SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 5

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Gracias.

En la comisaría, Claudia acababa de recibir la llamada de la mejor amiga de Maca, le había asegurado que no mantenía relación alguna con nadie, incluso, que la última ex había sido hacía mucho tiempo y dudaba que le hubiera dado llaves.

-¡Chicos acabo de hablar con la amiga de Maca! –Martín colgó el teléfono y se acercó hasta ella. Tur hizo lo propio-. Me ha dicho que Maca no daba llaves a nadie. Descartamos ex novias.

-Hemos localizado a Humberto en un hotel, viene de camino.

-De acuerdo –su móvil sonó dos veces y se paró. Miró la pantalla y exclamó-. ¡Es Teresa! ¡Esther está en el hospital!

-Vamos.

Parada en la puerta de la habitación con un uniforme de enfermera y con las lágrimas bañando su rostro, Esther se había quedado petrificada. Teresa la miraba con una mezcla de pena y rabia. No podía creer que hubiera disparado a su hija y por cómo estaba actuando le parecía imposible que lo hubiera hecho, Esther no era tan buena actriz.

-¿Quién le ha hecho esto?

Era la pregunta perfecta. Teresa no cayó en la trampa si es que era una trampa.

-No lo saben.

-No puede ser –se acercaba lentamente a la cama con las lágrimas cayendo sin cesar.

-Está muy mal, Esther –la miraba fijamente como si pudiera leer en su rostro si era sincera o estaba haciendo otra vez el papel de víctima.

-Maca –musitó sin poder dejar de llorar.

Teresa seguía escudriñándola esperando captar algún gesto que pudiera hacerle creer la teoría de Claudia y Tur. Sin embargo, Esther se había acercado poco a poco hasta Maca la miraba con el gesto marcado por el dolor, la impresión de verla en aquella cama del hospital.

-¿Quién le ha hecho esto? –volvió a preguntar. Ante el silencio de la mujer y su mirada, Esther cerró los ojos-. ¿Creen que he sido yo, no?

-Sí.

-No me lo puedo creer –musitó suspirando con fuerza.

-Y yo no quiero creerlo.

En ese momento, llegó Claudia acompañada por Tur. Esther los miró como si estuviera vencida de ante mano, le había impactado tanto la imagen de Maca que se había quedado sin fuerza.

-Esther –la llamó Claudia.

-¿Otra vez, no? ¿Otra vez pensáis que he sido yo?

-Debes acompañarnos –le dijo con suavidad.

-No quiero irme de aquí, por favor, Claudia.

-Debemos tomarte declaración.

-Te la daré aquí, por favor.

A Tur las lágrimas de Esther no le afectaban, estaba cada vez más convencido de que les estaba engañando, la actuación perfecta pensaba. Sin embargo, no le pasaba lo mismo a Claudia, quería separar los sentimientos de intenso dolor que sentía por un lado por su amiga de los que debía no sentir como capitana de policía. Quizá por eso trató de no flaquear pero ante la mirada de Teresa que parecía insistir en que ella no había disparado, finalmente, decidió sacarla hasta un despacho pequeño donde poder hacerle un interrogatorio rápido.

-Tur por favor, dile al doctor que nos deje el despacho para hablar con ella.

-Pero…

-Por favor –insistió tajante.

Tur salió de allí con pies en polvorosa. Su gesto reflejaba el intenso odio que sentía hacia Esther.

-Gracias –le dijo débilmente.

-En dos minutos vengo a por ti.

Claudia salió de la habitación, sacó su teléfono móvil y empezó a hacer unas llamadas, a lo lejos vio venir a Tur, por su gesto sabía que estaba muy molesto, indignado más bien. Estuvieron hablando entre ellos para saber cómo enfocar el interrogatorio. Claudia abrió la puerta y allí estaba Esther, en la misma posición mirando a Maca fijamente.

-Acompáñame Esther.

-Sí.

Al salir Claudia le hizo un gesto a Teresa para que estuviera tranquila. La llevaron hasta el cuarto viejo y destartalado donde la iban a interrogar. Claudia se sentó en lo que pensó era la silla giratoria de algún médico mientras Tur lo hacía en una más bien vieja. Por su parte, Esther se sentó frente a ellos con un pañuelo sonándose la nariz. Aparentemente parecía más afectada que nerviosa.

-Esther tú fuiste la última persona que estuvo con Maca, tus huellas han aparecido por…

-Lo sé –admitió sin dudas ante la mirada repleta de odio por parte de Tur-. Fui sobre las diez de la noche, hablamos un ratito corto, nos fuimos a la habitación –se mordió el labio inferior mientras una lágrima recorría su mejilla-. Esta mañana a las seis me he levantado no la he querido despertar y me he marchado. No me he cruzado con nadie, no había nadie en el rellano, ni en el ascensor, ni en el portal. Ni siquiera por la calle nada más me crucé con un barrendero. Salí del portal y me fui calle abajo.

-¿Qué hiciste exactamente en la habitación? –le preguntó Claudia con gesto serio.

-Me levanté, me vestí tratando de hacer el menor ruido posible.

-¿En qué lado estabas?

