SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 4

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¡Hola a tod@s!, quería comentaros que como bien sabéis los que me seguís por mi otro blog, voy a publicar un cuento y ahora mismo estoy metida de lleno en sacarlo a la venta y publicitarlo. Voy a intentar colgar el fic dos veces por semana, pero por esta razón os pido disculpas por no poder colgar con más asiduidad.
Gracias por vuestra comprensión

ldana

La habitación ya estaba acondicionada para Maca, Claudia había hablado con Rosario para trasladarle la noticia. Le había dicho que estaban muy afectados para verla en esas condiciones y que le agradecería que les fuera informando. Así que Claudia le dijo a Teresa de que podía pasar y quedarse junto a su hija.

-¿Estás preparada, Teresa? -le preguntó Claudia frotando su mano en el brazo de la mujer.

-Vamos-suspiró con fuerza.

Al entrar las dos se quedaron paralizadas ante lo que vieron. A penas se veían los ojos de Maca, la cabeza vendada, el respirador conectado en su garganta, el oxígeno puesto en su nariz, su brazo derecho con vías por donde los goteros entraban a su cuerpo a toda prisa. La sábana tapaba completamente su lado izquierdo donde tenía alojada una bala. Estaba rodeada de máquinas con sonidos variados y lo poco que se veía de su rostro, estaba hinchado.

-Dios mío -murmuró Teresa impactada al verla.

Claudia no fue capaz de decir nada, estaba tan impactada que se le había hecho un nudo en la garganta.

Lejos de allí, Encarna había insistido a Esther para que se levantara, la comida ya estaba en la mesa. Tras un rato más abrazada a sí misma en la cama por fin, Esther se levantó con su gesto serio.

-Vamos, hija. El caldo se enfría.

Esther no contestó, se sentó con un cansancio en su cuerpo que le recordaba una y otra vez a que se debía aquel agotamiento.

-Venga, ahora te pongo el pollo y los garbanzos, mientras enciende la televisión y algo veremos.

Hizo caso a su madre, puso la televisión aunque trató de no ver las noticias, buscó un programa cualquiera.

-Pon el telediario, cariño. Así nos enteramos de lo que pasa por el mundo.

-Todo son desgracias mamá -renegó Esther.

-Bueno, pero es saber lo que les ocurre a los demás -la miró fijamente-. ¿Estás bien?

-Sí, solo cansada. Necesito descansar para recuperarme de todo.

-¿De todo, o de lo de anoche?

Los ojos de su madre se clavaron en ella, mientras la locutora del telediario decía:

“Y ahora con la noticia de la mañana, la inspectora de policía Macarena Fernández ha sido encontrada en su casa con varios disparos, su estado es de máxima gravedad. En estos momentos la policía está tratando de averiguar quién ha perpetrado este ataque a la inspectora que ayer mismo logró detener a los asesinos de un doble asesinato. Vamos hasta el hospital La Paz donde en la puerta se encuentra…”

Ante la noticia, Encarna volvió a mirar a su hija atónita, se le había secado la garganta, trató de tragar pero el miedo se había clavado allí dejándola sin posibilidad de respirar con un gesto de terror marcado en su rostro. A todo esto, Esther había cerrado los ojos manteniendo los párpados fuertemente apretados. Sin querer ver ni escuchar nada más.

En la comisaría, acababa de llegar una Claudia que por su gesto se mostraba abatida. Cuando el detective Tur se acercó hasta ella, la capitana lo único que pudo hacer fue romper a llorar. El hombre fuerte e impasible por nada, se acercó a ella abrazándola, Martín y Roberto se habían quedado unos pasos atrás en el despacho de la capitana.

-Está muy mal -dijo con congoja-. Lo siento pero…

-Tranquila, capitana. La entiendo, si para nosotros es duro para usted me lo puedo imaginar-el hombre se le quebró la voz.

-No creo que lo supere. No creo.

El ambiente en el despacho se hizo pesado, muy pesado. El detective Martín no pudo evitar unas lágrimas de pena y preocupación, igual que Roberto que se apoyó contra la cristalera del despacho. Todos pudieron pectarse de que el estado de Maca era mucho peor de lo que esperaban y, que aquel ataque que había sufrido su compañera, les había dejado a todos muy tocados.

-Según me ha dicho Teresa, Encarna le dijo que ella vivía en su pueblo y que pretendía que Esther se fuera a vivir con ella. El pueblo se llama Villar del Olmo, al sur de Madrid. Mirar si tiene algún cuartel de la guardia civil y que vayan a buscarla.

-Yo me encargo -dijo Tur saliendo del despacho de Claudia.

-Roberto… ¡necesito que compruebes todas las cámaras que están alrededor de casa de Maca!

-Claro-hizo lo propio.

-Sigue con los excarcelados y en cuanto tengas alguno ponemos en marcha la búsqueda, yo hablaré con Silvia la mejor amiga de Maca.

