SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 27

PhotoGrid_1445514149258

La mirada de Maca causó un repentino dolor de estómago en Esther. Le impactó verla así y, por ese motivo, trató de explicarse con rapidez, tanta que empezó a tartamudear.

-Bueno… La verdad… que nos casó un notario… y es muy sencillo… separarnos.

-Yo no recuerdo haber dicho que sí -hablaba frunciendo el ceño con gesto serio.

-Fue… Fue un poco aquí te pillo, aquí te mato -sonrió nerviosa-. Es que… Verás… A ver si te lo explico.

-Eso, explícamelo -la miraba de manera insistente.

-Fue lo único que se me ocurrió para poder retenerte aquí, tus padres querían llevarte a otro hospital -hablaba nerviosa mientras había soltado la mano de Maca y una vez las había juntado entre sus muslos, trató de tomar aire para tranquilizarse-. Y tú habías firmado el papel de últimas voluntades, había que desconectarte del respirador, parecía que todo era una locura y te iba a perder, entonces se me ocurrió que podríamos casarnos.

-¿Y cuando dije que sí? -preguntó sin apartar la mirada de sus ojos.

-Me estas poniendo nerviosa, Maca.

-¿Yo? –enarcó las cejas como si, realmente, se sorprendiera.

-Sí, parece que me estás interrogando. Yo no sabía que no querías casarte.

-¿Pero dije que sí? –insistió sin apartar sus ojos de los de Esther.

-No -dijo abatida cerrando los ojos.

-¿Hiciste algo ilegal?

-Sí, hablé con Cruz le pedí que me ayudara, ella, la enfermera y el notario colaboraron conmigo, hablé con el sacerdote del hospital… Pero claro él no podía aunque entendía lo que trataba de hacer.

-Ya veo… ¡Una ilegalidad como la copa de un pino! -la miró de modo reprobatorio.

-A ver Maca… No podía dejar que te llevarán, hice un montón de cosas ilegales, y puse en juego la profesionalidad de todos… Pero era eso, o perderte.

Maca la miró nuevamente con actitud sería. Antes de que dijera nada la puerta se abrió y apareció Claudia.

-Hola chicas, ¿qué tal?

Por sus gestos pudo percatarse que algo acababa de ocurrir.

-Bien. ¿Qué haces aquí? -le preguntó en plan borde Maca.

-¡Anda mira esta! ¿Qué pasa no puedo venir a ver a mi amiga? –entonces le acusó con los ojos entrecerrados-. Ya estás mejor, ya va saliéndote tu lado borde.

-Bueno…. Os dejo solas… Voy… Voy a…

Esther se marchó cabizbaja de la habitación.

-¿Qué pasa? -Claudia la miró intrigada.

-Nada.

-Pues no lo parece.

-¿Qué tal están las cosas por comisaría?

-Bueno… Esperando que vuelvas pronto, sin ti, se me suben a las barbas.

-Si es que…. Soy muy buena ¡au! –se quejó al moverse.

-¿Todo bien?

-Nada bien, Claudia, nada bien. Me duele todo el cuerpo, mi cabeza se empeña una y otra vez en enviarme imágenes que no necesito recordar. Y el hombro me está matando viva.

-Maca debes tener paciencia.

-Lo sé. Trato de controlarme. Lo intento –le dijo con los ojos cerrados tratando de apaciguar sus nervios.

-¿Con Esther todo bien?

-¿Por qué?

-No me respondas a la gallega.

-¿A qué has venido? Porque conozco esa cara y sé que no es a una visita de cortesía por tu parte –le cortó de cuajo la conversación.

-Vaya… veo que han llegado los primeros problemas –la mirada de Maca le hizo tomar aire para cambiar el tema-. A ver, Maca, tu vida está a punto de dar un giro y necesito que estés tranquila. Ahora va a entrar Teresa pero por favor… antes de hablar de decir cualquier cosa piensa. Solo te digo eso, piensa.

