SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 26

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Dos golpes en la puerta hicieron que las dos se separaran con cuidado, Esther la miró con una pequeña sonrisa que trataba de animarla.

-Voy a ver quién es -le dijo acariciándole la cara con suavidad. Maca asintió con un suspiro prolongado.

Abrió la puerta, y allí vio que estaban los dos detectives con un bonito ramo de flores. Esther sonrió ampliamente, los hombres le preguntaron si podían pasar, si Maca estaba en condiciones para poder verla, Esther les pidió un momento para preguntarle a ella.

-Maca, están ahí tus hombres -le dijo sonriendo mientras abría los ojos.

-Pero debo estar fatal -le dijo con gesto de susto.

-Estás viva, y créeme que es mucho más de lo que todos creímos que ibas a estar.

-Arréglame un poco.

-Claro, señora presumida.

Dentro del estado en el que estaba le arregló lo que pudo el pelo, la sábana la puso tapando los cables que salían de su pecho y subió la cama hasta dejarla en una posición más elevada. Maca la miró aterrorizada pero en el fondo tenía tantas ganas de verlos que asintió cuando estuvo preparada.

-Adelante, chicos.

Los dos detectives se miraron como si así pudieran encontrar la fuerza para sobreponerse a la visión de una Maca tan diferente de la que ellos estaban acostumbrados. Esther les sonrió como si con su sonrisa les pudiera transmitir el ánimo que veía por su mirada les faltaba.

-Inspectora -la saludó Tur con seriedad pero alegría quedándose a los pies de la cama.

-Hola detectives.

-Le hemos traído este ramo -le dijo Martín con una sonrisa nerviosa.

-Muchas gracias.

Maca sonrió agradecida por el gesto de aquellos dos hombres con los que día a día compartía tantas vivencias.

-La echamos de menos, Inspectora -le dijo, Martín.

-Bueno, antes es el peloteo a preguntar cómo se encuentra -agregó Tur con su tono agrio de siempre lo que arrancó una sonrisa a Maca y Esther-. Nos alegramos de que esté mejor.

-Gracias, la verdad que yo también echo de menos estar a su lado.

-¿Sabe que nos tiene para lo que necesite, verdad? ¡A los dos! -le dijo con rapidez mirando a Tur.

-Lo sé, quisiera darles las gracias por haber respetado mi decisión.

Ellos se miraron algo nerviosos porque Claudia les había repetido hasta la saciedad “nada de hablar sobre lo ocurrido”, además, de haberle dado su palabra de que no mencionarían el tema.

-Ya veo que Claudia les ha prohibido hablar del tema -sonrió Maca.

-Así es, Inspectora -respondió solemne Martín.

-Bueno… pues de todos modos yo quería agradecerles su trabajo y respeto.

-No digas nada más, Martín, que ya estás siendo un poco vomitivo con tu peloteo. Inspectora, durante estos días que nos ha tenido con el alma en vilo, he tenido tiempo de pensar en nuestra relación -Esther se quedó mirando a Tur aturdida no estaba segura de lo que iba a decir y carraspeó como si así pudiera dar a entender que Maca no estaba en condiciones de pelear-. He sido un perfecto gilipollas y quería disculparme por mis salidas de tono.

Maca sonrió de oreja a oreja, más que por sus palabras por el gesto de Martín y Esther.

-Le acepto las disculpas aunque, la verdad, no me gustaría que cambiara y se volviera usted también un pelota. No sería lo mismo sin sus vaciladas.

-Oh, no, claro me refería a mis salidas de madre respecto a que usted es lesbiana, a lo demás, por supuesto seguiré como siempre.

-Algo es algo.

-Bueno, pues nosotros nos retiramos que usted está delicada y debe tener tranquilidad, más tarde pasarán Roberto y Ruperto.

-Muchas gracias por su visita ¡y por maravilloso el ramo! -dijo Maca sonriendo.

-De nada, Inspectora, ¡la estamos esperando! Échele ganas.

