SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 9

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-¿Descartamos a los hombres? –preguntó Martín algo desconcertado con un gesto en su rostro de sorpresa.

-Eso he dicho. Gracias, muchachos –les dijo a sus chicos cuando terminaron y salieron del despacho. Entonces cogió un almohadón que era igual al que encontraron en casa de Maca y llamó a una de las mujeres policías de la comisaría, más o menos de la misma altura y peso que Maca-. ¿Puede por favor tumbarse sobre esta mesa?

-Claro, doctor.

-Bien, ahora Tur, acérquese. Tenga el almohadón con una mano y con la otra la pistola. Sabemos que Maca es fuerte, ágil al igual que Rebeca como os habréis dado cuenta más o menos estatura y peso que la inspectora. Deberemos tener en cuenta que Maca podía estar durmiendo, agotada del trasiego que tuvo de noche. Y ahora, Tur, presione con el almohadón con toda su fuerza, no tema –Tur presionó fuertemente la mujer policía levantó la mano para tratar de zafarse pero era imposible. Tur pasados unos seis segundos dejó de hacer presión-. Sería imposible que Maca lograra responder a esa fuerza en el estado en el que estaba, el disparo habría entrado directamente a la cara. ¡Mª Carmen la necesito ya!

La mujer de la limpieza pasó con el rostro rojo por la vergüenza de sentirse observada por la parte más importante de la comisaría.

-Apriete el almohadón y mantenga la pistola con su mano derecha.

Todos observaron como la mujer a pesar de poner todo su empeño nada más poner el almohadón sobre la cara de la policía, ésta lograba mover su brazo y con ello el almohadón con lo que era prácticamente imposible disparar.

-¡Lo ven! Gracias a las dos.

Las mujeres salieron mientras la mujer policía se arreglaba la coleta que ante tanto movimiento se le había deshecho.

-Un sicario, un hombre con la fuerza de Tur o mayor, habría dado el primer disparo en la cara con lo que la inspectora estaría muerta. ¿Por qué le he dicho a la señora de la limpieza que lo intente? Lógicamente porque si lo hiciera usted Claudia o alguna de las mujeres policías, estaríamos hablando del primer disparo quizá fallido, aunque lo dudo, pero el siguiente, me juego el puesto, estaría en el lugar donde debía acabar con la vida de la inspectora.

-Y el primer disparo falló –apuntó Tur algo exultante al saber que si era así, Esther tenía todas las papeletas.

-Exacto, fue el que le rozó la cabeza. Entonces la inspectora pudo dar un manotazo que le hizo fallar el segundo disparo y el tercero, pero el cuarto le daría en el hombro izquierdo. Imagino que la autora de los disparos siguió luchando con la mano izquierda por mantener el almohadón, con ese disparo Maca aflojó, pero aún con su mano derecha debió tratar de resistir y fue cuando le disparó nuevamente y volvió a fallar, con los nervios de la lucha volvió a disparar y fallar, pero a esas alturas la sangre que Maca había perdido, más la falta de oxígeno le dejó sin fuerzas y es ahí cuando la autora dispara al corazón, pero ni siquiera le dio en el lugar correcto. Con ese disparo, Maca debió dejar de luchar y entonces recibió el otro en el pulmón. Por lo tanto estamos hablando de una mujer inexperta en armas, con bastante mala puntería y que tuvo que vaciar el cargador para que alguna bala llegara a algún órgano que paralizara o matara a Maca.

-Esther –murmuró Tur con la mirada repleta de odio.

-O cualquier otra –apuntó Martín.

-Esther ha demostrado tener carácter con la madre de Maca. Pero no creo que tenga más fuerza que ella –dijo Claudia su pensamiento en voz alta mostrando en su frente una arruga de desconcierto.

-Todo apunta a ella… por la dirección de los disparos diría que la persona estaba encorvada, de tal manera que no tenía total control de su brazo.

-Es decir, buscamos una mujer de la misma altura que Esther o mayor.

-Yo diría mayor. De todos modos, todo apunta a ella, insisto.

Tras la última frase contundente del doctor el silencio se hizo en el despacho.

-Bien –Claudia se frotó la frente con las dos manos-. Martín busque cualquier mujer que Maca haya metido en la cárcel.

-¡Vamos, capitana! –se quejó Tur haciendo gestos más que evidentes de su equivocación al tomar esa decisión.

-Tur no quiero equivocarme con Esther, no quiero tomar una decisión que nos lleve a que después, si Maca sale de esta pueda pensar que hicimos lo más sencillo. Detener a Esther, ella no haría algo así, buscaría hasta la saciedad todas y cada una de las pruebas. Lo que nos ha dicho Ruperto es importante, descartamos hombres, busquemos mujeres, a Esther la tenemos controlada.

-Puede que por no querer tomar una decisión, después se arrepienta.