Esther salió de la habitación con el gesto torcido. Al cerrar la puerta se encontró con la figura de Teresa delante de ella, agradeció verla porque en ese instante toda la fuerza que había mantenido ante Maca se le vino abajo. Teresa la abrazó y se apoyaron contra la pared junto al líquido desinfectante que había colgado. Hablaron entre susurros como si fuera un secreto de estado lo que se contaban.

Frente a ellas, Alfredo trataba de tranquilizar los latidos de su corazón. De repente había vuelto a encontrarse con Teresa, no era suficiente el impacto si no, que además se había enterado que tenía una hija. Y que esa hija se la habían arrebatado a Teresa al nacer. Que su hija era Inspectora como él, además, lesbiana y se acababa de casar. Supuso que la mujer de su hija debía ser la chica que tenía delante que por su gesto parecía nerviosa y preocupada. Todo parecía un plan maquiavélico de la vida, tan inesperado como abrumador. La vida acababa de sorprenderle de tal manera que se sentía desbordado por las circunstancias. Aquella explicación que le había dado Teresa con voz temblorosa y los ojos repletos de lágrimas, le había provocado un vuelco en su delicado corazón.

En todo aquello pensaba Alfredo cuando vio que Teresa lo miraba y se acercaba con la chica que suponía era la mujer de Maca, su hija. Debía repetirse para sus adentros “su hija” porque eran dos palabras que desconocía su significado.

-Alfredo, te presento a Esther, la mujer de Maca.

-Encantado –le estrechó educadamente la mano.

-Igualmente -a Esther aquel porte, la mirada y la seriedad le recordó a Maca.

Sin embargo no pudo hablar mucho más con él porque Claudia salió avisando a la pareja que podían pasar. Alfredo miró a Teresa extendiendo su brazo derecho para darle paso a ella primero, ella lo miró tratando de sonreírle, seguía siendo tan caballero como siempre.

Esther aprovechó para irse, llevaba prisa, el cabreo le hizo abandonar el pasillo con rapidez.

Claudia sonrió a Alfredo tratando de darle ánimos. Cuando estuvieron dentro cerró la puerta y suspiró pensando en el momento que iba a vivir Maca, no sabía cuál iba a ser su reacción pero estaba segura que aquella aparición de sus padres había llegado en el momento oportuno.

Dentro de la habitación, Maca estaba incorporada en la cama, prácticamente se encontraba sentada. La sábana le tapaba hasta el pecho, su brazo izquierdo colocado con un cabestrillo. En la cabeza le habían quitado el aparatoso vendaje dejándole nada más un apósito donde tenía el corte que la bala había provocado al rozarla. Los distintos morados de su rostro habían cambiado de intensidad por un verde oscuro. Seguía con las gafas de oxígeno y unas ojeras profundas que daban muestra de que aún tenía dolor. Cuando vio a aquel hombre su corazón dio un vuelco sin saber muy bien por qué. El gesto de Teresa que mostraba cierta preocupación la alertó, su olfato de Inspectora le hizo ver que aquel hombre que desconocía estaba allí por ella.

-Cariño… ¿qué tal estás? –le preguntó Teresa mientras le dejaba un beso en la frente.

-Con alguna molestia pero bien.

-Verás… hija… tengo algo que contarte y me alegra mucho hacerlo.

Cuando Teresa sonreía, parecía que calmaba cualquier duda o problema que sentía en su interior.

-Él es Alfredo, es tu padre.

Teresa frunció los labios con cierto temor, Alfredo sintió como sus latidos comenzaban a volar como si fuera un pájaro cruzando el cielo a toda velocidad. Y a Maca le dio la sensación de que la vida se había vuelto del revés. A sus treinta y seis años, por primera vez reconocía a dos personas con las que sí tenía semejanzas. Y aquella sensación era tan fuerte que el corazón se le hacía pequeño para tanto sentimiento.

-Él como yo no sabía de tu existencia, pero tampoco le dije que estaba embarazada. Todo es nuevo para él.

