SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 19

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Para Esther, era complicado por teléfono explicar todo lo que había sucedido, así que le hizo un pequeño resumen de cómo estaba la situación, Claudia decidió poner el manos libres para que todos pudieran escuchar las palabras de una Esther que demostraba su emoción y miedo a partes iguales.

-¿Y ahora cómo está?

-Con una mascarilla de oxígeno, las lesiones son complicadas, sobre todo por el neumotórax, con ese maldito testamento vital que hizo, no podemos volverle a entubar, aunque tal y como está eso ya lo sabíamos. No podemos más que rezar para que poco a poco vuelva en sí.

-¿Puede morir? –preguntó Claudia preocupada.

-Sí, Claudia, el peligro no ha pasado. Además está la lesión del hombro, recordar que aún tiene la bala en el hueso.

-¡Déjame felicitarte por la obra maestra, Esther! –le dijo Ruperto con una sonrisa en los labios.

-Imagino que ahora vendrán los padres –su tono fue algo desanimado.

-¿Qué piensas hacer?

-He dado orden de que nada más puede estar en la habitación Teresa, mi madre o vosotros.

Los hombres se miraron impactados. Sabían que aquella decisión iba a molestar y mucho a los Wilson.

-Está bien…

-¿Habéis averiguado algo? –se apretó la frente, tenía un agudo dolor de cabeza.

-No ha soltado prenda, ni uno ni otro. No tenemos más pruebas que un tacón.

-Maca no reaccionó hasta que le dije que tú tenías todo bajo control.

Todos volvieron a mirarse. Guardaron silencio.

-Creo que no quería volver, Claudia. Y, fue decirle tu nombre, y comenzó a remontar.

-Puede ser una coincidencia –le contestó ella frunciendo el ceño.

-Claro… bueno… os dejo que acabo de ver a los padres de Maca.

-¡Esther! Gracias por ayudarla –le dijo Claudia con una sonrisa en los labios-. ¡Sinceramente, no creo que mi nombre le hiciera reaccionar! Necesitamos encontrar algo… algo.

-Creo que sería bueno empezar de cero, Capitana –le sugirió Tur.

-Sí, estoy de acuerdo.

-Deberían haber visto a Tur decirle a su padre que Maca y Esther eran pareja estable –lo dijo sonriendo-. ¡Quién nos lo iba a decir de Tur!

-No me toques los cojones.

Parecía que les habían dado una tregua para cambiar el miedo y poder sonreír, salieron hasta la pizarra y borraron todo cuanto había anotado. Claudia y Ruperto, seguían sus pálpitos, Martín anotaba y Tur confirmaba datos.

Mientras en el pasillo de urgencias una enfermera acudió hasta donde se encontraba Cruz. Le dijo algo al oído y ésta asintió. Tras decirle algo, se marchó al despacho mientras la enfermera de turno buscaba a Esther que había entrado a la habitación y, en voz baja, le había dicho a Teresa que acababa de ver a los padres de Maca.

-Esther… -su tono trató de advertirle que tuviera cuidado.

-No te preocupes.

Cruz llegó a su despacho con gesto serio, aquella pareja no le gustaba nada, pero mucho menos el abogado. Al entrar vio que los padres estaban sentados en las sillas dándole la espalda. De pie junto a ellos con gesto de soberbia el abogado que, al mirarla, entrecerró los ojos mostrando su antipatía por ella.

-Buenos días… -les saludó cortésmente.

-Serán para usted –reprochó Pedro con tono agrio y gesto duro.

-Pues aunque lo no crea, sí, lo son. Salvar vidas siempre hace que el día sea bueno –le sonrió con cierta ironía-. ¿A que debo esta visita con abogado y todo?

-Lo sabe perfectamente –le espetó Pedro mirándola fijamente.

-Pues no, no lo sé, la verdad que esperaba encontrarme con unos padres haciendo miles de preguntas sobre su hija.

-¡Quién le dio permiso para hacer algo así! –bramó Pedro.

-Su hija.

La pareja la miró desconcertada. Los ojos de Rosario se contrajeron nerviosos, los de Pedro incrédulo.

-Mire doctora, vamos a ponerle una demanda que le puedo asegurar no va a volver a ejercer la medicina nunca más en su vida.

-¿Y eso por qué? –desafío al abogado con la mirada-. ¿Por hacer caso del testamento vital de Maca? Mientras esté en mi hospital tengo que seguir mis normas, y ella pidió ser desconectada del respirador, no sabíamos si iba a despertar o no, pero nada más hicimos nuestro trabajo.

