SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 24

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Perdón por la espera.

Gracias.

Con rapidez se personaron dos enfermeras y la doctora Cruz. Maca se movía compulsivamente hacia delante como si así pudiera encontrar el aire que le faltaba. Al hacerlo, un dolor intenso le llegaba desde el hombro demasiado dolorido todavía por la operación. Cerraba los ojos con fuerza aquella sensación de ahogarse le estaba haciendo perder la calma. Esther a su lado trataba de tranquilizarla pero parecía que su voz no hacía efecto.

-Déjame, Esther –le dijo Teresa apartándola con cuidado.

Una de las enfermeras sacó una jeringuilla y le inyectó en el gotero mientras Cruz desde un segundo plano observaba la escena con cierta preocupación.

-Maca, cariño… ya está mi vida, ya está, –Teresa le acariciaba la frente mientras le hablaba con voz dulce y relajada-. Ya pasó mi vida… ya.

Maca rompió en un llanto mientras Teresa la estrechaba entre sus brazos con un gesto de profundo pesar. La medicación fue haciendo efecto poco a poco al igual que las caricias, y palabras dulces de su madre. Cruz en silencio observaba cada gesto, cada respiración profunda que Maca trataba de dar para controlar aquel ahogo que le estaba poniendo al límite.

-Eso está mejor, claro que sí –Teresa se separó de ella mirándola con una sonrisa.

-Bien, ahora volveremos dentro de un rato ¿de acuerdo? –les avisó Cruz.

-Sí, doctora.

-Esther… acompáñame, por favor.

A Esther le temblaban las manos, todas eran conscientes de que los recuerdos llegarían a su mente, y no iba a ser algo fácil de manejar. Sin embargo, la templanza de Teresa en ese momento logró que la ansiedad y los miedos de Maca fueran desapareciendo poco a poco.

En el pasillo, Cruz miraba con preocupación a Esther.

-¿Estás bien?

-Estoy lo mejor que puedo, Cruz. Me encantaría poder decir que fuerte y preparada, pero me temo que no.

-Maca tiene que ser una tía muy interesante, inteligente, sexual y maravillosa para que te hayas pillado de esta manera por ella -la miraba con una sonrisa amable y dulce en los labios-. ¿Me equivoco?

-No, nunca pensé que nadie me podría llegar a querer, mucho menos a amar tras todo lo que he hecho en mi vida y a lo que me he dedicado -Cruz hizo un gesto de pena-. No, no digas nada, es la verdad da igual el motivo que tuve para hacerlo, pero lo hice.

-Supervivencia, Esther.

-Sí, sí, pero lo hice -insistió hablando entre susurros apagados-. Y entonces llegó ella y arrasó con todo y me dejó dentro de mi corazón esa semillita llamada amor, es inteligente, mucho, es dulce y tierna, es apasionada, pero sobre todas estas cosas, es una mujer extremadamente maravillosa de la cual es muy difícil no enamorarse.

Su tono de voz como sus gestos fueron evolucionando desde el desasosiego a la calma y la felicidad.

-Bien, pues entonces vamos a ponerle las pilas a tu mujer -indicó con el dedo y haciendo hincapié en la palabra.

-Se lo tengo que decir -sonrió nerviosa.

-A ver, voy a llevármela para hacerle un tac y radiografías, quiero ver como está su pulmón, como evoluciona el hombro y como tiene la herida del pecho. Quiero asegurarme de que todo sigue su curso como es debido, que estos ataques que tiene, como el del quirófano son más psíquicos que físicos. Si todo sale bien me dejareis a solas con ella para retirarle el oxígeno.

-De acuerdo -dijo mordiéndose el labio inferior con actitud nerviosa.

-En los físicos puedo ayudarla, en lo emocional puedo decirle a Clara, la psicóloga, que hable con ella, pero por lo que sé de la Inspectora, no va a querer ayuda.

-De lo emocional nos encargaremos todos, Claudia ha dicho que la van a ayudar y Teresa ya ves…

-Sí Esther, eso está muy bien, pero sintiéndolo mucho necesita ayuda profesional.

Mientras ellas hablaban en el pasillo, Teresa había conseguido que Maca dejara de llorar, la mantenía abrazada porque veía que era lo que necesitaba, podía percatarse de que pocas veces su madre la había abrazado. El vínculo que estaban creando las dos en aquellos momentos no eran conscientes de que iba a ser tan fuerte y para todo lo que quedaba de vida. Se abrazaban en silencio, en aquel momento, sobraban las palabras. Hasta que Maca encontró la fuerza suficiente para hablar.

