SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 17

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Antes que nada, pediros disculpas pero un aparatoso constipado me ha dejado fuera de juego.
Y ahora, daros las gracias por continuar con esta historia.

Pedro pasó hasta la sala acompañado por Tur y Martín, el hombre no paraba de negar con la cabeza, se mostraba realmente sorprendido y ofendido. Era cierto que la relación con Maca desde que les dijo su condición sexual se había deteriorado, era como si los lazos que hasta ese momento tenían se hubieran deshecho, y hubieran quedado perdidos por algún lugar lejano. Maca nunca fue una hija fácil, desde niña siempre tuvo su carácter, pero él sabía que lo único que le sucedía era una falta de cariño total, Rosario no había sido la mejor madre, ni él el mejor padre, se había criado entre tatas, en soledad muchas veces y parecía que todo aquello había vuelto rencorosa a su hija. Para ellos era muy importante el postureo, pertenecían a la alta sociedad y debían cuidar la imagen, justamente, con la declaración de Maca y sus flirteos constantes con mujeres, provocaron la ruptura casi total con Rosario. Pero aquello de acusarles de intentar asesinarla ya era demasiado.

-Mire señor Wilson, vamos a hacer las cosas lo más fáciles posibles, ¿de acuerdo? –le habló Martín con tiento.

-¿Fáciles? ¿Cree usted que estar aquí me hace ver las cosas fáciles? Van a trasladar a mi hija, su estado es grave ¡y yo tengo que estar allí junto a ella! –elevó la voz mientras su rostro se iba poniendo cada vez más colorado-. En lugar de eso, tengo que soportar sus sospechas ¿piensan que no quiero a mi hija? ¿Qué no la queremos?

-Haga el favor de no sofocarse –le dijo Tur con tu tono más agrio-. ¿Usted quiere aclarar el intento de asesinato de la Inspectora?

-¡Por supuesto que sí! Pero están muy equivocados trayéndonos a nosotros aquí.

-Puede que el que está equivocado sea usted.

A Pedro le tembló levemente la mejilla izquierda, miró a aquel hombre con furia ¡cómo podía hablarle así! No solo tenía que soportar el dolor de ver a Maca donde la veía, si no, que también tenía que aguantar aquel interrogatorio. Estaba fuera de sí y tuvo que hacer un esfuerzo para controlar su corazón.

-Verá, ustedes son los únicos que tienen llave de su piso y la puerta no está forzada.

-Mi hija tiene muchas queridas… ¡pudo darle la llave a cualquiera!

-Su hija mantenía una relación estable desde hace un tiempo con una mujer.

La cara de sorpresa de Pedro no tenía desperdicio abrió los ojos como platos y en su frente se formó una arruga por el impacto de la noticia, pero mucho mayor fue el gesto de asombro por parte de Martín, ¿a qué estaba jugando Tur? Trató de disimular con rapidez pero no pudo más que carraspear, y mirar de soslayo a un Tur que lo había dejado fuera de juego.

Mientras tanto, en la otra sala, Claudia le había puesto un vaso de agua a Rosario. Durante unos segundos ambas guardaron silencio, eran como dos leonas desafiándose para ver quien atacaba primero. Claudia le tenía especialmente ganas, era consciente del daño que le había hecho a Maca, nunca fue una madre para ella, siempre juzgándola, siempre recriminándole, menospreciándole. No perdía ocasión para tratar de dejarla en ridículo delante de quien fuera, por esa razón, Maca había dejado de acudir a fiestas donde sus padres eran los protagonistas, ella para ellos desentonaba demasiado, mucho más, desde el día que se le ocurrió ir con una acompañante que fue la envidia de todos los hombres. Claudia era el paño de lágrimas de la Inspectora hasta que aquella actitud de su madre especialmente, dejó de dolerle, dejó de ir a las cenas de Nochebuena, a las comidas de Navidad, y tan solo se pasaba durante un rato para verlos y después se iba con el mismo dolor en su alma de ver su frialdad y distancia.

-¿Y bien, piensas empezar? Mi hija en breve sale de ese hospitalucho en el que está y tengo que estar a su lado.

-Rosario… -suspiró con fuerza-, nos conocemos muy bien las dos, sé mucho de ti y lo sabes.

-¿Por lo que te cuenta mi hija?

-¡Vaya! Tu hija –ladeó la cabeza mostrando un gesto de sorpresa-. Ahora es tu hija.

-Siempre lo ha sido.

-Permíteme que me ría –la miró con ojos repletos de furia.

