SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 3

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El momento cumbre había llegado para los dos detectives, una vez revisado el comedor y la cocina, sabían que debían entrar al lugar de los hechos. Se miraron tratando de mantener la profesionalidad ante la emoción y el dolor.

-Vamos Martín, entra ahí e imagina que es otra persona, no la inspectora ¿de acuerdo?

-Sí…-tragó saliva-. Vamos.

Tratar de imaginar que era otra persona para afrontar el momento estaba bien pensado, pero cuando abrieron la puerta y vieron la cama repleta de sangre, un dolor agudo se instaló en los estómagos de ambos hombres. La cama estaba deshecha, sin duda los médicos que habían acudido a por la inspectora habrían alterado el escenario. A un lado la almohada que había sido utilizada como silenciadora, los agujeros la delataban, la sangre había salpicado al cabecero, así como la pared y hasta el cuadro que estaba colgado sobre la cama.

-Vamos allá -dijo Tur acercándose hasta la cama.

-Usaron la almohada –Martín sacó su bloc de notas para apuntar.

-Seguramente para no verle la cara, eso me hace pensar que quien disparo la conocía, y no tenía el valor suficiente como para matarla mirándola a la cara -su rabia era evidente.

-No hables como si estuviera muerta, Tur por favor.

-¿Tur, Martín?

Les llegó la voz del doctor Ruperto, su presencia fue realmente reconfortante para ambos.

-¡En la habitación, doctor! -contestó Martín.

-Vaya-murmuró el hombre afectado-. Esto es peor de lo que me esperaba.

-Doctor, va a tener trabajo. Le he llamado porque no quería que otros pudieran tomar muestras de las sábanas.

-Entiendo-asintió contrayendo la barbilla-. ¿Tenéis sospechoso?

-Sospechosa, más bien -ante la mirada de él hombre agregó Martín-. Esther García.

-¡Cómo!-mostró sorpresa.

-Por eso vas a encontrar actividad sexual en las sábanas, le pagué un servicio a la inspectora. Fue una apuesta estúpida que hice, lo reconozco.

El silencio de los tres hombres se volvió tan pesado como insoportable.

-Bueno… vamos a buscar pruebas.

-Veo que uno de los disparos quedó en el cabecero -dijo contento Martín.

-Otro en la pared, también. ¿Cuantos disparos tenía en el cuerpo?

-Cinco nos dijo Claudia.

Martín con sumo cuidado y una pinza que le había entregado el doctor sacó la bala incrustada en la pared.

-Dejarme ver -el doctor se puso unas gafas de aumento y atónito murmuró-.Esta bala es de su arma.

-No puede ser.

-Sí es una bala 9 mm parabellum. ¡Le han disparado con su propia arma!

-Le vació el cargador completo -susurró Tur acercándose hasta el otro lado del cabecero-. Y quien disparó, no tenía muy buena puntería o la inspectora se resistió.

En el hospital las noticias no llegaban, Maca llevaba cuatro horas de quirófano, Claudia estaba colgada del teléfono trasladando lo poco que sabía a sus superiores. Mientras ella hablaba, Teresa seguía imperturbable en el asiento. De pronto se abrió la puerta haciendo que ambas mujeres se pusieran en pie.

-¡Pedro…!

-¿Sabéis algo? Disculpa la tardanza.

La mirada entre Rosario y Teresa fue por parte de Rosario dura y repleta de prejuicios. Mientras Teresa se mostraba destrozada, Rosario parecía seria y manteniendo su porte de superioridad.

-Están operándola, llevan algo más de cuatro horas. Su estado es crítico.

-¡Dios mío! -murmuró el hombre afectado.

-Lo siento -le dijo Claudia.

En el mismo momento en que Pedro tenía que sentarse, el médico entraba para hablar con la familia.

-Doctor Caballero, le presentó a los padres de la inspectora.

-Mucho gusto.

Les saludó pero por su gesto todos entendieron que no iba a darles buenas noticias.

Mientras tanto, en la cama de aquel apartamento pequeño y frío, Esther lloraba en silencio, no quería preocupar a su madre más de lo que ya estaba. Sabía que su error iba a costarle carísimo pero no había podido hacerlo de otra manera.

-Hija… ¿vamos a comer?