-Pensé que tenía unos padres y realmente me odian.

-Vamos, Maca, tienes unos padres que te adoran, te lo aseguro -le dijo dejándole un beso en la frente-. Y voy a encargarme de ello.

-¿Cómo pudo dispararme? -las lagrimas volvían a brotar de sus ojos.

-Maca, Rosario no era consciente de lo que hizo, pero ahora que lo es, te aseguro que no habrá día que se lamente por ello. Es tan sencillo y complicado de entender a la vez, le entró pánico a que se descubriera la verdad, y perder todo lo que tiene por el juicio de la sociedad en la que se mueve. Creo que debió cegarse con esa idea.

-Ella nunca me quiso.

-Y no sabes lo que siento que sea así.

-Siempre hacía las cosas mal, cuando trataba de acercarme a ella -las lagrimas impertinentes y que tan poco le gustaban a Maca mostrar a los demás, se sucedían una tras otra sin remedio-, siempre tenía cosas más importantes que hacer que atenderme, crecí sola me acostumbré a que me faltara su cariño pero jamás pensé que pudiera odiarme tanto.

-El tiempo le hará ver que ha cometido una locura, y entonces encontrara el amor en su corazón, ese al que le ha dado la espalda todo este tiempo, quizás ese día se dé cuenta de lo mucho que ha perdido. Pero ahora, quiero que me prometas una cosa.
Maca la miró con una mezcla de miedo y calma, de tensión y paz.

-Quiero que asumas lo que pasó, para poder seguir hacia delante, no hay más, cariño, no puedes hacer nada más que seguir viviendo.

-Gracias por estar a mi lado -le dijo mientras le cogía la mano con cariño.

-Soy tu madre y te prometo que a partir de ahora ese amor que tanto has necesitado estará a tu lado, siempre -volvieron a abrazarse con un cariño verdadero.

Cuando Esther entró, vio que Maca estaba mucho más tranquila, adivinó por su cara que había llorado pero sabía que era lo que necesitaba.

-Hola -la saludó sonriendo-. Cruz me ha dicho que van a estar haciéndote unas pruebas.

-¿Tú vendrás, verdad?

-No, Maca. No puedo ir, pero Teresa y yo te estaremos esperando aquí.

-Claro que sí, hija -le sonrió ampliamente Teresa.

-Vale… -dijo suspirando con fuerza.

Los celadores entraron para llevarse a Maca que tras el beso en la frente de Teresa y el de Esther se perdió entre los pasillos. Su mirada estaba clavada en el techo blanco y los focos de luces que iba viendo pasar, trataba de centrarse en ellos, contaba las placas de escayola blanca que había y sabía cuando llegaban las luces. Era su particular manera de no pensar. Al entrar a una de las salas leyó T.A.C. Respiróaliviada porque odiaba las resonancias.

-¿Qué tal, Maca? -la saludó Cruz sonriente.

-Bien, bien.

-Bueno… esto no duele nada, ¿eh? Voy a ver que tal está tu interior y como está evolucionando.

-De acuerdo.

-Vas a estar sola, con lo que vas a tener cierto tiempo para pensar en una mujer que babea por ti, te lo recomiendo, pensamientos siempre positivos.

-Gracias, Cruz.

Y así fue, escuchó como se cerró la puerta y aquella máquina grande y fría comenzaba a girar sobre su cuerpo, parecía que estuviera haciéndole fotografías. Nunca le había gustado estar en el hospital, odiaba con todas sus fuerzas tener que pasar por aquello, sin embargo, quiso hacer caso a Cruz, tenía muchísima suerte, la cara de Esther apareció en su mente. Cerró los ojos dejándose llevar por los recuerdos, a duras penas podía recordar la noche que compartieron juntas, trataba de centrarse en los besos y las caricias que compartieron, pero esas imágenes se le mezclaban con otras en las que Esther parecía realmente angustiada, además de las imágenes podía percibir como si en su cerebro estuviera grabado a Esther hablándole, le decía lo maravillosa que era, lo mucho que la quería y la necesitaba. Sus labios por primera vez desde hacía algunas horas se relajaron formando una sonrisa. También le llegaron las palabras de Teresa, era todo como si estuviera guardado en algún lugar de su cerebro que le estaba ayudando a percibir el cariño. La voz dulce y tierna de Teresa mientras la acariciaba y besaba, nunca Rosario le había hablado ni acariciado así. Entonces abrió los ojos de par en par, allí estaba con algo en la cara le estaba ahogando, notó como algo rozaba su cabeza y le hacia daño, luchó por apartar el almohadón de la cara, entonces la vio, vio una pierna y un zapato de tacón, lo reconoció al instante, era su madre, ¿cómo era posible? ¡cómo! Entonces el sonido nítido de otro disparo pasó cerca, y otro más, no había tregua, la estaba ahogando por mucho que trataba de apartarse el almohadón hasta que lo notó, notó como la bala entraba por su pecho, le quemaba, le ardía podía percibir en ese instante como le estaba partiendo las venas, las arterias, la sangre. Su propia madre ¡su propia madre!

