SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 14

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En el hospital, Teresa estaba en la habitación de Maca junto a Encarna, Esther les había pedido que se quedaran allí mientras ella hacía algo. Las dos mujeres aguardaban en silencio, sus miradas se quedaban fijas en el cuerpo inerte de Maca, deseaban tanto ver algún pequeño movimiento que a veces la ilusión óptica de mantener la mirada fija en ella les hacía ver como si moviera la mano, la pierna. Pero pronto se daban cuenta que tan solo era eso, una ilusión. Teresa se levantó acercándose hasta su hija, le dolía verla con el rostro desfigurado por el balazo en la cabeza, el tubo incrustado en la garganta, la respiración macada por el pitido de la máquina, todo era tan dantesco que sentía unas ganas locas de huir de allí y rogar que alguien la cambiara por ella. Su vida ya estaba hecha pero Maca comenzaba a vivir. Se acercó hasta ella y le habló:

-Cariño… soy yo, Teresa, tu madre –al decirlo no pudo evitar que se le quebrara la voz-. ¿Sabes? Me he quedado colgada sin mi desayuno con mi hija, sé que ahora mismo debes estar en un mundo repleto de paz y bienestar, pero cariño, aquí te estamos esperando Esther, Claudia, tus chicos que no saben qué hacer sin ti y yo, te estoy esperando con todo el amor que no te han dado a lo largo de tu vida, cariño. Te quiero porque te he querido siempre desde que te parí, te quiero y necesito tenerte a mi lado para conocernos más, disfrutar de esta relación que no nos dejaron tener. Aquí estoy, mi vida, te estoy esperando.

Encarna sentía un dolor profundo al ver allí a aquella madre que le habían quitado la oportunidad de ser feliz al lado de su hija, y se la habían arrebatado de la manera más cruel. Como madre podía entender su dolor, era comprensible y, además, compartido.

Mientras Teresa hablaba con su hija, Cruz tenía delante a una Esther casi fuera de sí. Estaba a punto de marcharse a su casa cuando entró en el despacho, se sentó frente a ella y le hizo una confesión. Cruz la miró perpleja y le dijo:

-¿Sabes lo que estás diciendo?

-Completamente.

-Me voy a meter en un buen lío, ¿eres consciente?

-Sí -la miraba fijamente.

-¿Estás segura de hacerlo?

-Tengo que hacerlo. Hasta ahora he estado atada de manos, pero me he quitado las ligaduras y voy a hacerlo.

-Madre mía, Esther. Madre mía.

En la comisaría Claudia escuchaba por la radio a Tur y Martín que habían llegado al lugar donde les había dado un chivatazo de que la presunta atacante de Maca estaba en una casa refugiada. Al mismo tiempo Roberto había llegado después de que su jefa lo llamara y le reclamara su presencia en la comisaría urgentemente.

-¿Qué hago? -la miró con ciertas dudas.

-Mira estamos esperando coger a quien parece ha disparado a Maca -ante su gesto agregó-. Deja de investigar a sus padres, creo que tenemos que fijarnos en esta mujer.

-¿Quién es?

-Una jefa de las grandes, tenía casi una multinacional de droga, desde esta comisaría se le estuvo investigando, Maca dirigió una operación perfecta que le hizo caer a ella y todo su maravilloso mundo. Salió hace dos días. Justo cuando dispararon a la Inspectora -le entregó una carpeta.

-De acuerdo, me pongo a trabajar.

Se quitó la chaqueta y se metió en su cuarto con los datos que le había dado la Capitana. Allí seguía esperando la actuación de sus detectives cuando llegó Ruperto algo contrariado.

-¿Qué pasa?

-Creo que tenemos a la presunta agresora de Maca.

-¿Quién es? -la miró preocupado-. Porque creo que no estás muy segura.

-¿Podemos hablar un momento?

-Claro.

Se apartaron hasta el despacho de Claudia, les dejó aviso a los hombres que se quedaban allí pendientes de los movimientos de los detectives para poder hablar con Ruperto.