-Por supuesto Martín. Y gracias, de verdad.

Los hombres inclinaron levemente la cabeza y se marcharon con una pequeña sonrisa, al salir al pasillo Martín se quedó mirando a Tur con gesto de espanto.

-¿Qué te pasa?

-¡Pero tú estás loco! ¿Cómo le dices semejante cosa?

-Le he dicho la verdad, es algo que me carcomía por dentro y no me apetece que me salga una úlcera. Voy a respetar que es lesbiana… ¡ahora ha sentado la cabeza, pelota!

-Pero… pero…

Tur dio una carcajada y echó a andar, Martín iba detrás haciendo aspavientos y renegando por su actitud.

Dentro en la habitación, Esther tampoco salía de su asombro.

-Tur es así, es un perro ladrador pero poco mordedor, aunque, a veces es cierto que se pasa bastante y me saca de mis casillas.

-Me ha sorprendido -le dijo mientras se sentaba en el taburete mirando la hora.

-¿Tienes prisa?

-¿Yo? -la miró sorprendida.

-Como miras el reloj -le dijo haciendo un gesto de dolor al moverse.

-No, es que debo retirarte el oxígeno.

-¿Otra vez?

-¿Quieres que venga Cruz?

-¡No, no! Esa médica amiga tuya me tiene entre ceja y ceja -Esther dio una carcajada-. No te rías, es verdad, aunque… mejor dicho… ríete, me encanta verte reír.

-Venga… voy a retirarte el oxígeno.

-¿Estarás aquí, verdad?

-Sí, sí, claro y charlamos.

-Vale.

Maca lo dijo con un susurro y una voz repleta de ternura, tanta que Esther no pudo reprimir una sonrisa y sonrojarse.

-Ahora ya sabes… tienes que respirar de manera tranquila.

-Dame la mano -le pidió realmente asustada.

-Claro que sí.

Esther le cogió la mano mientras suspiraba con fuerza, realmente no sabía porque estaba tan asustada, pero todo le había llegado de golpe, porque desde que se había despertado Maca, no hacía más que pensar que era lo que pasaría entre ellas. ¿Aquella noche Maca habría sido sincera con ella? ¿Le había ofrecido irse juntas a París de verdad?

-¿Lo hago bien? –Maca rompió con la pregunta sus pensamientos.

-Lo haces muy bien -le sonrió.

-¿No vas a contarme que has decidido ser enfermera de este hospital?

-Claro, es una buena noticia. Lo he soñado tantas veces que creo se ha hecho realidad por pesada.

-¿Crees en esas cosas?

-¿En que lo que sueñas se cumple? -Maca siguió respirando-. Sí, creo que si repites muchas veces cómo quieres que sea tu vida, finalmente, lo consigues.

-¿Y cómo quieres que sea tu vida?

Maca le estaba acariciando lentamente la mano, lo hacía con el dedo índice volviendo loca a Esther.

-Pues… me encantaría que fuera con una mujer maravillosa a mi lado.

-¿Ah sí? -enarcó juguetona la ceja izquierda.

-Sí, que tuviéramos una casita pequeña pero confortable, ¡ah! Muy importante, con un perro.

-¿Un perro? -la miró sorprendida.

-Sí, me vuelven loca.

-¿Qué más?

Esther sonrió divertida.

-Me gustaría tener un hijo, pero eso ya es una responsabilidad muy grande.

-Sí, ¡y el perro también, eh!

-También, también -se miraban a los ojos suspirando-. ¿Y tú? ¿Cómo has soñado que sea tu vida?

-No lo sé -elevó los hombros con cierto desdén-. No sé si sería capaz de tener una relación seria, nunca he creído en el amor duradero… ni maravilloso de las películas, más bien dejo que la vida me sorprenda.

-Ah -no pudo evitar cierta decepción ante sus palabras.

-¡Y creo que me ha sorprendido bastante! -sin querer su rostro se puso tenso.

