SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 28

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Las dos mujeres entraron viendo las dificultades que tenía Maca con una mano para desconectar el móvil, se miraron entre sí entendiendo a quien había llamado.

-¿Qué tal la cena? –preguntó con gesto sonriente.

-Muy bien, ¿con quién hablabas? –le preguntó Teresa entrecerrando los ojos.

-Me ha llamado Esther.

Los ojos de las dos la miraban insistentemente como si fueran ellas las inspectoras.

-¡No me miréis así la echo de menos! ¿Eso es malo?

-No, hija no, es buenísimo –rio divertida Encarna-. Anda ven que te dé un beso me tienes ganado el corazón.

Maca sonrió al ver que quien era oficialmente su suegra se mostraba tan cariñosa con ella. Después le dio dos besos a Teresa y un apretón en su brazo que trataba de transmitirle fuerza.

Al quedarse solas, Teresa se sentó en la silla cerca de Maca, la miró sonriendo con cierto nervio, sabía que tenía una conversación pendiente con ella al respecto de Alfredo. No conocía a Maca lo suficiente como para saber cuál iba a ser su reacción, le preocupaba que fuera la misma que tuvo con Esther, aunque algo en su interior le decía que había conectado muy bien con Alfredo, ¡quién podía no conectar con él! Sonrió sin poderlo evitar.

-¿Estás pensando en él? –le preguntó Maca de repente con una sonrisa dulce en los labios.

-¡Pero qué dices, Maca! –entonces dio una carcajada y Teresa otra-. Sí, estaba pensando en lo complicado que es llevarse mal con él. Y que no sé qué te ha parecido tu padre.

-Me ha parecido un hombre cercano, serio y encantador.

-Y eso que aún estaba impresionado por tu existencia y no ha sido él mismo.

-¿Nunca le dijiste que tenía una hija?

Teresa le contó la historia, Maca escuchaba atentamente le recordaba tanto a su propia historia con Esther que saber que su madre había decidido huir de alguien a quien amaba tanto le dio un pequeño pellizco en el corazón.

-No entiendo porque te fuiste.

-Eran otros tiempos, Maca. Ahora os quejáis del machismo pero ni te cuento como era antes, Alfredo era todo un caballero, delicado, estaba siempre pendiente de mí, de mi hermana, era cuidadoso y, a pesar de esa apariencia fuerte y lejana, era cercano y tierno. A él nunca le importó de donde venía yo, pero a mí sí, sabía que los hombres son muy crueles entre ellos con este tema, y podían destruir su carrera. Lo amaba tanto que no podía permitirlo.

-¿Harías lo mismo ahora? ¿Si estuvieras en la misma situación?

-Sí, sin dudarlo.

Maca frunció el ceño. Teresa adivinó por qué.

-Hija, no es fácil ser prostituta es un mundo tan horrible que solo tú lo sabes. Si tienes la fortuna o desdicha de enamorarte temes que esa persona sufra por que indirectamente tú eres la culpable.

-Pero si a él no le importó…

-Estás pensando en Esther –Maca la miró con cierta pena grabada en los ojos-. Esther te ama, solo ella sabe lo que te ama y solo ella sabe si está preparada para luchar contigo por el que dirán.

-¿Has pensando en él?

-Todos los días de mi vida –contestó lentamente como si llevara una losa en su espalda todavía.

-Entonces te equivocaste –le dijo con firmeza.

-Sí, pero si él ha sido feliz bendita mi equivocación.

-¿Está casado?

-No lo sé –elevó los hombros con cierta pena.

-¿No lo sabes? –Teresa negó con la cabeza-. ¡Eso era lo primero que tenías que haber preguntado!

-No, lo primero eres tú.

-¿Sabes lo que me doy cuenta? Que siempre te apartas, prefieres sufrir tú y eso hasta ahora puede que haya funcionado, pero a partir de ahora las cosas van a cambiar, no solo para mí, para ti también.

-¿Qué quieres decir? –Maca había sido tan contundente que le había dado cierto escalofrío.

-Averiguaré si está casado o no, si tiene más hijos, y si está libre ¡lo reconquistarás!

-¡Pero Maca! –abrió los ojos de par en par poniéndose las manos sobre las mejillas-. ¿Estás loca?

-No, un amor como el vuestro debe triunfar. Además, le he visto cómo te miraba.

-Me debe odiar, no me ha reprochado nada aún, pero deja que mañana se levante y repase el día de hoy, se acuerde que le mentí, que le engañé y oculté la existencia de una hija.

-¿Sabes lo que te dirá? –Teresa puso gesto de resignación-. Te dirá que gracias por volver a su vida y darle ya una hija crecidita que le dará pocos disgustos, espero.

-No sabía que manejabas tan bien la ironía –dijo con una sonrisa maliciosa.

