SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 18

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No quiero haceros sufrir demasiado, no es mi estilo, jajajaja. Me ha quedado un trozo un poco largo, lo siento. Pero espero que quede claro lo sucedido.

El silencio cubrió por unos segundos la sala donde se encontraban todos. Las cabezas de cada uno pensaban casi a velocidad de vértigo, Claudia no entendía nada, Esther no le había dicho nada ¿cómo lo había hecho? Ruperto no daba crédito, no era posible… a no ser que… Martín no era capaz de entender que había sucedido. Mientras, Rosario tuvo que sentarse por primera vez con una expresión de pánico reflejada en su rostro desde que había entrado en comisaría.

-No entiendo su sorpresa, la Inspectora lo tenía preparado desde hace tiempo. Vamos… ¿de verdad no lo sabían?

El silencio de ambos no fue tan intenso como los gestos de sorpresa de los compañeros de Tur ante sus palabras.

-¡Vámonos aquí hemos terminado y quiero saber lo que ha pasado! Vamos Antonio, vamos… Tendremos que denunciar esto, ¿quién es esa mujer y cuál es su propósito de casarse con mi hija?. ¡Vamos Rosario!

-Tenemos una visita pendiente a su casa –le dijo Claudia con cierto tono amenazante.

-Hagan lo que quieran… -respondió Pedro con total desgana.

-Mi hija no puede quedarse ahí –susurró abatida-. No puede.

Se quedaron todos como si les hubieran clavado los pies en el suelo, ni un solo movimiento, todavía atónitos por lo que acababan de escuchar. Pero al mismo tiempo, sus rostros mostraban malestar, les vieron marchar con cierta rabia por no poder encontrar alguna prueba de culpabilidad hacia Rosario, pero con una calma tan maravillosa que por primera vez al mirarse entre ellos sonrieron. ¿Maca había despertado?

-¿Pero qué ha pasado? –preguntó Ruperto con los nervios desatados ante la noticia.

-No lo sé, voy a hablar con Esther… No entiendo nada. ¡Coño con razón estaba tan segura que no se la iban a llevar! Pero… ¿habrá despertado Maca o habrá hecho algo indebido?

La pregunta de Claudia dejó a todos pensativos con unas enormes ansias por saber.

DOCE HORAS ANTES

Esther caminaba como loca por la habitación, los nervios desatados, las palpitaciones del corazón desbocadas, sus ideas volaban a la velocidad de la luz. Todo ello iba acompañado por unas lágrimas que se quitaba con rabia de la cara. Al llegar su madre y verla allí junto a una Teresa que mostraba un gesto desesperado también, le sugirió ir a tomar algo para tranquilizarse y despejarse de tanta tensión.

-Cariño… -le advirtió su madre al ver cómo le temblaban las manos.

-Mamá no puedo controlar mis nervios. Tengo que encontrar la solución.

-Pues así no lo vas a lograr, mi vida. Quiero que respires hondo, varias veces –Esther la miró con los ojos repletos de ansiedad-. Vale, ahora ve tranquilizando esa cabezota tuya, y veras como sale la solución. ¿Qué necesitas para que no se la lleven?

-Que despierte.

-¿Eso es posible en –miró el reloj-, en más o menos doce horas?

-No creo, no da señales de mejora ni sus constantes vitales dan señal de que haya la más mínima posibilidad. Aunque sigo aferrándome a las palabras de Claudia sobre lo fuerte que es.

-¿Cuándo la van a desconectar?

-Antes hay que detener el traslado, mamá –la miró fijamente.

-¿Y qué puedes hacer para pararlo?

-Sus padres tienen el poder, no hay otra persona, no tiene hermanos, Teresa no lo puede lograr porque…

De repente como si se le hiciera la luz abrió mucho sus ojos. Encarna entendió que algo se le había ocurrido.

-¡Vamos, mamá!

Salieron corriendo de la cafetería, Encarna no sabía dónde iban pero seguía a su hija como si con ello le fuera la vida. Llegó hasta la puerta de la capilla y llamó a una que había justo al lado.