-En el derecho, Maca dormía en el izquierdo.

Aquel dato era correcto según los cálculos de Ruperto, según aquel dibujo que les había enseñado basándose en el lugar de los hechos.

-¿Qué más hiciste?

-Como estaba la luz de la mesita de Maca encendida, fui hasta allí para apagarla para que pudiera dormir, la miré unos instantes y…

-¡Y cogiste el almohadón porque no soportabas matarla mirándola a la cara! –le espetó Tur duramente.

-No, ¡yo no le he disparado! ¿Por qué iba a hacerlo?

-¿Por qué no? –la miraba con un odio casi enfermizo.

-¿Y qué pasó después? –intervino Claudia-. ¿Hablaste con ella?

-No –entonces rompió a llorar.

-¡Deja de hacer teatro que no te vale! –dio un puñetazo en la mesa haciendo que Esther y Claudia saltaran a la vez.

-¡No sería capaz de hacer algo así!

-¿Qué diferencia hay entre Luisa y su mujer con la inspectora? ¡El mismo modus operandi! Hiciste lo mismo ¡ahora no vas a engañarnos! ¡Por mis muertos que te meto en la cárcel y vas a sufrir lo que no puedes ni imaginarte! ¡Vas a pudrirte el resto de tus putos días!
Esther rompió a llorar, Claudia miró a Tur y éste soltó uno de sus famosos resoplidos, al hacerlo, recordó como Maca le decía que se parecía a un búfalo. Aquel recuerdo le hizo dar un nuevo golpe contra la mesa repleto de rabia.

-Esther quiero que entiendas que no estamos en una posición fácil, Maca se encuentra entre la vida y la muerte –nuevos lloros por su parte, nuevo gesto de repulsa de Tur-, lo único que tenemos en estos momentos son tus huellas. No hay huellas de nadie más y sería mucha casualidad que en dos casos en los que tú has estado implicada tengan el mismo final.

-No… Maca no puede morir.

-Pues créeme tienes muchas posibilidades –Claudia suspiró con fuerza-. ¿Qué más hiciste? Hemos quedado en que fuiste a apagar la luz.

-Nada más, apagué la luz y me fui –decía con un gran sofoco.

-¿Por qué has huido? -Esther se mordió el labio inferior mientras miraba a Tur de soslayo-. ¿Me lo vas a contar?

-Es algo personal –dijo finalmente en voz baja.

-Entiendo… Tur por favor… ¿nos puede dejar solas?

-¡Claro! Voy preparando el coche para que se la lleven –dijo entre dientes.

Al quedarse solas, Esther suspiró con fuerza como si se hubiera quitado un peso de encima. Claudia la miraba fijamente esperando a que se recompusiera y le contara aquello que no había querido contar delante de Tur.

-Claudia yo no le he disparado. ¡Debes creerme!

-Debes convencerme de ello, debes convencerme de que no te meta en ese coche y te lleve a comisaria –su tono esta vez fue duro y su mirada rozaba el mismo sentimiento de ira que Tur.

-He huido de Maca, porque no podía hacerle daño, precisamente, me he marchado para evitar que sufra… Toda aquella persona que se une a mí acaba muriendo.

Claudia la miró sin entender.

-Maca me trató como si fuera una mujer de verdad, en ningún momento me hizo sentir que era su deseo y nada más –tragó saliva mientras se secaba una lágrima-. Me hizo vibrar con sus caricias, con su mirada… me trató como a una diosa, al menos así me sentí. Ya ni recordaba cómo era sentirse de ese modo tan maravilloso –sonrió apenada-. Hubo un instante en la noche que me abrazó muy fuerte y me dijo que le habías dado vacaciones, me invitó a París.

-¿Quería que te fueras con ella? –Claudia formuló la pregunta pero casi era una afirmación, conocía a Maca y, sobre todo, conocía la mirada de Maca.

-Sí –apoyó los codos en la mesa mientras se apretaba fuertemente las sienes-. Pero no podía.

-¿Por qué?

-Porque me da miedo, es como si a la gente que quiero está destinada a que les ocurra lo peor estando a mi lado.

-Esther esa excusa no me vale –la miró fijamente.

-Pero es la verdad, ¿crees en los flechazos? –Claudia suspiró-. Yo no creía, pero desde el instante en que vi a Maca algo en mi interior me hizo temblar… No se puede morir, Claudia.

Claudia no le contestó salió de aquel cuarto dejándola llorando y se dirigió a Tur.

-Adelante.

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6 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 5

  1. ¡Hola pquimmera! Te echaba de menos. Vamos a ver que nos esconde esta mujer.
    Gracias, por seguirme.

  2. No me había dado cuenta de que esta historia ya tenía segunda parte. ¿Ahora será que empezaremos a saber más de la historia de Esther?
    Acá me tendrás, confiando y desconfiando de Esther como todos 🙂
    Gracias

  3. Buenas noches, me encanta como vas hilvanando cada parte de la historia, metiéndonos de lleno en la vida de sus personajes, y dejándonos siempre con ganas de más, gracias por el tiempo que le dedicas a pesar de tus ocupaciones.

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