SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 20

PhotoGrid_1445514149258Esther se sentó sobre la cama, le dolía todo el cuerpo no podía aguantar más, la tensión le había pasado factura y necesitaba descansar. Los tendones estiraban su espalda como si estuviera en la Edad Media, y la estuvieran torturando con alguna de aquellos artilugios de la Inquisición. Trató de mover el cuello haciendo algún ejercicio rotatorio, lo hacía con los ojos cerrados reconociendo para sí que hablar con su madre le había hecho bien, mucho bien. Aunque seguía sorprendida por la confesión de su madre sobre qué hacía ella con otra mujer en la intimidad, sin poderlo remediar se sonrojó. Una vez hizo los estiramientos apartó aquel edredón morado que había en la cama de invitados de casa de Teresa, se metió al mismo tiempo que salió un profundo suspiro de su interior tratando así de calmarse. Se puso de lado, cerró los ojos intentando no pensar y poderse dormir, sin embargo, sus pensamientos le traicionaron entregándole una idea que le hizo temblar de pies a cabeza, Maca estaba a punto de despertar y, entonces hablaría, diría lo sucedido ¿y qué pasaría con ella? Aquella pregunta le volvía loca, hasta ese momento no se había parado a pensar en la respuesta, pero ahora que podía estar tan cerca de ver como despertaba era una obsesión en su mente.

Cerró con fuerza los ojos y volvió a la noche en la que empezó todo, volvió al amanecer en el que acabó.

Allí se recordó ella, en la cama desnuda con los ojos cerrados trataba de recuperar el aliento, Maca trazaba líneas imaginarias sobre su piel con la yema del dedo, lentamente, como si cualquier falso movimiento pudiera romper el hechizo en el que se habían movido durante horas, era tener la oportunidad de continuar en un mundo único creado para dos mujeres, sin demasiadas preguntas porque para una de ellas el miedo era el protagonista de las respuestas.

-Maca… -susurró Esther tragando algo de saliva.

-Dime -su voz sonó parecida mientras iba dejando besos por su vientre.

-Está amaneciendo -su mano se posó suavemente sobre el pelo de la Inspectora que parecía omitir aquel comentario y ahondar en los pezones erectos de Esther-. Por favor…

-¿Qué pasa? ¿No te gusta? -sonrió de lado sabiendo que la respuesta le daba alas para continuar con aquel maravilloso momento.

-Claro que me gusta.

-¿Entonces? -se detuvo mirándola con la ceja arqueada de manera provocativa e  intensa..

-Maca…

No supo que decir porque era imposible ser de hielo ante los labios y la lengua juguetona y caliente de Maca, su piel se había erizado tanto que pensaba los poros iban a estallar, nunca había sentido aquella intensidad, se preguntaba para sí ¿por qué? Había amado y la habían amado, había deseado y le habían deseado, sin embargo, era como si todo lo ocurrido con anterioridad en su vida fuera un simple juego, la intensidad con Maca había sido tal que la había desbordado, sus caricias intimas, sus caricias sobre la piel, sus besos, los movimientos sobre su cuerpo, toda ella la había enloquecido y, lo que era mejor, llevado hasta un lugar que no había explorado. Se sentía feliz, maravillosamente feliz.

-Tengo que irme.

-¿Por qué? -le preguntó una Maca atónita ante su rotundidad.

-Porque…

Mirándola a los ojos no era capaz de decir porqué. Aunque en su interior la respuesta le ardía en el corazón. “Porque soy una puta” “Porque esto es maravilloso, tanto que algo malo va a pasar”, “Porque eres peligrosa”.

-Esther… ha sido algo adorable, me gustas, ¡qué digo me gustas! Me encantas y…

-Maca, Maca -se levantó apoyando la espalda contra el cabezal mientras se tapaba ante la mirada incrédula de una Maca que había captado en sus ojos todas aquellas dudas-. Sabes que yo…

-Chissssst  -puso su dedo sobre los labios de Esther que la miraba con gesto triste-. No lo digas, lo que sé es que tú has sido como un terremoto en mi interior, sé que conforme te interrogaba me estaba volviendo loca por ti. Eso es lo que sé.

-A mí me pasaba lo mismo -sonrió y su gesto de pena cambió por ternura-. Pero no puede ser.

-¿Por qué?

-Porque yo soy… soy… ¡decirlo estando tú delante todavía me hace parecer más sucia!

Maca la miró con infinita ternura, sus ojos eran como dos corazones repletos de amor.

-Esther… no me importa nada de lo que haya pasado con anterioridad, ni en tu vida ni en la mía, me importa desde hoy -le acarició la frente apartándole el mechón de cabello que caía en ese lado de su cara-. Desde ahora, desde este momento en que mi corazón late por ti.