-Sí, me levanto ahora -se sonó los mocos.

-No vas a decirme que esta huida, tu tristeza y las lágrimas son por la inspectora, ¿es eso?

-No lo entenderías, mamá.

-Créeme si he podido entender tu vida hasta hoy, puedo entender cualquier cosa, te lo aseguro.

Su voz trató de que fuera tranquila sin un ápice de reproche aunque no supo enmascarar el dolor que aún sentía tras todo lo vivido.

-Perdóname, mamá.

Se abrazó a ella llorando ¡cuánto necesitaba llorar!

La tensión en el cuarto del hospital donde el doctor Caballero estaba trasladando las noticias a la familia, se podía cortar con un cuchillo.

-De momento hemos tenido que dejar una de las balas en el hombro, en su estado es imposible continuar más tiempo en quirófano. La situación es de extrema gravedad. No les voy a mentir, lo más probable es que no supere las primeras veinticuatro horas.
Teresa no pudo reprimir las lágrimas al igual que Claudia. Mientras que Pedro se tapaba la cara con ambas manos y… cerraba los ojos tratando de controlarse.

-Va a estar en la UCI si quieren pueden marcharse a casa, aquí no van a poder hacer nada. Si ocurriera algo, les llamaríamos.

-Gracias, doctor -le dijo Claudia.

-Pedro, vámonos, aquí no podemos hacer nada y… -se puso a llorar.

-Por favor… -le rogó Pedro a Claudia sin poder continuar hablando.

-Tranquilos, os llamaré.

Ambos salieron sin apenas dirigirse a Teresa. Claudia sintió la incomodidad de la mujer y le dijo.

-Teresa… ¿por qué no va a casa a descansar?

-No, no… No me voy a mover de aquí. Y por favor… tutéame.

-Está bien, me quedaré contigo.

En casa de Maca los dos detectives buscaban la pistola de la inspectora. Mientras tanto, Ruperto había trabajado con lo poco que tenía. Los tres querían ser profesionales sin dejarse llevar por el sentimiento de rabia que les bloqueaba de vez en cuando esa profesionalidad. Fue el detective Tur quien encontró en un cajón de la cómoda del comedor la caja con la pistola.

-Tengo el arma, está aquí en la caja dentro del cajón de la cómoda del comedor.

-Guárdala en la bolsa, Tur –Ruperto les habló ya que su trabajo allí había terminado-. Me voy a pasar por el hospital, necesito ver si no han limpiado las uñas de Maca, creo que por los disparos que han fallado, debió luchar.

-De acuerdo, vamos para allá.

Claudia había llevado un café a una Teresa que no paraba de llorar. Sentía un dolor profundo en su alma, algo que no podía explicar ni ponerle palabras. Durante un buen rato le pidió a Claudia que le contará cosas de Maca. Estaban hablando cuando la puerta se abrió.

-¡Inspectores! ¡Ruperto! -los saludó Claudia poniéndose en pie.

-¡Teresa!

Ruperto estrechó a Teresa entre sus brazos. Le supo mal verla tan afectada.

-Ánimo, Maca es muy fuerte.

-Está muy grave, nos lo ha confirmado el médico -le dijo tratando de tranquilizarse.

-Bueno… pero saldrá. Hazme caso, la conozco y saldrá.

-Claudia, ¿podemos hablar? -Tur pensó que era mejor salir fuera para no ser demasiado cruel con Teresa.

-Sí, vamos.

-No por favor… me gustaría saber lo que ha pasado -les dijo Teresa mirándolos a los tres.

Claudia asintió con la cabeza como dando la señal de que podían hablar.

-La entrada no está forzada, con lo que la persona que le disparó o tenía llaves o estaba dentro.

La voz de Tur se mostraba más apagada de lo normal.

-Dios mío -susurró Teresa pensando en Esther.

-Han utilizado su propia arma. Hemos encontrado tres disparos que fallaron con lo que nos hace pensar que o estaba muy nerviosa o la inspectora debió desviar el arma luchando. Los chicos de la policía cuando llegaron dicen que la encontraron de costado en la cama a punto de caer -Teresa cerró los ojos se imaginó la escena y sintió miedo-. Hay cinco balas en el cuerpo de la inspectora y tres que fallaron.