-¿Crees que yo le haría algo así? –enarcó una ceja que hacía que su mirada se transformara como la de una felina a punto de atacar.
Claudia guardó silencio.

-¡Ya veo! ¡Vas a hacerle caso a la loca ésa de su madre!

-No, la verdad que cuando Teresa me dijo que habías sido tú, pensé ¿cómo puede decir algo así? Pero después… las cosas han ido cuadrando.

-No sé qué quieres decir con cuadrar. Me ofende tan solo que me tengas aquí y, espero que cuando mi hija despierte –hizo hincapié en pronunciar bien fuerte-, y vea como nos has tratado, tengas consecuencias.

-¿De verdad lo crees? –la desafió con la mirada-. Yo no estaría tan segura. Dime que hiciste la mañana del día de autos.

-¡Por favor esto es ridículo!

-No voy a dejaros marchar hasta que me lo digas, hasta que Pedro hable, hasta que comprobemos cada palabra que tú y él nos digáis. ¿Lo tienes claro?

Rosario guardó silencio, el tono duro y fuerte de Claudia, la dejó descolocada.

En la sala de al lado, Pedro aún no se había recuperado de la noticia. Casi podría decirse que Martín tampoco.

-Bueno… quiero que me diga que hizo exactamente el día de autos.

-Me ofende esta pregunta.

-A ver, Pedro, si no tiene nada que ocultar colabore, y cuanto antes hablemos mejor, si no han hecho nada malo pues… ¡tan amigos!

-Quiero llamar a mi abogado.

-¡Por supuesto! Martín llama al abogado del señor Wilson, nosotros esperaremos fuera a que llegue –ambos se levantaron deprisa.

-¡No se dan cuenta que tenemos que ir junto a nuestra hija! –se le notaba realmente afectado.

-Usted ha pedido un abogado.

-De acuerdo… de acuerdo… llámenlo y mientras les contaré todo lo que hice.

Tur hizo una señal de victoria a Martín que salió en busca del abogado. Al hacer la llamada, pasó por el cuarto donde se encontraba Claudia y dio con los nudillos en la puerta.

-¿Qué sucede? ¿Ha dicho algo?

-No, ha llamado a su abogado, con lo cual, mirando la hora que es en este momento deben de estar paralizando el traslado.

-No me fío, éstos son capaces de hacer que la envíen al hospital sola.

-Espero que no. ¿Ha dicho algo?

-Empezamos ahora.

Claudia entró con rostro serio. Rosario la miraba fijamente sin mostrar ni un solo gesto de duda o temor, más bien al contrario.

-¿Puedes explicarme que hiciste ese día?

-Lo de todos los días –suspiró con gesto serio.

-Bien, puedes explicármelo porque yo no vivo contigo.

-Me levanté sobre las nueve, es la hora que habitualmente mi marido ha terminado de asearse y vestirse, desayunamos juntos.

-¿Cómo todos los días?

-Sí, como todos los días.

El tono de Rosario era contundente, sin un titubeo posible ni un resquicio en sus palabras. Ni torció el gesto, ni dudó, ni tuvo que parar a pensar. Seguía con su actitud altiva y la mirada repleta de furia contra aquella mujer que estaba segura se había acostado con su hija.

Mientras, en el despacho de al lado, Pedro les explicaba lo que había sucedido aquella mañana.

-Me levanté a las ocho de la mañana, me duché, me afeité y después bajé a desayunar. La sirvienta tenía preparado el desayuno y el periódico. Me puse a leer.

-¿Y su mujer?

-Mi mujer bajó sobre las nueve sería… no lo sé… no estaba pendiente del reloj, pero acudió como siempre. Desayunamos juntos, después me fui.

-¿Y antes de levantarse escuchó algo extraño en casa? ¿Su mujer se levantó de la cama?

-Dormimos en cuartos separados –Martín y Tur se intercambiaron una mirada de alerta-. ¡Hace años que decidimos tener cada uno una habitación, no me miren así!

-En caso que su mujer se hubiera levantado y marchado de casa, pronto ¿usted la habría escuchado?

-¡Por el amor de Dios! –bramó aflojándose el nudo de la corbata. Ante el gesto de los detectives cerró los ojos diciendo-. No.

-¿Tiene usted moto?

-¡Válgame el cielo!

-¿Eso es un no? –le preguntó con seriedad Tur.

-¡A mi edad creen que voy a ir en moto!

Claudia seguía con su interrogatorio a Rosario, se estaba mostrando un hueso duro de roer.

-¿Y antes de las ocho de la mañana no saliste de casa para nada?