-No se preocupe vamos a encontrar a quien hizo esto.

-Gracias.

Claudia sonó su nariz, trató de respirar con profundidad para poder informar a sus superiores sobre las pesquisas que tenían. Decidió omitir el nombre de Esther García, los hombres de la científica no habían llegado a analizar las pruebas de la cama, y poco sabían de la relación que habían tenido las dos. Cuando terminó de hablar, puso sus manos sobre la frente, necesitaba tranquilizarse para poder pensar con claridad, su amiga estaba a un paso de la muerte y no podía fallarle, no podía dejar pasar a quien hubiera tratado de asesinarla.

-Capitana-apareció Tur.

-Pase, ¿hay algo?

-He hablado con el cuartel de la guardia civil, van a revisar la casa donde vive la madre de Esther, según me han dicho que no tardaran mucho.

-Gracias, Tur.

Fue a preguntarle pero prefirió dejarla tranquila para que pudiera hacer las llamadas que había dicho. Al salir, vio a Ruperto que llegaba con unos papeles en su mano, les hizo un gesto con la cabeza para que fueran hasta el despacho. Estaba claro, tenía algo.

En el hospital, Teresa miraba a Maca sentía una pesada carga en su pecho, había pasado de desayunar con ella y poder acercarse ambas, a estar allí tan cerca pero tan lejos de su hija. Tantos años de búsqueda y desesperación por no encontrarla para lograr localizarla y verla en el estado en el que estaba. Suspiró con fuerza mientras se limpiaba las lágrimas. Por otro lado, pensaba en Esther, aquella mujer tan complicada no la veía capaz de hacer algo así pero la duda se había apoderado de ella.

La tarde estaba tocando a su fin, el día se les había pasado tan rápido, los dos detectives y Roberto habían acudido junto a Ruperto hasta el despacho de Claudia, allí esperaban que el doctor pudiera dar algo de luz al caso.

-Una de dos, o Esther es una persona que se mete sin buscarlo en todos los líos o en realidad es una psicópata y nos ha tomado el pelo.

-¿Qué tenemos? –le preguntó Claudia con el ceño fruncido.

-Todas las huellas que hay son de Esther, el fluido vaginal es de ambas, eso era lo esperado, lo curioso es que hay huellas de Esther en ambos lados de la cama. En el lado derecho que es donde presumo que estaba acostada ella –había sacado un folio de dina 3 donde había dibujado los dos cuerpos-, pero también había huellas en el lado izquierdo que es donde encontró la policía el cuerpo de Maca.

-Maca debió con la poca fuerza que le quedaba coger el móvil que estaba sobre la mesita de noche, lo encontramos debajo la cama.

-Llamó con el último aliento, quizás eso la salve, muchachos -dijo Ruperto más por convencerse él que por lo que podía convencer al resto-. En la pistola no hay huellas, tal y como pasó con el asesinato de Elena y Luisa.

-¿Nos habrá estado engañando? –se preguntó en voz alta Martín-. Si es así, lo ha hecho muy bien.

-Y por último, en el hospital me dejaron tomar los restos que Maca tenía bajo sus uñas, no puede ser relevante porque por lo que he visto hubo mucha actividad sexual, pero lo poco que encontré, contenía el ADN de Esther.

Hubo un silencio sepulcral.

-Entonces… no está forzada la puerta –Claudia dio unos pasos por el despacho bajo la atenta mirada de todos-, todas las huellas incluidas las de debajo de las uñas de Maca son de Esther. Posible tesis, Esther llega para mantener relaciones con Maca, pasan la noche con gran actividad física, Maca se duerme, Esther se levanta tendría que buscar la pistola no creo que Maca le dijera donde la tenía, una vez saca la pistola y la monta, porque Maca siempre la desmonta, vuelve a la habitación, tapa la cara con el almohadón para no ver como la mata, pero Maca puede forcejear en ese movimiento Esther dispara y yerra, pero aun así, acierta el segundo o tercer disparo y con él Maca deja de luchar, después simplemente descarga el arma sobre ella.

Todos la miraron como si dieran por buena la explicación.

-Es muy posible –dijo Tur.

-No lo veo tan claro, Maca tiene más fuerza que Esther –Claudia negaba con la cabeza.

-Podía estar agotada tras la noche intensa de sexo –agregó Martín-. Además, podía estar dormida.

-Aun así, Maca tiene muy buen oído, me consta que se despierta con el más mínimo ruido. Si Esther hubiera estado caminando por la casa la habría escuchado y se habría despertado.

-Igual le dijo que iba a beber agua –pensó Ruperto.

-Sigo sin verlo claro

-¡Me llama la Guardia Civil! –dijo Tur.

-Atiende la llamada. ¿Roberto tienes algo?