-Hola –la saludó con cierto temblor en la voz, carraspeó tratando de encontrar la postura firme-. ¿Qué tal estás? Teresa me ha contado.

-Él es Inspector de policía como tú, de ahí sacaste tu pasión por tu trabajo –le regaló una amplia sonrisa.

-¿De verdad? –Maca fue lo único que se atrevió a preguntar, se le había puesto un nudo en la garganta que no sabía cómo desanudar.

-Sí –sonrió levemente.

Los segundos se eternizaron, ninguno de los dos daba un paso para que el otro pudiera confiar y entregarse. Teresa se dio cuenta de que eran completamente iguales.

-No tenía ni idea de tu existencia y… no soy muy expresivo pero… me alegro mucho de conocerte.

-Lo mismo digo –sonrió emocionada.

-Estoy… estoy muy feliz –le sonrió él también emocionado.

Fue un momento donde la felicidad de ambos era palpable, así como, la felicidad de Teresa que respiraba tranquila. Ambos parecía habían logrado una conexión importante que era justo lo que Maca necesitaba, la calma, la paz de sentirse arropada por sus padres.

En el despacho de Cruz, Esther paseaba como una fiera enjaulada de un lado a otro, tratando inútilmente de controlar sus nervios. Cruz la miró por encima de las gafas varias veces, no hablaba sólo paseaba. Hasta que al final harta de verla ir de un lado a otro le dijo:

-Me estás poniendo un poco histérica. ¿Qué te ha dicho “la quejica” para que estés así?

Esther la miró con cara de sorpresa.

-No me mires así, esa mujer nada más sabe que quejarse, no parece una policía, es una blandengue. Me lo vas a contar.

-Se ha enfadado porque nos hemos casado, bueno…

-Ya… ya… -se quitó las gafas mirándola con gesto serio-. ¿Y tú piensas que es el fin del mundo?

-No, no… ¡qué va! –se sentó algo más tranquila.

-¿Y entonces? –se la quedó mirando pero Esther lo único que hizo fue desviar la mirada-. Mira, querida. Voy a hablarte claro. Ponte en su lugar, eso lo primero. Maca ha sufrido un shock traumático, primero su madre la intenta matar, después se despierta y se encuentra que tiene un grave problema en su cabeza como si fuera un puzle que tiene que acoplar y no sabe ni por donde empezar, a eso le tienes que unir que acaba de conocer a su padre y su “novieta” le dice que se han casado. Ese galimatías no debe ser fácil de administrar. La chica no te ha mandado a la mierda, ni te ha pedido el divorcio ¿no?

-No –su respuesta monosílaba no evitó que resonara en ella un leve sentimiento de culpa por su reacción.

-¿Pero sabes por qué has reaccionado así? –Esther cerró los ojos-. Porque no has descansado, porque no me has hecho caso, has querido estar ahí a su lado día y noche, por más que te dije que lo duro y complicado iba a ser ahora. Te has puesto así porque estás al borde de romperte, por el miedo que has pasado, por la situación que se ha dado primero creyendo que eras tú quien había tratado de asesinarla, porque amas a esa mujer más que nada en la vida. Descansa, Esther, respira y descansa, entonces te darás cuenta que su reacción es lo más normal del mundo. ¿Sabes lo que habrías hecho si no tuvieras ese cansancio mental de tanto infligirte preguntas que no venían a cuento? –Esther suspiró con fuerza-. Te habrías lanzado a su cuello, te la habrías comido a besos y habrías roto a reír divertida, eso le habría ayudado más que tu gesto preocupado y tu huida.

-Tienes razón –murmuró afectada-. Y lo sabía, sabía que esto iba a ser duro. Debí hacerte caso.

-Pues ya está, vete a casa, descansa y deja que te eche un poquito de menos.

-Siento que es la mujer de mi vida, la amo con todas mis fuerzas, y no voy a dejarla escapar. Sé que seremos felices –sonrió ampliamente como si las palabras de Cruz se hubieran llevado su miedo y cansancio.