-¡Tú déjame a mí!

Teresa la miró con algo de sorpresa y miedo. Pero entonces la puerta se abrió y allí estaba Esther con una sonrisa de oreja a oreja, con el pelo recogido en una graciosa coleta y los ojos haciéndole chiribitas de felicidad.

-¿Qué haces aquí? –Teresa trató de ser firme en la pregunta.

-Teresa… anda… no te enfades, estoy muy a gusto contigo pero… -se calló.

-Ya… ya… con que elegancia me echas.

-Por favor, Teresa –le ayudó Esther.

-Está bien –respondió resignada

-El taxista que me ha traído te está esperando en la puerta.

-¡Anda si pensáis en todo!

-¡Ya verás lo mucho que pensamos! Venga… ve –la animó Maca.

-No sé si lo quiero ver.

Se acercó dejándole varios besos en la frente a su hija, otros tantos a Esther que le sonrió agradecida. Antes de salir las miró a las dos y elevando la mirada al techo se marchó.

-Ya estamos solitas –dijo Esther sonriente.

-Anda ven… corre.

-¿A la cama? –abrió los ojos de par en par.

-Pues claro.

-No puedo, Maca, si viene Cruz y me ve aquí, además, en la cama…

-¡Joder con Cruz! Parece la señorita Rotenmeyer, tiene una mala hostia –lo dijo con tono duro.

-No sé porque te cae tan mal –sonreía divertida.

-Porque me llamó quejica, me pone a caldo –Maca lo dijo con tono ofendido.

-Pero Maca, es que el número del quirófano fue total –le decía entre risas mientras se quitaba los zapatos.

-No tuvo compasión, acababa de volver poco menos del más allá.

-¡Exagerada! –se subió a la cama quedando muy cerca de Maca-. Maravillosa exagerada.

-Estoy malita –le dijo poniendo un puchero gracioso y gesto lastimero.

-Lo sé… para lo mal que has estado… me demuestras que no eres nada quejica –le rozó la nariz con su nariz.

-Bien… pero estoy malita –insistió.

-Maca… no me hagas perder el control.

-Piérdelo que sigo estando malita.

-Eres muy mala –acercó los labios a los de su chica en el momento en que abrían la puerta de golpe y el susto la hizo caer de la cama-. ¡Hostia!

-¿Quiere leche o…?

La cara de la enfermera no tenía desperdicio, Maca muerta de la risa mientras le entraba un ataque de tos, tratando con la mano derecha de sujetarse el hombro porque al reír le dolía a rabiar. Esther en el suelo tratando de levantarse pero como llevaba calcetines se resbaló dos veces antes de poder ponerse en pie.

-¿Estás bien? –le preguntó la enfermera.

-Sí, sí… es que…

-¡Déjalo! Pero te aviso que como te vea Cruz aquí, te va a caer una buena bronca.

A Maca por fin la risa se le detuvo. La enfermera le dejó un zumo que había pedido y Esther trataba de recomponerse del golpe. Al quedarse solas, Esther volvió a subirse a la cama.

-Esa Cruz tiene todo un ejército a sus pies.

-Es la médico, además, de la jefa de urgencias –se frotó el culo.

-¿Te duele?

-Un poco.

-¿Crees que se lo dirá?

-No –le sonrió delicadamente y se quedaron mirándose a los ojos. Entonces se besaron lentamente con cuidado y delicadeza-. Me alegro mucho de estar aquí.

-Esther quiero hablar contigo de dos cosas muy importantes.

-¿Tengo que asustarme? –la miró con el ceño fruncido separándose un poco de ella.

-Espero que no. Quiero que me prometas que nunca te irás de mi lado por tu pasado, por lo que has vivido. Prométemelo.

-Maca… -la miró con cierta preocupación.

-Nos podremos separar por cualquier motivo, menos ese.

-Entiendo que la situación de Teresa y Alfredo te haya afectado, hui una vez de tu lado, pero no me compensa estar lejos de ti. Si tú me aceptas como soy y con todo lo que he sido, jamás me iré de tu lado por eso –Maca sonrió algo más tranquila-. ¿Y lo siguiente?

-He hablado con Claudia, no me veo con fuerzas de volver a casa.

-Eso es normal, cariño –le acarició con ternura la mejilla.

-Tengo un apartamento pequeño, bueno, es un ático con terraza en el centro de Madrid. Le he dicho que ponga a la venta la casa y mire a ver qué tal está. Quiero que la acompañes para ver si te gusta y que elijas cosas, tiene una cama de matrimonio, y poco más.

-¿Era tu pisito para llevarte a los ligues? –sonrió divertida.

-¡Qué va! Era mi piso de empollar. Cuando tengo un examen voy allí es un sitio tranquilo, no hay excesivo ruido de los vecinos, tengo una fuente muy bonita y escuchar el agua me ayuda a concentrarme.