-Maca…

-Lo sé, lo sé… tengo que superarlo… lo sé.

-Creo que sería buena idea que hicieras caso a Cruz y te dejaras ayudar.

-Sí, también lo sé -suspiró con fuerza haciendo un gesto de dolor.

-Tranquila, es normal, al principio cuesta un poco hacer las espiraciones profundas. Tienes que ir poco a poco, pero lo estás haciendo muy bien.

-¿Sabes? Desde que he despertado estoy esperando que me digas las cosas tan bonitas que me decías cuando dormía.

A Esther aquella frase la dejó fuera de juego.

Mientras ellas hablaban, Claudia en la comisaría había estado haciendo unas llamadas, sorprendida se enteró que el padre de Maca había sido un condecorado Inspector de policía que se había jubilado para irse a vivir Lastres. Un compañero le había facilitado su número de teléfono y sin pensarlo mucho lo llamó.

-Buenas tardes, ¿Inspector Alfredo Domínguez? Le habla Claudia Castilla capitana de la comisaría de Madrid. Verá tengo una información para usted que es un tanto delicada y me gustaría saber si estaría dispuesto a venir a Madrid, se trata de algo relacionado con Teresa Montoro -al otro lado hubo un largo silencio-. ¿Inspector? Claro, le insisto en que es un tema delicado y preferiría hablarlo con usted cara a cara. ¿Ella? -Claudia miró a Teresa que estaba mordiéndose literalmente los dedos-. Pues… podría, sí, claro. Gracias, este es mi número de teléfono personal, puede localizarme en él. Hasta luego, gracias.

Claudia colgó el teléfono mirando sorprendida a Teresa.

-¿Qué ha dicho? -los ojos de la mujer estaban abiertos como platos.

-Que va al aeropuerto, y cogerá el primer avión que salga, en unas horas está aquí.

-Dios mío… -a Teresa se le llenaron los ojos de lágrimas y el corazón de miedo.

-Me ha preguntado si estarías tú.

-Claro… ni se imagina…

-Debes hablar tú con él.

-Sí, sí… Voy a prepararme para sus reproches. Será lo mejor –trataba de controlar la respiración porque notaba como habían subido los latidos de su corazón.

-Todo irá bien, si ha sido escuchar tu nombre y quedarse el pobre en silencio como si le hubiera dado algo.

-Es que le va a dar… le va a dar…

-¿Quieres hablar con él aquí o cuando me llame le digo que vaya al hospital?

-Aquí, creo que será lo mejor, ¿no crees? No vaya a ser que se asuste y salga corriendo, quiero que cuando entre en la habitación de Maca lo haga seguro, no podemos decepcionarla más.

En la habitación de Maca el sol llenaba todos los rincones, para Esther era como si aquella luz la enfocara toda, había llegado la hora de la verdad. Tras morderse el labio inferior a la par que trataba de sonreír, era su manera de darse ánimos ante la charla con Maca.

-¿Sabes una cosa, Maca? Me he pasado la mayor parte de mi vida teniendo miedos,
miedo a lo que me pudiera pasar, miedo a quedarme sin trabajo, a perder a la mujer de mi vida, a quedarme en la calle y… todos esos miedos se convirtieron en realidad. ¡Y eso que yo me empeñaba en ser positiva! Pero el miedo a perder era mayor que mi lado positivo ¿Recuerdas la noche que pasamos juntas?

-Perfectamente –le guiñó el ojo divertida. Esther sonrió-. Eso no se puede olvidar.

-Pues cuando me fui de tu casa, que maldita la hora lo hice.

-No digas eso –Maca frunció el ceño con gesto de pena por su frase-. Quizá si te hubieras quedado hubiera sido peor.

-Nunca lo sabremos…

Esther miró a Maca tratando de evitar más sufrimiento. Por ese motivo agregó con rapidez tomándole nuevamente la mano y sonriéndole.

