SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 11

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FELIZ AÑO

 

La tensión se podía palpar, Esther seguía sobre Maca manchada con la sangre de la inspectora, Claudia, Tur y Martín con las pistolas apuntándole, Roberto con gesto de pánico reflejado en su cara. Y hasta él, llegó Teresa a quien le faltaba el aire, con la mano puesta en el pecho y los ojos cubiertos de lágrimas. Como único testigo de aquella escena un pitido desagradable que provenía de alguna de las máquinas que Maca tenía a su alrededor. Esther jadeaba sin hacer caso alguno a las indicaciones de Tur, al ver que mantenía la misma postura y seguía Maca sangrando su dedo índice comenzó a moverse para apretar el gatillo. En el mismo instante que Encarna, la madre de Esther, llegaba llevándose el susto de su vida al ver la situación.

-¡Fuera de aquí! ¿Qué coño hacen con las armas? –apareció una mujer bajita y morena empujando a Martín y a Tur-. ¡Fuera de esta habitación!

-Pero… ¡la ha apuñalado! –Claudia trató de justificar su actuación.

-¡Rápido Cruz! Está en parada ¡está en parada! –gritaba Esther.

-Aparta…

Entraron unas enfermeras corriendo con una máquina más. Vieron como Esther se bajaba de la cama al tiempo que su mano derecha estaba totalmente ensangrentada

-Carga doscientos… ¡Fuera! –gritó la que parecía ser médica.

Dio una descarga sobre el pecho de Maca que dio un salto sobre la cama mientras todas miraban el monitor.

-No, Cruz –le avisó Esther nerviosa

-Apartar. ¡Carga trescientos! ¡Fuera!

Los dos hombres habían salido al pasillo con las caras pálidas y desencajadas, mientras Claudia, sujetaba por los hombros a una Teresa que lloraba amargamente en silencio. Y Encarna se apartó hacia un lado afectada de ver el estado en el que se encontraba Maca, pero también, de ver el gesto de su hija.

-¡Estabilizada! –dijo una de las enfermeras.

-¡Rápido vamos a quirófano! ¡Necesito urgentemente un quirófano! –gritaba la doctora con la tensión reflejada en su rostro-. ¡Esther tú vienes conmigo!

-¡Apártense, apártense! –le gritó a Claudia y Teresa-. ¡Rápido, rápido!

La camilla con Maca salió a toda velocidad por el pasillo, Esther corría junto a ella mientras que al otro lado la médica que había entrado en el momento en que iban a disparar a Esther, hablaba por teléfono con nerviosismo, aquello no pintaba bien. Tur y Martín se miraron con preocupación, mientras Claudia abrazaba a Teresa para llorar juntas. Mientras Encarna seguía a un lado sin atreverse a acercarse a ella.

-Deberías llamar a sus padres -le dijo Teresa entre congoja y congoja.

Claudia se apartó a un lado para calmarse, se sonó la nariz, se quitó las lágrimas del rostro con el dorso de la mano y, finalmente, trató con una exhalación de tranquilizar su nerviosismo y miedo.

-¿Pedro? Soy Claudia, deberíais venir al hospital, se han llevado a Maca a quirófano.

En la sala séptica, Esther se lavaba las manos. Su rostro era serio alguna lágrima recorría las mejillas, Cruz la miraba a través del espejo y notaba una nerviosa calma.

-¿Estás bien?

-Sí… No.

-No tengo más enfermeras que vosotras dos, con el accidente que ha ocurrido de tráfico múltiple tengo a todos ocupados, y el caso de esta mujer es bastante serio. Necesito ayuda de la mejor enfermera –le sonrió tratando de enviarle un poco de calma-. ¿Es familia tuya?

-Aún no –sonrió de lado-. Bueno… es un poco complicado, Cruz. Mi vida ha dado un giro horrible y ella… ella ha sido la persona que necesitaba para reaccionar y luchar. La quiero muchísimo y necesito que se recupere para poder decírselo.

