SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 25

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Claudia se quedó de una pieza, notaba por el nerviosismo de Teresa que el tema le provocaba pánico, de repente, sintió que Maca tenía una familia y que quizá la decisión de acabar con su vida por parte de Rosario, iba a lograr reunir a sus padres verdaderos. Se le secó la boca pensando en la reacción de Maca.

Se levantó y cogió dos botellines de agua con sendos vasos. Abrió las botellas en silencio, su mente iba tan deprisa que no era capaz de verbalizar todas las preguntas que se agolpaban en ella.

-Gracias –le dijo Teresa.

-Tranquila, ¿crees que yo te puedo ayudar?

-Por supuesto –contestó con rotundidad-. Verás… el padre de Maca era Inspector de policía en Gijón. No debe ser difícil encontrarlo.

-¿Inspector de policía? –repitió impactada.

-¿Tienes un rato para escuchar mi triste historia?

Claudia entendió que la madre de su mejor amiga necesitaba hablar, ella tenía trabajo pendiente pero ayudar a Teresa significaba ayudar a Maca. Se levantó para cerrar las persianas que tenía en sus ventanas dándole intimidad a la conversación, sobre todo, tranquilidad a la mujer que en aquel instante se frotaba las manos nerviosa.

-Tú dirás.

-Voy a tratar de sintetizar mi historia, no es muy agradable de recordar pero sé que algún día tendré que enfrentarme a ella, para contársela a Maca. A los quince años mi madre nos abandonó a mi hermana y a mí, se fue dejándonos solas en una casa llena de cucarachas, la nevera vacía y mucho miedo. Alguna vecina nos estuvo ayudando pero al final se olvidaron de nosotras. Tuve que hacerme cargo de mi hermana, así que decidí marcharme de allí buscando algún pueblo donde pudiéramos alojarnos, no tenía mucho dinero apenas para un billete de autobús que nos llevó a un pueblo cercano de Madrid. Traté de conseguir trabajo como empleada de hogar pero mi primer trabajo resultó bastante desagradable. Yo tenía dieciséis años, él cincuenta y cuatro, la primera vez me violó y me aseguró que si no decía nada a su mujer, por cada vez que hiciera lo que se le antojara conmigo me daría dinero a escondidas. Aguanté hasta que tuve suficiente dinero como para irnos a otro lugar, allí entré directamente en un club de alterne, era jovencita bastante agraciada. Traté de que todo lo malo me pasará a mí para poder salvaguardar a mi hermana.

Claudia la escuchaba con el gesto de impacto marcado en su rostro, aquella historia le hacía ver la dureza de su vida. Sabía que Maca la entendería sin juzgar.

-En aquel club hicieron una redada, nos llevaron a comisaría. A mí momentos antes un desalmado me había golpeado la cara, cuando Alfredo, que era policía, me vio sangrar me llevó a parte en un coche policial hasta la casa socorro, era un joven parco en palabras pero una mirada tan intensa y clara que podías sentir su apoyo incondicional. Tras curarme, me llevó hasta la comisaría para tomarme declaración, por el camino me puse a llorar. Al preguntarme porque lloraba le dije que por mi hermana que estaba sola en casa. Sabía que ese hombre no me haría nada malo, confíe en él desde el primer momento y, cuando Esther me contó su atracción por Maca, me recordó a mi propia historia. Aquella noche recogí a mi hermana y nos fuimos a su casa. Durante mucho tiempo estuve allí refugiada, enamorándome de él poco a poco, hasta un día que dimos el paso, y nos dijimos lo que sentíamos. No le importó lo que había sido, en ningún momento vaciló, me amó puramente. Me cuidó, me hizo sentir una reina en su reino.

Claudia notaba la emoción en la voz de Teresa, por un momento le parecía increíble la historia, estaba casi recitando la de Maca y Esther. Porque ella sabía que Maca había encontrado a Esther, y la convertiría en su reina.

-Todo iba bien, yo no quería salir con él porque estaba estudiando para ascender, no quería perjudicarlo, mi hermana estudiaba y parecíamos una familia repleta de felicidad –sonrió con una dejadez total de melancolía-. Alfredo se presentó a las oposiciones, y las aprobó. Aquel día vino con una botella de champán del más caro, una langosta, y su rostro repleto de felicidad. Había aprobado y nos trasladaban a Gijón. Cenamos felices, divertidos haciendo planes, entonces sacó una cajita con un anillo para pedirme matrimonio. Le dije que sí porque no quería amargarle la noche, pero al día siguiente cuando se fue, recogí algunas cosas, a mi hermana y nos fuimos.

