SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 21

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Tras varias maniobras de reanimación, Cruz salió hasta el pasillo para informar a Teresa que estaba siendo consolada por Encarna. Ambas con la preocupación clavada en su rostro esperaban noticias que pudieran calmar la ansiedad por la que estaban pasando.

-Bueno… podemos respirar tranquilas, ha tenido una bajada de tensión, además, intuyo que tiene algo de infección, voy a hacerle unos análisis y habrá que plantearse muy en serio operar.

-Pero… ¿como está se podría operar?

-Voy a hablar con los traumatólogos, quizá con anestesia local podríamos hacerlo, hay que valorar la situación no podemos dejar la bala mucho más tiempo ahí dentro no hace nada bueno. ¿Y Esther?

-Ha venido la jefa de Maca, pero… lleva más de media hora con ella -le decía preocupada Encarna.

-Cuando venga, díganle que quiero hablar con ella.

-De acuerdo. ¿Podemos pasar? -preguntó una angustiada Teresa.

-Por supuesto, y tranquila estas reacciones son normales dentro de su estado.

-Vamos… Teresa, vamos.

-¿Qué está pasando, Encarna?

-No lo sé, pero me da que nada bueno… no me gustó la cara con la que Claudia habló a mi Esther.

Había transcurrido algo más de una hora desde que Maca sufriera una recaída en su estado, el atardecer cubría Madrid, el cielo algo sonrojado abría paso al coche en el que Tur y Claudia acudían a informar a los padres de la Inspectora. Ambos lo hacían en silencio todavía sin poder creer hacia donde les había llevado el caso. Roberto había trabajado sin descanso para poder desenmascarar la verdad que había estado bien oculta. Casi cuatro días para resolver quién había sido la autora de los disparos les provocaba cierta frustración. Al llegar a casa de los Wilson, les abrió nuevamente la sirvienta quien les acompañó hasta el despacho del señor Wilson. Era una estancia cuadrada y amplia, con dos grandes ventanales cubiertos por cortinas blancas, una mesa grande llena de papeles y un ordenador, a Claudia le llamó la atención el egocentrismo del que siempre le había hablado Maca sobre su padre, en ese despacho estaba reflejado en dos grandes cuadros, uno en el que estaba montado sobre un precioso caballo blanco, se notaba que era joven y en otra pintura sentado como un señorito andaluz. Aquel despacho provocó que Claudia sintiera un escalofrío en su espalda. El hombre cuando los vio pasar les ofreció asiento, Rosario y él estaban sentados en un sofá, frente a ellos había colocado dos sillas. El gesto de ambos era serio, rozando la expresión ofendida por como se habían comportado con ellos.

-¿Y bien? ¿Qué es eso tan importante que tienen que decirnos? -le desafío con la mirada Pedro a Claudia.

-Ya sabemos quien ha tratado de asesinar a su hija.

-¿Por qué no se sienta, caballero, no me gusta verlo ahí de pie?

-Porque no me apetece sentarme, señor.

Tur le contestó con su habitual tono seco. Pedro omitió su respuesta.

-Hable, la escuchamos.

-No ha sido fácil, debo reconocer que nos ha sorprendido tanto que por esa razón hemos tardado en dar con ella.

-¿Y… la conocemos? -preguntó Pedro con una mezcla de tristeza y malestar.

-Por supuesto que la conocemos. La tiene sentada a su lado.

Claudia miró a Rosario fijamente.

En el hospital, Encarna se había sentado junto a Maca. Esther tenía que hablar con Cruz para decidir qué decisión tomar ante la bala del hombro. También porque necesitaba un lugar donde poder hablar tranquilamente con Teresa y el despacho de su amiga iba a ser lo más tranquilo.

-Tengo unos nervios -dijo Teresa sentándose mientras se frotaba las manos.

-Teresa, cariño, voy a decirte algo que te he ocultado en la habitación para que Maca no pudiera escucharle.

-¿Qué pasa? -abrió sus ojos como platos, era la primera vez que Esther pronunciaba aquel “cariño”, desde que la conocía nunca la oyó una palabra cariñosa ni un tono tan relajado y cercano como aquel.