-Vale… entendido. No sé si es buena idea porque te veo muy implicada, pero… no podemos hacer otra cosa. ¡Vamos allá!
Cuando Teresa vio a Encarna no hizo falta que se dijeran nada, se abrazaron las dos llorando con ese instinto de madre que nada más ellas podían entender.

-Todo va a ir bien –le dijo Encarna-. Todo va a ir bien.

-Gracias Encarna, gracias.

Durante algo más de hora y media Maca estuvo en el quirófano, al grupo que esperaba noticias se le había unido los padres de Maca. Rosario no quitaba ojo a Teresa que comedidamente se había retirado hacia el otro lado de la sala de espera, a su lado se encontraba Encarna como si pudiera protegerla de las miradas repletas de odio de Rosario. La tensión entre todos ellos era palpable. Tur se mostraba más nervioso de lo normal, mientras que Martín trataba de concentrarse en estar lo más tranquilo posible. Cuando oyeron que les llamaban, los padres de Maca salieron los primeros mientras que el resto se quedaba unos pasos por detrás entendiendo que ellos eran los que debían recibir la información por parte de aquella médica bajita con tanto genio.

La doctora tras dar a los padres las noticias sobre la inspectora les hizo una señal al resto para que fueran hasta el cuarto donde había estado Maca. Una vez dentro, los miró fijamente a todos.

-En primer lugar, no voy a permitir que en mi hospital haya gente armada que a la mínima esté dispuesta a sacar las pistolas como si estuviéramos en el oeste poniendo en riesgo la vida de mi personal sanitario.

-Estamos aquí protegiendo la vida de la inspectora –respondió Claudia un poco harta de aquella mujer.

-¿Protegiéndola de quién? ¿Qué pretendían? ¡Disparar a Esther porque estaba luchando para no perderla! ¡Eso es lo que están haciendo! –la recriminación fue hecha con tono duro e implacable.

-Estamos haciendo nuestro trabajo. Esther era sospechosa de intento de homicidio.

-¿Perdón? –abrió los ojos como platos mientras arqueaba una ceja.
Encarna al escucharla cerró los ojos decaída.

-Nuestro trabajo es proteger a la inspectora de quien intentó acabar con su vida, esa es la razón de que estemos aquí en su hospital.

-¡Cómo pueden pensar que Esther haría algo así! ¡Es inaudito! –les miraba sin poder dar crédito a sus palabras.

-En nuestra investigación tenemos ciertas sospechas que nos llevan a ella.

-¡Esther ama a esa mujer! ¿Cómo la va a matar?

El silencio se hizo entre ellos, Claudia no quería seguir discutiendo sobre el tema y la doctora tenía trabajo. Pero si alguien hubiera podido abrazarla, hubiera sido Encarna por decir lo que ella pensaba, su hija amaba a la inspectora ni ella misma era capaz de darse cuenta todavía lo que aquella mujer significaba en su vida.

-¿Cómo está? –le preguntó Teresa con la pena cargada en los ojos.

-¿Usted es su madre, verdad? –se percataron que Esther le había puesto al corriente. Teresa asintió-. Ha tenido un neumotórax, de ahí que Esther le clavara un cuchillo para hacer una descompresión de la cavidad pleural, aun así la inspectora ha sufrido una parada cardiorrespiratoria, de no haber sido por ella les aseguro que ahora estaría en el depósito de cadáveres, así que por muchas sospechas que tengan les pido que no usen sus armas aquí. De momento, va a quedarse en la UCI unas horas para controlarla, les aviso que Esther estará con ella, después si se estabiliza porque su estado es de máxima gravedad, la pasaremos aquí donde tan solo una persona podrá estar con ella.

Se marchó con la indignación marcada en su rostro. Claudia hizo un gesto a los dos detectives para que abandonaran la habitación. Al quedarse sola acompañó a Teresa para que se sentara mientras Encarna la miraba con gesto de pena.

