SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 23

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La cara de Cruz le hizo entender a Esther que había problemas, por eso dio dos pasos acercándose hasta ella con su rostro algo desencajado también.

-¿Qué ha pasado?

-Mira, haz el favor de tirar para dentro ¡no la puedo operar así como está de histérica!

-¿Pero qué pasa? –preguntó Teresa nerviosa.

-No para de llamarte, Esther, necesito que esté tranquila o no podremos llevar a cabo la operación, que sabes es delicada. Así que, entra.

Lo dijo tras un suspiro desesperado ante la situación que estaban viviendo en el quirófano. Esther no lo dudó, acompañó a Cruz para cambiarse lo más rápido que pudo. Fuera en el pasillo las dos mujeres se miraron sorprendidas.

-¿Qué ha pasado? –preguntó Claudia que acababa de llegar.

-Ha salido la doctora para decirle a Esther que tenía que entrar a quirófano, Maca no paraba de llamarla y no podían operarla.

-Madre mía –susurró un tanto impactada.

-¿Es normal, suele comportarse así?

La pregunta de Teresa tenía mucho más sentido del que podía llegar a captar Claudia. Maca estaba con tres desconocidas, de eso fue consciente en ese mismo instante en que los ojos de una madre aterrada la miraban con intensidad. Por su parte, Encarna no salía de su asombro, le tranquilizaba ver que Maca había reaccionado de aquella manera, eso significaba que Esther no estaba exagerando referente al amor que sentía, Maca parecía que también, de lo contrario hubiera llamado a Claudia o a la misma Teresa, pero no, había llamado a su hija. Aquello le hizo suspirar para tranquilizar su cabeza que no cesaba de enviarle pensamientos contradictorios sobre la pareja. El miedo que sentía a que para Maca su hija hubiera sido un momento de pasión y poco más, se desvanecía un poco, aún quedaban naipes en el castillo del miedo, pero la primera fila de la parte superior habían caído, y eso ya era un paso.

-Maca es muy mala enferma, pero no hasta este punto. Entiendo que su situación emocional debe ser ahora mismo un desastre, quizá para ella Esther es la única tabla de salvación que tiene. No te ofendas, Teresa.

-No, hija, al contrario, me alegro que sea así –sonrió con cierta tristeza.

-Debe de ser muy duro para ella, quien sabe, a lo mejor hasta verte a ti Teresa le supone dolor por quien le ha hecho esto. O, peor aún, dolor por haberte separado de ti.

-Es una situación horrible –susurró Claudia-. Conozco a Maca, es fuerte, muy fuerte físicamente, emocionalmente, pero hay algo que la descompone y es el tema de sus padres, siempre sintió que le hacían sentir de menos, no sé cómo explicarlo.

-No se sintió amada, querida como deben hacer unos buenos padres –le ayudó Encarna.

-Exacto. Estaba muy ilusionada con Teresa, debes estar tranquila por eso, creo que eres magnifica para Maca –le acarició con cariño el brazo-. De verdad se lo digo.

-Gracias, Claudia. La verdad que su vida y la mía han sido bastante complicadas, ambas nos merecemos esta oportunidad del reencuentro que, además, soy consciente es casi un milagro, hay tantas madres que no pueden conocer a los niños que les arrebataron.

Su voz fue tornándose cada vez más apagada por la tristeza.

-Maca ahora va a necesitar mucho apoyo y mucho amor.

-Del amor se encargará mi hija –sonrió Encarna-. Del apoyo y de la ternura de una madre lo hará la mejor, Teresa. Y de arroparlas a todas me encargo yo.
En el quirófano, los médicos estaban cruzados de brazos esperando que Cruz llegara, cuando Maca vio a Esther rompió a llorar intentando que le cogiera la mano que tenía atada con goteros.

-Shhisst shissst, ya estoy aquí –le sonrió Esther acariciándole la frente.

-Esther.

La mirada de Maca completamente aterrada provocó un dolor en el corazón de Esther, aquella mujer nada tenía que ver con la Inspectora fuerte, segura de sí misma y arrebatadora que había conocido. Le acarició la frente con dulzura, transmitiéndole calma con la mirada, aquellos ojos de Esther que era lo único que podía ver Maca. Poco a poco se iba tranquilizando, la respiración iba volviéndose más pausada, Maca notaba el peso de los párpados y se fue abandonando a un suave sueño tranquila con el contacto visual y el roce del dedo de Esther en la frente.

-Mano de santa –murmuró Cruz.

La operación duró algo más de una hora, durante ese tiempo Maca se despertó y al ver a Esther allí a su lado, volvió a dormir, nada más veía a Esther porque alrededor suyo habían puesto una tela verde que le impedía ver nada. Con los ojos cerrados la mente trabajaba a destajo, por un momento le llegaron imágenes de cuando era niña y su madre hacía que la tata la vistiera como una princesita, pudo sentir lo mismo que entonces, se sentía ridícula. Después las imágenes fueron variando, iba convirtiéndose en mujer ahogándose ante sus propios sentimientos y emociones pero nadie estaba a su lado para guiarla, para ayudarla. Su madre… su madre…

-Se está alterando, sus pulsaciones se han disparado –dijo el anestesista.