-Bueno, no lo digas muy alto que después llega la convivencia y se va todo al retrete.

Esther entonces sonrió.

-Vete a casa. Yo voy a ir con dos forzudos a levantarla, se va a cagar –dio una carcajada.

-Pobrecita –susurró sonriendo.

-¡Que pobrecita ni que pobrecita! –le sonrió acercándose a ella mientras la abrazaba le dijo-. Dale tiempo su cabeza no está muy centrada debes ayudarla.

-Lo sé. Gracias, Cruz.

-Mañana tienes que firmar los papeles –la avisó apuntándole con el dedo índice.

-De acuerdo.

En la habitación, Maca compartía con sus padres una charla tranquila. Parecía que se conocían de toda la vida. Le sorprendió no escuchar ni un solo reproche por parte de Alfredo, por otra parte, se moría de ganas de quedarse sola con Teresa para que le contara la historia.

-Buenas –apareció Claudia con un ramo de flores.

-¿Y eso?

-Tus chicos que te echan de menos.

-Pero si me trajeron uno ayer –le dijo sonriendo.

-Ya ves… luego no os aguantáis pero es faltar uno, y no poder vivir los otros.

-Bueno, es que falto yo que es mucho –sonrió ampliamente.

-Os aviso que no tiene abuela.

Claudia sonrió divertida. Mientras Teresa se mostraba con un gesto mucho más tranquilo que cuando llegó a la comisaría.

-Si me disculpáis, yo me retiro. Voy a buscar un hotel cerca del hospital.

-Gracias por venir –le dijo Maca-. Me ha hecho mucha ilusión.

-Mañana te veo, descansa que esa herida requiere descanso.

Entonces Maca miró a Teresa haciéndole un gesto para que lo acompañara al ver que no se movía del sitio.

-Espera Alfredo te acompaño.

-Tengo unas ganas de hablar con Teresa –le susurró Maca al verla marchar.

-Es un dramón de historia, te aviso –Claudia elevó el dedo índice al aire.

-Antes que vuelva quiero comentarte una cosa.

-Claro, tú dirás.

-Tiene que ver con Esther.

En el pasillo, Teresa carraspeó tratando de aclarar su voz. Alfredo se detuvo mirándola con nervios.

-Gracias por venir, Alfredo. Sé que puedes serle de mucha ayuda a Maca.

-Aún estoy que no sé muy bien si esto es un sueño.

-Te entiendo, a mí me pasó igual.

El silencio se hizo entre ambos que no sabían muy bien qué decir.

-Bueno Teresa… Me voy.

-Gracias, otra vez.

Al salir del hospital, Alfredo tuvo que sentarse en un banco. De todo lo vivido lo que más le había impactado era reencontrarse con Teresa. Jamás pensó volver a verla. Y eso que volvió en su busca cada vez que tenía vacaciones hasta que se rindió, hasta que siguió viviendo su vida tratando de enterrar el recuerdo de la mujer que amó. Después la vida hizo el resto, el trabajo fue su mayor aliado para olvidarla. Pero de repente, todo volvía removerse. Su corazón parecía un flan, no podía dejar de temblar tenía una hija que, además, había sacado en sus venas el amor por el cuerpo de policía, según le había contado Claudia era una destacada Inspectora, condecorada por más de una acción. Trató de sacar el aire de sus pulmones, eso debía ser lo que llaman orgullo de padre. Sonrió. La vida no había sido demasiado buena para él, pero quien sabe, quizá el final de sus días podían ser mejores. Con ese pensamiento se marchó en busca de un hotel que le recomendó Teresa que estaba a cinco minutos del hospital.

-Teresa –susurró despacio como si de hacerlo de otra manera pudiera romper el encanto.