-Claudia ha venido para hablar conmigo sobre la resolución del caso.

Tragó saliva antes de hablar mientras Teresa con la mirada le apremiaba para que dijera lo que fuera.

-Las pruebas confirman tu sospecha, Rosario trató de asesinar a Maca. Tú tenías razón, ¿recuerdas cuándo me puse un poco celosa porque pareció que Maca reaccionaba al nombrarle a Claudia? -Teresa asintió sin poder decir una palabra ni siquiera reaccionar-. Pues, Claudia supo ver algo que yo no, lo que quizá le hizo reaccionar no fue Claudia, si no, decirle que sabía la verdad y no iba a hacer nada. Claudia sospecha que Maca pudo darse cuenta de quien disparó, quizás esa sea la razón por la que se había abandonado.

-No lo puedo creer… -musitó con un hilo de voz.

-Pero si fuiste tú quien dijo…

-Lo sospeché pero mi corazón quería evitar que fuera verdad, ¿sabes lo que eso significa para Maca? -Esther asintió con pena mientras le tomaba la mano con fuerza-. Mi pobre hija.

-Debemos estar más unidas que nunca para ayudarle, Claudia está tan afectada…

-No me extraña. ¿Y qué van a hacer?

En casa de los Wilson la incredulidad se había cobrado como la protagonista de la escena, Pedro miró a su mujer totalmente descolocado, fuera de sí, volvió a mirar a Claudia como si las palabras que acababa de decirle fueran una pesadilla.

-Eso no puede ser -murmuró poniéndose en pie-. Mi mujer…

-Su mujer ha tratado de matar a su hija.

-No… no… ¡Rosario! -aquella suplica trataba de gritar que confesara que no era verdad.

-Se lo va a contar usted, ¿o lo cuento yo? -le preguntó desafiante Rosario.

-No puede ser -musitó atónito ante el silencio que mantenía ella.

-Mi opinión es que su mujer no podía soportar la idea de que Maca hubiera descubierto la verdad, durante toda su vida la trató con distancia, con indiferencia y cuando supo algunas cosas de la que ya no era una niña, como por ejemplo su homosexualidad, se lamentó profundamente de adoptarla, pero eso se lo podía perdonar, saber la verdad… que había sido una niña robada, eso ya era demasiado. Por eso decidió actuar, total, Maca tenía tantas mujeres que podía haber sido alguna amante despechada, ¿me equivoco, Rosario?

-¡Por Dios di que no es verdad! -le rogó Pedro ante su silencio.

-No… no lo puede decir. Ese día se levantó con la seguridad de que había trazado un buen plan, Maca le había contado tantas cosas de algunos de sus casos que sabía perfectamente con actuar. Se levantó temprano antes de que llegara la chica de servicio, salió de casa vestida con ropa que nunca se pondría, nada estilosa, ni siquiera llevaba uno de sus bolsos de marca, llevaba uno grande para que cupiera todo lo que necesitaba, se colocó una peluca de media melena negra, bien lejos de su tono de pelo rubio. Llegó a casa de Maca, para su suerte, Esther se había marchado y usted ni siquiera sabía que había estado esa noche con ella. Se dirigió hacia la pistola que Maca tenía guardada ¡y esa ha sido la gran prueba!, porque nadie sabía donde guardaba la pistola excepto ustedes, porque me vino a la mente una conversación que tuvimos su hija… perdón… Maca y yo donde me confesó que les había dicho donde estaban sus cosas por si alguna vez le pasaba algo.

-No… No… No puede ser.

Pedro se levantó del sofá nervioso, se apoyó en la mesa respirando agitadamente mientras Rosario mantenía su mirada fría en la figura de Claudia.