-La zona no tiene cámaras de vigilancia –dijo el muchacho que no se había recuperado todavía de la impresión de la noticia-. Hay dos bancos uno está al principio de la calle a la derecha y el otro a la izquierda, he solicitado las cintas pero a estas horas es probable que hasta mañana no las tenga.

-¿Has cotejado el móvil de Esther?

-Sí, pero no estaba ni siquiera en la zona. Debió dejarlo en casa de Teresa apagado y ese móvil no está en funcionamiento.
Tur entró con cara de pocos amigos.

-Bueno, me han asegurado que ni Encarna ni Esther han vuelto al pueblo –su tono era ya casi incriminatorio.

-Haz un retrato de Esther y repártelo por toda la policía de Madrid.

-Han huido, Claudia, ¡ya sabes por qué!

Todos se miraron preocupados, ¿habían dejado escapar a una asesina teniéndola en comisaría?

-Voy a avisar a Teresa. Roberto, quiero que pinches su teléfono por si le llama ¿puedes hacerlo desde aquí? –Roberto salió hacia su cuartel general-. Pero aun así, no quiero dejar ningún cabo suelto. Martín ¿tienes a algún sospechoso?

-De todos los que he estado repasando, he encontrado a Humberto Rovan, salió ayer a las cuatro de la tarde. Pudo perfectamente dirigirse a casa de Maca o encargar a alguien que intentara asesinarla, él la amenazó tanto en la detención como en el juicio.

-¡Buscadlo! Lo quiero aquí hoy mismo. Sé que es tarde pero no quiero que se nos escape nadie esta vez.

-Claudia, por mi parte poco más puedo hacer, he intentado que la científica no tenga acceso a las pruebas de las sábanas, el resto los muchachos me han asegurado que no hay rastro de nadie más por la casa. El calzado lo tenemos más complicado porque hubo mucha actividad tanto de policía como del SAMUR, pero estamos trabajando en ello.

-Si la puerta estuviera forzada…

-Capitana –dijo Martín con cierto recelo-. ¿Y si alguien ha utilizado el método bumping? Está de moda y es prácticamente imposible de detectar.

-Habla con el sargento Castillejo, sé que varios de sus hombres se han especializado en ese tipo de robos. A ver si ellos pueden averiguar algo.

-De acuerdo.

-La he visto muy mal, Ruperto –le dijo Claudia con voz apesadumbrada.

-Está muy mal, te lo aseguro. Si sale de esta podremos creer en los milagros.

En el hospital, Teresa no se había movido de su lado, la noche había caído de forma abrupta, se había levantado varias veces para estirar las piernas. Alguna de esas veces se quedaba mirando por la ventana con la mirada pérdida en el horizonte sin poder si quiera pensar. El sonido del teléfono la sobresaltó.

-¿Sí?

-¿Teresa? Soy Claudia.

-¡Dime, Claudia!

-¿Todo sigue igual?

-Sí, sí, no hay ningún cambio.

-Escúchame Teresa, vamos a pincharte el teléfono necesito que lo mantengas abierto. Esther ha desaparecido, no está en su pueblo, ni tienen los teléfonos que te dieron. Las únicas huellas que tenemos en casa de Maca, son las suyas. Ya debe haberse enterado de que Maca no está muerta, creemos que luchó por zafarse de la almohada con lo que Esther debe de estar preocupada por si sobrevive.

-¿Qué quieres decirme? Me estás asustando.

-Me temo que si fue ella volverá para rematar la faena y salvarse. Si no ha sido ella, habrá que estar atentos a los movimientos en la habitación. Voy a ir para allá tengo que hablar con el doctor para asegurarme de la gente que va a entrar y salir de la habitación. Si en algún momento te llama, intenta mantener lo más posible una conversación, si por un casual, fuera al hospital quiero que me hagas una pérdida corta, deja el teléfono preparado. Esta vez no quiero sorpresas.

-Claudia no creo que…

-¡Sé lo que piensas, Teresa! Pero ya nos equivocamos una vez, no puedo permitir que si es ella nos vuelva a engañar.

Teresa hizo lo que Claudia le había aconsejado, se dejó el teléfono en la mano con el número de Claudia preparado. Se sentó junto a su hija y pensó en Esther. ¿Y si Claudia tenía razón y les había engañado a todos? A ella misma la había mentido, trabajando pero no era lo mismo mentir sobre algo así, que intentar matar a alguien. La cabeza parecía que iba a estallarle. De pronto oyó un golpe seco a su izquierda, la asustó pero mayor fue su miedo al ver a la enfermera.

-¡Esther!

2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 4

  1. Gracias a ti Kris. Espero poder sorprenderos al igual que con la anterior. De momento… parece que sí.
    Seguimos…

  2. Buenos días, con cada capitulo de esta historia nos mantienes en suspenso y con ansias de mas,, gracias por el esfuerzo que haces al continuarla.

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