-Maca… Maca… Maca…

La voz de Cruz la sacó de su agonía, estaba jadeando, llorando, sudaba y temblaba al mismo tiempo, Cruz había detenido la prueba se di cuenta que no estaba en condiciones de seguir.

-Tranquilízate, por favor. Tranquilízate.

Estuvo perdida por pasillos, salas, máquinas durante una eternidad para ella dos largas horas para Teresa y Esther. Después de aquel nuevo ataque de ansiedad volvió la calma. Aunque su corazón seguía alterado y una angustia extraña se había colocado en la boca del estómago provocándole ganas de vomitar. Al llegar a la habitación, a Teresa y Esther se les había unido Encarna. Esperaban impacientes el regreso de Maca.

-¡Ya estamos aquí! -les anunció el celador que empujaba la cama de Maca.

-¿Qué tal ha ido, cariño? -se apresuró a preguntarle Teresa.

-Pesado, largo -se quejó Maca.

-Bueno… ya está, ya ha terminado -le sonrió Esther.

-No estoy segura, esa doctora creo que me tiene manía.

Las tres mujeres sonrieron. Maca no tenía buena cara pero sabían que lo que la esperaba a continuación iba a ser mucho más duro que todo lo que había estado haciendo hasta ese momento.

-¡Bueno, aquí está mi paciente más cansina! -le dijo Cruz entrando con papeles en su mano mientras sonreía-. Esther… esta mujer no tiene otro nombre en su mente que el tuyo.

-¡Así me gusta, mi amor!

Aquella frase provocó en Maca que la angustia localizada en el estómago desapareciera por un rato.

-Traigo buenas noticias, no dudo que como Inspectora seas la mejor pero como paciente dejas bastante que desear -le dijo mirándola fijamente.

-Veis, me tiene manía -les dijo mirando a Esther con una mirada repleta de amor.

-Te lo has ganado tú solita, el show del quirófano no me lo había montado ni los niños, guapa.

Maca cerró los ojos algo avergonzada mientras las sonrisas de todas relajaban algo el ambiente.

-Puedo confirmar que aquí la quejica está fuera de peligro. El pulmón está cicatrizando bien, la herida del pecho está reparándose con normalidad, la de la cabeza está perfecta con lo que vamos a quitarle el vendaje y el hombro hasta hace cinco minutos lo tenía perfecto. En conjunto está hecha un desastre pero fuera de peligro.

-Gracias a Dios -susurró Teresa cruzando sus manos como si rezara.

-Ahora necesito que todas se vayan y me dejen a solas con ella.

-¿Por qué? -preguntó algo inquieta, Cruz sería muy buena médica pero a ella la atemorizaba.

-Porque voy a retirarte el oxígeno y necesito que estés tranquila. Además, no vas a estar conmigo sola, estará Victoria ¿verdad? -miró a la mujer sonriente.

-Por supuesto, en las mejores manos de este hospital.

-Pues nosotras vamos a la cafetería a tomar algo y subimos.

Se despidieron de una aterrada Maca que las miraba con gesto suplicante porque no se atrevía a decir ni una sola palabra para no recibir la burla de Cruz.

Una vez salieron al pasillo las tres mujeres se miraron nerviosas, lo que pretendía hacer la doctora iba a ser complicado para Maca, pero necesario. Esther explicó a su madre que no estaba muy de acuerdo con quitarle el oxígeno, que Maca necesitaba cuanto antes respirar por sí misma para hacer funcionar el pulmón. Las heridas eran graves y cuanto antes comenzara a forzar su recuperación, antes podría recomponerse y salir del hospital.

-¿Vamos, Teresa?

-No, ir vosotras yo tengo que hacer algo urgente.

Les dijo con voz nerviosa y gesto intranquilo. Madre e hija se intercambiaron una mirada de dudas por lo repentino en lo que debía hacer, y se marcharon hasta la cafetería con cierta perplejidad.

-¿No irá a verse con Rosario, verdad? -le preguntó Encarna preocupada.

-No lo sé, Teresa tiene mucho genio, no tengo ni idea.

-¿Y si me voy con ella?