-Cuando me fui de tu casa, cogí a mi madre y hui. No quería estar cerca de ti porque me dabas miedo, sin embargo, cuando vi en las noticias lo que había pasado, me di cuenta que estabas en mi corazón de una manera insistente, que huir no iba a solucionar mi problema, me repetía una y otra vez tratando de grabármelo en la cabeza, solo he sido un rato de desfogue, nada más.

-Eso no es verdad –le dijo Maca soltándole la mano y acariciándole la barbilla.

-Por eso quiero ser valiente ahora, por primera vez en mi vida –le sonrió con una ternura infinita-. Todo este tiempo que has estado tan mal, para mí ha sido una prueba. Me he preguntado porque me sentía tan mal al verte así y la respuesta es sencilla, te quiero. Me he enamorado de ti. Sé que puede ser una locura, nunca creí en los flechazos pero… contigo todo es diferente. Por ese motivo pensé que una manera de estimularte cuando estabas en coma era esa, decirte lo que sentía de verdad mi corazón. Podría decirte muchas cosas, palabras bonitas y todo eso, pero, es muy sencillo… Te amo. Por eso salí corriendo.

-¿Y ahora vas a volver a salir corriendo? –le preguntó sonriéndole.

-No, al menos que tú me digas que lo haga y, aun así, no estoy segura que me fuera de tu lado.

Ambas sonrieron ante su comentario.

-Recuerdo pocas cosas, pero tus palabras están ahí en mi mente, cuando desperté tu voz me acompañaba. Y cuando abro los ojos necesito verte aquí. Es pura necesidad. Nunca me he enamorado porque no he creído en eso, cuando te decía antes que no creo en el amor romántico, es cierto, no creo. Creo en la compañía, en recorrer un camino junto a una mujer que me llegue al corazón, es tan sencillo como lo tuyo, te quiero. No soy de florituras ni de correr, aunque nunca he tenido nada en serio. Me da pánico el compromiso.

-A mí también –a Esther le entraron los nervios con eso de que Maca no era de correr-. Hay algo que sí me gustaría preguntarte.

-Si es sobre tu pasado, no me importa.

-Maca es fácil…

-Esther… -la cortó con rotundidad-, yo también he pensado mucho las cosas, intento ser realista y consecuente con todo lo que hago. Cuando viniste a casa, yo ya sabía que lo que sentía por ti era mucho más que deseo. Por eso te dije que me acompañaras a París. Sé cuál ha sido tu vida soy consciente de ello, pero no me importa. Conozco a la gente, sé distinguir quien es una buena persona de una mala, mi trabajo me ha enseñado a ello. Y desde el principio supe que tú eras una buena persona. Y a mí –le cogió la mano dejándole un beso suave en el dorso-… es lo único que me importa.

Esther sonrió y Maca con cuidado tiró de ella para que le besara. Después de muchas horas de sufrimiento viéndola luchar por vivir, por fin, podía constatar que sus sentimientos no eran únicos, que el corazón de la Inspectora tenía el mismo sonido en cada latido que daba que el suyo, amor. El beso fue al principio tímido, leve, los labios se unieron de una manera sutil, al separase su mirada fue cómplice llena de ternura, una sonrisa maliciosa dibujó el rostro de Maca quien volvió a atraer a Esther para en esa ocasión entregarse a un beso más íntimo, más pasional.

-Maca… Maca… -le dijo deteniéndola.

-¿Qué?… ¿Qué? –respondió jadeante.

-Estás recuperándote… no puedes hacer excesos –le decía sonriendo sin parar.

-Esto me cura más que nada.

-Aún hay algo más que debo contarte.

-¿Más? –enarcó una ceja divertida.

-No sé cómo te lo vas a tomar.

-Dímelo, solo así lo sabrás.

-Nos hemos casado. Estamos casadas ante notario.

Maca transformó su expresión, la sonrisa se borró de golpe marcándose el gesto serio en ella.