Tur salió con gesto de enfado, Martín le hizo una mueca a Claudia solicitándole paciencia con él.

-¿Usted qué cree, doctor?

-¿Si fue Esther? –Claudia asintió-. Solo sé que el ataque lo hizo una mujer, y que la ciencia me dice que todos los indicios apuntan a ella, pero mi impresión es que no fue Esther porque siente algo fuerte por Maca. Pero todas las huellas son suyas, eso es evidente.

Claudia contrajo la barbilla, ella también era de esa opinión aunque todas las pruebas dijeran lo contrario. Necesitaba pruebas que pudieran constatar que Esther no había tenido nada que ver.

Mientras tanto, Madrid ya llevaba un buen rato de trasiego, tráfico, bocinazos, el cielo encapotado. Dentro del hospital parecía que nada cambiaba, el mismo trajín de enfermeras y médicos. Tampoco había cambiado nada en el interior de la habitación de Maca. Allí, Teresa y Esther seguían guardando silencio. De vez en cuando se acercaban hasta ella para mirarla, las máquinas seguían transmitiendo mediante sonidos que mantenía la vida. Las enfermeras entraban a cambiar goteros, subir o bajar las teclas de los monitores, pero nadie decía nada del estado en el que se encontraba. Esther había salido a por un café para ella y otro para Teresa, su rostro mostraba el cansancio agudo que sentía, le dolía la cabeza pero no quería alejarse de allí, de la misma manera que Teresa no quería dejarla sola.

-Te he cogido el café doble.

-Gracias –extendió la mano cogiéndole aquel vaso de plástico.

-Teresa sé que no quieres escucharme pero… creo que me conoces bastante bien, confiaste en mí cuando me acusaron con Elena y Luisa, me pagaste un abogado para que me sacara de allí cuando nadie creía en mi inocencia. ¿Crees de verdad que yo haría algo así?

Teresa la miró fijamente con un suspiro que salía de lo más profundo de su ser, no le contestó tan solo dio un sorbo de su taza.

-Sé que puede sonar extraño, infantil… pero me he enamorado de Maca, es así de sencillo.

Teresa continuó con su pesado silencio.

-Cuando me fui lo hice porque no quería que le pasara nada malo a Maca y mira…

-Tú lo has atraído, Esther –su voz sonó como si una viga de acero diera un golpe seco contra la pared.

-Me fui para no destruirla.

-Tu victimismo ha llevado a mi hija ahí donde está –le acusó.

-¿Por qué me dices eso? Tú más que nadie sabes cómo ha sido mi vida.

-Por eso, porque sé que has sido una desgraciada, sé que te engulles tú misma en ese victimismo de que todo lo que toco lo destruyo.

Esther no salía de su asombro, Teresa la miraba fijamente con una mirada dura y reprobatoria.

-Teresa… desde el accidente que tuve con mi novia todo me ha salido mal, ha sido como una maldición. La amaba más que a mi vida, creí que había encontrado a la mujer ideal. Y el accidente lo cambió todo.

-Fue un accidente, Esther.

-No, fue culpa mía. Pasé de mirarla, de sonreírle y decirle que la amaba y verme el coche encima, no estuve ágil y empotre el coche contra un árbol, la siguiente imagen que tengo es de su cuerpo inerte sobre el asiento. Su hermano me culpó y con razón.

-Fue un accidente, Esther, aunque hubieses ido mirando la carretera te habría pasado lo mismo –le dijo con voz cansada.

-Desde entonces la vida para mí no tuvo mucho sentido, después llegaron los recortes, perder el piso, el trabajo… Hasta que llegué a ti.

-Has entrado en el mismo bucle que muchos españoles.

-Sabes que no sirvo para esto y lo estoy haciendo para sobrevivir.

-Desde luego –le afirmó con rotundidad.

-¿No me crees? –la voz mostró una pregunta repleta de dolor.

-Si hubieras tratado de matarla ¿me lo dirías? ¡Claro que no, Esther! Mi hija a la que por cierto ayer por la mañana iba a conocer mejor, con la que iba a tomar un desayuno maravilloso con el que empezar una relación que nos rompieron al nacer, se debate entre la vida y la muerte, no sé si volveré a tener la oportunidad de hablarle, ¡y tú, de la que todo el mundo sospecha! Me quieres hacer ver que te fuiste porque no le querías hacer daño. ¿Sabes una cosa? –la miró fijamente. Los ojos le marcaban una mirada repleta de furia-. En la vida hay dos clases de personas, una los que se dejan llevar por la inercia de la derrota, ¡otra! Los que a pesar de la derrota siguen luchando sin dejarse vencer. Tú estás en los perdidos, ¡Maca era tu oportunidad y por miedo a ser feliz te marchaste corriendo! Eso es lo que me quieres hacer creer. Además de perdedora ¡eres imbécil! Así que si me quieres convencer de que eres una pobrecita que la vida la ha tratado mal ¿quieres que te cuente mi vida? ¡Y aquí estoy, Esther! ¡Luchando por sobrevivir! No quiero que estés aquí si tu pensamiento es que eres una pobrecita que la vida la trata mal y que mi hija no va a salir hacia delante si tú estás a su lado. ¡Si piensas así te agradecería que te largaras de aquí! ¿Lo has entendido, Esther?