-Maca… Maca cariño escúchame…

-Esther… mi madre… mi madre…

-Tranquila, tranquila, no pasa nada cariño… Teresa está fuera esperando a que salgas de aquí, ella te quiere mucho, mi amor, te adora.

-Se estabiliza.

Nuevamente la voz de Esther logró sacarla de su pesar.
En la habitación Esther seguía a su lado, junto a Teresa y Claudia, Encarna prefirió ir a la cafetería para tomar algo para que después lo hicieran Esther y Teresa. Al salir del quirófano, Esther avisó a todas de lo que había sucedido al hablarle de su madre, por esa razón Claudia decidió tomar la iniciativa, conocía a Maca y sabía que debía solucionar cuanto antes el problema. Esther se salió para que fuera Teresa quien estuviera a su lado. Necesitaba sentirse arropada y querida, quien mejor que su madre para darle esa tranquilidad que tanto necesitaba su interior. Su amiga se acercó hasta ella y le tomó la mano. Maca estaba adormilada por los calmantes y el sedante que le habían dado. Le cogió la mano hablándole con voz dulce.

-Hola cariño, soy Claudia.

Maca abrió lentamente sus ojos al verla el gesto la delató.

-Tranquila, quiero que hablemos a través de la mano. Sé la verdad, lo sabemos todos pero no quiero hacer nada que tú no quieras. Si me aprietas una vez la mano, será un sí, si me aprietas dos, será un no. ¿Entendido?
Maca apretó una vez la mano. Teresa no apartó los ojos de ella.

-¿Te disparó Rosario? –los ojos de las dos fueron directamente a las manos entrelazadas de Claudia y Maca-. Maca… sé que fue ella, ¿sí o no?

Maca apretó una vez la mano. Confirmando lo que todas sospechaban y provocando en Teresa un temblor de barbilla que a punto estuvo de hacerle llorar. La había visto u oído por lo tanto lo que debía sentir la estaba destruyendo.

-La tengo en casa con vigilancia, estaba esperando que tú despertarás para que me digas que hacemos. ¿Quieres que te dé unos días para pensártelo?
Maca abrió los ojos y negó con la cabeza tratando de hablar.

-Tranquila, cariño, tranquila no te esfuerces, mi amor –le susurró Teresa con la voz emocionada-. Estoy aquí, estamos aquí.
Maca la miró con un ligero temblor de pupilas, cerró los ojos como si ver a Teresa le diera la paz que no encontraba en su desasosiego.

-¿Sigo? –Maca apretó la mano-. ¿Quieres que la detenga?
Teresa miró con ansiedad su mano. Notó como le apretaba una vez y sin dudarlo le apretaba otra.

-De acuerdo, iré a hablar con ella, le diré que has decidido retirar la denuncia. ¿Quieres que venga a verte?

Nuevamente dos veces apretó su mano, en esta ocasión con más rapidez.

-Bien. Pues ahora vas a hacerme el favor de tranquilizarte, ha pasado ya, vas a ponerte bien y tienes una vida maravillosa esperándote fuera de este hospital, estás rodeada por gente que te quiere de verdad –Teresa miró a Claudia tratando de retener las lágrimas que se agolpaban a sus ojos-. En la comisaría están todos deseando que vuelvas ¡hasta Tur! Maca sé que es difícil pero… si has sobrevivido a esto no es para otra cosa que para que seas feliz con tu nueva familia, metete eso en tu cabezota y olvida el resto hasta que tengas fuerzas, entonces lo enfrentaras.

Al regresar Esther, Teresa le puso al día de lo ocurrido, de la serenidad y rotundidad con la que Claudia había hablado con ella, de cómo había respondido y que desde ese momento, Maca parecía más tranquila. Esther le dijo a Teresa que bajara a la cafetería que su madre la estaba esperando. Tras un café con leche caliente y una charla de madre a madre, la mujer volvió a subir algo más tranquila.

-¿Qué tal está? –preguntó Teresa.

-No ha abierto los ojos… parece que está tranquila.

-Menos mal, espero que hablar con Claudia le haya calmado la desesperación.

Mientras tanto, Claudia había ido a la comisaría para hablar con los chicos, les había dicho que Maca había retirado la denuncia contra su propia madre, ellos no entendieron su acto pero lo respetaron. Tras agradecerles el trabajo y el esfuerzo por esclarecer todo lo ocurrido, le dijo a Tur que lo acompañara hasta casa de los Wilson. Al llegar, la sirvienta con el rostro preocupado les abrió la puerta. Los acompañó hasta la sala y les hizo esperar. Claudia divisó unas fotografías de Maca cuando era niña y alguna más de cuando era jovencita, pero ninguna de otra época, de la época en que Maca confesó la realidad de su vida y su existencia.

-Buenas tardes –les saludó un Pedro que parecía haber envejecido en un día.

-Buenas tardes, señor Wilson.

-Mi mujer… ahora baja.