-No, ¿no tenéis esas cosas para vigilar los móviles? ¡No entiendo que hago aquí! De verdad… ¿cómo puedes imaginar siquiera que haría daño a Maca? Podemos tener nuestras diferencias, ¡que por supuesto las tenemos! Pero de ahí, de ahí –insistió con los ojos repletos de lágrimas-, a que me quieras hacer responsable de algo tan horrible…

-Voy a interrogar a tu criada –le advirtió.

-Haz lo que quieras pero déjame ir con mi hija.

Claudia la miró fijamente, retándola.

-No entiendo nada… decís que nosotros somos los únicos que tenemos llave… pero… ¿y sus amantes? ¿Y todas esas mujeres con las que anda? –una lágrima fue cayendo lentamente por su mejilla-. Siempre le dije que acabaría mal, nunca me hizo caso, nada de lo que yo decía le parecía bien, si me preocupaba porque me preocupaba, si no, porque no lo hacía.

-¡A otros lobos con ese cuento, Rosario!

-¡Quién te crees que eres para hablarme así! –le recriminó con furia incorporándose sobre la mesa.

-Maca jamás diría a ninguna de esas mujeres donde tenía guardada la pistola, porque era responsable. Sin embargo, vosotros sí sabíais donde estaba. Cometiste un error, Rosario, un grave error.

Rosario guardó silencio. Con gesto serio y duro, inmutable ante las palabras de Claudia.

-Te voy a dar la oportunidad de que confieses Rosario, te aseguro que no voy a parar hasta encontrar con la pista definitiva que demuestre que has tratado de asesinar a tu propia hija.

-No la vas a encontrar.

-¿Sabes que te delata? Que utilizaste el almohadón para matarla ¿y sabes por qué? Porque a pesar de todo, sabías que si veías la cara de Maca no serías capaz de disparar.

Silencio… un intenso silencio después de las palabras duras y cargadas de dolor por parte de la Capitana. Lo dijo todo con tanta rabia que tras terminar de hablar, su pecho se movía agitado.

En la otra sala, Tur y Martín siguieron poniendo contra las cuerdas a Pedro.

-Mire… tenemos sospechas de que su mujer pudo ser quien apretó el gatillo.

-Eso no puede ser… ¡están equivocados! –les dijo con el rostro desencajado y los ojos se le iban llenando de lágrimas-. Rosario y Maca no se llevan bien pero jamás le haría daño ¡y mucho menos matarla! ¡Es nuestra hija! Sé que ustedes saben lo que sucedió pero… pero… ¡La queremos de verdad!

En la sala Rosario seguía con la mirada desafiante a Claudia y el gesto tranquilo como si todo aquello no fuera con ella.

-Sé que no debo buscarte en las cámaras tal como eres, quizá… ¿con una peluca morena? –le dijo con tono de advertencia, enarcando una ceja-. Tú sabes mucho de asesinatos porque Maca al principio de su carrera te los contaba, sabes cómo no dejar huella, eres lista Rosario… muy lista pero yo tengo un grupo de investigadores muy bueno y, además, con muchas ganas de meter en la cárcel a quien ha tratado de asesinar a la Inspectora Fernández, que fíjate si es casualidad, todo lo que tú no has sabido valorarla ellos sí, y tienen muchas ganas de dar contigo.

-Voy a demandarte, Claudia, por muy amiga que seas de mi hija y algún día vas a querer borrar todo esto que me estás diciendo. Vas a lamentarte.

-¿Estás segura? –Claudia se incorporó sobre la mesa

-Muy segura.

Entonces se acodó sobre la mesa mirándola fijamente.

-En la escena del crimen se han encontrado la huella de unos zapatos de tacón de aguja… ¡cómo esos que llevas tú!

Ni un solo gesto por parte de Rosario.

-¿Quieres que vaya a tu casa con una orden de registro y los encuentre?

-Haz lo que tengas que hacer no te hace falta la orden, que Pedro te dé las llaves.

Cruzó sus brazos sobre el pecho, exasperando a Claudia por su inmensa tranquilidad.

-Pero solo te digo una cosa, de esto te vas a arrepentir.

Claudia salió con el gesto serio, enfadada y con la mirada repleta de rabia, a su encuentro llegó Ruperto que había estado siguiendo su interrogatorio a través de los micrófonos de la sala.

-¿Qué te parece?

-Si tuviera que decirte mi veredicto, diría que inocente. No ha temblado su voz ni una sola vez, no sé sus gestos, pero su timbre ha sido firme.

-Tengo el pálpito de que es ella Ruperto… Pero si es ella…

-¿Qué tal ha ido Capitana?

-Ni bien ni mal. ¿Qué ha dicho Pedro?