-¡Nos la íbamos a llevar a un buen hospital! –se dirigió a ella por primera vez Rosario.

-¿Y dónde cree que está? –le desafío Cruz.

-No tenía ningún derecho a hacer lo que ha hecho.

-Claro que sí, el derecho que me dio su hija en ese papel, y el visto bueno de su prometida que sabía perfectamente que era lo que quería.

-¿Prometida? –se rio Pedro con una carcajada ácida.

-Miren… mi tiempo es oro, desde que he entrado no me han preguntado ni una sola vez cómo está, cuál es su estado, cómo ha reaccionado. ¿Está viva? Unos buenos padres, me hubiera acribillado con esas preguntas.

El silencio se hizo protagonista en el despacho de Cruz, su frase les dejó desconcertados.

-No se ha hecho nada contra la ley, hay testigos a quienes pueden preguntar, estuvo hasta el sacerdote del hospital. Si quieren denunciarme, adelante.

-¿Dónde están los papeles de cómo se actuó? –preguntó el abogado.

-Déjalo Antonio… Debieron avisarnos.

-Lo hicimos pero sus móviles estaban apagados, Esther nos dijo que a pesar de todo les avisáramos.

-¿Cómo está nuestra hija? –preguntó decaído Pedro.

-Grave.

-¿Ha dicho algo? –preguntó Rosario.

-Más allá de querer casarse con… -tocaron a la puerta-. Adelante.

-Hola –fue un saludo contundente el de Esther.

-Pasa, pasa, ahora iba a hablarles de ti. Esther… los padres de Maca ¡ah! Y este el abogado –dijo con fastidio.

-Maca me ha hablado de ustedes –sus ojos no se apartaban de Rosario-. Quiero que sepan que a partir de ahora yo soy la única responsable de las decisiones que se tomen con ella, soy su mujer y se hará lo que Maca siempre quiso que se hiciera si se llegaba a este momento.

-¿Qué quieres, su dinero? –le preguntó herida Rosario.

-Era la primera pregunta que me dijo me haría cuando la conociera.

-Esther es enfermera y de las mejores, no creo que necesite dinero. Y si me disculpan tengo trabajo.

-Quiero que sepan que he prohibido que entren a la habitación, aquí tiene el nombre de mi abogado –le entregó a Antonio una tarjeta-. Hasta que esté recuperada no van a entrar.

-¡Es mi hija! –le recriminó Pedro poniéndose en pie con el gesto desencajado.

-Lo sé, es esa hija a la que no les importaba lo que sucediera en un traslado de hospital que los doctores desestimaron por su peligrosidad. Es esa hija a la que han venido a visitar… ¿dos veces? –los retó con la mirada-. Es su hija, sí, pero por encima de eso es mi mujer, y lo que ustedes no han querido para su hija, lo quiero yo para mi mujer. Tranquilidad, calma y que se recupere poco a poco de lo sucedido.

Su mirada volvió a posarse en Rosario, ésta la desafío con los ojos llenos de lágrimas.

-Su hija sigue en estado grave, puede que supere este momento o puede que no. Pero al menos ha reaccionado al retirar la respiración asistida. Señores… lo siento pero mis pacientes me esperan.

-De todos modos, yo no soy como ustedes, en el momento Maca despierte y quiera verlos, les avisare. O si empeora y no hay salida, también lo haré.

El matrimonio se puso en pie, Rosario sacó un pañuelo de su bolso y se secó las lágrimas, Pedro miró con rabia a Esther quien le aguantó la mirada y el abogado le hizo una mueca de fastidio a Cruz. Salieron todos y se quedaron Cruz y Esther.

-¡Enhorabuena! Ya tengo a mi Esther de vuelta… -dijo con una sonrisa satisfecha.

-Gracias, Cruz –le sonrió con cierta debilidad.

-Has estado esplendida –le dio dos golpes en la espalda-. Ahora tienes dos cosas que hacer, ir a casa para descansar. Y… prepararte para en cuanto Maca esté fuera de peligro ponerte a trabajar.

En la comisaria los chicos trabajaban a destajo, trazaban líneas en la pizarra, intentaban hallar cualquier pista que pudiera dar la solución a aquel desafío que se había vuelto el caso. Ruperto, se había quedado con ellos para echarles una mano. Claudia había citado a la sirvienta de la casa de los Wilson pero la mujer había respondido a todas las preguntas y les había dejado igual.