Se sentó abatido en el sofá con la mirada perdida.

-¿Qué saben de mi hija?

-La acaban de operar del hombro para extraerle la bala que tenía –Pedro cerró los ojos con rabia-. De momento sigue grave aunque estabilizada.

-Hola.

La voz de Rosario sonó cortante, tanto que si hubiera podido le hubiera traspasado la yugular a Claudia.

-Acabamos de hablar con Maca, ha decidido retirar los cargos contra usted, cosa que no entendemos pero respetamos.

Rosario se sentó soltando aire, por primera vez la vieron flaquear desde que habían entrado a aquella casa.

-Pero le voy a decir una cosa –se acercó a ella Tur-. Si se acerca a ella, si le hace daño, si intenta cualquier cosa contra la Inspectora, no será ella quien responda, yo mismo me encargaré de usted. ¿Lo ha comprendido?

La soberbia de Rosario se desmoronó, las lágrimas que no habían aparecido en años, fueron capaces de hacerlo en aquel instante, Claudia la miró con distancia no le daba pena, Tur con rabia y Pedro con dolor. El manantial retenido que por años había guardado en su interior fluyó de manera abrupta haciendo que su propio llanto casi la ahogara.

-Estaré pendiente, ¡ya lo sabe! –insistió Tur con fuerza en su voz.

-Vámonos, detective.

Estaban a punto de abandonar la casa cuando la criada salió corriendo detrás y los detuvo. Claudia observó su mirada repleta de pena y miedo.

-¿La señorita se va a salvar?

-Está en ello.

-¿Podré ir a verla cuando esté bien?

-Supongo que sí –esbozó una sonrisa leve.

-Dígale que rezaré por ella.

Una vez subieron al coche, Tur le habló a Claudia con seriedad.

-Hasta la sirvienta está afligida… ¿qué pasó por la cabeza de esa maldita mujer para amargarle la vida a la Inspectora? Porque nunca va a sobreponerse de algo así.

-Entre todos debemos ayudarla, Tur. Precisamente para que esta maldita mujer no se salga con la suya.

-¿Y el huevazos del marido?

-Tú lo has dicho, un huevazos, creyó que dar caprichos a Maca era una manera de quererla, aunque de los dos quien más la ha apoyado ha sido él, pero ni aun así le dio el amor de padre que merecía.

-No quiero ni imaginarme como debe sentirse…

Claudia lo miró con afecto, dibujó una sonrisa leve en sus labios y compartió aquel pensamiento con él. Que duro iba a ser reconocer lo ocurrido.
Mientras tanto, Maca estaba en la habitación con la ayuda de los sedantes había conseguido dormirse, a su lado derecho se encontraba Teresa mirándola con gesto preocupado. Al lado izquierdo, Esther temiendo cualquier brote en cualquier momento. Ambas guardaban silencio compartían el dolor y la angustia con las miradas, se habían hecho cómplices por el bien de lo que las dos tanto querían. Parecía mentira cuando trataban de trabajo, Teresa siempre fue cercana con ella pero estricta, Esther seguía sintiendo una deuda con ella de la que no habían hablado, como si todo lo anterior a los disparos contra Maca no hubiera existido. Madame y prostituta habían quedado atrás y tan solo eran madre y mujer.

Teresa se sentó en la silla mirando el monitor que marcaba los pasos del corazón de Maca, Esther se separó hasta la ventana en busca de algo de cielo. De repente.

-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh! –el grito de Maca fue desgarrador.

-¡Maca! –gritaron al mismo tiempo acercándose a ella.

-Me ahogo… me ahogo.

Maca se había incorporado, a pesar de su posición fowler gritando de dolor mientras daba bocanadas como si fuera un pez ahogándose.

-Maca, relájate… relájate –le decía Esther mirando la pantalla del monitor viendo que las pulsaciones se disparaban así como la tensión-. Maca por favor…

-¡Ahhhh! ¡Ahhhhh! ¡Ahhhh! –los gritos ocupaban todo el espacio llegando al corazón de las dos mujeres

-¡Da a la alarma, Teresa! ¡Da a la alarma!

Gritaba Esther con las pulsaciones disparadas y el terror reflejado en sus ojos

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2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 23

  1. La recuperación física de Maca va por buen camino, la emocional y psíquica….puff.
    Pobrecita, me da una pena terrible. Acordarse de lo que la persona a la que consideras madre fue capaz de hacerte…pufff…es para volverse loca. Es algo que va completamente contra natura, irreal, descarnado.
    La psicología del personaje de Rosario no ha sido tratada casi (tal vez no es necesario) pero sin duda no está bien psicológicamente…lo que ha hecho es tan inhumano, tan fuera de toda lógica emocional que sin duda esta mujer está completamente desconectada del mundo, en una especie de esquizofrenia o paranoia
    Gracias…acá seguimos. Un abrazo

  2. Ufff, no nos das tregua, cuando pensamos todo mejora sales con una de las tuyas, pero es obvio que les queda mucho camino por recorrer, para que Maca se recupere, excelente como siempre, saludos

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