-Que duermen en habitaciones separadas pero que pone las manos en el fuego por su mujer, está indignado.

-Si al menos ha servido para evitar el traslado de Maca –dijo Martín no muy convencido.

-Si no lo hacen ahora, lo harán más tarde… ¡Necesito pruebas! Ese tacón puede ser la clave, Ruperto, gracias por ayudarnos.

-¿Qué tacón? –preguntó Tur.

-La científica no le dio importancia porque podía ser incluso un zapato de Maca, pero por todo lo que sé y soy consciente que odia los zapatos de tacón, esa huella me hizo replantearme muchas cosas, estuve estudiando pacientemente las huellas que recogieron y justo esa, está al lado de la cama desde donde dispararon a Maca. Lo demás son huellas de Esther.

-Vamos a por una orden de registro, así haremos que el abogado esté con ellos y buscaremos ese zapato.

-Claudia no podemos eternizar esto… y lo sabes, tarde o temprano trasladaran a Maca –le dijo Ruperto con gesto de pena.

En ese momento el abogado de Pedro entraba a la sala acompañado por un policía, Martín salió a su encuentro. Lo llevó junto a Pedro y se reunió con los demás que no perdieron detalle alguno de lo que sucedía en la sala. Lo vieron gesticular junto a Pedro, parecía realmente enfadado. Claudia sintió un pellizco en su corazón, si se equivocaba después Maca podría reprocharle que tuviera allí a sus padres. De repente sintió una punzada en el estómago, ¿era una locura pensar que Teresa tenía razón? ¿Y si realmente no la tenía? ¿Y si su necesidad de señalar un culpable y hacer pagar todo el daño que se le había hecho a Maca? ¿Y si estaba equivocada? Comenzó a agobiarse, Ruperto tenía razón, no podría evitar el traslado de Maca.

Un golpe en el codo de Ruperto le hizo salir de su ensimismamiento, Pedro y el abogado se les acercaba con un talante serio y terriblemente ofendido, más bien exasperado.

-¿Dónde está mi mujer? ¡Sáquenla inmediatamente! –les exigió con un grado de nerviosismo que rayaba el ataque de histeria. No paraba de caminar de un lado a otro dando cortos pasos.

-Tur por favor –le dijo Claudia.

Pedro se frotaba las manos rápidamente, Claudia, Ruperto y Martín no entendían nada de lo que estaba sucediendo.

-Han terminado con mis clientes, ¡que sepan que voy a denunciar este interrogatorio! –les avisó el abogado con el dedo índice blandiendo sobre la cara de Claudia.

-¿Qué pasa, Pedro? Tienes mala cara.

-Rosario, por favor, respira hondo.

-¿Qué ha pasado? ¿Es Maca? –preguntó poniéndose la mano sobre el pecho.

Lo que costó a Pedro tomar aliento, provocó en el resto una taquicardia que parecía iban a estallar todos al mismo tiempo. El nerviosismo se apoderó de ellos sin remedio.

-Díselo, Antonio –le dijo Pedro al abogado cerrando los ojos y negando con la cabeza.

Claudia sintió unas terribles ganas de sacudirle para que dijera lo que tuviera que decir, si había pasado algo ¡por qué Esther no le había llamado!

-Lo siento, Rosario, pero no hemos podido trasladar a Maca.

-¡Cómo! Pero si dimos la orden ¡somos sus padres!

-La orden la ha anulado su mujer.

-¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿De qué estás hablando?????!!!!!

-Maca está casada.

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4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 17

  1. yo es que me he quedado flipada, lo he tenido que volver a leer, para estar segura de que estaba leyendo esta misma historia!!

    Maca? casada? con quien? y porque? ¿cuando? ¿donde?

    a mi Rosario no me da buena espina, me cuesta creer que sea verdad, porque es “su madre” pero, uuff… es que una ya no sabe que pensar….

    pero bueno, yo aqui seguire leyendote!!

    besos

  2. ¡Hola Kris! Ja, ja, ja… eso eso que cuenten de que están hablando que va a ser interesante, aunque me temo que lo más seguro es que sea ilegal.
    Un abrazo.
    ldana

  3. ¡Plop| He caído como condorito, no dejas de impresionarme en cada capitulo, este fics se ha debido llamar incertidumbre, porque cuando no nos tienes sospechando de todo el mundo, nos sales con lo que menos nos esperamos, me uno a la expresión de todos-¡¡¡¡¡¿¿¿¿¿De qué estás hablando?????!!!!! esperando ansiosa por más, gracias por tu tiempo, saludos y un abrazo

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