-¿Padre, se acuerda de mí? –preguntó asomando la cabeza.

El cura que estaba sentado tras una vieja mesa de escritorio se levantó mirándola fijamente. El hombre de unos cincuenta años no tuvo que hacer mucho esfuerzo para recordarla.

-¡Esther! –la llamó con alegría de verla.

-Padre Lucas –le sonrió abrazándolo-. Le presento a mi madre.
-Señora, encantado de conocerla, tiene usted una hija maravillosa.

-Gracias, Padre.

Encarna sonrió agradecida por sus palabras.

-Pero pasen, pasen.

Las dos mujeres se sentaron. El rostro de Esther le daba a entender que algo grave le pasaba.

-¿A qué se debe este honor?, ¿qué ocurre, hija?

-Necesito su ayuda, Padre.

Esther le contó toda la historia que había ocurrido con Maca, el hombre la escuchaba atentamente, acodado en la mesa y con la mano sobre sus labios. Asentía con un rictus serio ante el torrente de palabras nerviosas que aquella mujer le estaba diciendo.

-Lo único que quiero es que nos case.

-A ver… sabes que te aprecio muchísimo, me has ayudado como enfermera en todo lo que te pedí, viniste conmigo a lugares que nadie quería ir, no lo dudaste nunca… pero esto que me pides…

-Padre por favor se lo ruego… si no se la llevarán, y no está en condiciones de un traslado.

Hubo un silencio donde se notaba que el hombre estaba pensando.

-Entiendo lo que me dices, Esther, pero… Mi deber con la Iglesia no me permite hacer algo así, no lo juzgo porque para mí amarse, respetarse y vivir en paz, sea con quien sea lo admito a nivel individual pero…

-Lo entendemos, Padre –dijo Encarna al ver a Esther derrumbarse-.

Disculpe a mi hija por este atrevimiento.

-Esther lo que quieres hacer es ilegal, si… ¿Maca? -la miró dudando y las dos asintieron a la vez-, pongamos que Maca no despierta y quien tiene que casarte te hace el favor de hacerlo, pero imagina si se descubriera podrían suspender a esa persona, a Cruz, a la enfermera que esté. Es completamente ilegal, no te serviría.

-Lo sé, lo sé… pero… la amo Padre… Si la meten en esa ambulancia morirá.

Esther se tapó la cara con las manos, no podía retener las lágrimas, Encarna la acarició con ternura mirándola con los ojos repletos de tristeza. Entonces la atrajo hasta ella como cuando era pequeña y tenía miedo. Le daba golpecitos en su brazo tratando así de ahuyentar su temor. Su madre que había aceptado ante ella todo lo que había ocurrido con su vida sin un reproche, ¿cómo se sentiría de verdad? Saber que su hija era prostituta, que su hija era lesbiana ya le costó un buen disgusto, pero de ahí a prostituirse y ser acusada de asesinato, no era plato de buen gusto y, sin embargo, allí estaba a su lado, acunándola y tratando de encontrar una solución a un tema que parecía no tenerla. Mientras con su mirada de madre, Encarna, miraba al cura que se notaba estar en actitud pensativa. Tras unos minutos donde se oyó el llanto de Esther, el hombre habló.

-Yo no puedo hacerlo, pero… conozco a alguien que quizás estaría dispuesto a ello. Es un notario, él si Maca despierta puede casaros. Ahora con la nueva ley tiene poderes para hacerlo.

-¿Lo haría, Padre? ¿Podría venir mañana mismo? –le preguntó con los ojos irritados por el llanto.

-Vamos a ver… es un buen hombre y la causa es buena -elevó los hombros en señal de cierto desconcierto pero optimismo.

-Le juro que la amo que no tengo ningún interés en nada por casarme con ella, solo salvarla de que la lleven a un hospital donde seguramente no llegue con vida y si llega, no va a tener los mismos cuidados que aquí –hablaba atropelladamente.

-Cariño… -Encarna le puso la mano en la barbilla de su hija obligándola a mirarla-. No puedes pretender que alguien pueda salir perjudicado por esto, tranquilízate, lo principal es que Maca despierte, si despierta ni siquiera tendrás que casarte.

