SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 15

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En comisaría, la detenida había pasado al cuarto de interrogatorios. Frente a ella se encontraban con el rictus serio, Tur y Martín, tras el cristal, Claudia observaba la escena con las pulsaciones disparadas. Necesitaba creer que había sido ella, pero a la vez, necesitaba tiempo para evitar que los padres de Maca se la llevaran del hospital. La tensión dentro del cuarto se podía cortar con un cuchillo.

-No sé porque me han traído aquí, no he hecho nada de lo que me puedan acusar.

-Digamos que sí –le dijo Tur achinando los ojos mientras la miraba de modo penetrante.

-No he hecho nada –insistió con rotunidad.

-¿Y por qué yo tengo la seguridad de que sí?

-Vamos por orden –intervino Martín-. Tenemos localizado tu móvil en el lugar de los hechos.

-¿Qué hechos?

Los miraba alternativamente con el gesto de pánico reflejado en su cara.

-Lo sabes perfectamente –la voz acerada de Tur le llegó como una rotunda bofetada-. Tenemos las pruebas de que has intentado asesinar a la Inspectora, tu móvil está situado en su piso.

-¿Cómo? –los ojos de la mujer se abrieron como platos.

-Además, tienes motivos para tratar de asesinarla.

-¡Un momento! ¡Un momento! –movía las manos con nerviosismo.

-Te tenemos bien cogida y la pena por homicidio no tiene nada que ver con tráfico de drogas –Tur parecía satisfecho.

-Yo no sé dónde vive la Inspectora ¡cómo lo voy a saber! No la veo desde el día de mi juicio –se notaba que su nerviosismo iba en aumento conforme hablaba-.

-Vamos, Mónica… a otro perro con ese hueso.

-Lo juro.

-¿Martín, amigo mío cuánto vale la palabra de una mujer que lo único que ha hecho a lo largo de los años ha sido mentir a la policía?

-De poco o nada –la miró fijamente.

-Les juro que no tengo nada que ver con eso, ¡nada!

-Si confiesas seremos buenos contigo y llegaremos a un trato razonable.

-No he hecho nada, quiero un abogado –dijo con la respiración alterada y un gesto de miedo bien marcado en su rostro.

-Perfecto, ¡las pruebas confirmarán lo que tú no quieres confesar!

En el cuarto a solas, Claudia sentía que aquella mujer no era la culpable, desde que Teresa había dado la opción de Rosario, parecía que nada de lo que conseguían encontrar era real, que cada vez que tenían un sospechoso se alejaban algo más del verdadero culpable. No podía explicarlo porque era un sentimiento muy de dentro y sabía que en su oficio se necesitaban pruebas, no sentimientos y hasta ese momento nada habían encontrado contra Rosario.

-¿Qué le parece capitana?

La voz de Tur la sobresaltó. Claudia lo miró con cierto pesar.

-¿No cree que sea ella?

-Tur no tengo tiempo para esperar al abogado, ver si es o no es, si no confiesa ahora y resulta que no es culpable, mañana Rosario se llevará a Maca y no puedo darle tiempo.

-¡Capitana! –entró Roberto con la cara de haber encontrado algo-. Vengan, por favor.

Teresa había dormido abrazada a su gata, el ronroneo del animal había conseguido tranquilizar su corazón alterado. Había dormido pero no descansado, tenía la sensación de que si se abandonaba totalmente podía sonar el teléfono y no escucharlo. Al levantarse, tenía preparado un caldito que le reconfortó. Se dio una ducha y junto a Encarna salieron hacia el hospital. Por el camino ninguna habló, sentían que el tiempo iba en su contra, era como querer coger arena entre los dedos, se les escapaba sin remedio. Cuando llegaron al hospital, Esther las esperaba con cierto nerviosismo, había hablado con Claudia para pedirle la sala donde aún tenían todos los aparatos para controlar la habitación, Encarna se quedó cuidándola mientras las dos mujeres en la sala grababan algo en el mp3.