-Cogió la pistola y el almohadón del comedor, en el fondo dudaba de si lo podría o no hacer, sin verle la cara sería más sencillo. Pero no calculó ni el buen oído de Maca ni su fuerza, por eso erró tantas veces, porque Maca se removió, luchó con todas sus fuerzas por salvarse, hasta que finalmente por los disparos cayó fulminada sobre la cama. Usted llevaba guantes para no dejar huellas, también debió de protegerse los zapatos para no dejar huella, pero en la refriega con Maca supongo que se salió del zapato y por esa razón está marcado el tacón en la zona desde la que le disparó. Después, guardó la pistola en el mismo sitio y salió de la casa cerrando la puerta. Se marchó convencida de que la había matado, cogió un taxi vestida del mismo modo, le hizo parar bien lejos de casa de Maca y de su propia casa en una cafetería en la que estaba segura no habrían cámaras por la zona que era y por lo sencillo del lugar. Ahí se cambió, debía llevar en su bolso las cosas necesarias, salió, cogió otro taxi que la dejó esta vez cerca de su casa y entró por la puerta de atrás sin que nadie la viera. Era el crimen perfecto.

-Rosario… ¡Por Dios! -le rogó fuera de sí Pedro.

-Pero aún quedaba algo más -Pedro se tapó la cara desesperado ante el silencio de su mujer-. Cuando supo que había sobrevivido, el miedo se apoderó de usted, necesitaba hacer algo más y de ahí, que viera en ese traslado al hospital la posibilidad perfecta para que no lo superara. Con Maca muerta todo sería mucho más fácil. Pero se olvidó usted de algo. Todo lo que usted no ama a su hija, lo hace Esther y Teresa, todo lo que usted no ha querido nunca a su hija, la quieren los compañeros de la comisaria que se han dejado la vida para desenmascararla.

-Rosario por favor… te lo ruego.

-¡Sí! -alzó la voz sin temor con total seguridad-. ¡Lo hice yo! Ella ha sido una desagradecida toda la vida.

-No… no… -rompió a llorar ante la mirada fría de Tur.

-Le dimos la oportunidad de crecer en una familia, ¿qué habría sido de ella al lado de su madre? ¡Una prostituta! Pero jamás lo agradeció ¿y ahora? ¡Se entera de la verdad y nos lo reprocha! -elevó más la voz-. Sale corriendo a los brazos de esa zorra.

-Pero no puede ser… no puede ser -el hombre se echó mano a un bolsillo para sacar una pastilla y tomársela.

-Iba a destruirnos, la conozco, sabía que diría al mundo que era un bebé robado ¡qué dirían de nosotros!¡Qué sería de nuestra dignidad! Acabarían a patadas con ella cuando lo único que hicimos fue salvarla de esa mala madre.

-Rosario… Rosario -el hombre seguía afectado.

Claudia y Tur la miraban con tanto odio en sus ojos, en sus venas, que ambos tuvieron que hacer un verdadero esfuerzo por controlarlo. Rosario continuó hablando con energía y convencida de su buen hacer.

-Si la mataba, si moría se acabaría su pasado… sin su pasado no habría futuro en el que hundirnos después de todo lo que hicimos por ella.

-Pero… Maca no se merece esto, no se lo merece… ¡ella tenía derecho a reconocer a su madre, Rosario! -Pedro le recriminó con fuerza.

-¿Y qué habría sido de nosotros? ¡Tú siempre has disculpado su manera de ser! ¡Siempre le has tapado todo lo malo!

-¡Por qué tú la tratabas a patadas! ¡Porque no le diste nunca amor!

-¡Yo no quise una hija que viniera de una puta! ¡Yo quería una hija que me quisiera, que me cuidara! Pero Maca nunca me quiso…

-Porque tú la descuidaste siendo niña y yo estaba tan ocupado en el trabajo que no le dimos amor.

-¿Amor? -dio una carcajada-. Nunca lo mereció. Mira lo que es, una lesbiana…

-Rosario por favor… ¿cómo has podido hacerlo? -el hombre tenía en la mirada una pena que traspasaba el alma.

-Porque iba a destruirnos. Nada más he salvado tu trabajo de años, nuestra dignidad como personas honorables que somos, nada más he salvado nuestro nombre.

Claudia y Tur habían sido testigo de los reproches de uno y otro, sin duda, ambos eran conscientes que no se habían comportado como debían. Sin embargo, aquello no era excusa para hacer lo que había hecho Rosario. Pedro trató de controlar la respiración para hacer una pregunta necesaria mientras cerraba los ojos con desesperación.