-Mamá, si despierta tendrá que estar sedada… Necesito tener poderes sobre ella para frenar a sus padres.

El sacerdote con un gesto de pena descolgó el teléfono para llamar a su amigo el notario para darle todas las explicaciones, Esther salió corriendo hasta el despacho de Cruz mientras Encarna se quedaba con el cura.

-¡Cruz! –la llamó al verla en el pasillo con una enfermera.

-Gracias, eso es todo. Ya me iba, ¿ocurre algo?

-Necesito hablar contigo, necesito que sea en un lugar donde nadie nos pueda escuchar –le dijo modulando la voz.

-Miedo me das… ¡miedo me das!

Salieron hasta el parque, hacía frío y Esther no llevaba chaqueta, Cruz prefirió llevarla hasta el coche y una vez allí dentro hablar tranquilas que nadie podría escucharlas.

-Dispara… Pero me temo que no va a ser nada bueno.

-Necesito detener el traslado de Maca –Cruz asintió-. He decidido casarme con ella.
-¡Ah muy bien! ¿Pero cómo piensas hacerlo? ¿Sabes que no puedes
casarte con alguien que está en coma? Necesita decir sí quiero, o sí acepto o como se diga, ¿no me iras a pedir que haga de ventrílocua verdad?

Esther la miró seria pero tras aquella pregunta explotó en una carcajada que le ayudó a sacar más lágrimas.
Mientras en el despacho, el Padre había colgado el teléfono y se encontraba con Encarna. El hombre pudo percatarse del estado de la mujer.

-No se preocupe, es un buen amigo que es de fiar, si puede nos ayudará, percibo que vamos a necesitar al mejor por si hay problemas.

-¿Sabe Padre? La vida de mi Esther ha sido un verdadero caos desde que se marchó del hospital, a mí me hizo a un lado de su vida, lo ha pasado realmente mal, ¡pero es tan cabezota! Que prefirió hacer cosas horribles a pedirme ayuda o que me preocupara por todo lo que estaba sucediéndole en su vida. Mi hija sufrió un verdadero calvario cuando Rebeca, su novia, se mató en un accidente de coche. Conducía mi Esther y es algo que nunca se perdonó, se sentía tan miserable por lo que había sucedido que necesitaba castigarse. Se fustigó demasiado, se apartó de mí y no quiso saber nada de la vida, me duele el corazón de ver todo cuanto ha pasado pero… pero ahora Maca, la mujer que lucha entre la vida y la muerte, ha devuelto la ilusión a mi hija. Daría mi vida por cambiarme, porque ella saliera de esa cama y fuera yo la que estuviera allí, Esther se merece una vida mejor, se merece un poco de paz, y Maca ha llegado arrasando todos los miedos que mi hija tenía en su interior. Con tan solo unos días se han enamorado perdidamente. Sé que la Iglesia esto no lo acepta, no lo tolera, pero ¿cómo vas a darle la espalda a tu propia hija cuando después de todo lo sufrido la vuelves a ver sonreír? ¿Cómo, Padre?

-Sin duda no hay que dar la espalda a ningún hijo de Dios, sea lo que sea, eso la Iglesia aún no lo ha comprendido. Pero no pierdo la esperanza de que llegue el día que así sea. En cuanto a Esther… he visto en sus ojos un desespero que me ha llegado al alma, mi alma es incapaz de dar la espalda a alguien que me ha ayudado tanto sin preguntar nunca y la veo sufrir.

-Solo espero que Dios la ayude, en Sus manos está que mi hija sea feliz o se abandone definitivamente.

-Vamos a ayudarla para que sea feliz. Haremos todo cuanto esté en nuestras manos, aunque sea unos segundos lo que Maca esté despierta, daremos el paso. Pero haga entender a Esther que no puedo obligar a mi amigo a hacer una ilegalidad.

-Solo espero que Maca despierte, tengo tanto que agradecerle.

-Despertará, la tendré en mis oraciones.