-¿Estás segura que funcionara? –Teresa miraba a Esther con un halo de esperanza en su mirada.

-Confío en que así sea, hay que hacerla reaccionar para mañana cuando la desconectemos, quiero sacudir su cerebro a pesar de estar en coma necesita un empujón.

-Me aterra ese momento.

-Maca lo va a superar. ¡Vamos!

Al entrar en la habitación, Encarna se salió no querían cabrear a Cruz ni abusar de su confianza. Esther volvió a conectar el mp3 con los auriculares y se lo puso a una Maca que ni cambiaba el gesto, ni hacia el mínimo movimiento.

-¿Y ahora? –preguntó Teresa preocupada.

-A dejar pasar los minutos, Teresa, no nos queda más. No te preocupes nadie se va a llevar a Maca de aquí, te lo prometo.
En comisaría, Martín, Tur y Claudia escuchaban atentamente a Roberto, sus explicaciones estaban siendo muy contundentes.

-Es cierto que el teléfono lo he podido localizar en el edificio de Maca, pero al meterme y rastrear, me he dado cuenta que esta mujer había quedado con un hombre que vive justo en el edificio de la Inspectora.

-¿Podría ser su tapadera? ¿O, incluso podría ser el brazo ejecutor? -preguntó Tur mirando a Roberto.

-No puedo decir ni que sí ni que no, tan solo que ella y el teléfono estaban allí. Y, además, que conocía a un vecino de la Inspectora.

-No podemos esperar al abogado.

Claudia con decisión cogió los papeles de Roberto y se marchó hasta la sala de interrogatorios. Entró con mal gesto. Se sentó mirándola con dureza, Mónica la conocía, la última vez que la detuvieron estaba junto a Maca.

-No tengo tiempo que perder, así que si no quieres tener problemas colabora conmigo. Hemos triangulado tu teléfono y como resultado nos ha llevado a que el mismo día, la misma hora en la que se atentó contra la Inspectora tú estabas en el edificio. Estabas con un hombre llamado Marcelo Santana Gómez. Alguien entró en casa de la Inspectora y le descargó un arma. Puedo acusarte tan solo con tener la prueba del teléfono, así que… o me dices todo o te aseguro que te inculparé aunque sea lo último que haga.

La mujer la miró seria. Conocía tanto a una como a otra, sus interrogatorios juntas habían sido insufribles.

-De acuerdo, pero por favor, no metan en esto a Marcelo.

-Te escucho.

-No tengo dinero y sabe que yo necesito para mis caprichos, sé que lo que he hecho está mal pero no puedo vivir así. Me ligué a Marcelo porque sabía que es un notario con mucha pasta, lo seduje y me llevó a su casa una vez, aquella noche fuimos a la discoteca y fui yo quien le dijo que tenía unas ganas enormes de sexo, no me aguantaba más, él se lo creyó y me llevó a su casa. Ahora mismo lo tengo comiendo de mi mano, necesito comprarme mis Gucci, mis Levi’s y demás… no puedo vivir como me han dejado tras meterme en la cárcel. Pero le juro que yo no sabía que la Inspectora vivía allí, ¿para qué iba a querer matarla?

-Como venganza. Te queda muy bien todo esto del ligue en la discoteca. Yo más bien creo lo siguiente. Tú te ligaste a ese pobre infeliz para estar cerca de Maca, para subir a su casa y dispararle. Tenías la cuartada perfecta.
El silencio de Claudia se vio roto por un fuerte resoplido de la mujer que la miraba atónita.

-Escúcheme, yo no he hecho nada de lo que me pretende acusar, jamás haría algo así, lo mío es el tráfico de drogas, ahí me manejo como pez en el agua sabe que soy buena, muy buena, pero jamás trataría de asesinar a una policía ¡y mucho menos a una Inspectora! No soy tan gilipollas. Amo mucho la vida y los lujos como pasarme el resto de mi vida en la cárcel.

-Eso espero o no voy a tener piedad.

