SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 16

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La noche pasó con lentitud, Maca prosiguió su viaje escuchando los auriculares, a veces era la voz de Esther, otras la de Teresa. No había ningún cambio al respecto, todo seguía de la misma manera. Las máquinas con sus pitidos, el respirador con su sonido y el cuerpo de la Inspectora totalmente inerte. Pero si algo sí tenía fuerza eran los latidos de los dos corazones de Esther y Teresa, los nervios, la ansiedad por el qué pasará. La incertidumbre las tenía casi agazapadas en el sofá de la habitación, aterrorizadas de que en unas horas, Maca dejara de respirar.

Las primeras luces del alba entraron por las rendijas de la persiana, no habían podido dormir, se iban turnando para acariciar a Maca y transmitirle la cercanía y el amor. Unos golpes en la puerta les sorprendieron.

-Adelante –dijo Esther.

-¿Podemos pasar?

Se asomó Claudia con unas ojeras bastante pronunciadas. Tras ella los dos detectives que se mostraban nerviosos.

-Claro, pasar.

-Sé que es muy pronto pero… hemos preferido pasar ahora porque vamos a tener mucho trabajo hoy.

-Espero que salga bien –dijo Teresa.

-No os preocupéis, todo va a ir bien –sonrió Esther-. Vamos a hacer una cosa, Teresa y yo bajamos a cafetería tomamos algo caliente para entonarnos y así podéis pasar uno a uno a hablar con Maca.

-Gracias –le sonrió Claudia.

-Venga, Teresa, vamos… dejamos a Maca en muy buenas manos.

Salieron dejando allí a Claudia. Se acercó hasta la cama con un sentimiento horrible, deseaba salir corriendo, huir hacia algún lugar desconocido donde al llegar alguien le dijera, “ha despertado”. Sin embargo, allí estaba quieta y con unas ganas terribles de llorar. Su amiga, la mujer que tanto le había apoyado, la mujer que hizo temblar de pies a cabeza su cuerpo, Maca le había dado en dos ocasiones un placer que jamás volvió a encontrar, porque en él llevaba enlazado una calidez maravillosa. Siempre se arrepintió de no ser capaz de amar a una mujer. Aunque en el fondo era consciente que Maca no le habría hecho feliz, su pánico al compromiso le hubiera destrozado brutalmente. Y allí estaba, aquella amiga del alma en la cama entre la vida y la muerte. Tantas veces habían hablado de qué hacer en caso de encontrarse en aquella situación, sin embargo, estaba segura que Maca no querría irse en aquel momento. Había visto en sus ojos algo demasiado fuerte que manaba al hablar de Esther, había sido injusta la vida. Muy injusta con ella.

-Maca, cariño, si me escuchas necesito que vuelvas, la comisaría es un caos sin ti, se me están subiendo a las barbas –los ojos se le humedecieron y la barbilla se contrajo formando un puchero-. Nunca pensé que esto podría pasar realmente, no quiero que pase, quiero que me digan que has despertado y estás bien, necesito a mi amiga, a mi hermana, a esa cascarrabias que protesta por todo y va con el ceño fruncido por la comisaría. Espero que ni se te pase por la cabeza abandonarme, ahora sería una putada. Sé que lo sabes pero… tienes a Esther coladita por ti, ¡tú y tus encantos! ¡Tú y tu maravillosa sonrisa! –las lágrimas cayeron una tras otra resbalando por sus mejillas-. Maca…

El nudo que se había formado en su garganta le impedía continuar. Le dejó una caricia en ese dorso de la mano en el que las venas se habían abultado por los pinchazos de las vías de los goteros. Aquella Maca no era “su” Maca, sin embargo, podía ser la última vez que la viera.

Cuando abrió la puerta y salió, los demás entendieron que su estado no era el mejor. Nadie fue capaz de decirle una palabra porque en el foro interno de cada uno de ellos, el miedo se había hecho dueño de las emociones.