La sonrisa del Padre repleta de ternura llevó algo de calma a Encarna, que con la confirmación de que todo se haría tal y como lo había pedido su hija se fue hasta la habitación para comunicárselo.

Mientras tanto en el coche, Esther trataba de explicarle a Cruz su idea.

-Va a venir un notario a casarme con Maca, necesito que hagamos creer que ha despertado al extubarla, y que ha dicho que sí quiere. Tienen que haber dos testigos en la habitación, he pensado en ti y en Victoria.

Cruz la miró como si aquello que le contara fuera una barbaridad mayúscula.

-Sé que estoy poniendo en juego tu carrera, la de Victoria y todos… pero necesito hacerlo, no puedo permitir perderla y haré lo que sea para que Maca despierte –tomó aire con necesidad de mantener su firmeza-. Y cuando lo haga que estemos a su lado Teresa y yo.

Las palabras de Esther sonaron de una manera contundente, ¡tanto! Que a Cruz le fue imposible decirle que no.

-De acuerdo, lo vamos a intentar, adelantaré la hora de retirar la ventilación asistida, antes que vengan a llevársela, pero a cambio quiero algo.

-Tú dirás.

-Vas a trabajar a mi lado, en cuanto terminemos con la recuperación de Maca, hablaré con el director para que vuelva a contratarte. ¿De acuerdo?

-De acuerdo -le sonrió.

-Y algo más, esto dispuesta a hacerlo pero quiere decirte que deberías pensar si quieres hacer algo que puede crear problemas a un notario, a mí y a una enfermera, quiero que pienses si realmente vas a hacerlo. Si Maca despierta podríamos hacer creer que ha dicho un sí claro, pero si Maca no despierta deberías tener en cuenta la posibilidad de que si haces algo ilegal sus padres con todos los abogados que tienen, crujirán al notario y a nosotros.

-¿Y qué pretendes que deje que se la lleven? –le preguntó con el ceño fruncido.

-Claro que no, la Esther que yo conocí es ésta que lucha a brazo partido hasta el final por lo que quiere, pero no está en nuestras manos si Maca no despierta –apoyó la mano en su barbilla-. Lo que digo es que pienses bien lo que quieres hacer. Maca desgraciadamente tenía unas creencias, tendrás que tener en cuenta que si no reacciona no voy a intubarla otra vez por lo complicado de ello.

-Eso no va a ocurrir -murmuró con algo de temor.

-Pero es una opción -la miró con intensidad-. A partir de ahí, Esther, podremos hacer algo para recuperarla y que te cases para salvarla de sus padres. Pero hay una posibilidad con un elevado porcentaje de que no despierte y haya que dejarla ir.

-¿Tú crees en los flechazos?

-Por supuesto –sonrió con dulzura.

-Cuando Maca me interrogó la primera vez, sus ojos me atraparon de una manera que nunca me había pasado con nadie. A veces pienso si no me estaré equivocando, si esa pasión que siento por ella, ella no la sienta por mí.

-No te hagas esas preguntas ahora, haz caso a tu corazón, la amas… tus ojos me lo dicen y estoy segura que los suyos también me lo dirá.

06:50h. HABITACIÓN DE MACA

Justo cuando Claudia, Tur y Martín se marcharon de despedirse de la Inspectora. Entraron a la habitación, la doctora Gándara, el Padre Lucas, la enfermera Victoria y Rocío, acompañadas por el notario Alfredo Rodríguez. Al entrar dejaron que tanto Teresa como Encarna se despidieran de Maca con un beso en la frente, Teresa lo hizo además, con un llanto que no podía detener a pesar de querer contenerse. Tampoco salió muy bien Encarna que mientras se despedía de Maca sentía la caricia de Esther en su espalda, al separarse de ella miró a su hija con una pena infinita y se abrazaron con congoja. Era el todo o la nada.

-Por favor… tenemos que proceder –dijo Cruz.

-Sí, sí. Ya nos salimos.

