SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 6

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Os pido disculpas por el retraso de este capítulo, voy maravillosamente liada con la publicación de mi cuento. Pero me comprometo a colgar aunque sean capítulos más pequeños dos veces a la semana como os dije.
Gracias por seguir ahí.

Expectante en la habitación Teresa aguardaba noticias, se levantaba y miraba a Maca, parecía estar tan lejos de ella. A veces le dejaba una caricia en la poca piel que había al descubierto. Estaba mirándola con el gesto de pena que llevaba grabado en su rostro desde el momento en que llegó al hospital. Escuchó como se abría la puerta y se giró, allí estaba Claudia, su gesto de pena cambió por el de ansiedad por saber.

-Dice que no ha sido ella –lo dijo sin convencimiento-. Voy a llevarla a casa de Maca, voy a ponerle contra las cuerdas aunque por más que lo pienso no tiene ningún sentido.

-¿Qué te ha dicho, por qué se fue?

-Porque Maca la trató como a una mujer.

El silencio de Teresa le dio más pistas a Claudia de lo que había hecho la confesión de Esther. Claudia salió para recoger a Esther le contó que necesitaba su ayuda, tenía que ir a casa de Maca. Aquella noticia provocó en ella un llanto feroz.

-No por favor… no quiero ver nada –decía con los nervios disparados.

-Esther, eres la única que estuvo allí, la única que nos puede decir si hay algo diferente en su casa desde que tú te fuiste.

-No –imploraba llorando.

-Vamos Tur.

-¿Dónde está tu ropa? –le preguntó Claudia tratando de mostrar firmeza ante sus llantos.

-En el vestuario, trabajé aquí y sé llegar.

-Te acompaño a cambiarte.

-Por favor… Claudia… ya tuve suficiente la otra vez… no soportaré ver la casa de Maca.

-Lo siento, solo tú puedes ayudarnos, ¿dices que no le disparaste, no? Te voy a dar un voto de confianza, Esther, lo hago por Maca porque sé que ella confiaba en ti, pero no sé si porque se enamoró de ti ha jugado con fuego hasta quemarse, nadie más que tú puedes inclinar la balanza hacia un lado o hacia otro. ¿Lo entiendes?

Fueron hasta el vestuario tal y como les dijo Esther, allí se cambió de ropa y salieron hasta el coche. El camino lo hicieron con la sirena puesta, más nervios para ella. Llegaron y aún pudieron ver algún rastro del cordón policial. Tur aparcó el coche y abrió la puerta de Esther.

-¡Sal! –le ordenó con voz firme.

Le hizo caso. Al llegar a la casa antes de entrar, Claudia le preguntó:

-¿Estás segura que cerraste la puerta?

-Sí, siempre tengo la manía de empujar para ver si queda bien cerrada.

-No hay señal de fuerza, Esther.

-¡La puerta estaba cerrada! –insistió cerrando los ojos.

Claudia le hizo una señal a Esther para que entrara.

-¿Está todo como lo dejaste? –le preguntó Claudia.

-Sí –miró detenidamente alrededor.

-¿Maca te dijo en algún momento donde tenía la pistola?

-No, no hablamos mucho. Estuvimos todo el tiempo en la cama y… no hablamos de nada relacionado a su trabajo, ya te lo he dicho. Fue una conversación muy íntima.

-Quiero que veas esta cómoda, ¿está igual que cuando entraste?

-No sé… -dudó-… no me fije demasiado en esta parte… la verdad. No lo sé

Su tono fue devastador, se notaba que le estaba afectando aquella visita.

-¿Entraste a la cocina?

-No, yo no me moví de la habitación, salió Maca para traer agua y poco más.

-Vamos a la habitación –Esther no se movió, cruzó los brazos sobre el pecho en señal de resistencia-. Vamos, Esther.

Claudia la empujó suavemente, para ella también iba a ser complicado entrar. Sabía por los chicos la cantidad de sangre que había sobre la cama. Trató de respirar profundamente de manera que ella no lo percatara.

-Pasa –le dijo Tur con desgana y odio.

-Bien –Claudia tragó saliva al ver la cama, la pared-. ¿Está todo igual?

Esther no pudo contestar se quedó bloqueada en la puerta, ella estaba acostumbrada a ver sangre, había sido enfermera del SAMU de Madrid durante un tiempo, había tenido que atender asesinatos, peleas, la sangre formaba parte de su día a día. Sin embargo, cuando vio la de Maca el estómago le dio un vuelco, las piernas comenzaron a temblar y las lágrimas desbordaron sus ojos.

-¿Esther?

-Ese almohadón no estaba aquí –dijo con voz temblorosa sin poder parar de llorar.

-¿Estás segura?

-Sí, estaba fuera.

-Pero antes has visto el sofá y no lo has echado de menos –le dijo Claudia.

-Estoy segura, Claudia –pasó la lengua por unos labios que se habían quedado secos-. Ese almohadón no estaba aquí.

Claudia y Tur se cruzaron las miradas. Era el almohadón que habían utilizado para silenciar el arma o para no verle el rostro, seguían manteniendo la duda.

-¿Qué más? –preguntó él.

-Todo está igual.

-Acercarte y haz los últimos movimientos que hiciste antes de irte.