-Si quisiera que la hubiéramos acompañado nos lo habría dicho. Déjala, ella también lo está pasando mal.

-¿Sabes de lo que me he dado cuenta? -Esther la miró esperando la observación de su madre que no se le pasaba detalle-. Que con Maca despierta eres más cuidadosa en demostrarle lo que sientes. Ni siquiera le has dicho que os habéis casado, ni le has dado un beso en la boca.

-¡Mamá! -la riñó.

-Te conozco, estás controlando tus emociones ¿y sabes qué? Eso nunca ha sido bueno.

-Lo sé… pero… es que la veo tan afligida.

-Pues precisamente por eso, deja a un lado tus estúpidos miedos y actúa como hasta ahora. Mira que tardan para atenderte en esta cafetería.

Esther respiró profundamente, era cierto que desde que Maca se había despertado cuidaba cada paso que daba, cada caricia y cada palabra.

El sol había salido ese día con demasiado furor, tanto que Cruz en la habitación estaba bajando la persiana, necesitaban ver las luces de los monitores y todo el funcionamiento. Acercó el taburete hasta el lado derecho de la cama de Maca y se le quedó mirando fijamente. La Inspectora tragó saliva.

-Me han chivado que eres una mujer muy fuerte.

-Fuera del hospital, sí -dijo sin mirarla.

-Es bueno reconocer que estás cagada.

-No voy a poder respirar, me va a dar otra vez el ahogo y es una situación muy desagradable.

-Me apuesto contigo lo que quieras que no te vas a ahogar. Vas a hacer todo lo que te digamos, cuando Victoria te retire el oxígeno, vas a comenzar a respirar muy despacio, por la nariz profundamente hasta que el pecho se llene, después lo soltaras nuevamente por la nariz. La boca cerrada. Una y otra vez despacio. ¿Entendido?

-Sí.

-Vale, Victoria.

La enfermera retiro las gafas nasales de la nariz de Maca, ella cerró los ojos para concentrarse en la respiración.

-Vamos… debe ser mucho más complicado enfrentarse a un asesino -Maca abrió los ojos-. Bueno, ahora podemos charlar tranquilamente. ¿Sabes que Esther va a ser enfermera de este hospital?

Maca la miró entrecerrando los ojos tratando de mantener la respiración como le había dicho.

-¿No te lo ha dicho? -Maca negó con la cabeza.

-Puede hablar, Inspectora -le apuntó Victoria sonriendo.

-Pues fue un trato que hicimos. Ha sido la mejor enfermera de urgencias que he tenido, ¿verdad, Victoria?

-Sí, yo le enseñé aunque no sabía que estaba formando a una enfermera jefe tan buena.

-Así es. Sé todo lo que le pasó después, me lo ha contado.

-Debió pedirnos ayuda.

Maca seguía obsesionada en controlar la respiración sin hablar las miraba a una y a otra captando toda la información que le estaban dando sobre Esther.

-Eso es, lo estás haciendo muy bien, Maca. Está muy enamorada de ti ¿lo sabías?

-Maca asintió con la cabeza-. Es una tía muy legal, ¿y tú?, ¿qué sientes por ella?

Hubo un momento donde Maca perdió el control de la respiración pero no pasó nada. No le sobrevino el ahogo ni tos. Cruz y Victoria la miraban insistentemente para que hablara.

-La quiero… la quiero mucho.

-¿Lo vuestro fue un flechazo en toda regla, no?

-Sí, sí en toda regla, sí.

-¿Pero vas en serio? -la miró Cruz fijamente.

-Me estás haciendo un interrogatorio duro ¿eh?

-Bien al menos ya has pronunciado una frase completa. Contéstame, ¿vas en serio?

-Sí, claro, aunque no pienso casarme ni nada de eso… no creo en los flechazos peronecesito creer en el amor de Esther.

-¿No piensas casarte? -le preguntó Cruz con las cejas arqueadas y los ojos a punto de salir de sus órbitas.

-No, ¡me parece una chorrada! -ante la mirada de las dos mujeres tosió un poco-. Pero bueno… quien sabe más adelante.

-Más adelante… sí -Cruz suspiró-. Oye y… ¿tu madre? ¿qué crees que se le pasó por la cabeza para hacer algo tan canalla?

Cruz mientras hacia la pregunta no perdía detalle del pecho de Maca que comenzó a moverse con más rapidez.

-Ni idea.

-Nunca había tenido un caso como el vuestro, la verdad. He tenido violencia de género pero nunca algo así.

-Imagino… Me está doliendo el pecho.

-No pasa nada, tranquila -Cruz le apretó el brazo mientras la auscultaba-. ¿La vas aperdonar?