-Además-agregó Martín- utilizaron la almohada como silenciador.

-Sinónimo de que la conocía -musitó Claudia pasándose las manos por el pelo.

-O quiso que no se oyeran los disparos -dijo Martín.

-Voy a analizar las huellas, pero por lo que ya he podido observar en la pistola, no hay ni una sola.

-Hay que localizar a Esther -dijo Claudia mordiéndose el labio.

-¿Puedo decir algo? -preguntó Martín mientras Teresa se sentaba abatida-.Puede que haya sido ella, pero también, puede que no. Quien lo hizo trató de matarla, no hay duda. ¿Y si ha sido una venganza de algún enemigo que metió en la cárcel? ¿Y si lo que quiere es matarla y sabe que no se ha muerto y lo vuelve a intentar?

-¡Bien visto Martín! -apuntó Claudia mientras salía del cuarto a toda velocidad.

-¿Qué va a hacer? -les preguntó Teresa.

-Habrá que ponerle protección -le dijo Ruperto.

-¡Ha sido Esther! ¡Qué protección ni que hostias!, ¡hay que buscarla y hacerle pagar por lo que ha hecho!

Tur se mostró enérgico y con gesto de furia dio la vuelta y se marchó.

Claudia regresó con un gesto preocupado en la cara, le explicó a Teresa que habían conseguido que pasaran a Maca a una habitación acondicionada para su estado, fuera habría un policía para vigilarla.

-Me ha dicho el doctor que podemos pasar a estar con ella.

-Gracias, voy a poder verla -sonrió con tristeza.

-Sí.

-Deberías llamar a sus padres, ellos son quienes deben estar ahí dentro.

-Claro, ahora les llamo mientras preparan todo.

-No puedo creer que haya sido Esther, lo siento, pero no puedo creerlo.

-Maca no suele equivocarse, pero tampoco es infalible y quizá se equivocó con ella.

-¿Y qué sentido tiene? ¿La salva de la cárcel y la intenta asesinar?

La mirada incrédula de Teresa hizo recapacitar a Claudia. Se quedó pensativa durante unos segundos.

-No tiene lógica, Esther es una mujer atormentada, muy complicada, desgraciada sí, pero no es una asesina y menos de la única persona que creyó en ella y le ha dado la libertad. Y más aún si estuvieron juntas, lo siento pero no creo que ella la intentara asesinar.

En comisaria, el resto de compañeros cuando vieron entrar a los detectives se apresuraron a preguntarles por el estado de la inspectora. Después, pusieron la pizarra, una fotografía de Maca y al lado otra de Esther.

-Tur, Claudia por la línea uno, le voy a dar al manos libres.

-Chicos creo que no podemos cegarnos como la otra vez con Esther -Tur hizo un ademán negativo-. Sé que aparentemente todo apunta a ella, pero habrá que abrir el abanico de posibilidades.

-Iba a ponerme a buscar la gente que ha salido libre de la cárcel y que fue apresada por Maca.

-Bien. ¿Estáis seguros que la puerta no ha sido forzada?

-Seguros, Claudia. Tal y como encontraron a Maca, estaba acostada no creo ni siquiera que estuviera despierta, entraron fueron directos a por el arma y le vaciaron el cargador.

-O ya estaba dentro, nada más tuvo que buscar el arma cogerla y descargarla -apuntó Tur-. Solo que el primer disparo debió fallar y la inspectora se movió, de ahí las balas que hemos encontrado.

-De acuerdo, además, habrá que saber si alguna ex podría estar tan furiosa como para querer matarla -se rascó la frente Claudia.

-Esa posibilidad también cabe, capitana, si entraron debió ser alguien que tenía llave. ¿Usted sabe quién tenía llave?

-Sus padres, la chica de la limpieza y creo que nadie más… a no ser que le diera la llave a alguna ex y no se la devolviera…

-¿Ha tenido alguna relación últimamente? -pregunto Tur, porque a pesar de meterse con ella, no solía preguntarle nunca por novias.

-No estoy segura, tendré que hablar con su amiga. Voy a quedarme aquí hasta que la pasen a la habitación, entonces, me iré a comisaría.

-De acuerdo, vamos trabajando.

-Ha sido ella, Martín -dijo Tur-. Ha sido Esther.

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