-Ella dice que no vio salir a Rosario, que normalmente no entra a su habitación hasta que ella no baja a desayunar. Pero insiste en que si hubiera salido de casa se hubieran cruzado al volver, y no fue así.

-¿Pero tendrán puerta trasera o alguna salida por detrás? –le preguntó Tur.

-Dice que si la hay, ella no lo sabe.

-Pudo salir tranquilamente y regresar sin que la vieran, por la hora de la llamada de la Inspectora es factible –apuntó Tur pensativo.

-¡Tengo la orden! –gritó Martín moviendo un papel al aire.

-De acuerdo, iremos a su casa y…

Apareció Roberto en el pasillo de su despacho, por su gesto no sabían si lo que tenía era bueno o malo, pero lo que sí podían entender era que había encontrado algo referente al caso de la Inspectora.

-¡Tienen que entrar a ver esto!

En el hospital, Teresa le había insistido a Esther que debía irse a casa, descansar un rato, darse una buena ducha y comer en buenas condiciones. Lo mismo que ella le había dicho con anterioridad. Y como a Teresa, Encarna apoyó el descanso de su hija. Tenía ojeras, estaba pálida y los ojos demostraban un profundo cansancio. Acusaba un fuerte dolor de cabeza sin duda por los nervios que había pasado.

-Me tomo un ibuprofeno y se me pasa –dijo mirando a Maca.

-Hija… por favor…

-Está bien, un par de horas –les respondió como si le hubieran puesto un revolver en la sien.

-No te preocupes por la gata, Teresa, me tiene cogido el truco ¿eh? –sonrió Encarna mientras Esther le dejaba un beso a Maca-. Me pide la comida con la pata en el mueble donde guardas el pienso.

-Es muy lista –sonrió divertida-. El día que Maca vino a casa, ella como si presintiera algo se hizo muy amiga suya. No se separó de ella.

-Maca encandila hasta los gatos –Esther acompañó la sonrisa de Teresa.

-Venga y tú te tomas un caldo de pollo que tengo preparado.

-Intenta que esté más de dos horas –le dijo Teresa a Encarna-. No te preocupes de nada, Esther, si ocurre algo por muy mínimo que sea te llamo.

-Estaré pegada al móvil.

Esther salió por la puerta y antes de cerrar volvió su mirada hacia Maca, allí en la cama, semisentada con todos los cables de las máquinas conectados a su cuerpo, los mismos sonidos que daban señales de vida, su rostro morado, le hizo sentir un temblor en todo su cuerpo como si le hubieran zarandeando, como si en ese instante un terremoto sacudiera nada más la baldosa donde reposaban sus pies. Y se dio cuenta que el culpable de aquella sensación no era otra cosa que el miedo, un insistente y desbocado miedo.

Al llegar a casa de Teresa, la gata salió a recibirlas, les dio unas cuantas vueltas entre las piernas dejando su larga y bonita cola enrollada en la de Esther.

-Venga hija date una buena ducha y a comer.

Esther obedeció a su madre, no tenía muchas fuerzas para discutir, se metió en la ducha y dejó que el agua recorriera su piel, volvió a temblar pero en aquella ocasión quien provocaba el temblor era un llanto desconsolado, unas lágrimas que salían de sus ojos como si fueran puñales que iban clavándose por su cuerpo, lloró amargamente abrasándole el corazón. Quería aferrarse a la idea de que todo iba a salir bien, quería impedir que las dudas o el miedo tomaran forma en su mente. Por eso no se quedó más tiempo allí sola, salió a comer con su madre, hablaron un buen rato y, después de recoger los platos de la mesa, Encarna la hizo acostarse.

-Me voy a poner la alarma del teléfono porque eres capaz de no despertarme –le sonrió dejándole un beso en la mejilla que cogió de sorpresa a Encarna-. Hace mucho que no te doy un beso, lo sé.

-Cariño –la abrazó con fuerza-. Me encantaría tener un solo poder en la vida, el de evitar que sufras.

-Mamá –frunció el ceño.

-Pero no lo tengo, hija, por ese motivo quiero que no vuelvas a encerrarte en tu mundo, a no compartir conmigo tu dolor, cariño. Quiero que confíes en mí.

Esther agachó la cabeza, Encarna sabía que algo estaba sucediendo en su cabeza.

-¿Dime que te pasa, cariño?

-Es una tontería –negó con la cabeza como quitándole importancia.

-Vamos, tus tonterías no suelen serlo –le cogió de las manos fuertemente-. Dime, hija. ¿Es por Maca?

-Sí –dijo tras un profundo suspiro.