-¿Qué pasa, Claudia?

-Verás estoy en una disyuntiva que no me deja pensar con claridad -el hombre se sentó a su lado mirándola fijamente-. Teresa insiste en que quien atacó a Maca fue Rosario, no tenemos ni una sola prueba hacia ella. Y mañana a primera hora van a trasladar a Maca al hospital privado que quiere Rosario. Los detectives me dicen que la tipa ésta puede ser la atacante, hay una prueba que es su teléfono móvil que fue rastreado en el barrio de Maca.

-¿Y quieres hacer algo ilegal para salvar a Maca?

-Si no detengo a sus padres, mañana se la llevarán, Cruz nos ha dicho que moverla del hospital en las condiciones en las que está es muy peligroso, y si los detengo para interrogarles sé que pueden crujirme.

-¿Cuándo los quieres detener?

-Iba a hacerlo ahora.

-Buscas un consejo, claro -sonrió de lado mirándola con cariño. Ella asintió con cierto nerviosismo-. ¿Qué te dice tu corazón?

-No puedo creer que Rosario atacara a Maca, sin embargo, sé que si no hago algo y, se la llevan, posiblemente no supere el traslado y pierda a una persona que me importa mucho.

-Adelante. Interroga a Rosario y Pedro mañana a primera hora, gana tiempo hasta que desconecten a Maca.
Durante unos segundos guardaron silencio. Claudia cerró los ojos y le preguntó:

-¿Crees que va a superarlo?

-No lo sé, confío en ella y en su fuerza, pero desconozco el alcance real a su organismo, pero le daría esa oportunidad que tú estás pensando.

Claudia sonrió agradecida mientras Ruperto le daba dos golpes en el hombro en señal de apoyo y confianza. Al quedarse sola resopló, estaba decidido, Maca era lo más importante.

En el hospital, Encarna había ido hasta casa de Teresa para preparar caldo y un poco de comida, también para poner comida a Princesa que estaba tristona de estar sola. La gata la seguía allá donde iba y Encarna que no era muy de gatos tuvo que sentarse un momento en el sofá para acariciarla.

-Todo va a pasar muy pronto, ya verás… Con un poquito de suerte Maca se recupera y salva dos vidas, la de tu ama y la de mi hija. Dios escuche mis plegarias.

En la habitación junto a la cama de Maca se encontraba Teresa, llevaba mucho rato sola, le extrañaba que Esther no estuviera allí. Cerró los ojos por un momento, necesitaba descansarlos, no podía dejar de observar los movimientos de su hija, era como si dejar de mirarla pudiera empujarle a perderla.

-Teresa… Teresa no te asustes soy yo.

La voz de Esther le llegó como si estuviera muy lejos de allí. Abrió los ojos poco a poco para dar casi un salto en el sillón.

-¡Me he dormido!

-Tranquila, tranquila –le dijo Esther con voz dulce.

-¡Oh Dios mío! –miró a Maca.

-Todo está bien, estás agotada, Teresa, deberías irte a casa y dormir cuatro o cinco horas, eso te reconfortará. Mañana tienes que estar fuerte.

-¿Y si me voy y despierta?

-Pues te aviso en seguida –le sonrió tan ampliamente que descolocó a Teresa.

-¿Y si me voy y…?

-No va a pasar, te lo aseguro –Esther le apretó el brazo con cariño.

-Esther… quiero creerte porque sé que si despierta ella puede hacerte feliz.

-En otro momento te diría que eso sería imposible con mi pasado, pero te digo, la única persona capaz de aceptarme es Maca, me lo demostró.

Teresa guardó silencio, sonrió cansada y se mordió el labio.

-Venga… hazme caso, vete a casa mi madre te está preparando un caldo reconfortante, te duchas, duermes y vuelves.

-De acuerdo, me llamarás si pasa algo…

-Por supuesto que sí. Venga.

-¿Qué es eso? –le preguntó mientras miraba una mochila que descargaba sobre la mesa.