En comisaría, Teresa había terminado con la tila. Había preferido esperar allí a Alfredo, necesitaba más que nunca poder recuperar a aquel hombre para la causa de Maca, ella necesitaba un padre y estaba segura que tenía al mejor. Había hecho de todo, sacar galletas de la máquina de la comisaría, chucherías, caminar por la acera de la calle, hasta sentarse observando como trabajaban Tur y Martín que de vez en cuando la miraban algo contrariados porque no sabían muy bien que hacía allí. Claudia la había acompañado en algún momento, lo mismo que Ruperto que había compartido con ella un café y palabras sobre el pasado. Incluso Roberto había salido a darle un poco de conversación diciéndole lo mucho que admiraba a Maca. Hasta que llegó el momento.

-Teresa, Claudia dice que vayas.

-Gracias, Martín –llegó al despacho con los ojos abiertos como platos-. ¿Ya?

-Sí, está subiendo.

-Dios mío –murmuró con miedo.

-Todo va a ir bien –le sonrió tratando de transmitirle fuerza.

La puerta del despacho se abrió tras unos golpes en el cristal. Claudia le había dado paso poniéndose en pie, no lo podía remediar ella también estaba nerviosa. Al ver al Inspector delante de ella, por primera vez en su vida pudo encontrar los rasgos de Maca en el rostro de su padre. Su mirada, su gesto serio. Le impactó ver ante ella aquel hombre alto, con el pelo canoso y un bigote con perilla que lo hacía un tipo interesante. La tez morena, vivir en la zona costera le permitía tener ese bronceado. E indudablemente se notaba por su porte que era policía.

-Buenas tardes, Inspector Domínguez. Mi nombre es Claudia Castilla.

-Encantado –se estrecharon la mano-. ¿Y bien?, aquí estoy.

-Gracias por venir, lo primero –los ojos de aquel hombre eran tan iguales a los de Maca que Claudia se sintió un poco intimidada-. ¿Teresa?
El hombre al escuchar que la llamaba, sintió un escalofrío en su piel. Se giró con cuidado como si al hacerlo rápidamente pudiera romper el momento. Al verla, sus ojos se entrecerraron de una manera tan violenta que Teresa sin poderlo evitar dio un paso hacia detrás.

-Les dejo solos.

Claudia se fue sintiendo la tensión que había entre ellos, hacía exactamente treinta y cinco años que no se veían, toda una vida. Entre ellos habían demasiados capítulos sin cerrar, el gesto de Alfredo era tan duro que Teresa dudaba de si se quedaría a escucharla. El hombre tomó aire sacando pecho en actitud defensiva como si esperara una explicación. Realmente, estaba esperando todo ese tiempo una explicación.

-Hola Alfredo.

-¿Qué quieres? –le preguntó con frialdad.

-Te necesito, te juro que no te hubiera molestado si no fuera algo tan importante.

El hombre la miró fijamente con el ceño fruncido. Teresa tomó aire y le dijo lo más segura que pudo.

-Alfredo, tienes una hija, tuve una hija y te necesita.

3 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 26

  1. Estas dos han empezado al revés…primero se enamoraron y ahora si están conociendo, aunque en realidad ¿quién dijo que había que seguir los mismos pasos siempre para enamorarse? A Maca por lo menos le va a sorprender…seguramente no será algo que le guste en principio, parece bastante más pragmática o, tal vez será solo cuestión de tiempo.

    Tengo muchas ganas también de ver esa conversación entre los padres de Maca…me intriga su padre y la imagen que Teresa tiene de él.
    Gracias 🙂

  2. Gracias, Kris por estar aquí. Creo que algún personaje nos va a sorprender. Lo dejo ahí.
    ldana

  3. Después de la calma viene la tormenta, a Maca como que eso del estar casada no le cayó muy bien…Tanto Esther como Teresa tendrán que dar muchas explicaciones. Excelente la forma como pasas de una trama a otra dentro de una misma historia, gracias por tu tiempo saludos

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