-¿Por qué? –preguntó Claudia con la tristeza marcada en la mirada.

-Porque lo único que podía hacer por él, era provocarle problemas. Él era un hombre maravilloso yo había sido una prostituta, no era la mujer que se merecía. Pensaba que si salíamos por ahí, algún hombre que había sido mi cliente podría vernos y provocar en él un problema, a parte de la vergüenza. Me escondí para que no me localizara, a las dos semanas de marcharse me di cuenta que estaba embarazada.

-Madre mía –Claudia cerró los ojos impactada.

-Pensé tengo a la niña y después me tragaré la vergüenza para buscarlo, para decirle ésta es tu hija. Sabía que tenía todo el derecho del mundo a saber de la existencia de mi niña. Cuando estaba a punto de dar a luz, lo localicé. Sabía dónde estaba pero no quise saber nada más. Lo único que haría sería decírselo para que lo supiera y tuviera sus derechos como padre. Después todo se torció… y la historia ya la sabes.

-¿Y por qué en ese momento sabiendo donde estaba no buscaste su ayuda?

-¿A quién iba a creer a una prostituta o a una monja? Me habían dicho que mi hija había muerto, ellos le dirían que había muerto al nacer y el resto eran locuras mías, de una mujer desequilibrada y, además, una prostituta que le iba a dar una mala vida a la niña.

-Qué triste, Teresa.

-Después mi hermana acabó la carrera y se fue a Londres, al menos algo en mi vida salió bien. Hasta ahora que he recuperado a mi niña –una sonrisa repleta de ilusión se dibujó en su rostro-. Y es injusto que Alfredo no lo sepa.

-¿Cómo crees que va a reaccionar?

-No creo que la vida le haya cambiado mucho –sonrió como si pudiera ver su reacción-. Dependerá si está o no casado, pero aunque así sea vendrá el mismo día que se entere, vendrá.

-¿Y contigo?

-No lo sé, me da mucho miedo –le cayó una lágrima-. Han pasado más de treinta años y no lo olvidé ni un solo día de mi vida, pero no sé si llegó a perdonarme por lo que hice, soy consciente del daño que le provoqué y lo que debió sufrir y, lo que es peor, no sé si me perdonara por ocultarle la existencia de su hija.

-Pues habrá que averiguarlo ¿no crees? –le sonrió apoyando su mano sobre la de Teresa que agradeció el gesto cogiéndose a ella.

-Maca necesita ahora mismo una estabilidad, no quiero sustituir a sus padres, pero ahora, necesita saber que tiene una madre y un padre que la adoran y están dispuestos a luchar por ella. Una vez supere este tremendo golpe que se ha llevado de la vida, quizá pueda llegar a perdonar a Rosario, pero mientras tanto vamos a darle todo nuestro amor.

-Gracias, Teresa. Creo que la vida en estos momentos os está devolviendo a los tres una oportunidad maravillosa para ser felices. Maca os necesita y os va a necesitar mucho más.

-Lo sé.

-No tengas miedo, estoy segura que Alfredo lo va a entender.

-No tengo miedo, tengo pánico.

Tras decirlo, Claudia la abrazó sintiendo que por primera vez veía a alguien que realmente le recordara en gestos a Maca, siempre se preguntaba a quien se parecía, sobre todo, cuando veía a Rosario. Suspiró con fuerza, era el momento, lo que ella necesitaba. A pesar del sufrimiento de Teresa, le daba las gracias por ser valiente y tratar de darle a su amiga la estabilidad y una alegría inmensa cuando supiera que su padre era, Inspector, como ella.

Mientras en el hospital, Maca había descansado un buen rato, al abrir los ojos sintió el pinchazo agudo en el hombro. Instintivamente miró hacia su derecha que era el lugar que ocupaba Esther, pero no la vio, buscó a la izquierda pero allí tampoco estaba.

-Hola Maca, ¿qué tal estás? –la saludó Encarna.

-Bien… bien… -contestó algo confusa.

-Mi hija ha salido un momento, pero en seguida vuelve. ¿Cómo te encuentras?

-Me duele un poco el hombro pero lo puedo soportar.

-Bien –le sonrió sentándose a su lado-. Poco a poco, Maca.

-Gracias por estar aquí –le dijo sonriéndole.

-¿Y por qué me dices eso? –la miró realmente extrañada.

-Bueno… digamos que no la traté demasiado bien en nuestro encuentro en la comisaría.