-¿Teresa por qué no vas a casa y descansas un rato? –le aconsejó Claudia.

-No, no podría descansar.

-Tranquila… yo me quedo con ella y una vez la traigan aquí, acompañaré a Teresa a que descanse un rato.

Mientras esto ocurría arriba, abajo los dos hombres habían bajado hasta la puerta, necesitaban aire y tranquilizar los nervios. Tur se fumó un cigarrillo mientras se apartaban a un lado más solitario.

-He estado a punto de dispararle, ¿te das cuenta?

-Sí –respondió Martín cabizbajo.

-Si no llega a entrar la médica, hubiera disparado.

Martín no le dijo nada porque a él le había pasado lo mismo. Verla sobre Maca repleta de sangre le nubló la mente.

-Creo que tienes razón, Martín –le dijo tras expulsar al viento el humo del cigarro, tras dar otra calada lo estampó con toda la rabia que sentía contra el suelo-. Me ha cegado la culpabilidad, me siento responsable de lo que le ha sucedido a Maca –cerró los ojos con un ligero temblor de barbilla-. Y no me deja ver más allá de Esther.

-Ven aquí, amigo.

Ambos se abrazaron fuertemente, sin poder evitar alguna lágrima de tristeza y porque no reconocerlo, miedo por lo que acababan de presenciar.

-No se puede morir –murmuró apenado Martín.

-La inspectora es fuerte, si ha resistido esto… ¡podrá con todo! Ya lo veras. No nos va a abandonar.

-No me había dado cuenta de lo importante que es para mí.

-Es una gran profesional, es un lujo poder trabajar con ella aunque a mí me repatee el hígado que me mande una mujer, pero es una tía de puta madre. Prometo no meterme más con ella si sale de esta –lo dijo con los ojos cristalinos.

-Te recordaré esta promesa –le sonrió aún con la tristeza reflejada en el rostro-. Tú también eres humano, Tur.

El hombre suspiró algo más tranquilo, era cierto que no soportaba que le mandara una mujer, pero en su fuero interno sabía que la inspectora era la mejor que había conocido en lo suyo y había aprendido mucho a su lado, él también se acababa de dar cuenta de que la apreciaba mucho más de lo que pensaba.

Entre tanto en la habitación, Claudia estaba poniendo al día a Ruperto, le había comentado lo sucedido y el hombre, al igual que todos ellos, se mostró afectado. Preguntó nuevamente si había algo nuevo en las investigaciones pero la respuesta fue la misma, nada nuevo seguimos en ello.

-Voy a marcharme a comisaría, no puedo estar aquí, una parte de mí quiere acompañaros pero debo trabajar… Seguir investigando.

-Quizás a quien deberías investigar a fondo es a su madre.

Las palabras de Teresa salieron lentas pero como si fueran cuchillos que se clavaron en el estómago de una Claudia que la miró con el ceño fruncido, mientras Encarna se quedaba boquiabierta, sin duda el cansancio estaba pasando factura a Teresa.

2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 11

  1. Y….aparece Cruz. Me gusta que esté en el relato, creo que Esther la necesitará mucho ya que parece que la conoce bien y formó parte de una vida en la Esther fue feliz y estuvo orgullosa de si misma.
    Se van poco a poco quitando algunas (solo algunas) sospechas sobre Esther. Después de cómo dejaste el capítulo anterior, es un alivio como continúa este. Me gusta ver a Esther decidida, más fuerte, con determinación y no dudando. Le ha salvado la vida a Maca y no creo que se separe de ella ahora.
    Muchas gracias por continuar…me tienes otra vez enganchada
    FELIZ AÑO también para tí

  2. Feliz Año, bueno, luego del paro cardíaco que me causaste en el capitulo anterior, respiro un poco con este, aunque tiene una vena como decirlo…un poco malvada…como que te gusta hacernos sufrir, sin embargo me encantan esa expectativa, esa zozobra de no saber que puede pasar, gracias por el tiempo que nos dedicas, saludos.

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