-Voy a pasar –anunció Tur, sorprendiendo a Martin.

En un principio los dos hombres habían decidido no entrar, Martín no estaba seguro de poder aguantar sin derrumbarse, Carlos desde comisaría les había confirmado que no podía seguir viendo a Maca en las condiciones en las que se encontraba, sin embargo, al estar allí tan cercano a ella, sintió la necesidad de pasar. La incertidumbre de saber si le escuchaba o no, le dio la fuerza necesaria para tan solo susurrar una frase contundente.

-Inspectora, siento mucho haberme comportado con usted como un capullo. Aunque estoy seguro que saldrá de esta y tendremos tiempo de mejorar nuestra relación.

Nunca había hablado a ningún compañero que había estado en coma, ni siquiera a su padre que durante unos meses antes de morir estuvo en un lugar que nadie sabía cuál era y, al que a pesar de ir a verlo todos los días, fue incapaz de decirle una palabra.

Eran las seis y media de la mañana cuando sonó el timbre de casa de los Wilson, al preguntar escuchó sorprendida que era la policía. Los dos hombres se personaron en el interior de la majestuosa residencia.

-Necesitamos hablar con los padres de la Inspectora.

-Les aviso.

El rostro de ambos era tenso, preocupado, habían fijado la hora para la desconexión de Maca y para ambos parecía que el tiempo había decidido ir en su contra y como si fuera una liebre corría sin miramiento.

-¿Qué sucede? ¿Le ha pasado algo a mi hija? –apareció Pedro con el rostro pálido.

-No. ¿Está su mujer?

-Sí, claro.

El silencio cobró protagonismo mientras acompañaban al padre de la Inspectora hasta el comedor. Allí desayunando tranquilamente se encontraba Rosario.

-Buenos días, señora –la saludó Martín.

-¿Qué ocurre? ¿Qué ha pasado con mi hija?

Se había puesto en pie dejando a un lado la servilleta de tela, había dado unos pasos para ponerse a la altura de su marido que tenía el rostro desencajado. Ambos detectives nos perdían detalle de todos sus gestos y sus acciones.

-Hemos venido para que nos acompañen hasta comisaria.

-¿Cómo? –preguntaron casi al mismo tiempo.

-Verán, nos gustaría hacerles algunas preguntas sobre lo ocurrido con la Inspectora.

-¿A nosotros? –preguntó cariacontecido Pedro-. ¿No entiendo que podemos aportar nosotros?

-Mucho –respondió Tur mirándoles fijamente.

-Pero ahora no podemos ir a ningún sitio… Mi hija dentro de nada va camino del hospital y tenemos que estar allí.

-Lo sabemos pero créannos que esto es muy importante y necesitamos que nos acompañen.

-¡De ninguna de las maneras! –protestó enérgica Rosario-. No voy a ir a ningún sitio que no sea con mi hija.

-Mire señora, por respeto a su hija hemos venido de la manera más tranquila y disimulada posible, no nos hagan sacarlos esposados y con las sirenas puestas.

-¡Pero cómo se atreve! Esto es un insulto –le increpó Pedro cada vez más nervioso. ¿Cómo puede hablarnos así?

-Porque ahora mismo son ustedes dos sospechosos de intentar acabar con la vida de la Inspectora y repito, tenemos dos maneras de solucionar el problema, una de la manera más callada posible otra con toda la espectacularidad posible.

-¡Esto es inaudito! ¿Nos están acusando a nosotros? –Rosario preguntó con el rostro perplejo.

-De momento nada más serán preguntas que si no tienen nada que ocultar, no habrá ningún problema tal y como esperamos que así sea.

-¡Alguien ha tratado de matar a mi hija y tratan de culparnos a nosotros! ¡Esto lo va a saber mi abogado!