-¿De verdad? ¡A mí me pasa igual!

-Pues mira que bien –sonrió acariciando su mano-. Quiero empezar mi vida allí contigo, nunca he compartido mi casa con ninguna mujer –hizo un gesto de cierto temor-. Pero sé que quiero estar en esa casa contigo y quiero que tú formes parte de su decoración y todo eso.

-Lo haremos juntas cuando estés bien –ante el gesto de Maca, agregó rápidamente-. Iré con Claudia pero lo haremos juntas, empezar una convivencia es muy importante y debemos hacerlo juntas.

-Gracias por entenderlo.

-Oye… ¿y qué me dices de tu padre? ¡Eres clavada a él!

Durante un buen rato estuvieron hablando de Teresa y Alfredo, de su historia de amor. De lo duro que debió ser para ellos. Y las incógnitas que tenían sobre el estado civil de Alfredo y la manera en la que podrían averiguarlo. Les dio la una de la mañana hablando, poco a poco vencidas por el cansancio acumulado de los días, se fueron durmiendo. Esther se había acostado de manera que el hombro de Maca estuviera a buen recaudo, tenía la mano puesta sobre su vientre y la mano de Maca se había quedado apoyada sobre el muslo de Esther. Sin embargo, Esther no quería volver a pasar la vergüenza de verse descubierta en la cama con su mujer, se puso el despertador para despertarse antes de que entraran sus futuras compañeras.

El despertador le sonó a las seis menos diez, se levantó sigilosamente para no despertar a Maca y se metió en el cuarto de baño. Maca por su parte renegó levemente ante el movimiento de cama. Fue muy distinto cuando la enfermera abrió la luz de golpe para ponerle el termómetro.

-La madre que la parió –murmuró con malestar.

-¡Venga vamos, póngase el termómetro! ¿Y Esther?

-No lo sé –dijo Maca tras taparse nuevamente buscándola.

-¡Estoy en el lavabo!

-Date prisa antes de que pase Cruz y vete –le advirtió con una sonrisa la enfermera.

Echó de la cadena y tras lavarse las manos salió hasta la habitación. Se apoyó en el marco de la puerta mirando a una Maca que seguía con el ceño fruncido.

-¿Qué pasa, en este hospital no saben entrar de otra manera que no sea a gritos?

-Se suele hacer así, Maca –sonrió hablándole con ternura-. Ves cómo eres una protestona.

-Me has abandonado en la cama y me duele mucho el hombro –su gesto demostró que era cierto.

-Te toca el gotero del calmante ya. Déjame ver.

Esther se acercó hasta ella y con mimo miró a través del vendaje, Maca seguía atentamente sus movimientos y gestos.

-Ves lo poquito que cuesta tratar a las enfermas con amor.

-Cariño, tú eres mi amor… ¡y mal si otras te tratan como yo! –le acusó con el dedo índice.

-¿Has visto algo?

-Un poco de la herida, la veo bien. Hicieron un gran trabajo pero tocaron los nervios y eso duele bastante.

-¡Dímelo a mí!

-¡Ya estoy aquí! –entró la enfermera sonriendo y Maca le dio el termómetro-. Estás estupendamente bien. Voy a ponerte el calmante.

-Gracias porque me duele mucho.

-Esther hazme caso y vete antes de que venga Cruz.

-¡Es increíble! Esa mujer tiene espías por todos los sitios.

Se quejó amargamente Maca ante la sonrisa divertida de Esther. Cuando la enfermera acabó de hacer su trabajo, Maca volvió a decirle.

-Anda… sube a la cama… ven…

-Maca –le advirtió divertida.

-¿A quién vas a hacer caso a la sargento o a esta enfermita que está malita y necesita tu compañía?

-Me puedes… -suspiró con fuerza-. Me puedes. Pero solo un ratito, ¿eh?

-Sí, antes de que venga la hiena.

Esther soltó una carcajada que trató de tapar pero le fue imposible, mientras Maca reía divertida y se miraban a los ojos viendo lo mismo, amor.

 

 

 

 

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2 pensamientos en “SIN PASADO NO HAY FUTURO. CAP. 28

  1. Gracias paquimmera creo que ya ha llegado el momento de que nuestros personajes muestren sentimientos, dije que esta segunda parte iba a ser más para mostrar a todos los personajes lo que cada uno aportaba en la historia. Y aquí está esa bonita historia de amor que empieza.
    Un abrazo
    ldana

  2. Que linda relación empiezan a armar estas dos. Sorprendente la ternura y mimos de Maca después de lo que hemos visto de ella. Y Esther está completamente perdidita por ella.
    La vida le está cambiando a Maca en tooodos los aspectos
    Me encanta…acá sigo

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