En la habitación, Claudia había tomado nota de todo cuanto había dicho Maca, la miraba con el ceño fruncido anotando las cosas que le decía. Estaban en ello cuando entró Cruz con dos celadores. Maca los miró con cierta desconfianza, sobre todo, porque miró por encima del hombro del médico pensando encontrar a Esther.

-¡Qué tal estás! –le sonrió Cruz pensando “búscala, búscala”.

-Bien –los miraba asustada en el instante en que entró Teresa.

-Vamos a levantarte y quitarte el oxígeno.

-¿Todo a la vez? –su gesto mostró temor.

-Claro –Cruz le respondió un tanto guasona.

-¿Y Esther?

-Se ha ido a casa –le dijo mientras le estaba quitando las gafas de oxígeno.

Claudia y Teresa se habían hecho a un lado de la habitación mirándose algo nerviosas.

-A ver, Ignacio, con cuidado tiene heridas en el costado y el pecho.

-De acuerdo doctora.

-¡Y el hombro! –dijo ella preocupada ante la sonrisa del celador.

-No se preocupe no se va ni a enterar.

Maca cerró los ojos al notar las cuatro manos agarrándola.

-Ya está. Ahora pueden salirse por favor, quiero hablar con ella a solas.

-Claro, claro –Teresa y Claudia salieron de la habitación-. Vamos a ver cómo la encuentra.

-¿Qué tal estás, Teresa? –le apretó con cariño el brazo.

-Más tranquila, aunque te aseguro que cuando me salgan todos los nervios que he hecho hoy, creo voy a necesitar dormir horas y horas.

-¿Te ha reprochado algo? –ante el gesto de Teresa se apremió a decir-. Perdona, no quería…

-No, no, tranquila… si me va a venir bien hablar de esto, pensando en qué le digo a Maca –Claudia le sonrió-. No me ha reprochado nada, creo que todo le ha llegado tan de golpe que no le ha dado tiempo.

-Se le ve un buen hombre, he estado estudiando su perfil y tiene una hoja de servicio intachable.

-Era muy bueno en lo suyo.

-Ya sabemos a quién ha salido la niña –trató de sonreír-. Todo irá bien. Y ahora si me perdonas tengo que ir a cerrar algunos temas en la comisaría y a descansar.

Se despidieron quedándose Teresa en el pasillo. Le hubiese gustado tener a Encarna ese momento allí para poder charlar y buscar un hombro en el que buscar apoyo.

-¿Qué te pasa? Tienes cara de preocupación.

-¡Encarna!

Se aferró a ella en un abrazo mientras trataba de calmar sus nervios.

Dentro, los celadores se habían marchado dejando a Cruz con Maca, la estaba contralando mientras respiraba.

-Bueno… eso parece que está mucho mejor –le dijo sonriendo.

-No creas… noto que me cuesta.

-Claro, es normal. Has estado a punto de morirte. Y cuando digo a punto, es a un paso.

Maca no contestó tan solo agachó la cabeza asintiendo. Durante unos segundos se quedaron en silencio.

-Quiero ir a esa terapia que me dijiste.

-Muy bien.

-Necesito ayuda.

-Es lo normal en estos casos.

-Necesito estar pronto bien para reincorporarme al trabajo.

-No corras tanto… el hombro necesita de un tiempo de recuperación. Y tienes que empezar a alimentarte con cosas sólidas, tenemos que ver cómo te sientan.

-¿Por qué?

-En la operación, tuvimos que trabajar contra reloj, todos tus órganos estaban afectados por la infección. Si te das cuenta estás con sopitas, quiero que te vayas a casa bien, y empezar por la mente es lo mejor que puedes hacer.

-Gracias.

-Voy a decir que pasen ¿es tu madre?

-Sí, sí, es mi madre –al responder se sintió extraña pero aliviada.

-Pues le digo que pase.

-¿Dónde está Esther?

-Ya te lo he dicho, descansando.

-¡Ah sí! –se hizo la despistada-. ¿Cuánto voy a estar sentada?

-Una hora. ¿Alguna pregunta más?

-No, gracias.