Esther sintió que se ahogaba.

-¡Cuánto antes lo hagas antes nos iremos de aquí! –alzó la voz Tur.

-Estaba en ese lado –se acercó hasta la cama-. Me vestí aquí y bordeé la cama hasta –se detuvo antes del charco de sangre justo desde donde parecía podían haberle disparado-. Acerqué la mano para apagar la luz, y me fui.

-¿A esa distancia?

-Sí a esta.

Esther miró hacia sus pies, la sangre acababa justamente ahí.

-¡Qué casualidad! Te detuviste en el mismo sitio desde donde la dispararon.

A Esther en ese momento se le cayó el mundo encima, tanto que un mareo la hizo caer al suelo fulminada.

-¡Esther… Esther! –la llamaba Claudia-. Traiga un vaso de agua, Tur.

-Está haciendo teatro, Claudia.

-¡Traiga el maldito vaso de agua, Tur!

Claudia alzó la voz mientras llamaba y golpeaba la cara de Esther. Tras unos minutos en los que estuvo a punto de llamar a una ambulancia, Esther pareció recuperar la conciencia. Claudia le dio agua y la ayudó a apoyarse contra la pared.

-¿Mejor? –Esther asintió con un gesto de inmensa tristeza.

-Está bien, en cuanto te recuperes nos vamos. Te dejamos un rato a solas.

-No… no me dejes aquí, quiero salir de aquí.

-De acuerdo, te ayudo a levantarte.

Cuando iba a salir de casa de Maca, Claudia recibió una llamada. Tur miraba fijamente a Esther. Ella tenía la cabeza agachada sumida en un mar tormentoso de pensamientos.

-Vamos a comisaría, Tur.

-¿Por qué? Me has dicho que podría estar con Maca –le dijo alterada Esther.

-Quiero que firmes la declaración de todo cuanto nos has contado, eres sospechosa y tenemos que seguir con el protocolo. ¿De acuerdo?

-¿Pero no me llevaras al calabozo, no? ¡Yo no he sido!

-De momento, no. Podrás volver al hospital.

-¡Capitana con todos mis respetos!

-Tur, por favor. Abra el coche –Esther entró, la capitana y Tur se guiñaron un ojo de complicidad-. Vamos a comisaría.

La noche había caído precipitadamente sobre Madrid, llegaron a eso de las once a la comisaría, allí estaban los policías de turno de noche. Esther no llevaba esposas pero se sentía atrapada y nerviosa por si Claudia le había tendido una trampa. Claudia no era Maca. Al pensar en ella volvió a llorar.

-Pasa ahí, como ves no te llevo a la sala de interrogatorios.

-Gracias.

-Ahora te traerán unos folios para que redactes todo lo ocurrido y lo firmes. Esa será tu declaración, ¿entendido, Esther?

-Sí –la miraba con cierto miedo.

-De acuerdo. Ahora vienen.

Aquella sala era fría, diferente a la que había estado siendo interrogada la vez anterior. Se frotó los brazos, cerró los ojos y mantuvo la mente lo más fría que pudo. Después, entró una mujer policía quien le entregó lo mencionado por Claudia mientras se quedaba allí vigilándola. Esther trataba de redactar lo mejor posible los hechos, aunque la letra le salió algo movida por el temblor de la mano, tenía miedo, frío y estaba con una ansiedad que se traducía en unos latidos intensos y fuertes de su corazón.
Claudia había entrado a su despacho, mientras Esther redactaba lo contado adelantaría otros casos que habían llegado a la comisaría. A su vez, Tur haría algunas anotaciones en la pizarra de cuanto Esther había contado. Lo hacía de mala gana tratando de mantener la calma para ver qué se les había escapado de lo poco que allí tenían. Había sido un día duro y largo, muchas emociones, dolor, angustia y miedo. Estaba cansado le dolía la cabeza y un escozor impertinente se había instalado en los ojos.

-Detective –oyó una voz que le llamaba. Al girarse se quedó sorprendido allí estaba la madre de Maca, o más bien, la que había sido hasta el día anterior su madre-. Necesito hablar con Claudia.

-Claro, acompáñeme.

-¿Ya saben algo? –miró la pizarra donde la fotografía de su hija estaba junto a la de la asesina de aquellas dos mujeres.

-No, todavía es pronto. La llevo al despacho.

Lo siguió con gesto serio, llevaba un abrigo de pieles con un bolso de Pierre Cardin.

-¡Capitana!

Claudia levantó la mirada de unos papeles que había sobre su saturada mesa.

-Está aquí la madre de Maca.

-Hola Claudia –la saludó.

-Rosario –sonrió mínimamente, Tur salió dejándolas solas. Entonces le preguntó con cierto resquemor-. ¿Qué haces aquí?

-He venido para pedirte que la mujer esa que está con mi hija no vuelva a entrar a la habitación. Quiero que le prohíbas el paso.

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Un pensamiento en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 6

  1. Esther da muchísima pena en todo este trozo, le creo su sufrimiento…pero todavía no puedo tener empatía por ella, sé que es porque no sabemos casi nada de ella y eso lo haces a propósito jaja.
    No me fío de Rosario, ni un pelo
    Gracias, acá estamos

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