removiendo cosas -alzó la voz algo nervioso-. Perdona, estoy…

-Estás nervioso, lo sé –volvieron a mirarse fijamente-. Vamos a la habitación.

En la sala del hospital, Teresa seguía aferrada a su pañuelo en la mano con la mirada fija en el suelo. De vez en cuando un profundo suspiro demostraba que seguía viva. Impasible, pero viva. La puerta de aquella pequeña sala se abrió y entró Claudia, por su rostro percibió que no había buenas noticias.

-¿Te han dicho algo? -se levantó.

-No, no, de Maca nada. Encarna ya no tiene este teléfono, dice que no existe.

-¡No puede ser! -abrió sus ojos como platos-. Me lo dio esta misma mañana.

-¿A qué hora salió Esther de casa?

-Después de cenar… imaginé que iría a ver a Maca, era evidente que ambas se atraían. Yo estaba ya en mi cuarto pero no miré la hora, lo siento…

-¿A qué hora se han marchado?

-Eran las siete de la mañana cuando me han llamado, tenían lo poco que llevaban encima preparado.

-¿Cómo estaba Esther?

-Mal, muy mal. Me llamó la atención su cara… Ahora que lo dices, sí, estaba como si hubiera llorado mucho, nerviosa y con prisa por marcharse.

Claudia contrajo la barbilla.

En la habitación de un apartamento Encarna esperaba a su hija, durante el viaje se había mostrado demasiado taciturna. Al verla entrar con el cambio de look se quedó mirándola fijamente.

-Hola, mamá.

-¿Qué está pasando, Esther? -la miraba incrédula.

-Nada… ¿por qué?

-No soy tonta, ¿de qué huyes?

-Mamá… por favor estoy cansada y no me apetece hablar.

-Hemos salido huyendo de Madrid para escondernos aquí ¿de qué? –
Esther no contestó tan solo cerró los ojos-. ¿Anoche estuviste con la inspectora qué pasó que llegaste a casa tan mal?

-Ya te lo he dicho, no me apetece hablar. Necesito dormir y olvidarme de todo.

-No lo entiendo.

-Será un tiempo, después nos iremos a casa, te prometo que nada más necesito estar escondida un tiempo… luego volveremos a ser como antes.

-¿Cómo antes? Eso será imposible, hija. Nada más tienes que verte la cara para darte cuenta que nunca volverás a ser como antes.

-Voy a echarme un rato.

Encarna vio cómo su hija se metía en la habitación en la que había dos camas. Estaba preocupada no sabía que había sucedido para que Esther llegara llorando, cerró los ojos y revivió la escena.

-¡Mamá! ¡Mamá despierta! -le decía zarandeándola.

-¿Qué pasa, Esther?

-Nos vamos ya, levanta por favor.

-¿Qué te pasa, estás llorando? -le preguntó asustada mientras se incorporaba en la cama.

-Vamos, vamos. Debemos irnos ya. Deprisa.

Al recordar la escena sintió un escalofrío en su piel. Cerró los ojos sentándose porque parecía que la cabeza iba a estallarle de un momento a otro. Sin duda, algo había pasado para que Esther reaccionara de la manera que lo hizo. Sentía que su hija guardaba demasiados secretos, de pronto sin saber por qué sintió tiritar su piel, tenía miedo.

4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 2

  1. ¡Hola Kris! Muchas gracias por tus palabras… Lo intento, intento generar esa intriga aunque cuesta un tanto, pero te agradezco tus palabras porque me animan para seguir intentándolo.

    Un abrazo.

  2. Buenos días, como siempre un gusto leerte, me mantienes intrigada sobre todo por la forma en que se comporta Esther, espero con ansias el siguiente capitulo, gracias por tu tiempo.

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