La voz entrecortada de Encarna les provocó cierto escalofrío a todos. Teresa también abrazó a Esther pero fue incapaz de decir ni una palabra. Encarna la cogió del brazo y salieron hasta el pasillo. Allí esperarían a que la puerta se abriera y les dijeran si había superado o no la prueba. Ambas cogidas de la mano comenzaron a rezar, si bien Teresa, no era creyente en ese momento egoístamente como le dijo a quien tuviera el bien de escucharla, necesitaba que su hija saliera con vida de aquel desafío. Necesitaba tener a su hija a su lado, el destino o la vida no podía ser tan cruel.

Una vez se quedaron dentro, Cruz se colocó en su lugar, miró las pupilas de Maca, revisó los monitores y se dispuso a auscultarla.

-Mierda… -le sonó el teléfono del hospital-. ¿Sí? ¿Ahora? De acuerdo, no hay problema. Rocío por favor, necesito que vayas a urgencias, al parecer necesitan una enfermera en trauma.

-De acuerdo.

-Victoria y Esther me ayudarán.

La enfermera se marchó entonces Cruz hizo una señal a Victoria para que cerrara la puerta. El plan empezaba desde ese mismo momento.

-De acuerdo… vamos allá. ¿Preparada Esther?

-Sí.

-¿Señor notario?

-Por supuesto. Nada más necesito un sí por muy leve que sea lo daré por bueno.

Cruz le hizo una señal a Esther con la cabeza, iban a retirar el tubo y de ahí tendrían quince minutos, si Maca no respondía deberían dejarla morir tal y como ella pedía en su testamento, pero Esther no estaba dispuesta a ello.

-Maca, mi vida, vamos a retirarte el tubo, ahora tienes que respirar tú, tienes que hacer el esfuerzo cariño… Estamos aquí contigo no te va a pasar nada, mi amor.

Cruz y la enfermera procedieron a la retirada del tubo. Esther se aproximó hasta su rostro, dejó que su voz penetrara por el oído de Maca, le hablaba con dulzura, pero no perdía detalle del monitor ni de la cara de Cruz.

-Está bajando, Esther –le avisó Cruz.

-Maca, cariño… confía en mí. Ahí fuera están tus chicos esperando que reacciones, mi madre, Teresa que lo está pasando muy mal.

-Sigue bajando la presión.

-Cruz baja la frecuencia y ritmo cardíaco -advirtió Victoria.
Cruz le miró las pupilas pero no había reacción.

-Maca respira, vamos, respira despacio tú puedes ¡venga cariño! Tenemos que ir a París… ¿recuerdas? Claro mi amor, necesito que despiertes… Te quiero, Maca.

Pero Maca seguía en su mundo, que parecía muy lejano.

-Esther –Cruz negaba con la cabeza.

-Maca mi vida, no tengas miedo de volver, Claudia lo sabe todo pero no va a hacer nada hasta que tú despiertes, y cuando tú vuelvas te ayudaré, te ayudaremos todos a superarlo, a olvidarlo. Seremos felices mi vida.

-Esther –insistía Cruz con los nervios desbaratados.

-Maca nos vamos a casar, ¿te parece bien, mi amor? Necesito que despiertes por favor… por favor cariño…

-Está bajando, está bajando -decía nerviosa Victoria.

-Por favor Maca, cariño, mi amor… te quiero, te amo… te amo mi vida por favor -Esther se apoyó sobre la cabeza de Maca rompiendo a llorar.

-Esther, se nos va -dijo Cruz.

-Maca, mi amor… Maca.

Esther lloraba a mares, el Padre Lucas con los ojos cerrados apretando sus manos rezaba sin parar a toda velocidad, el notario que había dado un paso atrás miró también el monitor que había dejado de dar señales.

-Maca… Maca…

De repente aquel aparato empezó a pitar de nuevo.

-¡Remonta! Rápido pon la mascarilla de oxígeno.

-Maca, Maca.

La respiración de la Inspectora dio un respingo agudo, para después poco a poco tratar como si fuera un pez fuera del agua de buscar el aire que pudiera llegar a sus pulmones.

-Señor notario comience a hacer la pregunta, ¡rápido! –le dijo alterada Cruz.