Claudia se levantó y salió de aquella sala de interrogatorios, su gesto seguía siendo serio. Habló con los detectives a quienes envió a casa del supuesto amante para llevarlo a la comisaria e interrogarlo. Ella por su parte continuó con Roberto investigando los movimientos de las cámaras de alrededor de casa de Maca.
La noche había llegado de forma abrupta, el cielo se había cerrado tan deprisa que la ciudad parecía más triste, más apagada. En la habitación del hospital, Esther y Teresa esperaban algún movimiento que no se había producido. EL nerviosismo se apoderaba de ellas con virulencia.

Mientras Maca recibía las palabras de Teresa:

No sé muy bien que decirte, ya te he dicho que te quiero y necesito estar contigo, tenemos mucho de qué hablar y ponernos al día de nuestras vidas, por eso, quiero aprovechar este momento en que estás tranquila para contarte algo muy íntimo. El primer día que te vi en mi casa, mientras me interrogabas, tus ojos me recordaron a alguien, a veces me pasaba que veía en chicas que podían tener tu edad la mínima señal de que eras mi hija, vi muchas señales equivocadas a lo largo de mi vida, sin embargo, tus ojos me parecían tan iguales a los de tu padre. Voy a contarte su historia. Tu padre era un hombre realmente bueno, cuando lo conocí era policía y estaba estudiando para ascender de categoría. Me detuvo en una redada pero ese día, por la tarde, un desalmado me dio una paliza, al verme, me llevó a la casa socorro para que me curaran las heridas y se encargó de mí, le di pena ¿sabes? Me llevó a su casa y me dejó dormir en su cama. Era un gran hombre. Tenía un carácter dócil fuera del trabajo, pero cuando se ponía su uniforme de policía era un tipo duro, implacable, pero también, era justo y si se equivocaba no le costaba pedir perdón. Después de ayudarme tuvimos una relación, hasta me dejó llevarme a su casa a mi hermana, estuvimos allí un año. Nunca salíamos juntos a la calle, no quería que me vieran con él, se estaba jugando un puesto muy importante y no podía permitir que alguien lo viera con una prostituta. Fui muy feliz a su lado, una noche trajo una botella de champán, cigalas, ¡hasta una langosta! Teníamos que celebrar que había aprobado su examen de Inspector lo vi tan feliz, tan ilusionado que me di cuenta que nuestra historia era imposible, él hablaba sin parar, estaba feliz, hasta decía que adoptaríamos a mi hermana, él le daría su apellido le daba igual lo que la gente pudiera hablar sobre nosotros, pero yo sé lo mala que puede ser la gente con este tema. Aquella misma noche decidí con el corazón roto en mil pedazos que mi hermana y yo nos marcharíamos para siempre de su lado. A las pocas semanas descubrí que estaba embarazada, durante el embarazo pensé en decírselo, pero, si me había marchado por el qué dirán, no podía volver embarazada a su lado. Entonces me convencí que cuando te tuviera entre mis brazos iría a verlo, le diría que era el padre, no le pediría nada porque sabía que él me daría todo lo necesario, tenía un corazón tan grande, ha sido el mejor hombre que he conocido en mi vida. Y tú has sacado de él no solo los ojos, también la profesionalidad y ese gran corazón. Maca te esperaré, aquí estaré cuando despiertes, no voy a fallarte esta vez. Te quiero, cariño”.

La noche no impidió que Tur y Martín siguieran trabajando a contrarreloj para tener atada la culpabilidad de la detenida. Sin embargo, por el camino ambos habían hablado y sabían que las prisas de Claudia no eran para eso, si no, para poder detener a los padres de Maca y ganar tiempo, sabían que no tenía pruebas que por más que había estado viendo imágenes de video no había localizado nada extraño, ni siquiera había visto en algún taxi a la madre de Maca. ¿Entonces? ¿Cómo lo haría? Ellos habían pactado apoyar en todo cuanto fuera a hacer Claudia, sabiendo que quizá se saltaría alguna de las normas y reglas que debía cumplir.