Al quedarse sola suspiró con fuerza, tenía un miedo atroz, pero el primer paso ya lo había dado. Era todo una locura, era como si en su cabeza hubiera un puzle con infinitas piezas, por más que tratara de encajar le era imposible lograrlo. Ella que siempre había sido una mujer cabal, práctica y con una clara línea a seguir en la vida, se sentía totalmente perdida de cabeza pero por primera vez repleta en su lado emocional.

La pareja de Encarna y Teresa entraron con una sonrisa amplia de oreja a oreja, verla allí sentada ya, era poco menos que un milagro. Durante un rato estuvieron hablando la hora que debía estar sentada y sin oxígeno se le pasó en nada entre risas y alegría aquellas dos mujeres juntas eran un terremoto de diversión. Y aunque trató de morderse la lengua finalmente no pudo más.

-¿No va a venir Esther?

-No, Maca, tiene que descansar. Me voy a quedar yo –Maca puso gesto de fastidio-. Ya sé que no soy Esther pero bueno… podías haber disimulado un poquito.

Se lo dijo sonriendo de manera que no sonó a reproche.

-¿Tienes teléfono? –le preguntó Maca.

-¡Hola venimos a pasarla a la cama! ¿Qué tal ha ido?

-¿Ya? Se me ha pasado el rato volando.

-Claro nuestras gargantas están secas de tanto hablarte –le dijo sonriendo Encarna.

-Usted no haga nada, nosotros nos encargamos.

La acostaron en la cama con cuidado, Maca cerró nuevamente los ojos porque notó un ligero mareo. Pero agradeció poder estirar las piernas y apoyar la espalda. La enfermera entró para volver a ponerle las gafas de oxígeno y tras cambiarle un gotero se marchó.

-¿Bien, hija?

-Sí, bien –le sonrió aquel “hija” le provocaba una calidez en su corazón.

-Pues entonces voy a bajarme a tu madre a la cafetería, necesita comer algo.

-Claro ¿tenéis teléfono alguna de las dos?

-Sí, yo te lo dejo. Total, no me va a llamar nadie.

-Bueno… no sé yo ¿eh? –Maca le sonrió divertida-. Quizá Alfredo te llame.

-¡Maca! –la riñó sintiendo como se ponía colorada.

-Ja, ja –dio dos carcajadas pero al hacerlo se cogió el costado-. ¡Ay, ay!

-Eso te pasa por bicho. Ten cuidado, hija, ten cuidado.

Mientras todo esto pasaba, Esther había llegado a casa se había dado una ducha y calentado un caldo que había preparado su madre. Adoraba los caldos que hacía Encarna, era una de las cosas que más había extrañado desde que se habían alejado. Al beber sonrió, su madre era importante para ella y ver como se había ido acoplando a las circunstancias de su vida le llenaba el corazón de alegría. Por fin podía sentar la cabeza y dejar de darle disgustos. Al terminar la taza de caldo, se salió hasta el comedor, la gata la seguía con su cola bien alta demostrándole que estaba feliz de tenerla allí.

-Venga ven… princesa… ven aquí. Vamos a darnos cariñitos.

Acariciaba a la gata con los ojos cerrados, sabía que el ronroneo del animal era uno de esos regalos de la vida y la naturaleza animal. Le acariciaba mientras su pensamiento se iba hasta Maca, ¿la echaría de menos? Porque ella sí. Entonces sonó su teléfono móvil, uno baratito que su madre le había comprado, sonrió al ver en la pantalla el nombre de Teresa.

-Teresa, guapa. ¿Qué tal estás?

-Vaya… así que a cualquier mujer le llamas guapa.

-¡Maca!

De la impresión de escucharla se puso sentó bajando las piernas con la protesta de la gata que volvió a recolocarse sobre ellas.

-Sí, Maca –sonrió divertida-. Me has abandonado con tu amiguita la doctora.

-Ja, ja –dio una carcajada divertida.