El notario se acercó hasta Maca y Esther, dijo unas breves palabras, sacó de su carpeta un folio, le hizo firmar a Esther.

-¿El tampón?

-Sí lo tengo yo –sacó Victoria uno de su bolsillo y cogió el dedo pulgar de Maca para poner su huella-. Ya está.

-Pues por el poder que me confiere, estáis casadas. Maca se ha despertado justo en este momento y ha dicho sí, lo hemos escuchado todos.

Lo dijo mirando alrededor a los presentes.

-Gracias, Alfonso, muchas gracias –le estrechó la mano el Padre Lucas.

-Me alegro de que Maca haya despertado justo para decir sí –le guiñó un ojo.

Esther continuaba con un nudo en la garganta hablando a Maca.

-Maca… Maca cariño… Maca por favor… vamos busca el aire en tus pulmones, vamos… estamos aquí, no voy a dejar que te lleve nadie de mi lado, nadie mi vida. Por favor te quiero, te quiero como no he querido a nadie.

-Cruz –le avisó Victoria mirando el monitor al ver que nuevamente bajaban sus pulsaciones

-¡Rápido inyecta adrenalina!

-Maca… Maca… -la llamaba Esther desesperadamente

COMISARIA

Todos estaban alrededor de Claudia que había llamado por teléfono, Esther no había contestado en un principio, aquello les alertó, seguían sin entender nada, sin saber cómo se las había ingeniado para lograr parar el traslado, como se había casado sin duda, las emociones de todos estaban en un continuo subir y bajar. ¿Eso significaba que Maca estaba viva?

-Nada, no contesta.

-¿La habrán desconectado ya?

-Ella me dijo que me llamaría –miró la hora-. Creo que lo iban a hacer en una hora –miró con cierto temor a Ruperto.

-Pero si se ha casado ¿será que Maca está despierta? ¿No? –preguntó Tur nervioso.

-Si estuviera despierta me habrían llamado -dijo Claudia con cara de temor.

-Si le hubiera pasado algo sus padres no se habrían ido así, el abogado le habría dicho que… ¡Esto es un sin vivir coño! -protestó Tur.

-Pero… ¿puede haberse despertado y haberle pasado algo después? -preguntó muerto de miedo Martín.

-La situación de Maca es muy complicada… Todo puede ser.

La respuesta de Ruperto no dejó demasiado satisfechos al resto, era una situación desagradable para todos. Claudia volvió a insistir, el móvil de Esther seguía sin respuesta.
Pasó algo más de media hora cuando el móvil de Claudia sonó.

-¿Esther? ¿Qué ha pasado? –su cara mostró un gesto impactante.

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6 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 18

  1. ¡Hola Kris! ¿Maca despertará? Esperemos que sí, ¡no lo digo para que te comas más uñas, eh! Que conste. Gracias a ti por leer y seguir apoyando el blog.
    ldana

  2. Gracias Pato!!! Y gracias por toda tu ayuda con mis blogs.
    Me alegro que sonrías, sabes que me gusta que la gente sienta y se emocione, pero también sonría.
    Un abrazo.
    ldana.

  3. ¡Hola pquimmera! Esther ha evolucionado como personaje, ¡yo creo que sí está emocionante! Lo que más me choca es que en 19 capítulos nadie ha dicho nada de la foto del fic. Ahí lo dejo. Gracias por seguir aquí.
    Un abrazo.
    ldana

  4. Caramba con Esther…eso si que es arriesgarse (y también Cruz y el notario, claro). Era el último cartucho que le quedaba para poder hacer algo por Maca y, sin duda, se la ha jugado.
    Esto está muy emocionante…acá sigo

  5. Me uno a tur ¡Esto es un sin vivir coño!, me tienes constantemente comiéndome las uñas, ya veremos como reacciona Maca cuando en verdad se despierte y se encuentre casada con Esther, pero mientras tanto a seguir sufriendo, y como masoquista que soy, espero con ansiedad por más, saludos, gracias por tu tiempo

  6. ¡¡¡Plass Plasss!!! un capitulo emocionante, a pesar de la difícil situación de Maca lograste que sonría con la lectura.

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