-Lo pasamos a la sala.

-De acuerdo.

-¿Sabe algo de Maca?

-Todo sigue igual.

El interrogatorio al hombre, les dio a entender que Mónica les había dicho la verdad, el pobre desgraciado no sabía que era una narcotraficante, pensaba que trabajaba como comercial. Se había creído el cuento del enamoramiento, del intenso placer que según ella le daba, tan solo buscaba su dinero y ¡quién sabe! Quizá con sus malas artes meterlo en algún tipo de operación de droga que hubiera hecho trizas su reputación. Si algo le había dejado el interrogatorio, sin duda, era que esa mujer había dicho la verdad. Había estado con él sin moverse de su casa, no había abandonado la habitación en ningún momento. Incluso les contó que él había escuchado la sirena de la policía pero estaban tan agotados que lo único que hizo fue abrazar a aquella mujer entre sus brazos que dormía profundamente dejándose llevar ambos por el sueño.

-Los tenemos que dejar libres a los dos –sugirió el detective Martín.

-Háganlo.

-Queríamos comentarle algo, capitana –Claudia los miró fijamente en su rostro llevaba marcado el cansancio y la preocupación-. Queremos que cuente con nosotros para lo que sea que tenga pensado para evitar que la Inspectora salga del hospital.

-Gracias –les sonrió de lado aunque ambos notaron que realmente les agradecía su colaboración-. Mañana a las seis y media aquí, iremos a casa de los Wilson Fernández y detendremos a los dos.

-Aquí estaremos.

Eran las nueve y media de la noche cuando dos golpes en la puerta de la habitación de Maca sobresaltaron a Esther y Teresa, se abrió con lentitud y el policía que hacía guardia en la puerta asomó la cabeza para decirles que allí estaban los padres de Maca y querían entrar. Era fácil entender que ellas tenían que salir.

-Vamos Teresa… ven conmigo.

Estiró de su brazo ya que al cruzarse con Rosario se le quedó mirando de manera desafiante. Rosario ni desvió, ni bajó la mirada en ningún momento tan solo se la quedó observando de la misma manera que ella. Esther tiró delicadamente de Teresa, mientras Encarna las acompañaba en silencio. Ambas mujeres vieron como sacaba una llave y les hacía un gesto con la cabeza invitándoles a entrar. Teresa no salía de su asombro, aquella Esther tenía poco que ver con la que había estado trabajando para ella, ahora se le notaba decidida, con fuerza y pensó para sus adentros que eso sin ninguna duda lo motivaba el amor.

-¿Qué haces, hija? –le preguntó Encarna un poco asustada.

-Quiero vigilarla.

Esther dio a todos los botones que encontró hasta que las televisiones se encendieron.

-¿Hija a ver si te vas a meter en problemas?

-Claudia me dio la llave por si pasaba justo esto.

Teresa se sentó al otro lado de Esther, las tres miraban fijamente las pantallas mientras la enfermera trataba de localizar el botón que le daba al audio.

-¡Hija por Dios que no se oye y está hablando!

-¡Ya lo sé mama, no me pongas más nerviosa!

-Ha sido ella, ha sido ella –insistía Teresa.

-Teresa, por favor… -le rogó Encarna que ya no ocultaba su preocupación ante la obsesión de la mujer contra la madre de Maca-. ¡Das con el botón o no! ¡Y si llamas a Claudia!

De repente sonó la voz de Rosario.

-¡Ya está! –exclamó Esther feliz.

La voz de Rosario se escuchó limpia y clara.

En la habitación, Pedro se había colocado junto a su hija, tenía los ojos repletos de lágrimas, adoraba a su hija siempre había sido motivo de orgullo hasta que les confesó ser lesbiana. Desde entonces todo cambió en la relación entre padre e hija. Sin embargo, verla allí en aquella cama con la posibilidad real de perderla para siempre le provocaba aquellas lágrimas que salían de sus ojos sin poderlas retener.