-No te rías, no, ¡tienes un delito! –su voz sonó de un dulce…

-Lo siento, te iba a decir que me iba pero no quería molestarte, tu padre estaba ahí…

-Has huido, no tienes perdón –dijo con los ojos entrecerrados-. Sabes que tu amiguita me tiene entre ceja y ceja, aun así, me has dejado a solas con ella.

-Cruz es muy buena, estás en buenas manos.

-Pero yo en las manos que quiero estar, son en las tuyas.

Esther no supo que contestar, Maca sonrió.

-Quería decirte que me encanta lo que has hecho por mí –Esther sonrió ampliamente-. Sé que no he estado muy acertada con mi reacción, pero… no estaba enfadada solo sorprendida.

-Pues me pareció que estabas más enfadada que sorprendida.

-Es que nadie había hecho nada tan ilegal por mí. Ha sido precioso.

-¿De verdad? –sonrisa tonta.

-De verdad –sonrisa más tonta aun.

-Estaba muerta de miedo al saber que no querías casarte.

-Pero eso no ha sido casarnos, cariño. Ha sido una trampa de las gordas que ni siquiera dije sí –le hablaba con sabor a dulce de gominola.

-Eso es verdad.

-Pero me encanta que seas mi mujer.

-A mí también serlo y que lo seas tú.

Ambas sonrieron delicadamente.

-Estamos un poco tontitas ¿no?

-Sí… Tenía tanto miedo, Maca.

-Pues ya puedes dejar de tenerlo, estoy aquí y estaré mucho tiempo aquí.

-Eso espero, a mí no me des otro susto como este.

-Mira… solo porque estemos juntas, ha valido la pena. De la otra manera hubieras huido.

-Maca –susurró con todo el amor que es posible transmitir en un nombre.

-Esther, echo de menos abrir los ojos y no verte, es una de las pocas cosas buenas que tiene estar aquí, verte.

-Yo también te echo de menos –sonrió ampliamente.

-¿Podrás venir? –preguntó melosa.

-Si voy… Cruz me mata.

-No tiene por qué enterarse.

-¿Y las mamis? –sonreía traviesa.

-Tampoco. Yo sé que tienes que descansar, mi vida, pero a mi lado en la camita también puedes descansar. ¡Te dejo que ya vienen! Un beso, cariño.

-Un beso, mi amor.

-Te quiero -le susurró Maca divertida cerrando el teléfono.

-Te quiero -le respondió Esther con una sonrisa de oreja a oreja.

La gata se había quedado dormida con tanta caricia lenta y cariñosa que Esther le había dedicado durante la conversación.

 

 

 

 

4 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAPITULO 27

  1. Gracias Kris, se trata de ir evolucionando en los personajes de igual modo que va evolucinando la historia, creo que desnudar el interior de Maca como persona es interesante, también, no solo esa Inspectora ruda que vimos en Un trío de muerte.
    Gracias por esperarme.
    ldana

  2. Gracias pquimmera ese era el fin de este capítulo. Puro sentimientalismo.

    Gracias por seguir a pesar de mi retraso en colgar capis.
    ldana

  3. Superado vamos a decir el segundo escollo entre ellas, trasmites muy bien esa picardia, esa complicidad que se esta desarrollando entre ambas, me haces reír con esa animadversión de Maca con Cruz, pero me parece que lo que quiere es mimo de Esther, Saludos y abrazo escritora, excelente como siempre.

  4. Creo que ha sido uno de los trozos que más me ha gustado de lo que va de historia. Se ven los sentimientos a flor de piel, revueltos por el cansancio, el dolor y los nervios…pero ahí están en la superficie de todos.
    Me parece un hombre estupendo el padre de Maca y, sin duda, ver a Teresa otra vez le ha removido…me encanta la historia de estos dos.
    Me intriga lo que está pensando hacer Maca, el encargo que le hizo a Claudia. Y Maca y Esther juntas, ahora si…libres de caretas y mostrándose tal cual son… 🙂
    Gracias

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s