-Claro señor Wilson, dígale que venga a comisaría. ¿Nos vamos?
Martín se puso junto a Rosario que le hizo indicaciones a la sirvienta para que le llevara su abrigo y su bolso, Tur se colocó junto a Pedro que tenía el rostro rojo encolerizado.

Mientras Claudia había llegado a comisaría, al entrar se percató por su cara que Roberto había estado toda la noche en comisaría trabajando. No le sorprendió, respetaba y admiraba profundamente a Maca.

-¿Roberto te has pasado aquí la noche?

-Sí, ¿sabe capitana? No he conseguido ni una sola imagen nítida de la calle, pero sí he conseguido algo interesante. Han pasado dos taxis, cuatro coches y dos motos. De los dos taxis, en uno iba una señora morena de melena media pero no he podido captar una imagen que nos pueda dar la forma de su rostro u oreja para hacer un reconocimiento biométrico. El otro taxi iba vacío. De las motos, ambos eran hombres pero siguiendo la ruta entraban y salían de la calle. Además, dos ciclistas. Lo interesante viene ahora –Claudia lo escuchaba atentamente-. El taxi con la señora, entró vacío a la calle.

-Lo que quiere decir que puede que esa mujer subiera en algún lugar de la calle de la Inspectora.

-Sí, puede que fuera quien disparó el arma o puede que no, pero es lo único que he podido conseguir, las cámaras son nefastas, tienen una localización pésima y los establecimientos que hay no tienen cámaras, o si las tienen, estropeadas.

-De acuerdo. Gracias, Roberto.

-Voy a seguir esa pista, voy a hablar con el taxista que recogió a la señora a ver que nos puede aportar.

-¡Gracias! –le sonrió.

Estaba realmente agradecida a aquel joven le acababa de dar una información interesante aunque dejaba las cosas tal como estaban, podía ser tanto Pedro como Rosario. Antes de entrar para comenzar los interrogatorios quiso hablar con Esther.

-¿Dime, Claudia?

-¿Cómo va todo? Tengo a los padres de Maca viniendo hacia aquí.

-¡Genial! Aunque no te preocupes ya no se la van a poder llevar.

-¿Cómo?

-Luego te llamaré y te lo explicaré todo con calma. En el momento Cruz desconecte el ventilador y ella dé señal de que puede salir hacia delante te llamaré.

-Estás muy segura, Esther –sonrió como si necesitara que aquellas palabras fueran lo que realmente iba a ocurrir.

-¡Es lo que va a pasar!

Claudia colgó con cierta desazón en su interior, Esther le había dejado algo trastocada con aquel “ya no se la van a poder llevar”. Sin embargo no puedo pensar mucho más en ello porque vio entrar por la puerta a Tur y Martín. Delante de ellos los padres de Maca que por sus caras estaban considerablemente ofendidos.

-Buenos días –les saludó Claudia con una sonrisa un tanto apagada.

-¿Cómo has podido ni tan siquiera pensar que hemos podido hacer daño a nuestra hija?

-Bueno… tengo ciertas sospechas y nada más quiero descartarlas, si me permitís, Rosario pasa conmigo a esa sala, chicos con Pedro a aquella.

En ese momento, un pitido le daba la señal que acababa de entrar un mensaje en su móvil, lo miró y su gesto mostró sorpresa.

3 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 16

  1. Como casi todos los personajes, el miedo a lo que pueda pasar con Maca, lo siento yo también en cada una de las frases que escribes. Sentí especialmente el dolor y agotamiento de su amiga Claudia. Muy segura está Esther ¿no?

    Me tienes realmente muy intrigada por saber qué va a pasar…gracias.

  2. Gracias Kris, sigo trabajando en este historia con muchísimo respeto pero también entusiasmo. Vuestro apoyo como siempre es fundamental.
    ldana.

  3. ¡Uf! esto cada día estás mas interesante, nos mantienes siempre a la expectativa esperando a ver que va a pasar, saludos y gracias por tu tiempo

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