-¡Oh, vamos! –se quejó con el ceño fruncido.

-Lo siento, de verdad.

-¿Pero qué sientes? Salvaste a mi hija cuando nadie creía en ella, has hecho que vuelva a sonreír, que tenga una ilusión en la vida y hasta que vuelva a trabajar como enfermera. ¿Eso es lo que sientes?

Maca sonrió sonrojándose.

-Mira, en aquel momento me demostraste que tenías corazón, hacías tu trabajo pero debajo de esa fachada ruda, había un corazón. Mi hija no se ha enamorado muchas veces en su vida, ¿sabes? Y me siento muy culpable de lo que le sucedió –tomó aire mostrándose nerviosa-. La abandoné aquí cuando me confesó que era lesbiana, no lo hice nada bien. Como no me gusta esta ciudad, ni el ruido, ni los coches me fui a mi pueblo buscando la paz y ese dicho de… “ojos que no ven corazón que no siente”. Mientras no viera a mi hija con una mujer, no sufriría. Le di la espalda y me siento culpable por ello. Así que si hay alguien que siente como se ha comportado con Esther, soy yo. Y si alguien debe dar las gracias por el trato que ha recibido mi hija por tu parte, esa soy yo. Te debo dar las gracias porque no sé qué pasará cuando salgáis de aquí, pero sé que mi hija se ha enamorado de ti con el alma.

-¡Estás despierta! –apareció Esther sonriente al ver que Maca miraba hacia su madre con gesto impactado se apresuró a preguntar-. ¿Qué pasa? ¿Te ha dado mucho la tabarra mi madre?

-No, ¡qué va! –sonrió mirando a Esther-. Estábamos hablando.

-¡Esta hija mía siempre creyendo que soy una charlatana! ¡No sé a santo de que tiene esa visión de su pobre madre! –le sonrió ampliamente a Maca.

-¡Venga, mamá!

-Bueno, ahora la que se va soy yo.

Besó en la frente a Maca, gesto que la sorprendió y se despidió de su hija con una sonrisa.

-Te quiero, mamá –le susurró abrazándola.

-Y yo, mi niña. Habla con ella –le dijo al oído cuando se despedía.

Al quedarse solas por primera vez, ambas sintieron que algo extraño sucedía. Esther sintió como los nervios se apoderaban de su estómago, Maca desarrolló una necesidad salvaje de que la abrazara. Manteniendo la sonrisa Esther se sentó a su lado en el taburete.

-Tienes la sonrisa más maravillosa que he visto nunca.

-Pues tú no te quedas atrás –le respondió Esther mirándola con los ojos repletos de ternura.

-Abrázame, por favor.

Fue una petición por parte de Maca que podía haber sido solicitada por la misma Esther. Se acercó hasta la cama y con cuidado de no estirar ninguno de los cables que llevaba Maca en su brazo, la abrazó pasando delicadamente su brazo derecho por debajo del cuello de Maca, Esther tomó aire como si necesitara toda aquella fuerza para restarle a la Inspectora el miedo, las dudas y la pena. Por su parte, Maca al sentir el contacto de la piel de Esther cerró los ojos notando como el corazón cabalgaba a toda velocidad, era la primera vez que se sentía a salvo, aquellos brazos, el fino y cuidadoso beso que le dejó en la frente, el tacto… fue una mezcla de sensaciones, emociones, sentimiento y debilidad.

-Voy a estar aquí, Maca… estaré aquí si tú quieres que esté.

6 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 25

  1. Gracias a ti pquimmera, por seguir y por tener ganas de ver esa conversación. A ver que se dicen…
    ldana

  2. Gracias Mª Jose por seguir la historia, Teresa es un personaje que tiene mucho que decir.

    ldana.

  3. Me gusta mucho que se vaya viendo la personalidad y motivaciones de algunos personajes más. Que conozcamos la historia de vida dura de Teresa hace que entendamos mejor el entorno de Maca.

    Deseando ver “esa conversación” entre Maca y Esther 🙂
    Gracias por seguir por acá

  4. Gracias por actualizar! Como ya he dicho un monton de veces, esta historia tiene algo que engancha. y es que la escribe una de las mejores escritoras!! GRACIAS, de verdad…

    estoy deseando que Esther y Maca hablen…

    Lo de Teresa me parece una muy buena idea…

    Besos

  5. Buenos días, poco a poco Maca se recupera, pero Esther no debería esperar más para decirle que están casadas, gracias por el tiempo que te tomas para seguir con la historia, saludos un abrazo

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