-Maca debe reaccionar y todo esto va a hacer que regrese de donde está para cuando mañana Cruz la desconecte.

Teresa la miró sorprendida.

-Voy a encargarme de ello, Teresa. Te lo prometo, nada va a impedir que Maca despierte y que estemos a su lado, ve tranquila.

Los dos coches de policía que acompañaban a los detectives aparcaron en la calle contigua a la finca que les habían dicho, un chivatazo les había llevado hasta la mujer que tenía motivos suficientes para atacar a Maca. Había una prueba, la del teléfono, y nada más había que tenderle una pequeña trampa para que confesara. Martín y Tur se detuvieron frente a la puerta, llamaron pero nadie contestó. Volvieron a insistir y les llegó el sonido de unos pasos al otro lado de la puerta, Martín sacó su arma.

-¡Abra, policía!

Pero al otro lado nada más hubo silencio. Hizo un gesto a los otros compañeros que esperaban órdenes y éstos, forzaron la puerta que se abrió con el susto de una mujer que se quedó quieta con las manos en alto mientras ellos la apuntaban con las pistolas.

En el hospital, Esther había conectado un mp3 a los auriculares, cuidadosamente los colocó en sus oídos. Subió el volumen a tope. Antes de poner el play, sacó un pequeño aparato que llevaba seis luces blancas, tras ponerle pilas le dio al ON, se puso justo al lado de la cama y con las luces delante de los ojos cerrados de Maca comenzó a hacer que primero fueran parpadeando, después se quedaran fijas, hicieran círculos como si fuera una discoteca, así durante cinco minutos. Después, conectó el mp3 y por los auriculares comenzó la voz de Esther a hablarle mientras la miraba con la esperanza y necesidad de hacerle regresar.

Hola cariño, soy Esther. No he encontrado otra manera de acercarme a ti más que está. Sé que estás bien, tranquila y quizá te apetezca seguir así, pero quería decirte que te estoy esperando. Necesito decirte que nadie me ha tratado como tú, que eres una mujer maravillosa, que desde el primer momento en que te vi, deseé pasar el resto de mi vida contigo. Me quise quitar ese pensamiento pero cuanto más quería sacarte de mi cabeza, más estabas en mi corazón. Me gustaría que mi pasado no existiera, para poder entregarme a ti, pero… cariño… sé que si hay alguien en este mundo que me acepte con todo lo que significa mi pasado, esa persona eres tú. Por eso, necesito que vuelvas, no tengas miedo, mi amor, yo estaré aquí para curarte, para ayudarte, para amarte. Y también estará Teresa, tiene tanto amor que darte que sería una lástima que lo perdieras. Estaremos todos, Martín, Tur, Claudia… no tengas miedo a tus recuerdos ni a los motivos que llevaron a disparar ese arma, eso lo podrás olvidar. Te estamos esperando mi amor, te estoy esperando para volver a sonreír, para volver a ser la mujer que fui porque tú me haces mejor de lo que yo misma puedo creer. Y sí… me voy contigo a París a descubrir la ciudad del amor con la mujer que me ha enamorado. Te quiero”

La voz de Esther se apagó y apareció la potencia de Mónica Naranjo.

-Te quiero Maca –susurró Esther mientras acariciaba la mano fría de la Inspectora.

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4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 14

  1. Gracias pquimmera, gracias por seguir ahí. Creo que hay algo muy importante en la vida como la amistad, todos los personajes en este fic lo saben, por esa amistad luchan a brazo partido aunque a veces hagan cosas no del todo correctas.
    Un abrazo

  2. En definitiva me encanta tu forma de escribir, con cada capitulo nos dejas con ganas de saber mas y mas de esta historia. gracias por tu tiempo.

  3. Medidas desesperadas de todos por salvar a Maca, por que permanezca en sus vidas y en ese lugar. Me gusta esta Esther decidida, luchadora y menos autocompasiva…esta es la que yo quería ver.
    Muchas gracias…leo con muchisimo gusto tu historia

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