-Hija…

-Cariño estamos aquí. Nada va a pasarte, tienes que ser fuerte para salir de esta situación. No vamos a dejarte sola, volverás a nosotros que somos quienes deben cuidar de ti, los que te queremos y daríamos la vida por ti.

Hubo alguien que reaccionó al instante de escuchar aquellas palabras.

-¡Seguro que sí! –protestó Teresa-. Él no lo dudo, ella tengo todas mis dudas.

En el cuarto tecnológico madre e hija se cruzaron una mirada de cierto nerviosismo, Teresa estaba comenzando a obsesionarse con esa idea. Si ellas tenían que definir la actitud de Rosario, dirían que era una mujer muy de postureo, pero se le veía afectada por la situación que atravesaba Maca.

-Pedro… ¿no va a pasarle nada, verdad? –sus ojos se llenaron de lágrimas por primera vez.

-Tendremos que estar preparados para lo peor.

-Maca, cariño, mañana te llevaremos junto al doctor Toledo, él estará pendiente de ti, sabes que confiamos al cien por cien en que si hay alguien que puede sacarte de ahí es él. No temas, estaremos a tu lado, cariño. Todo volverá a ser como antes, los tres volveremos a ser una familia. Te quiero, mi vida.

Durante un rato guardaron silencio tan solo la miraban, sus gestos marcaban una profunda pena. Las tres mujeres cuando vieron que Rosario cogía el bolso, salieron de la sala para quedarse en la puerta esperando su salida. El primero que salió fue Pedro quien miró por encima del hombro tanto a Esther como a Teresa. Después salió Rosario, altiva, orgullosa, desafiante, fue entonces cuando Teresa se puso a su altura y mirándola fijamente le dijo:

-Sé que has sido tú por mucho que me digan que estoy loca por creerlo, lo sé.

-Tienen razón –se colocó bien el cuello de su abrigo de piel de leopardo-, además de puta, loca.

-Teresa, por favor –Esther le tomó del brazo tratando de frenar su ímpetu.

-Rosario ¡vámonos!

-Me arrebataste una vez a mi hija, no vas a hacerlo otra vez, te lo aseguro ¡y sí!, deberías tomarla en serio, ¡palabra de puta!

 

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4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 15

  1. ¡Hola pquimmera! Creo que la gente que se deja llevar por la vida tiene un rictus en su cara fácilmente definitorio, los labios hacia abajo, como cualquier icono de los que utilizamos habitualmente. Ahora bien, esa misma gente abatida y abandonada cuando encuentra algo que le hace reaccionar, son como un tsunami. Para mí, la actitud de Esther debía seguir su ritmo según los acontecimientos que le iban rodeando. Así que gracias por tu comentario sobre ella porque ha sido un personaje complicado de rescatar. Y espero que siga progresando en la historia.
    Yo también confío en Claudia.
    ldana.

  2. Ja, ja, ja Mª José, creo que tienes razón, lo mejor que despierte Maca a ver si pudo ver o oír algo.
    Gracias por seguirme.
    ldana

  3. Todo lo que dice Teresa, en efecto parece una locura peeero…no sé, estoy ya dudando. Yo creo que el momento en el que Esther no pudo accionar el sonido del cuarto, nos dará más pistas.
    Me gusta mucho, muchísimo más esta Esther, parece que necesitaba un aliciente real en su vida para volver a ser la que aparentemente fue.
    Gracias…intrigada me tienes. Confío en Claudia

  4. Hola!!!

    A mi me tienes echa un lio, porque, no entiendo. yo al igual que teresa, pienso, que puede ser Rosario, pero luego tal como se muestra con su hija delante, pues no se…

    y la traficante, pues, no se, tampoco me fio mucho…

    y Esther, no creo que sea, porque esta haciendo todo lo posible por su parte, para que Maca despierte…

    asi que, porfavor, Maca, despierta y cuentanos quien ha sido el o la que ha intentado matarte…

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