-No sé, Maca… no sé…

-Has confiado en mí en una situación bastante mala -le sonrió haciendo una mueca graciosa-. ¿No puedes confiar en mí ahora que todo es maravilloso?

-No eres tú, soy yo.

-¿A qué tienes miedo?

-A amarte.

-Hay dos formas de vivir la vida, cariño, una con miedo y sintiendo que todo va a ser malo, otra ilusionada y creyendo en los sueños de una misma y que los vas a conseguir, si tus sueños y los míos son los mismos, no has de temer nada. Lo único que tienes que hacer es… creer en ti, en mí, en nosotras y en un día a día como este que hemos tenido que… creo no ha sido malo ¿no?

Esther sonrió mientras acariciaba la mejilla de Maca que no paraba de mirarla.

-Lo que te he dicho es cierto, tengo unos días y un viaje a París preparado, vamos juntas a disfrutar del amor, sin miedo porque nada malo pasará a menos que lo atraigas. Tu vida puede ser como deseas, Esther, si me deseas en ella tan solo déjate llevar haciendo a un lado el miedo.

-No es tan sencillo como dices.

-¡Claro que lo es! -sonrió regalándole un arco iris en la pared de la habitación-. Nada más debes creerlo y quererlo.

-Me da miedo el día de mañana.

-Una vez me dijeron una frase muy buena contra ese miedo a algo que desconocemos… “crucemos el puente cuando lleguemos a él” -y con otra maravillosa sonrisa agregó-. El miedo es el que nos impide hacer, tener o ser lo que queremos, Esther”.

Aquella conversación le removió el estómago, las emociones y los sentimientos, dos intensas lágrimas recorrían las mejillas de Esther. Se aferró a la almohada con fuerza tratando de que su madre no oyera el llanto.

Mientras, en la comisaría todos escuchaban atentamente las palabras de Roberto, seguían los monitores y sus explicaciones, los rostros de todos los que estaban en aquel cuarto iban transformándose en una mezcla de incredulidad y una rabia incontrolada. Al finalizar la explicación, hubo un instante de silencio intenso, el detective Tur con una expresión dura que marcaba su rostro se pasó las manos por la cabeza, escepticismo era poco, Martín había tenido que apoyarse contra la pared negando repetidamente con la cabeza, Ruperto, por su parte, seguía mirando incrédulo la pantalla de aquella sala que para él se escapaba al conocimiento y Claudia, Claudia había tenido que tragarse primero el desconcierto, después el dolor y, finalmente, la sed de actuar de inmediato.

-Detectives vayan a interrogar a ese taxista. ¡Quiero una declaración clara y concisa con todos los detalles!

-Claro… -ambos salieron de allí a toda prisa. No había mucho más que decir.

-Roberto muy buen trabajo, la verdad -le sonrió con pena.

-Me hubiera gustado encontrar otra cosa que hiciera menos daño a la Inspectora.

-Pues sí…¡qué le vamos a hacer! -musitó dolida Claudia.

-Haz lo que debes hacer -le dijo Ruperto mientras le daba unos golpecitos en el brazo a modo de apoyo.

Claudia agradeció el comentario, fue hasta su despacho y sintiéndose engañada, llamó a un número de teléfono que no le respondió nadie. Insistió pero obtuvo la misma respuesta.

-¿Dónde estás, Esther?

En el hospital, Teresa no se separaba de la cama de su hija, le había estado hablando, durante mucho rato, también le había acariciado la mano con ternura. En su interior tenía el temor de que al desconectarla de la máquina respondiera pero para quedarse tal y como estaba en aquel momento, en un coma que quizá fuera irreversible. El ímpetu con el que se abrió la puerta, provocó que Teresa se girara asustada. Allí, parada como si fuera un espantapájaros se encontraba Claudia, por su postura, su expresión y la mirada, reconoció que aquella mujerona algo le pasaba y no era nada bueno.

-¿Dónde está Esther? -su voz sonó ruda.

-En mi casa, ha ido a descansar.

-Dame la dirección, por favor -le dijo con la misma seriedad.

-¿Pasa algo? -Teresa la miró con los ojos abiertos como platos preocupada por su actitud.

-Necesito hablar con ella. ¡Y mientras tanto, no quiero que te muevas de aquí! ¿Entendido?

-Sí, sí…

-Si me cruzo con Esther y no la veo, hazme una pérdida ¡es muy urgente que hable con ella!

-Claro.