Esther guardó silencio, mirándola con gesto de temor.

-Y respondiendo a tu pregunta, no, no creo que tú intentaras asesinar a mi hija porque no tienes la maldad que se necesita para hacer algo así.

En el cuarto donde Roberto seguía las imágenes, soltó un silbido potente.

-Ya sé de quien sacó el carácter la inspectora ¡madre mía!

Delante de la pizarra los dos hombres trataban de volver a recrear las posibles sospechosas. Mientras, Claudia estaba en su despacho pasando al ordenador el estudio que Ruperto les había hecho. Cada vez que apretaba una tecla sentía que aquellas palabras se volvían puñales en su contra. Notó que le faltaba el aire, ¡Maca debió sufrir lo suyo! Estaba en ese pensamiento cuando llamaron a la puerta.

-Adelante.

-¿Puedo pasar, capitana? –preguntó desde el quicio de la puerta Rosario una de las policías que durante el encierro de Esther había estado supervisando el calabozo.

-Claro. ¿Qué ocurre, Sánchez?

-He oído a Martín y a Tur cuando pasaba a la máquina para coger agua. Sé que lo que le voy a decir quizá me exceda pero…

-¿De qué se trata?

-Es referente a Blanca. Usted sabe que Blanca siente una atracción fuerte por la inspectora –Claudia asintió, era bien sabido que en aquella comisaria alguna que otra mujer se sentía locamente atraída por la inspectora. Antes de seguir hablando tomó aire-. Bien, cuando Esther estuvo en el calabozo, la inspectora fue hasta allí y estuvo hablando con Blanca, ella me dijo que había estado tonteando que la inspectora le había sonreído y…

-¿Fue cuando la nota a Esther?

-Sí, exacto –contestó la otra con cierto malestar en su estómago-. Cuando le dije a Blanca que se olvidara de ella, me contestó con cierto malestar “torres más altas han caído”.

-Se sintió despechada, imagino.

-Sí. La verdad no sé si hago bien, pero… no me gustó su manera ni de hablar ni de mirar a la inspectora. Después cuando supimos que le había pasado una nota, Blanca se sintió utilizada.

-¿Sabes si ella y Maca han tenido alguna relación íntima? –preguntó Claudia preocupada.

-Me lo hubiera dicho, y si hacemos caso a la frase que dijo…

-Gracias, Rosario.

-No me gustaría que se enterara que yo…

-Tranquila. Hablaré con ella con mucho tacto.

-Gracias –le sonrió con pena-. Espero que la inspectora salga de esta.

-Yo también.

Cuando se quedó sola resopló, se pasó la mano por la cara y cerrando los ojos murmuró.

-Maca… tu juego de seducción puede haberte costado caro.

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6 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 9

  1. ¡Hola, Mª José! Bienvenida a esta historia, vamos a ver si este capítulo nos aclara algo, yo creo que sí.
    Un abrazo y gracias por tus palabras.

  2. ¡Hola pquimmera! Gracias a ti por estar ahí. Bueno… creo que el personaje de Esther es más complicado de lo que parece, no sé si se dejara conocer y atrapar. ¡Ya lo veremos!
    Un abrazo

  3. hola! descubri esta historia de casualidad y me engancho en el minuto 1

    y no sabia que tenia segunda parte…

    gracias!

    yo pienso que Esther no es culpable, a pesar de que todo apunte a que si. yo quiero cree en que es verdad y quiere realmente a Maca…

  4. Buenos días, señora de las letras, trocito esclarecedor en cuanto al comportamiento de Esther y de la posible responsable, saludos y nuevamente gracias por el tiempo que te tomas por seguir, te esperamos lo que sea necesario.

  5. Todo apunta a Esther o…ya no tan claramente…¿Maca jugó con fuego?
    Esta historia creo que es más bien del “viaje” de redención de Esther, el intento de asesinato es el medio, pero el fin va más allá de eso. Fue tan contundente y tan clara en sus palabras Teresa que, a fuerza tuvieron que tener impresión en Esther. Desde la primera parte de la historia me incomoda bastante su postura victimista y de tirar la toalla siempre tan rápido, de dejarse arrastrar por la vida y poner cara de pena. Ojalá que esto sirva para que recapacite y tome las riendas de su vida.
    Me está gustando que conozcamos más a Claudia, un buen personaje.
    Gracias por seguir

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