-¿Y ahora qué va a pasar?

-He hablado con Esther, así como con los chicos, para nosotros lo principal es proteger a Maca, es por eso que tenemos dos opciones, una detenerla ahora mismo o esperar a que Maca despierte y decida que hacer. Pedro resopló estaba realmente afectado.

En el despacho de Cruz, los nervios de Esther y Teresa se habían disparado al escuchar las palabras de la médica.

-No es la mejor manera de afrontar una operación, pero es necesario. No vamos a operar con anestesia general porque correríamos un grave riesgo con las lesiones pulmonares que tiene -las miró fijamente y con seguridad les dijo-. Mañana la operaremos.

-De acuerdo -asintió Esther.

-Bien. Pues ahora os aconsejo que os vayais todas a casa a descansar y mañana vengais pronto. Necesitais descansar.

-Una pregunta, doctora. Mi hija ¿por qué no despierta?

-Su estado ya le dije era preocupante, de todos modos, le estamos levantando poco a poco la sedación, De todos modos, me ha demostrado que es fuerte y va a seguir luchando.

Las tres mujeres decidieron que era mejor que Encarna y Teresa se fueran a descansar, mientras, Esther había bajado a cafetería para comprarse un bocadillo y poder cenar tranquilamente en la habitación. De vez en cuando miraba el teléfono pero Claudia no la llamaba y seguía esperando para saber que había pasado.

-Si pasa algo…

-Sí Teresa, no te preocupes y descansa.

Las dos mujeres se despidieron de las dos y Esther se quedó sola, sentada en la butaca a la derecha de Maca, estaba cansada pero no quería dormirse, no sabía si Claudia la llamaría o directamente pasaría por la habitación para hablar con ella. Los ojos se cerraban poco a poco, no podía era superior a ella y eso que se había sentado al borde del sofá para no caer en el sueño, pero ni aún así, los ojos se le cerraron mientras apoyaba el codo sobre el colchón y su mejilla derecha se acoplaba a la mano. Sin embargo entre un sueño placentero escuchó su nombre.

-Esther… Esther…

6 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 21

  1. Gracias pquimmera, sí la sensación de Maca no debe ser muy agradable, ¡pero ahí estaba Claudia para percatarse de la verdad! Esther se nos puso celosa y los celos le cegaron ante la reacción de Maca. A ver que pasa si despierta y hablan.
    Un abrazo.
    ldana

  2. ¡Hola Kris! Lo peor de toda la trama es, efectivamente, que cosas de este tipo suceden. Pero en mi caso, más que fijar el objetivo sobre Rosario, prefiero fijarlo sobre la posibilidad si Maca despierta, de ese reencuentro entre una madre con su bebé robado tantos años después.
    Un abrazo.
    ldana.

  3. Ja, ja, ja seguro que el gato!!!! Gracias Pato, debo confesar que cuesta un poco hilar todo para que se mantenga el misterio de la historia, pero también confieso que este tema me está apasionando.
    Un abrazo.
    ldana

  4. jaja…has sabido jugar con las palabras y caí redondita en la trampa pensando que otra vez Esther era sospechosa! Buena jugada.
    Puff, pobre Maca. Debió ser terrible ese momento de ver que tu madre te intentaba asesinar!!…que espanto de situación.
    Ahora a ver que le dice a Esther, tengo muchas ganas de ver una conversación aunque sea corta entre ellas.
    Gracias

  5. Como siempre me dejas sin palabras, aunque existió en todos momentos la posibilidad de que fuese Rosario, el confirmarlo y saber los motivos por lo que lo hizo es asombroso, colocar la vanidad, las apariencias sobre el amor de un hijo aunque este sea adoptado no tiene nombre, y pensar que cosas así pasan en la realidad

  6. Plass…!! Plass…!!Cuando la mayoría sospechábamos ya de Esther resulto ser Doña Rosario. Excelente como llevaste el misterio del culpable. Ahora nos queda la incógnita de quien llama a Esther, ya no me arriesgo, con vos se puede esperar cualquier cosa. Desde Maca a una enfermera o el gato de Teresa.

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