Mientras Teresa le anotaba la dirección en un papel del hospital, Claudia se acercó hasta Maca, la miró con gesto descolocado, pensaba verla despierta, pensaba que estaría más cerca de ella, pero parecía que nada había cambiado, seguía semisentada, con los ojos cerrados, conectada a máquinas, con los mismos sonidos como acompañantes y. tan lejos de ellas, que saber lo que sabía provocó temor por cómo reaccionaría al despertar.

-¿Ocurre algo, verdad?

-Si viene, ¡avísame!

Claudia salió de allí a toda prisa camino de casa de Teresa.

Había algo en el rictus de Claudia que preocupó a la mujer, se acercó hasta la cama y sin poder evitar habló en voz alta, aunque todas habían decidido evitar hacerlo por si Maca les escuchaba y aquello podría provocar en ella alguna reacción no deseada.

-¿Qué estará pasando ahora? ¿Por qué querrá ver a Esther? Llevaba una cara que… ¿qué habrá hecho Esther?

De repente las máquinas comenzaron a sonar, Teresa miró asustada a Maca que parecía no sucederle nada pero las máquinas subían la intensidad, sin esperar más salió corriendo hasta el pasillo y comenzó a gritar.

-Ayúdenme… por favor… mi hija… mi hija…

En el mismo instante en el que Claudia salía del ascensor al llegar al hall, vio como entraba Esther junto a su madre, a grandes zancadas y con la cara descompuesta se dirigió hasta ella a toda velocidad.

-Tenemos que hablar.

Fue lo único que le dijo, Encarna tragó saliva ya que era palpable que algo ocurría, ¿tendría su hija razón y se había precipitado casándose con Maca?

-Claro…

-Tiene que ser ahora y a solas.

-Me subo a la habitación, hija -le dio un beso y con el ceño fruncido se marchó.

-¿Dónde quieres hablar?

-En un sitio donde nadie nos moleste.

-De acuerdo… vamos por aquí.

Esther anduvo por los pasillos hasta llegar a una zona donde prácticamente no había nadie, sabía todos los recovecos del hospital y en que lugar las dejarían hablar con tranquilidad. Mientras caminaba pensaba el motivo que Claudia podía tener para hablar con ella en esas condiciones. Un nudo se hizo en su estómago. Se sentó en un banco junto a ella Claudia hizo lo mismo, su gesto era serio y por sus movimientos Esther percibió su tensión.

-Claudia… sé por lo que quieres hablar conmigo.

-¿Ah sí? -preguntó irónica.

-Sí, te prometo que en cuanto Maca se despierte nos divorciaremos.

-¿Cómo? -no entendía aquella frase.

-Lo hice porque estaba desesperada pero después pensé que había metido la pata, te vi cuando viniste a verla antes de desconectarla, te he visto trabajar a su lado y la complicidad que tenéis… yo -agachó la cabeza con cierta vergüenza.

-Creo que estás equivocada -la miró con el ceño fruncido-. Maca y yo no somos pareja.

Esther la miró… por unos segundos la miró ¿qué era lo que quería decirle tan en secreto?

-Pensé que…

-Pues no, Esther, y ojalá hubiera sido capaz de amar a una mujer, creo que me habría ido mejor, pero no, Maca es mi compañera, mi amiga y casi podría decir mi hermana.

Durante unos segundos hubo un silencio intenso entre ellas, Claudia tragó saliva y le espetó de golpe mirándola a los ojos con cierto resquemor.

-Estoy harta de mentiras, Esther. Sé la verdad.

En la habitación Teresa estaba desesperada, las enfermeras habían entrado y manipulaban los goteros, jeringuillas y demás pero ninguna le decía nada. Hasta que vio entrar a Cruz con gesto serio dirigiéndose hasta la cama de Maca.

-Por favor, Teresa, sálgase. ¿Dónde está Esther?

-Descansando -las lágrimas caían a borbotones por su rostro.

-Sálgase, por favor.

-Maca… hija…

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3 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 20

  1. ¿Otra vez las sospechas sobre Esther?…los compañeros de Maca están cabreados, desconcertados…¿qué han descubierto? Esther es siempre una caja de sorpresas, nunca sabes si ha contado todo, si sigue ocultando cosas.
    Y, sin duda…preocupante los detonantes por los que Maca reacciona…no me gusta nadita y miedo me das
    Gracias

  2. Me dejas prácticamente sin palabras, este capitulo ha sido para mí, uno de los mas intensos que he leído en el desarrollo de la historia tanto por la forma en que nos mantienes a la expectativa como en la expresión de sentimientos de cada uno de los personajes, tu forma de escribir es sencillamente apasionante, saludos y abrazos que tengas un buen día

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