-Sabes que puede ocurrir un desenlace que no es el que deseamos, pero…

-No es eso, mamá. Verás… ¿y si me he equivocado?

-¿Equivocarte? –la miró sin entender muy bien esa pregunta y le señaló las sillas para que se sentaran-. ¿En qué sentido?

-Me he casado con Maca, pero igual… igual…

-¡Venga hija por Dios! Arranca.

-No sé… reaccionó cuando le nombré a Claudia.

Encarna escudriñaba sus ojos de manera intensa. Esther tragó saliva aquella mirada de su madre siempre le dio respeto.

-Claudia y Maca no sé…

-¿Tú crees que si Claudia tuviera algo que ver con ella te hubiera dejado casarte?

-Es que no se lo dije hasta que ya estaba hecho –se defendió porque sabía que su madre trataba de desmontar sus miedos.

-Cariño… ¿qué pasó la noche que estuviste con Maca?

-Mamá –la miró como si le fuera complicado contarle aquello.

-¡Oh vamos a estas alturas ya no me asusto! Hasta he visto una porno de mujeres para saber qué haces -lo dijo con tanta naturalidad que pareció lo más normal del mundo.

-¡Mamá! –le riñó alzando la voz.

-¡No te desvíes del tema! –esta vez quien la riñó fue ella con una sonrisa en la boca-. ¿Cómo te trató?

-A ver… Tur me pagó para que fuera a pasar la noche con ella, para hacer un servicio, sin embargo, yo no permití algo así, no quería sentirme sucia con ella. Es cierto que no le dije que había rechazado el pago porque no sabía lo que iba a pensar de mí. Porque desde el primer momento que la vi me creó un montón de sentimientos. La deseaba como no he deseado a nadie.

-¿Y ella?

-También –dijo mordiéndose el labio con actitud nerviosa. Ante la mirada de su madre siguió-. Me dijo que quería ir a París, que se tomaba unas vacaciones y quería que la acompañara.

-¿Cómo señorita de compañía? –le preguntó arqueando las cejas.

Aquella pregunta acompañado por el gesto de Encarna logró arrancarle una sonora carcajada a Esther, no podía parar de reírse y su madre tampoco. Años atrás hubiera sido imposible tener una conversación de aquel tipo. Por ese motivo Esther agarró la mano de su madre agradecida por su cambio pero, sobre todo, por su apoyo.

-No habló de señorita de compañía –volvió a reírse-. Me invitó, me dijo que quería que la acompañara, al decirle que nosotras no teníamos futuro, ella no lo vio así.

El final de la frase lo dijo como si se aclarara en su mente las dudas.

-Te acabas de dar cuenta de que tus miedos te han hecho dudar otra vez.

-La quiero, mamá –lo dijo con firmeza.

-Y por lo que cuentas ella quería ir de viaje contigo, por lo tanto tus miedos con Claudia no son fundados. ¿Se dice así?

-Sí –sonrió.

-Hija… has hecho algo increíble casándote con ella, si después despierta y no quiere seguir casada, os descasáis, pero me da a mí que la Inspectora no va a pedir eso, ¡seguro que quiere una boda de verdad!

-¿Y cómo lo sabes? –sonrió de lado quitándose una lagrima de la mejilla.

-Porque cuando hablé con ella, cuando me enfrenté por dudar de tu inocencia, me di cuenta que en su mirada se escondía algo sobre ti que no sabía bien que era. Ahora ya lo sé.

-Lo único que me importa es que despierte.

-No cariño, además de eso, te importa que te diga que te quiere.

2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 19

  1. Hola pquimmera!!! Sí, creo que el personaje de Esther ha crecido muchísimo, aunque le sigan quedando miedos a afrotando un momento complicado y lo ha sacado hacia delante, a ver si sigue igual en lo que tiene por delante.
    La foto tiene un por qué, lo explicaré al final del fic. Pero sí, el tuyo ha sido un muy buen enfoque.

    Gracias.
    ldana

  2. Me encantó el capítulo, creo que de los que más me han gustado, sobre todo por esa mezcla de fuerza y vulnerabilidad de Esther. Por esa contundencia con los padres de Maca (ya me empieza a parecer más sospechosa su madre) y fragilidad con su propia madre, sacando esa falta de seguridad típica de alguien que no conoce demasiado bien a la persona de la que está enamorada.
    Gracias

    p.d. ¿la foto de relato? pues no sé, nunca me ha parecido sospechosa. Son dos de las mujeres más importantes de la vida de Maca sufriendo como condenadas por la situación ¿lógico no? 🙂

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