-Me falta el aire no puedo respirar.

-Si que puedes, Maca vamos… vamos… controla la respiración.

-Me ahogo.

-Aguanta, respira, respira venga…

-Tranquila, Maca -le animaba la enfermera.

El momento estaba siendo realmente delicado y angustioso.

-Vamos Maca, Esther te necesita, ¿sabes? Esther te ama con locura lo ha pasado realmente mal, no la había visto así por nadie -Cruz acarició con cuidado la frente de Maca-, valora que le hayas dado una oportunidad cuando nadie lo haría, vamos… la tienes en el bote.

Maca había vuelto a controlar su respiración, sin siquiera darse cuenta.

-¡Muy bien, Maca! Lo has conseguido.

-¿El qué? -preguntó sin saber realmente a que se refería.

-Has controlado tu respiración, tan solo has perdido el control al hablar de tu madre. Con lo que me das a entender que tu problema son ataques de ansiedad, algo que ya imaginaba. Para eso puedo hacer que la psiquiatra del hospital te eche un cable

-Victoria volvió a ponerle las gafas nasales-. Necesitas algo de ayuda para entenderlo.

-¿Cómo se entiende algo así?

-Si tuviera la respuesta, te aseguro que no haría falta ayuda de una psiquiatra, pero yo no te puedo ayudar.

Maca guardó silencio, cerró los ojos apoyando la cabeza contra la almohada como si pudiera recolocar todo en su sitio otra vez.

-Maca, no estás sola ¿vale? -Maca la miró contrayendo la barbilla asintiendo-. De momento esto va bien. Te voy a ir quitando el oxígeno, mañana te levantarán un rato al sillón y pasado trataremos de dar un paseo ¿te parece demasiado?

-No, quiero recuperarme, necesito trabajar.

-¡Ya me había avisado Esther! Te dejamos, voy a avisarle para que entren.

-Gracias, Cruz.

-De nada, has sido muy valiente esta vez.

Maca sonrió levemente, sabía que necesitaba ayuda siempre había sido contraria a las ayudas psicológicas pero lo primero que debía hacer era reconocer que sola no iba a poder. Además, tenía motivos suficientes como para luchar y olvidar aquello. Al pensar en Esther sonrió, la vida le había dado otra oportunidad, ¿por que no aprovecharla?
Mientras en la comisaría, los chicos habían empezado a trabajar en otro caso, sin embargo, en la pizarra habían dejado la fotografía de la Inspectora para motivarse. Estaban tras la pista de un soplo de droga cuando vieron entrar a Teresa. Tanto Tur como Martín se asustaron, dejaron todo sobre la mesa y salieron a su encuentro. Tras dejarlos tranquilos de que a Maca no le sucedía nada, los chicos la acompañaron hasta el despacho de Claudia. Al verla le sucedió lo mismo que a ellos.

-No pasa nada, Maca está bien, le están haciendo pruebas pero parece que todo evoluciona bien y está fuera de peligro.

-Menos mal -dijo Claudia tras un suspiro aliviado.

-Venía a pedirte un favor -Teresa se mostró nerviosa.

-Nosotros nos retiramos, tenemos que seguir con la droga -Tur captó que aquello que iba a pedirle debía hacerlo en privado.

-De acuerdo, chicos. Siéntate, Teresa. ¿Quieres tomar algo? Te noto tensa.

-Lo que vengo a decirte o, mejor dicho, a pedirte no me es nada fácil.

-Tú dirás -se sentó a su lado notaba que estaba realmente nerviosa.

-Veras… -tomó aire para decirle con voz temblorosa-. Vengo a pedirte que me ayudes a encontrar al padre de Maca.

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2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 24

  1. ¡Hola pquimmera! Me hubiese gustado colgar más seguido para que la historia tuviera su ritmo pero me es imposible. De momento yo creo que una pincelada de los personajes igual nos puede ayudar a entender situaciones y ver posibles soluciones para Maca.
    Gracias, como siempre, por leer y comentar.
    ldana.

  2. No te disculpes por tardar en escribir…las gracias son de nosotros para tí
    Maca se recuperara, no tengo duda, pero para eso necesita ayuda profesional, para algo así no es suficiente el cariño y paciencia de quienes la rodean. Maca es una tipa inteligente y lo sabe.
    Entender algo como lo que le pasó creo que es imposible…pero si puede asumirlo como un hecho consumado, hacerlo parte de su vida y…seguir adelante.

    Esperando esa escena de reconocimiento mutuo y de que le cuente que están casadas entre Esther y Maca.
    Gracias

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